NovelToon NovelToon
Sol De La Bahía

Sol De La Bahía

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

⚠️🔞✅️Miles Stone, un rígido contador de la ciudad, huye hacia el pueblo costero de Bahía Centinela tras una devastadora traición familiar. Destrozado y buscando aislamiento, llega al viejo Hostal Morrow, administrado por Ezra, un lugareño libre, magnético y un tanto excéntrico. Mientras Miles intenta ordenar el adorable caos financiero del negocio, Ezra lo desafía a mirar el mundo a través de su lente analógica, enseñándole a abrazar las imperfecciones de la vida. Bajo el cálido sol de agosto, una cercanía eléctrica e ineludible florece entre ambos, transformando un verano melancólico en el refugio de amor más puro de sus vidas.✅️🔞⚠️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Paraíso del caos

Miles no durmió. Pasó toda la noche con los ojos abiertos, fijos en las aspas inmóviles del ventilador de techo que no funcionaba, arrullado por el traqueteo agónico del aire acondicionado. Cada vez que intentaba cerrar los párpados, el colchón duro se transformaba en el banco de la iglesia donde se suponía que él debía estar en unas semanas. Se imaginaba la sonrisa de Sara, el traje de Billy, las felicitaciones de sus padres. La rabia era un ácido frío que le recorría las venas, manteniéndolo despierto, alerta y completamente agotado. Cuando los primeros rayos de luz grisácea cruzaron las cortinas descoloridas, Miles ya estaba de pie, vistiéndose con la misma rigidez de un soldado que se prepara para una batalla que ya sabe perdida.

Abajo, en la cocina del hostal, la mañana había empezado mucho antes.

Ezra Morrow estaba apoyado contra la mesada de granito agrietado, con una mano presionando con fuerza su costado derecho, justo debajo de las costillas. Tenía los dientes apretados y la frente cubierta de una fina capa de sudor frío. Sentía un dolor sordo, punzante, como si un clavo ardiente se estuviera hundiendo lentamente en sus entrañas. El ataque de esa mañana había sido más largo de lo habitual.

—Solo un poco más —susurró Ezra para sí mismo, con la voz quebrada por el esfuerzo—. Todo está bien. Es solo el desayuno. Un día a la vez.

Abrió el grifo y se echó agua congelada en la cara para borrar el rastro del sufrimiento. Se miró en el espejo desgastado que colgaba sobre el fregadero. Sus ojos oscuros se veían más hundidos que el día anterior y la palidez de su piel delataba que el tiempo corría más rápido de lo que quería admitir. Con manos temblorosas, abrió un frasco de pastillas oculto detrás de las cajas de té, tragó dos comprimidos sin agua y respiró hondo. Cuando el dolor empezó a ceder, transformándose en un entumecimiento tolerable, Ezra se obligó a sonreír. Nadie en ese pueblo lo miraría con lástima. Nadie sabría que su cuerpo se estaba apagando por dentro. Mucho menos el estirado contador que acababa de llegar de la ciudad.

A las ocho en punto, las botas de Miles resonaron en los escalones de madera.

Cuando entró al pequeño comedor, el olor a café recién hecho y pan tostado inundaba el ambiente. Las mesas estaban vacías, a excepción de una esquina junto a la ventana que daba al muelle viejo, donde ya había un plato con fruta picada, una taza humeante y una jarra de cristal.

Ezra estaba apoyado en el marco de la puerta de la cocina, con los brazos cruzados y una taza en la mano. Llevaba una camisa blanca arrugada y el cabello tan rebelde como el día anterior. A simple vista, desbordaba esa misma energía magnética, relajada y casi burlona que había desconcertado a Miles la tarde anterior.

—Vaya, el reloj de la ciudad funciona —dijo Ezra, mirando un reloj de pared antiguo que ni siquiera tenía pilas—. Ocho en punto. Pensé que los contadores dormían hasta tarde para compensar lo aburrida que es su vida.

Miles se sentó en la silla de madera, ignorando el comentario. Su rostro era una máscara de cansancio. Las ojeras oscuras bajo sus ojos delataban su noche en vela.

—No dormí bien —respondió Miles con voz ronca, tomando la taza de café—. El aire acondicionado hace demasiado ruido.

—Sobrevive de milagro, igual que este hostal —respondió Ezra con una risa ligera, aunque por dentro sintió una punzada de alivio de que Miles culpara al aparato y no a sus propios demonios—. Pero el ruido del mar cura el insomnio. Ya te acostumbrarás. O tal vez es que tienes la conciencia pesada. Dicen que la gente que cuenta el dinero de otros no duerme por miedo a perder un centavo.

Miles dejó la taza sobre la mesa con un golpe seco. La ligereza de Ezra le irritaba. Él estaba cargando con el peso de una traición familiar que le destrozaba el pecho, y este tipo del muelle parecía tomarse la vida como si fuera un chiste eterno.

—Mi conciencia está perfectamente limpia —dijo Miles, clavando sus ojos claros en los de Ezra—. Y mi trabajo no es aburrido. Es ordenado. Algo que claramente este lugar necesita.

Ezra soltó una carcajada genuina, pero el esfuerzo le provocó una súbita contracción en el abdomen. Tuvo que tensar los músculos del estómago para que Miles no notara el espasmo de dolor que le recorrió el cuerpo. Apoyó la espalda contra la pared disimuladamente, manteniendo la sonrisa falsa en su rostro.

