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REINA SIN CORONA (El Verdadero Poder Es Atreverse A Amar.

REINA SIN CORONA (El Verdadero Poder Es Atreverse A Amar.

Status: En proceso
Genre:Romance / Ella Mayor Que Él / Pérdida de memoria
Popularitas:8k
Nilai: 5
nombre de autor: R Torres

Estrella Portugal nació en cuna de oro y pasó casi treinta años construyendo un imperio empresarial internacional, convenciendo al mundo de que no necesitaba a nadie, haciéndose dueña de cada lugar donde pisaba y dejando atrás el amor, confundiéndose incluso con el deseo.

Pero un accidente borra su memoria y también la coraza que siempre la protegió, ahora no recuerda su divorcio, su poder, ni a Lucio Salvatierra, el hombre diez años menor que la ama y logró ver el alma de la mujer implacable, que asusta a todos los demás.

Ahora, en medio de la confusión, su corazón laterá con miedo, con deseo, con libertad, por alguien que cree no conocer, pero la hace vibrar y no pide permiso; sin saber, que el imperio que había construido puede venirse abajo, y la ayuda vendrá de quien menos se lo espera.

¿Será capaz Estrella de no dejar ir el amor cuando recupere la memoria?

🔞⚠️🔥 LA NOVELA PODRIA CONTENER ESCENAS PARA MAYORES DE 18 AÑOS🔥⚠️🔞

LIBRO VI (Penúltimo)
Colección AMORES QUE SANAN

NovelToon tiene autorización de R Torres para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

8. ¿Te amé?

La habitación quedó en silencio después de que Gustavo terminara de hablar.

“Eres una mujer que volvió a amar” y la frase quedó suspendida en su mente. 

- “¿Yo… volví a amar?”, preguntó Estrella, y su voz sonó más joven. La vergüenza le quemaba las mejillas, no por el acto en sí, sino por la vulnerabilidad de no recordar. 

Gustavo, sentado a su lado, soltó su mano con delicadeza.

- “Sí”, respondió él, sin mirarla.

No dijo el nombre. No lo dijo porque no era suyo el derecho de revelarlo. Estrella lo supo en el instante en que sus labios se cerraron tras la sílaba. 

Miró una vez más a Lucio, quien estaba apoyado contra la pared cerca de la puerta, con los brazos cruzados sobre el pecho ancho, la camisa ajustada marcando los contornos de sus músculos. La postura era relajada, pero había algo en la tensión de su mandíbula, en la forma en que sus dedos se clavaban levemente en sus propios bíceps, que delataba que no estaba tan tranquilo como pretendía.

No sabía quién era, pero sabía, con una certeza que le erizó la piel, que no era irrelevante.

La puerta se abrió antes de que pudiera profundizar en ese pensamiento. El neurólogo, un hombre delgado con gafas de montura metálica y una bata blanca impecable, entró con una sonrisa profesional.

- “Señora Portugal, necesita descanso. Las visitas deben reducirse. Diez minutos más, como máximo”, anunció el médico, revisando el monitor que emitía pitidos rítmicos a su lado.

Alex y Camila, que habían estado cerca de la ventana, se prepararon para salir. Alex, con su traje caro y el pelo peinado hacia atrás, le lanzó una mirada preocupada antes de inclinarse para depositar un beso rápido en su frente.

- “Descansa mamá. Mañana seguiremos con esto”, murmuró Alex.

Camila, más reservada, solo asintió, sus dedos apretando el bolso de diseñador contra su cadera como si fuera un escudo. Gustavo fue el último en acercarse. Se inclinó, y por un segundo, Estrella pensó que la abrazaría, pero solo rozó su hombro con los nudillos, un gesto que era a la vez íntimo y distante.

- “No te esfuerces por recordar. La Estrella que eres ahora también merece existir”, dijo Gustavo en voz baja, tan baja que solo ella pudo escucharlo. Y entonces se fue.

