🔞⚠️LEER CON PRECAUCIÓN 🔞⚠️
Susanne confió en quien no debía, lo entregó todo y descubrió muy tarde que un falso juramento puede llevarte al infierno.
Sin nada más que perder, que una vida que la axficia, tomará un camino de venganza lento y hasta humillante, pero si quiere ver a su enemigo caer de la cima al fango, ella tendrá que meterse hasta en su cama, con una nueva identidad y destruir lo que ese hombre atesora
Lo que Susanne no sabe es que en medio de su venganza, su corazón vuelva a amar y que eso pueda ser más peligroso que cumplir con su venganza.
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17. Mujer desafiante
Han pasado los meses, Susanne ya cumplió dieciocho años y ha regresado convertida, sin lugar a dudas, en Lady Samantha de Salamanca.
El salón privado del palacio de Salamanca estaba dispuesto para una negociación, no para una visita social. Renato lo entendió apenas cruzó la puerta.
Lady Samantha estaba sentada junto a su padre. Vestido claro, manos entrelazadas sobre el regazo, expresión serena. A primera vista, se podía decir una joven dócil e inocente. Exactamente lo que él esperaba.
- “Lady Samantha, por fin en casa”, dijo Renato, avanzando sin pedir permiso, observando cada detalle de su cuerpo.
Ella se puso de pie con corrección y bajó la cabeza lo justo.
- “Mi lord”, expresó Susanne, con la voz en el tono adecuado. Renato tomó su mano sin esperar invitación. La sostuvo un segundo más de lo necesario; quería sentir el roce de su piel, e imaginar en su mente, cómo sería sentir toda esa piel, cuando fuera completamente suya.
- “Más hermosa de lo que recordaba. El viaje te ha sentado muy bien”, comentó Renato.
Susanne no retiró la mano, pero tampoco respondió al halago. Cuando habló, lo hizo con suavidad medida.
- “He seguido las indicaciones de mi tía y de los médicos. Nada más”, respondió Susanne, con la voz serena, como si se rigiera bajo la diplomacia.
Renato sonrió. Aquella respuesta no le pertenecía; estaba entrenada. Aun así, apretó un poco más antes de soltarla.
- “Pronto no necesitarás tantas indicaciones. Cuando seas mi esposa, yo me ocuparé de ti”, afirmó Renato, sin poder evitar expresar parte de su esencia.
Antonio de Salamanca se movió apenas en su asiento. Susanne fue más rápida.
- “Mi salud sigue siendo responsabilidad de mi familia, así lo acordamos, recuerde que entre ambas casas se ha firmado un contrato” respondió ella, esta vez con una voz que parecía más una sentencia.
Renato giró el rostro hacia ella, muy lentamente, quería imponer su mirada.
- “Los acuerdos pueden revisarse”, insistió Renato.
- “Algunos, sí. Otros no. Conmigo las cosas siempre son muy claras” dijo Susanne sin dejar de mirarlo fijamente.
Renato la observó con más atención ahora. Ya no como una muchacha bonita, sino como algo que no encajaba del todo.
- “Hablas con seguridad. No es habitual en mujeres tan jóvenes”, expresó Renato.
Ella movió ligeramente la cabeza. Sus ojos no desafiaban, pero tampoco bajaban.
- “Me han educado para entender lo que se firma y lo que se promete, sé administrar lo que me pertenece”, sentenció Susanne.
Renato soltó una breve risa.
- “Eso cambiará”, insistió él.
- “No lo creo, mi lord, el matrimonio no me convierte en ignorante. Yo no soy una muñeca decorativa”, replicó ella con calma.
Antonio intervino, firme.
- “Mi hija será duquesa de Salamanca, ella tiene sangre noble recorriendo por sus venas, el legado que ella lleva al matrimonio no será cedido”, manifestó Antonio.
Renato no lo miró. Seguía observando a Susanne.
- “¿Eso piensas tú también?”, le preguntó directamente.
Ella dudó apenas un instante. Lo justo para parecer respetuosa, no insegura.
- “Creo que una mujer puede ser esposa sin desaparecer. Y acompañar sin entregarse por completo; usted no está comprando una esposa, nosotros estamos negociando un heredero para su ducado, y un aliado para el mío. Yo soy Lady Samantha de Salamanca, antes que la esposa de alguien, yo represento la herencia de una de las regiones más ricas del reino de Palermo, no se equivoque, este contrato entre nosotros implica tener el mismo poder”, manifestó Susanne con seguridad.
Aquello fue nuevo. Renato sonrió despacio. No con amabilidad, sino con interés; ninguna mujer se había atrevido a desafiarlo, ninguna mujer había tenido el carácter suficiente para creerse más importante que él.
- “Eres distinta a lo que esperaba” dijo Renato.
- “No siempre se obtiene lo que se espera” respondió ella.
Renato dio un paso más cerca. Invadió su espacio.
- “Pero siempre se obtiene lo que se insiste en dominar”, aseveró Renato.
Susanne no retrocedió.
- “Algunas cosas no se dominan, se rompen. Pero eso no quiere decir que la que se rompa sea yo”, dijo Susanne.
Los ojos de Renato brillaron. No de enojo, de algo peor, del instinto animal de gobernar sobre todo, que estaban desafiando.
- “Eso lo veremos, tengo paciencia”, dijo Renato en voz baja.
- “Y yo límites, que le aseguro no cruzaré, le vuelvo a decir soy Lady Samantha de Salamanca”, respondió ella, igual de bajo.
Antonio se levantó, dando por terminada la reunión.
- “Por hoy es suficiente”, aseveró Antonio.
Renato dio un paso atrás, finalmente. Se inclinó con corrección exagerada.
- “Cada día me gusta más mi futura esposa. Será un placer… formarla”, comentó Renato.
Susanne inclinó la cabeza.
- “Mientras todo se enmarque dentro del contrato, será un honor no decepcionaros”, expresó Susanne, con una ligera sonrisa desafiante.
Renato salió convencido de una cosa, esa muchacha no era débil. Y precisamente por eso, la quería, era un desafío, algo tan nuevo, tan diferente, tan interesante, alguien que podía hacer arder su sangre.
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