Cinco años atrás, Agustina perdió al amor de su vida. Hoy, Louis ha regresado.
Lo que él no sabe es que tiene un hijo.
Y acaba de salvarlo.
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Lejos de ti
La noche estaba fría y los copos de nieve habían comenzado a caer.
Agustina estaba destrozada. Desde pequeña había tenido que renunciar a lo que quería por el bien de los demás, pero no entendía por qué, una vez más, la persona que amaba tenía que ser aquello que debía dejar atrás.
Primero había sido su madre.
Después, la traición de su padre, quien la había entregado a unos mafiosos. Cristian había tenido que tomar su lugar mientras ella se iba a vivir con sus tíos y sus primos.
Todo aquello la había marcado.
Mientras caminaba, su cartera cayó de su mano.
Antes de que pudiera recogerlo, alguien lo tomó y tocó su hombro.
Agustina se dio la vuelta y se sorprendió al ver a un joven frente a ella.
—Ah… mi cartera —dijo ella
—Tenga más cuidado la próxima vez —respondió el chico mientras se la entregaba.
—Gracias —Agustina tomó la cartera—. Fui una tonta.
—A cualquiera le puede pasar —dijo él, mirándola con atención—. Oye, ¿por qué tienes los ojos hinchados?
Agustina se los secó rápidamente.
—Nada… Solo que se me pasaron un poco las emociones. Gracias por la ayuda.
Cuando se dio la vuelta para marcharse, vio a alguien a lo lejos.
Louis estaba parado en medio de la calle.
Agustina bajó la mirada y continuó caminando, intentando ignorarlo.
Pero Louis se acercó y la tomó del brazo.
—¿Qué es eso de andar a estas horas de la noche bajo la nieve? —preguntó con firmeza.
—Déjame, Louis. Vete con tu esposa. Ella está embarazada —respondió Agustina, seria—. Ya te dije que no quiero que juegues con la vida de nadie.
—Yo no estoy jugando. Hice todo lo posible. Tenía los papeles, incluso hice caso a mi amigo. Hice una prueba de ADN para saber si Erica era mi hija. Y sobre el bebé… yo no sabía nada —explicó él.
—Déjame. Ya te dije que solo por Leo lo soporto.
Louis la levantó de repente.
—¡Oye! ¿Qué haces? ¡Me vas a tirar, idiota! —protestó Agustina.
Louis la llevó hasta el auto y la hizo entrar.
Mientras tanto, el chico que había ayudado a Agustina recibió una llamada.
—¿Hola?
—Hermano, ¿dónde estás?
—¿Qué te importa?
—Le dijiste a papá que ibas a venir hoy y no fuiste.
—¿Para qué quieres que vaya si no quiero saber nada de tu mentira?
El joven colgó.
Luego miró en la dirección por donde Agustina se había marchado.
Una sonrisa apareció en su rostro.
—Veo que tengo un juguete nuevo…
Al día siguiente, el hospital estaba lleno de movimiento.
Todos parecían estar felices y felicitándose por diferentes motivos.
En medio de los pasillos, Mónica se encontró con Agustina.
—¡Hola, amiga! —sonrió—. Adivina qué.
—¿Qué pasó? —preguntó Agustina mientras tomaba su té.
Mónica dio un pequeño salto de emoción.
—¡Estuve con Andrés!
—¡¿En serio?! ¡Qué bien! —respondió Agustina con una sonrisa—. Tú tienes más suerte. Yo estoy viviendo una montaña rusa.
Mónica la miró con cierta preocupación.
—Amiga… ya lo sé. Pero, Agustina, ¿no crees que deberías dejar a Louis? No sé… dejarlo respirar un poco.
Agustina asintió lentamente mientras miraba hacia el cielo a través de una de las ventanas del hospital.
Mientras tanto, Cristian estaba nervioso.
Su teléfono no dejaba de recibir mensajes.
Se rascó la cabeza, preocupado.
Sin darse cuenta, una chica apareció frente a él con una sonrisa.
—Hola. Nos volvemos a ver —dijo ella.
Cristian levantó la mirada.
—Ah… hola —respondió tímidamente.
—¿Cómo va su día? ¿Por qué siempre lo encuentro aquí? —preguntó ella, mirándolo.
Cristian suspiró.
—Nada. Mi esposo me odia. ¿Qué más puedo hacer?
La chica lo observó con curiosidad.
—¿Estás bien? Te veo nervioso.
Cristian dudó.