La puerta se cerró. El sonido del aire acondicionado zumbaba como un recordatorio de que el mundo seguía girando fuera de esas cuatro paredes. Cuando Estrella levantó la vista, solo quedó Lucio. 

Lo observó con una calma que no sentía, la misma con la que a los veinte años evaluaba una oportunidad de negocio, fría, calculadora, buscando un error en el discurso antes de invertir un centavo, y que dejó de lado cuando empezó con Gustavo, quizás ese fue el error, quiso amar, negándose a sí misma. 

Lucio no se movió, pero ella notó cómo sus pupilas se dilataban levemente bajo la luz artificial, cómo el pulso en su cuello latía un poco más rápido.

- “Tú no eres casualidad”, dijo Estrella, y no fue una pregunta, sino una afirmación que colgaba en el aire como un desafío.

Lucio no respondió de inmediato. Se tomó su tiempo, como si estuviera midiendo el peso de cada palabra antes de soltarlas.

- “No”, admitió al fin, y esa sola sílaba bastó para que algo se retorciera en el estómago de Estrella.

- “¿Cuánto tiempo?”, preguntó ella, directa, sin rodeos, porque nunca había creído en perder el tiempo con juegos, si ya no era una joven queriendo amar con libertad, descubriría quién era verdaderamente.

La pregunta lo tomó por sorpresa; sus cejas se alzaron un milímetro antes de que pudiera controlarlo.

- “Casi un año”, respondió Lucio, y su voz era baja, áspera, como si las palabras le rasparan la garganta al salir.

Estrella absorbió el dato como un golpe. Casi un año no era un desliz. No era una noche de borrachera o un error de juicio. Casi un año era una relación. Era probablemente despertarse junto a alguien. Era conocer sus manías, sus miedos, la forma en que sus cuerpos encajaban cuando el mundo afuera se volvía demasiado ruidoso.

- “¿Y fue serio?”, preguntó ella, aunque ya conocía la respuesta. Lo veía en la forma en que él la miraba, como si estuviera memorizando cada centímetro de su rostro por si acaso era la última vez.

- “Lo suficiente como para que casi te pierda hoy y mi mundo se oscureciera”, dijo Lucio, y el dolor en su voz no podía negar se.

- “¿Intentaron matarme?, si estoy en los cincuenta, mis padres deben estar muertos”, preguntó ella, bajando la vista hacia el vendaje en su costado, donde el dolor aún pulsaba como un segundo corazón.

- “Sí”, afirmó él.

No hubo adornos. No hubo excusas. Solo esa palabra, corta y filosa como una navaja.

- “¿Intentaron matarme por negocios?”, insistió Estrella, porque necesitaba entender, aunque una parte de ella ya lo sabía; y porque si sus padres ya no estaban y su hermana había muerto, ella estaba a cargo del Conglomerado Portugal.

- “En parte, estoy averiguando qué sucedió, espero que tu jefe de seguridad se recupere, está muy grave, pero es el único que sobrevivió de tu equipo”, admitió él, y, su voz tuvo un dejo de amargura.

Estrella asintió lentamente, los dedos apretándose contra el borde de la sábana. Entonces no he cambiado tanto, pensó; como hija de un importante hombre de negocios siempre estuvo preparada para el ataque.

Lucio dio un paso más cerca, pero mantuvo una distancia prudente, como si supiera que si se acercaba demasiado, ella podría quemarlo.

- “Cambiaste”, dijo Lucio, y su voz era casi un susurro.

- “¿En qué?”, preguntó ella, aunque no estaba segura de querer saberlo.

“Aprendiste a bajar la guardia”, respondió él.

Esa frase la golpeó más fuerte que el divorcio. Porque un Portugal nunca bajaba la guardia. Era la regla número uno, el escudo protector y la estrategia de supervivencia.

- “Yo no bajo la guardia”, replicó, pero sonó débil, incluso para sus propios oídos.

