Después de seis meses trabajando en la empresa del patriarca de una poderosa familia, Carmen Lobos decide llevar a su hijo a sus primeras vacaciones… hasta que una tragedia lo deja gravemente enfermo. Apenas una semana antes ella descubrió que su nuevo jefe será Federico, uno de los nietos de su jefe, pero un escándalo sacude la empresa y lo aparta del puesto.
El lunes vuelve al trabajo y se encuentra con que su nuevo jefe es Santiago Calderón: arrogante, clasista, prepotente y mujeriego. Desde el primer momento, se detestan.
Cuando Santiago la despide de manera injustificada, la ira y el deseo de venganza llevan a Carmen a cometer una imprudencia que cambiará sus vidas: un matrimonio por contrato donde ella asegura el tratamiento de su hijo y él protege a la empresa que tanto desea.
Pero nada será sencillo. Tras la boda, el patriarca impone una estricta condición que sacude sus vidas.
Los acuerdos pueden tener letra chica, pero muchas veces se firman en una cama grande.
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UN MAL PRESAGIO ACERTADO Y UN BAÚL
NARRADOR
Los esposos estaban tensos. Su farsa debía verse más real que nunca. Ellos eran el centro de atención y aún no había noche de bodas, su abuelo aún podía pedir la anulación de la boda y mandar a su nieto al desierto.
Santiago en su mente creía que el beso de su descarada secretaria y esposa fue un acierto, aunque muy exagerado para su gusto. Si se lo hubiese dado otra mujer, seguramente hubiese pensado que estaba desesperada sexualmente.
-¿En qué piensas tanto, granito de sal?- Ella lo miró con burla, suplantando su apelativo dulce por uno aún más irónico
-En que tendremos que fingir más. Tengo un mal presentimiento de nuestra noche de bodas- Expresó preocupado
-Eso si que no. A mí no me vas a tocar. Antes me convierto en monja- Expresó con desagrado, asqueada ante la posibilidad
-Y yo me escapo con un hombre al que le declaro amor eterno- Bufó exasperado- Ni una sola vez desde que te conocí pensé en tocarte
-Hasta que coincidimos en algo- Concluyó incapaz de quedarse callada
Santiago prefirió dejar la conversación para más tarde. Si seguían por ese camino, estaba seguro de que acabaría arrojándole el pastel a su nueva esposa o escapando solo a una luna de miel con tal de no verla. Ninguna de sus ocurrentes ideas acabarían como debían y el castigo impuesto por su abuelo sería un desastre de grandes proporciones que implicaría a Federico. No le convenía. Lo mejor era contar hasta mil y calmarse.
Carmen, estaba decidida a interpretar un papel que derrochara excesiva dulzura, uno que convenciera al público y que desquiciara a su marido. Estaba decidida a divertirse.
-Loba del Inframundo, dónde intentes dejarme en ridículo nuevamente me las vas a pagar- Santiago reconoció esa sonrisa malvada y quiso asegurarse
-Tu eres el hijo de Lucifer, pero ya no me intimidas ni me amenazas. Perdiste el toque- Se burló, pretendiendo no mostrar debilidad. Estaba casi segura de que él buscaría joderla
-Lo veremos- Él la observó con intensidad, como quien acepta un desafío que piensa que ganará
Durante la cena los esposos fingieron amarse y atenderse. Cada detalle que Carmen tenía para molestar a su marido, él lo correspondía con fingida dulzura sintiéndose enfermo. Apenas llevaban poco tiempo en la farsa de pareja enamorada y él sentía que tendría un coma diabético o una úlcera. Cualquiera de las dos opciones le parecía viable.
Carmen, observadora y analítica solamente por fastidiarlo y crear la expectativa de enamorada le limpio los labios a su marido, demorando interminables segundos. Él aguantó estoicamente las ganas de arrojarle el menú encima de su inmaculado vestido de novia.
