Después de la misteriosa muerte de su padre, la vida de Aurora Castell se convierte en un desastre. Deudas millonarias. Amenazas. Secretos. Y una familia al borde de perderlo todo. Pero la verdadera pesadilla comienza la noche en que conoce a Alessio Moretti. El hombre más poderoso y peligroso de la ciudad. CEO multimillonario. Intocable. Frío. Obsesivo. Y dueño de un imperio construido sobre dinero… y sangre. Cuando Aurora descubre que alguien pagó todas las deudas de su familia, ya es demasiado tarde. Porque Alessio no hizo aquello para ayudarla. Lo hizo para reclamarla. Ahora, atrapada en un matrimonio que jamás quiso, Aurora deberá sobrevivir a un hombre capaz de destruir cualquiera que se interponga en su camino. Pero mientras más intenta odiarlo… más peligroso se vuelve enamorarse de él. Especialmente cuando descubre que Alessio oculta un secreto capaz de destruir su vida por completo. Uno relacionado con la muerte de su padre. Y con la razón real por la que él la eligió. Porque en el mundo de Alessio Moretti… el amor no existe. Solo la obsesión.
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EL AMOR QUE DESTRUYÓ TODO
El silencio empezó a aplastarme lentamente.
No podía respirar bien.
No podía pensar.
Solo podía mirar a Alessio mientras una verdad horrible comenzaba a tomar forma dentro de mi cabeza.
Él no negó nada.
Ni una palabra.
Ni un gesto.
Nada.
Y eso fue peor que cualquier confesión.
Retrocedí lentamente sintiendo el corazón golpeándome con violencia.
—No…
Mi voz salió apenas.
Quebrada.
Incrédula.
—Eso no puede ser verdad.
Alessio seguía observándome en silencio.
Demasiado silencio.
Dios.
Empezaba a odiar sus silencios más que las mentiras.
Porque siempre escondían algo monstruoso.
—Aurora—
—¡No digas mi nombre ahora!
La rabia explotó dentro de mí.
Las lágrimas seguían cayendo sin control.
Todo estaba mezclándose.
Mi madre.
Mi padre.
Luca Barone.
Daniel.
Y Alessio en medio de todo.
Siempre Alessio.
—¿Desde cuándo conocías a mi madre?
Él finalmente respondió.
Muy bajo.
—Desde antes de que nacieras.
Sentí que algo dentro de mí se rompía otra vez.
—Dios mío…
Mi respiración empezó a acelerarse peligrosamente.
—Entonces Luca tenía razón.
La mandíbula de Alessio se tensó inmediatamente.
—No uses a ese hombre para entender esta historia.
—¡Pues tú tampoco me dices la verdad!
El aire cambió violentamente entre nosotros.
Oscuro.
Pesado.
Alessio dio un paso hacia mí.
—Hay cosas que todavía no entiendes.
—¡Entonces explícame!
Mi grito resonó brutalmente por toda la habitación.
—Porque empiezo a sentir que toda mi vida gira alrededor de secretos donde tú siempre estabas presente.
El silencio volvió a caer.
Y entonces Alessio hizo algo inesperado.
Se quitó lentamente el reloj plateado de la muñeca.
Lo dejó sobre la mesa.
Después aflojó apenas el cuello de la camisa negra.
Como si aquella conversación también empezara a romper su control.
Y eso me inquietó muchísimo más.
Porque Alessio Moretti siempre estaba controlado.
Siempre.
—Tu madre se llamaba Isabella Moreau.
Fruncí inmediatamente el ceño.
—¿Moreau?
—No era dominicana.
Sentí el pecho tensarse.
—Mi padre me dijo que sí.
Alessio soltó una pequeña risa amarga.
Sin humor.
—Tu padre te mintió sobre muchas cosas.
El dolor atravesó mi pecho nuevamente.
Porque incluso ahora seguía siendo difícil escuchar eso.
—Isabella llegó a Italia cuando tenía diecinueve años.
Mi respiración se ralentizó involuntariamente.
Había algo extraño en la manera en que hablaba de ella.
Demasiado personal.
Demasiado vivo.
Como si todavía pudiera verla.
—¿Y tú la conociste allí?
Él sostuvo mi mirada unos segundos antes de responder.
—Sí.
El silencio volvió a envolvernos.
Pero esta vez no era solo tensión.
Era memoria.
Oscura.
Peligrosa.
—¿La amabas?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Error.
Porque algo cambió inmediatamente en los ojos de Alessio.
Algo profundo.
Brutal.
Y por primera vez…
verdaderamente vulnerable.
—Sí.
La palabra me golpeó más fuerte de lo que esperaba.
No entendía por qué.
No debía importarme.
Pero importaba.
Muchísimo.
Porque de repente todo empezó a sentirse enfermizamente conectado.
La obsesión de Luca.
La protección de Alessio.
Mi madre en medio de ambos.
—¿Ella te amaba a ti?
La mandíbula de Alessio se tensó otra vez.
Y eso fue suficiente respuesta.
Sentí un vacío extraño abrirse dentro de mí.
—Dios…
Mi mente empezó a unir piezas demasiado rápido.
—Entonces Luca la odiaba por ti.
—No.
Los ojos oscuros de Alessio parecieron endurecerse lentamente.
—Luca odiaba a cualquiera que intentara alejarla de él.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Porque otra vez…
pensé en Alessio.
En la forma en que me miraba.
En cómo controlaba todo alrededor mío.
En cómo reaccionaba cuando alguien se acercaba demasiado.
No quería hacer esa comparación.
Pero ya era imposible ignorarla.
—¿Qué ocurrió realmente?
Esta vez Alessio caminó lentamente hacia la ventana.
Las luces de la ciudad iluminaron parcialmente su rostro.
