Sophia Clarkson, 17, heredera de Luna Plateada.
Kael Drevon, 24, rey de reyes de Colmillo Negro.
No se conocen. Pero el hilo los encontró.
A 600 kilómetros, ella se quema las manos para no correr hacia él.
Él apoya la frente en vidrio frío para no decir su nombre.
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*La marca*
El fuego de la chimenea lamía las vigas de roble. La habitación era grande, cálida, llena de tapices azules de Luna Plateada y pieles de oso en el piso. Olía a madera y té de menta que su madre dejó servido hace horas.
Afuera la nieve azotaba los vitrales. Adentro, el calor hacía sudar.
Sophia igual temblaba.
Se apretó el esternón con la mano. La piel estaba enrojecida. Quemaba.
Algo se movió adentro de ella. No era voz. Todavía no. Era solo instinto, tirando de un hilo que no entendía.
Ella cerró los ojos.
Pero su pecho se apretó igual cuando recordó cómo Kael se dio vuelta sin exigirle nada. Cómo su mano se quedó a medio camino de su cara.
Respeto. Eso dolía más que el fuego.
Golpe suave en la puerta. No esperó respuesta.
Varik entró. Vio la chimenea alta, las pieles, el té frío. La vio a ella, con la mano en el pecho y la respiración corta.
No apartó la mirada. No juzgó. Solo cruzó la habitación y se sentó en la alfombra, a dos pasos del fuego.
No dijo nada. Los verdaderos amigos no siempre hablan.
Pasaron minutos. Solo el crujido de la leña.
Al fin Varik rompió el silencio, mirando las llamas, no a ella:
—La manada confía en vos, Sof. Yo también.
Sophia bajó la mano. El ardor no se fue.
—Lo sé, Varik —susurró.
Varik giró la cabeza. La miró de reojo. Vio cómo volvía a llevarse la mano al pecho, como si quisiera arrancarse algo de adentro.
Frunció el ceño. No preguntó por la manada. Preguntó por ella.
—¿Te duele? —dijo bajito—. El pecho.
Sophia se puso rígida. Mintió por reflejo:
—No. Es el calor.
Varik no le creyó. Pero tampoco insistió. Se quedó callado otra vez.
Demasiado calor. Demasiadas preguntas sin respuesta.
Sophia se puso de pie de golpe. La silla raspó la madera.
—Necesito aire —dijo, y salió antes de que él pudiera decir nada.
Cruzó el pasillo y empujó las puertas del balcón. La nieve le pegó en la cara como agujas. El frío la cortó por dentro y por fin el ardor del pecho bajó un poco.
Se apoyó en la baranda de piedra. Cerró los ojos. Respiró.
El balcón crujía bajo la nieve. San Martín de los Andes abajo, todo blanco. El lago Lácar oscuro a lo lejos.
Sophia se abrazó sola.La loba dormía adentro y no sabía cómo despertarla. El aliento le salía en nubes.
Varik_. Manos en los bolsillos. Mirando el lago, no a ella.
"Te vas a congelar" dijo Varik.
Sophia negó con la cabeza. "Adentro el fuego me ahoga".
Silencio. Solo el viento entre los pinos.
Sophia pateó nieve con la punta de la bota. "¿A vos te dolía antes de cambiar?".
Varik asintió despacio. "Los huesos. Semanas enteras. Como si algo quisiera salir de adentro".
"El mío no" susurró ella. Apoyó las manos en la baranda helada. "Está quieta.” A veces pienso que nunca va a despertar".
Varik frunció el ceño pero no dijo nada de más. "Va a despertar, Sof. Todos cambiamos".
"¿Y si soy la única que no?" preguntó bajito. Sin drama.
Varik no se acercó más. "Entonces yo me quedo acá. Mientras vos esperás".
Sophia no contestó. Solo siguió mirando la nieve caer sobre el lago. El pecho le ardía un poco. Pero no sabía por qué. Todavía no.
Afuera el frío. Adentro su loba dormia. Entre ellos, silencio normal. Sin respuestas.
voy a estar subiendo capitulos día por medio. así tengo tiempo de planificar y crear. espero que le guste. estaba haciendo otra novela. pero no me convencio, asiq espero que está si puedan disfrutar. muchas gracias y cualquier cosa que quieran decirme bienvenido sea❤️❤️❤️❤️🥰🥰🥰🥰