- “Conmigo sí lo hiciste”, insistió él, y esta vez, dio otro paso adelante. Ahora estaba lo suficientemente cerca como para que ella pudiera ver las pequeñas cicatrices en sus nudillos, las líneas finas alrededor de sus ojos que delataban noches en vela.

Algo en su pecho se tensó, un músculo que no recordaba tener, un dolor que no era físico. No recordaba bajar la guardia. No recordaba sentirse así con Gustavo, seguro y expuesta al mismo tiempo, pero con Lucio, había algo. Un fantasma de sensación que le recorría la columna vertebral como un dedo invisible.

- “No me mires como si estuvieras esperando algo”, dijo ella, y odió lo tembloroso que sonó.

- “No espero nada”, respondió él, pero mentía.

Ella lo notó en la forma en que sus dedos se flexionaron, como si estuviera conteniendo el impulso de tocarla. En la manera en que su respiración se aceleró, casi imperceptible, pero ella lo vio. Supuestamente siempre había sido buena leyendo a la gente. Era su don y su maldición.

- “¿Te amé?”, preguntó Estrella, y las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

Lucio respiró hondo. El sonido se le atrapó en la garganta, como si la pregunta lo hubiera golpeado en el esternón.

- “Sí”, dijo él.

- “¿Mucho?”, insistió ella, porque necesitaba saber. Necesitaba entender qué había perdido.

- “Lo suficiente como para no pedirte que me elijas ahora”, respondió Lucio.

- “No siento lo que debería sentir si te amé”, confesó ella, y el peso de esa verdad le quemaba la lengua.

Lucio asintió, como si ya lo supiera. Como si lo hubiera aceptado hace tiempo.

- “Lo sé”, dijo, y en esa simple frase, algo dentro de ella se movió.

No era un recuerdo. No era el pasado volviendo a ella en oleadas de nostalgia. Era algo más primal. Más inmediato. Era como un impulso.

Y por primera vez desde que había despertado en esa cama de hospital, Estrella sintió el deseo de cerrar la distancia entre ellos, de tocarlo, de descubrir si su piel aún recordaba lo que su mente había olvidado.

1
Eret Lopez
DENLE UN ESPEJO PARA QUE VEA SU CARA
Ana Elena Jiménez
jajajaja jajajajajaja jajajaja,es una orden de la manda más
Ana Elena Jiménez
son puro fuego ❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥❤️‍🔥
Betty Saavedra Alvarado
Camila a demostrar que eres hija de Estrella Portugal
Limaesfra🍾🥂🌟
💃Camila madurabdi de sopeton💪💪💪💪
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏👏
Ana Elena Jiménez
un inicio de lujo
Beatriz Narváez campo
jajaja ya no demora en recordar las noches candentes con lucio🤭🤭🤣🍆
Beatriz Narváez campo
debe ser tenaz uno despertar y sentir que todo cambio menos uno😭😭
Beatriz Narváez campo
muchas gracias por el capitulo😘🌹❤️
Olga Ortiz
te quieren muerta definitivamente
Olga Ortiz
hay estrella estas muy ardiente🥰🥰
Olga Ortiz
bueno es hora de que encuentren algo y descubran quien quiso matarla
Olga Ortiz
ten cuidado estrella, quieren acabar contigo
Olga Ortiz
ya estas entrando en ambiente estrella tus sentimientos y análisis están llegando
Olga Ortiz
es necesario que recuerdes estrella, debes volver
Olga Ortiz
fuiste inteligente camilla, estas aprendiendo a salvaste y a salvar a los demás en especial a tu madre
Olga Ortiz
ahora es tu turno camilla ya debes salir del pozo donde estabas y brillar al igual que tu madre
Olga Ortiz
al menos en el sexo, ella recordó que era él quien la hacía sentir amada❤️
Beatriz Narváez campo
el amor el amor el amor, qué lindo es!!❤️❤️❤️❤️
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