Y por primera vez desde que lo conocí…
parecía un hombre cansado.
No poderoso.
No peligroso.
Solo cansado.
—Luca estaba obsesionado con Isabella desde mucho antes de que ella lo entendiera.
Mi respiración se volvió más lenta.
—¿Obsesionado cómo?
La risa amarga de Alessio volvió.
—La vigilaba.
Controlaba a las personas alrededor de ella.
Decidía con quién podía hablar.
El aire empezó a sentirse más pesado.
—Eso no es amor.
—Nunca lo fue.
Silencio.
Entonces Alessio continuó:
—Cuando Isabella intentó dejarlo…
él empezó a destruir todo a su alrededor.
Mis ojos se clavaron en él.
—¿Y tú la ayudaste?
—Sí.
—¿Por qué?
Alessio giró lentamente hacia mí.
Y la intensidad de sus ojos me golpeó brutalmente.
—Porque la amaba demasiado para verla destruida.
El corazón me latió con fuerza.
No por mi madre.
Por mí.
Porque de repente entendí algo aterrador.
La forma en que Alessio hablaba de ella…
era exactamente la forma en que empezaba a mirarme a mí.
Y eso me hizo sentir miedo.
Muchísimo miedo.
Retrocedí lentamente.
—No…
Él frunció apenas el ceño.
—¿Qué ocurre?
—Te pareces demasiado a Luca.
El silencio explotó brutalmente.
Los ojos de Alessio oscurecieron inmediatamente.
Peligrosamente.
Pero no retrocedí.
Necesitaba decirlo.
—Controlas todo.
Vigilas todo.
Decides por los demás.
Mi respiración empezó a quebrarse.
—Y eso me aterra.
La mandíbula de Alessio se tensó con fuerza.
Por un segundo pensé que explotaría.
Pero no.
Porque él no perdía el control fácilmente.
Eso era lo peor.
—Jamás te tocaría como él la tocó.
El aire desapareció de mis pulmones.
—¿Qué significa eso?
Silencio.
No.
Otra vez no.
Me acerqué rápidamente.
—¿Qué le hizo Luca a mi madre?
Alessio bajó lentamente la mirada.
Y entendí inmediatamente que la respuesta sería horrible.
—Alessio…
Su voz salió más fría ahora.
Más oscura.
Como si estuviera obligado a revivir algo que odiaba recordar.
—Luca confundía amor con posesión.
Un escalofrío brutal recorrió mi cuerpo.
—¿La golpeaba?
—No.
Eso me confundió apenas.
Pero entonces Alessio añadió algo peor.
—La destruía emocionalmente.
El silencio me golpeó con fuerza.
Porque había algo demasiado real en la manera en que dijo eso.
Demasiado personal.
Demasiado específico.
—¿Cómo sabes tanto?
Los ojos oscuros de Alessio se clavaron profundamente en los míos.
—Porque fui el hombre que la ayudaba a levantarse después.
El corazón me dolió de forma extraña.
Dolorosa.
Pesada.
Y entonces entendí algo todavía peor.
Mi madre no estuvo atrapada entre dos hombres peligrosos.
Estuvo atrapada entre dos obsesiones.
Una que destruía.
Y otra que protegía tan intensamente que también podía destruir.
Mi respiración se volvió inestable.
—¿Qué pasó la noche que desapareció?
El rostro de Alessio cambió completamente.
Oscuridad pura.
Odio.
Culpa.
Todo mezclado.
—Luca descubrió que Isabella planeaba huir definitivamente.
El miedo recorrió lentamente mi cuerpo.
—¿Con quién?
Silencio.
Y otra vez entendí la respuesta antes de escucharla.
—Contigo.
Los ojos empezaron a llenárseme de lágrimas otra vez.
—¿Mi madre iba a huir contigo?
Alessio no respondió.
No necesitaba hacerlo.
Dios mío.
Todo era peor de lo que imaginaba.
—¿Y mi padre?
—Tu padre la ayudó a escapar.
Fruncí inmediatamente el ceño.
—Eso no tiene sentido.
¿Por qué ayudaría al hombre que amaba a su esposa?
Alessio cerró lentamente los ojos.
Y cuando volvió a abrirlos…
vi algo brutalmente humano en ellos.
Dolor.
—Porque tu padre era mejor hombre que yo.
El silencio explotó entre nosotros.
Pesado.
Intenso.
Real.
Y entonces entendí algo horrible.
—Mi padre sabía que mi madre te amaba.
La mandíbula de Alessio se tensó violentamente.
Eso confirmó todo.
Sentí el pecho apretarse.
Porque ahora entendía la verdadera tragedia detrás de toda esta historia.
No era solo mafia.
Ni dinero.
Ni guerra.
Era amor.
Un amor enfermo.
Obsesivo.
Destructivo.
Y que todavía seguía vivo incluso después de tantos años.
Entonces el teléfono de Alessio vibró nuevamente.
Los dos nos tensamos inmediatamente.
Él miró la pantalla.
Y algo cambió brutalmente en su rostro.
Oscuridad absoluta.
—¿Qué ocurrió?
Alessio levantó lentamente la mirada hacia mí.
Y esta vez…
parecía verdaderamente preocupado.
—Encontraron a Vivian.
Mi corazón dio un golpe brusco.
—¿Dónde?
Silencio.
Mala señal.
Muy mala señal.
Entonces habló.
—En el departamento de Barone.
El aire desapareció completamente de mis pulmones.
Pero lo peor vino después.
Muchísimo peor.
—Y no estaba sola.
Mi respiración se cortó.
—¿Quién estaba con ella?
Los ojos oscuros de Alessio se clavaron profundamente en los míos.
Y sus siguientes palabras destruyeron completamente todo lo que creía saber.
—Tu madre.