Ella renace con la posibilidad de salvarse a ella y a su familia.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Aaron 1
Una tarde lluviosa, Arely se encontraba en el despacho revisando unos informes comerciales relacionados con minas de cristales de luz del norte.
La habitación estaba silenciosa excepto por el sonido de la lluvia golpeando las ventanas.
Arely sostenía una pluma mientras hacía anotaciones con el ceño ligeramente fruncido.
[La demanda aumentará en invierno… Especialmente si las rutas del este vuelven a retrasarse.]
—Sabes…
La voz de Aaron rompió el silencio.
Arely levantó apenas la vista.
Su hermano estaba recostado despreocupadamente sobre uno de los sofás, mirándola fijamente desde hacía rato.
—La nueva Arely inteligente da un poco de miedo.
Ella suspiró suavemente.
—¿Otra vez con eso?
—Es que es verdad.
Aaron se incorporó un poco.
—Antes te reías más.
Arely volvió la mirada a los documentos.
—Sigo riéndome.
—No igual.
La respuesta fue inmediata.
Y demasiado sincera.
Arely se quedó quieta unos segundos.
Aaron cruzó los brazos mientras la observaba con expresión extraña.
No parecía estar bromeando esta vez.
—La Arely de antes era más… brillante.
Ella sintió un pequeño pinchazo en el pecho.
Porque entendía perfectamente lo que quería decir.
La antigua Arely había sido alegre.
Ingenua.
Consentida incluso.
Sonreía fácilmente.
Se emocionaba por vestidos, fiestas y pequeños cumplidos.
Ahora ella pensaba constantemente en negocios, tragedias y futuros posibles.
Había madurado demasiado rápido.
Aaron continuó hablando.
—En la última reunión del conde Leroux, una señorita mencionó que tenías el mismo nombre que la emperatriz de Lennox.
Arely recordó la escena vagamente.
Una joven noble intentando iniciar conversación.
—Antes, cuando alguien decía eso, te ponías feliz.
Aaron sonrió un poco al recordarlo.
—Siempre terminabas hablando durante media hora sobre vestidos imperiales o joyas de la familia real.
Arely bajó lentamente la mirada.
Porque sí.
Los recuerdos de la antigua Arely reaccionaban cálidamente al escuchar esas cosas.
Pero ella…
Ella apenas había sentido interés.
Aaron soltó una pequeña risa incrédula.
—Pero esta vez la ignoraste completamente para ir a discutir el valor comercial de los cristales de luz con un anciano de setenta años.
Arely tosió suavemente.
—Era una conversación importante.
—¡Tenías dieciocho años rodeada de jóvenes nobles y elegiste hablar con un comerciante anciano sobre minería!
Ella intentó mantener la expresión seria.
Pero terminó riéndose un poco.
Y Aaron abrió ligeramente los ojos.
—Ah, ahí está.
—¿Qué?
—Esa risa.
La miró fijamente unos segundos antes de suspirar.
—A veces siento que creciste demasiado de golpe.
Las palabras fueron suaves.
Sin burla.
Eso hizo que Arely sintiera culpa.
Porque, en cierta forma, Aaron tenía razón.
Ella no era completamente la misma hermana que él recordaba.
Había una mujer distinta viviendo dentro de Arely Hoffman.
Una mujer que ya había muerto una vez.
Aaron se levantó del sofá y caminó hasta ella.
Luego apoyó una mano sobre su cabeza despeinándole ligeramente el cabello.
—No digo que el cambio sea malo.
Arely levantó la vista hacia él.
—Padre está orgulloso de ti. Yo también.
Su sonrisa se volvió más pequeña.
Más sincera.
—Solo extraño un poco a mi hermana tonta.
Arely soltó una carcajada suave.
—Qué manera tan horrible de expresarte.
—Pero entendiste perfectamente.
Ella lo miró en silencio unos segundos.
Y entonces algo dentro de su pecho se suavizó.
Porque Aaron no estaba rechazando a la nueva Arely.
Solo echaba de menos verla feliz.
De verdad feliz.
No concentrada.
No preocupada.
No intentando salvar el futuro constantemente.
Solo… feliz.
Arely bajó lentamente la pluma.
—Aaron.
—¿Hm?
Ella dudó unos segundos antes de hablar.
—¿Crees que he cambiado demasiado?
Aaron la observó un momento.
Luego sonrió con tranquilidad.
—Sí.
El corazón de Arely se tensó un poco.
Pero él continuó.
—Pero las personas cambian todo el tiempo.
Se sentó junto a ella sobre el borde del escritorio.
—Sigues siendo mi hermana. Eso no cambió.
La lluvia seguía cayendo afuera mientras Arely lo miraba en silencio.
Y por primera vez en mucho tiempo, sintió que algo pesado dentro de ella se aligeraba un poco.
Porque quizá no necesitaba vivir aterrorizada todo el tiempo.
Quizá no necesitaba cargar sola con el miedo al futuro.
Aaron sonrió de nuevo.
—Además, ahora eres útil. Eso es un gran avance.
Arely tomó uno de los papeles del escritorio y se lo lanzó al rostro.
—Lárgate.
Las carcajadas de Aaron llenaron el despacho.
Y Arely terminó sonriendo también.