-Lobita, te ensuciaste- Él le habló con adoración fingida y la besó, pasándole la lengua por los labios
Al separarse de ella, la miró esperando verla sonrojada o nerviosa, pero ella acabó por limpiarse con la servilleta.
-Baboso asqueroso- Le dijo al oído
-Lo dice la que me metió la lengua- Contraatacó
Carmen sabía que había perdido por primera vez en la noche, pero mientras la pareja buscaba molestarse quienes veían todo sabiendo la verdad eran los tres que orquestaron la apresurada boda con absoluta diversión.
Federico estaba perdido, como un observador silencioso del espectáculo. Esa mujer no parecía la correcta secretaria que él conocía y su hermano... estaba actuando tan bien que le parecía admirable.
Al momento de bailar, los esposos se mostraron aún más cercanos, aunque Santiago recibió algunas pisadas. Carmen podía fingir tan bien como una actriz, pero no lograba seguirle el ritmo. No había forma.
-Si sigues así mañana no caminaré yo. Debería ser al revés por una noche de bodas salvaje- Él se quejó sonriendo para seguir la farsa
-¿Y que esperabas? No soy perfecta- Se defendió
-Eso ya lo sé. Carácter insoportable y kilos de más. Toda una joyita- Él la atacó sin miramientos
-¿Y tu? Un imbécil con dinero que se acostó con cuánta mujer tuneada existente, con el ego más grande que esta ciudad porque seguramente todas fingieron- Devolvió el ataque con fuerza
La discusión acabó cuando ellos debieron bailar con otras personas.
Muy pronto, llegó el momento de retirarse de la fiesta para ir a su noche de bodas. Santiago supo que esa tendría que ser la actuación más real o todo se iría en caída libre. Su abuelo era dueño de ese hotel, uno que había adquirido hacía algunos meses. Allí tendría oídos.
-Este hotel es de mi abuelo- Le dijo antes de bajar del vehículo
-¿Eso que tan malo es?- Preguntó preocupada
-Lo descubriremos si la habitación es insonorizada o no- Ella lo vio sin entender ni media palabra
-En español por favor- Pidió confundida
-Si no lo es no me sorprendería que hubiese alguien escuchando si hay acción o no- Él resopló cansado por el matrimonio y por su malvada esposa
-Emmm... no creo que el señor Román sea capaz de algo así
-Fue capaz de impedir una boda y de enviar a mi hermano a una hacienda. Nada me sorprendería. Es muy astuto- Ella desvió la mirada, pensando a máxima velocidad
-Bueno... tendré que fingir que eres increíble en la habitación. ¿Qué tanto gritaban las actrices anteriores?- Ella le preguntó creyendo que un gran número de mujeres lo había elogiado en vano y él... pensó en cuanto disfrutaría su divorcio
Para Carmen, ninguna mujer se acostaría con un malhumorado así como su marido que trataba mal a todo ser viviente que no llevara su sangre. Si él tenía reputación de mujeriego solo era por varias interesadas que buscaban regalos caros. Por nada más.
Santiago no se consideraba malo con sus compañeras de cama. Buscaba dar y recibir placer, ni más ni menos. Siempre precavido y agradecido de ser tan "estricto" o "peculiar" porque se había salvado de algunos aprietos gracias a eso.
Cuando los recién casados entraron a la habitación, todo estaba decorado con romanticismo, salvo por un baúl rojo y dorado que descansaba sobre la cama, en el centro del corazón formado con pétalos de rosa.
Sobre el baúl había un sobre con la felicitación por la unión, un anhelo de felicidad y el consejo de divertirse como todos los recién casados harían. Lo firmaban Esperanza y Mariano Silver Bonnet.
No creo que Santiago quiera alejarse de su hijo...
Gracias 😊 querida escritora @Sil Coffee por actualizar 😌 sigamos apoyando con me gusta publicidad comentarios y regalos ☺️😊
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