—Bueno… es que tengo algunos problemas con unos exjefes. Antes de ser modelo trabajé en otra cosa.
Ella tomó suavemente la manga de su campera.
Cristian bajó la mirada hacia su mano.
—¿Quieres tomar un café conmigo? —preguntó ella.
Cristian la miró fijamente.
—Claro. Hoy no tengo tanto trabajo —respondió con una sonrisa.
Andrés iba de un lado para otro junto con Mónica.
Desde aquella noche, prácticamente parecían novios.
—Oye… estás bonita —le susurró Andrés.
—Ay, Andrés… —respondió Mónica entre risas.
En ese momento, ambos vieron pasar a Agustina cerca del directorio del hospital.
Andrés frunció el ceño.
—¿Por qué va a la oficina del señor Wilson? —preguntó, sin entender.
Agustina entró al directorio.
—Hola, señor Wilson.
El ambiente se volvió tenso de inmediato.
El hombre era serio, rudo y su autoridad se hacía notar con solo mirarlo.
—Agustina Torres, mucho gusto —dijo el
El señor Wilson revisó unos documentos.
—Me gustan sus antecedentes. ¿Qué tal el Hospital Red Monte? Están buscando enfermeras. ¿Qué tal si va allí?
Agustina entendió perfectamente la indirecta.
—Entiendo.
Sin decir nada más, salió de la oficina.
Mónica fue detrás de ella.
—¿Pasa algo, amiga? —preguntó.
—Me voy a ir a otro hospital. Uno nuevo, como enfermera —respondió Agustina.
Mónica frunció el ceño.
—Ese viejo de porquería… Seguro sabe que tú eres la persona que realmente ama Louis.
—Amiga, ya estoy cansada. Nada va a arreglar esto. Pero bueno… me van a pagar bien —respondió Agustina con una pequeña sonrisa.
Agustina estaba arreglando su casillero cuando, sin que pudiera darse cuenta, alguien la tomó del brazo y la llevó hasta un consultorio.
—¿En serio te vas a ir de mí? —preguntó Louis.
Agustina lo miró y le dio un pequeño empujón.
—¿Algún problema? No somos nada —respondió seria.
Louis la soltó.
Agustina tomó su bolso.
—Gracias. Desde hoy solo nos veremos por Leo.
Y salió del consultorio.
En el Hospital Red Monte, Kevin estaba tranquilamente en su consultorio.
De repente, llamaron a todos los doctores a una asamblea.
Iban a presentar al nuevo director del hospital.
—Kevin, creí que tú ibas a ser director —comentó uno de los médicos.
Kevin soltó una risa.
—No. ¿Para qué? No tengo paciencia como mi amigo Louis. Solo soy doctor por mis padres.
Los médicos comenzaron a reír.
Entonces, alguien apareció en el escenario.
Era un joven de piel clara, cabello negro y bastante atractivo.
Varias de las doctoras comenzaron a murmurar entre ellas.
El joven tomó el micrófono.
—Hola, mucho gusto. Soy Marcos —dijo con una sonrisa.
Kevin lo observó atentamente.
—¿Marcos? —murmuró—. ¿Será ese Marcos, el hijo ilegítimo del padre de Carolina?
Esa misma tarde, Louis llegó a su casa.
Carolina estaba allí, furiosa.
—¿Qué pasa? —preguntó Louis con seriedad.
Carolina se acercó y le mostró un documento.
—¿Le hiciste una prueba de ADN a nuestra hija?
Le puso el papel frente a él.
—¡Nuestra hija! ¿Cómo vas a dudar de ella?
Carolina comenzó a llorar.
—¿Por qué dudas de ella?¿y no de Leo? De Leo nunca dijiste nada. Soy tu esposa, la madre de tu hija y de tu futuro bebé.
Louis la miró con frialdad.
—Nunca te quise, Carolina.
Ella abrió los ojos y fingió desmayarse.
—¡No puedo ser papá! —gritó Carolina desesperada.
En ese momento apareció el señor Wilson.
—¿Qué haces con mi hija? ¡Está embarazada y tú la estás estresando! —dijo furioso—. Si llega a pasarle algo a mi hija…
Carolina lloró aún más.
—Hizo una prueba de ADN para saber si Erica era su hija…
El señor Wilson miró a Louis con rabia.
—Maldito… Vamos. Abre ese maldito papel —ordenó, furioso.
Louis tomó el documento.
Sus manos temblaron ligeramente.
Abrió los resultados.
Y leyó.