—¿Ah, sí? ¿Y qué necesita ordenar el gran señor de la ciudad en mi humilde hostal? —preguntó Ezra, arqueando una ceja.

—Para empezar, tus registros —dijo Miles, señalando con la barbilla hacia el mostrador de la recepción, visible desde el comedor—. Ayer vi los papeles de entrada. Tienes facturas mezcladas con notas personales, recibos vencidos de la compañía eléctrica y el libro de huéspedes parece un diario de bocetos. Si sigues así, este lugar va a quebrar antes de que termine el verano.

La mirada de Ezra se volvió un poco más profunda, perdiendo por un milisegundo su tono de burla. Sabía perfectamente que el hostal estaba en números rojos, pero ya no le importaba. No necesitaba que el negocio fuera próspero a largo plazo; solo necesitaba que se mantuviera en pie unas semanas más, hasta que su primo llegara a hacerse cargo del papeleo legal para venderlo o cerrarlo definitivamente. Sin embargo, ver la seriedad rígida de Miles le causaba una curiosidad extraña. Era como ver a un hombre intentando construir una pared de ladrillos en medio de un tsunami.

—Este hostal ha estado en pie desde que mis abuelos lo construyeron, Stone —dijo Ezra, caminando lentamente hacia la mesa de Miles, arrastrando los pies con una pereza calculada para ocultar la debilidad de sus piernas—. El desorden es parte del encanto. A los huéspedes les gusta la aventura.

—Soy el único huésped de este mes, Ezra. Eso no es encanto, es una mala administración —replicó Miles, cruzándose de brazos.

Ezra se inclinó sobre la mesa, apoyando ambas manos en la madera, quedando a pocos centímetros del rostro de Miles. Miles pudo oler el aroma a café y un sutil rastro de menta, probablemente de alguna pastilla para el aliento que Ezra usaba para ocultar el sabor amargo de sus medicamentos. Los ojos oscuros del dueño del hostal brillaban con un desafío divertido.

—Bueno, ya que no puedes dormir por culpa de mi aire acondicionado viejo, y ya que te pagan por contar cosas... ¿por qué no te entretienes con mis papeles? —propuso Ezra con un tono de voz suave, casi desafiante—. Te doy acceso libre a la oficina del mostrador. Revisa las facturas, ordena las columnas, haz tus dibujitos de ingresos y gastos. No te voy a pagar por ello, claro, pero te dejaré el café gratis toda la semana. ¿Qué dices, contador? ¿O es que tu rigidez no te permite trabajar sin un contrato firmado con sangre?

Miles lo miró fijamente. Quería decir que no. Quería decirle que había venido a ese pueblo maldito a desaparecer, a mirar el mar y a olvidar que su hermano Billy estaba tocando el cuerpo de la mujer que se suponía que sería su esposa. Pero la perspectiva de pasar todo el día encerrado en esa habitación pequeña, escuchando el tic-tac mental de su propia desgracia, lo aterraba. Necesitaba mantener su mente ocupada en algo que no fuera el dolor de su traición. Necesitaba números, sumas y restas. Cosas lógicas que sí tuvieran sentido, a diferencia de su vida.

—Acepto —dijo Miles, sosteniendo la mirada de Ezra—. Pero si encuentro que debes tres meses de luz y nos cortan la energía a mitad de la noche, empacaré mis cosas y me iré sin pagar la habitación.

—Trato hecho —dijo Ezra, enderezándose con una reverencia exagerada que le costó un pinchazo agudo en la zona lumbar. Se guardó las manos en los bolsillos para que Miles no viera el temblor de sus dedos—. La oficina es toda tuya. Diviértete en el paraíso del caos.

Ezra se dio la vuelta y caminó de regreso a la cocina. En cuanto cruzó el umbral y quedó fuera de la vista de Miles, se dejó caer pesadamente contra la mesa de trabajo de madera. Respiró de forma entrecortada, presionando su abdomen con ambas manos. El dolor estaba volviendo, más fuerte, como una marea alta que amenazaba con ahogarlo.

—Solo unas semanas más —susurró, mirando el techo de la cocina mientras una gota de sudor le resbalaba por la sien—. Solo tengo que aguantar este verano.

En el comedor, Miles terminó su café en silencio. Miró hacia la ventana, donde el sol de la mañana empezaba a disipar la neblina sobre el muelle. Sacó su cámara de la funda, ajustó el enfoque y tomó una fotografía a través del cristal polvoriento: una gaviota solitaria posada sobre un pilar de madera podrida. La imagen se veía fría, aislada, perfectamente alineada en el centro del encuadre.

Guardó la cámara, se levantó de la mesa y se dirigió hacia el mostrador de la recepción. Era hora de sumergirse en el desorden de Ezra Morrow. Lo que Miles no sabía era que, al intentar ordenar las finanzas de ese viejo hostal, estaba empezando a desenterrar los secretos de un hombre que ya no tenía tiempo que perder.

1
Beisy Antunez
muy bueno gracias
Beisy Antunez
Gracias que amor tan lindo nacido del dolor de cada uno, llore mucho con esta historia 😭 pero fue hermosa
Skay P.: Gracias por la compañía, mi cielo.
Tenemos otras excelentes historias para alegrar el corazón. ¡Besitos!✨️🦋
total 1 replies
Smer
y justo escuchando la nave del olvido de José José 😭
Skay P.: ¡Uy! Disculpa, mi Chickis.
En mi perfil, encontrarás historias que sanan el corazón. Además, esta historia tiene un final alternativo muy bonito. 🫣🫰✨️
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play