Ella renace en una época mágica.. en el cual su familia la humilla, por lo que decide irse y cambiar su destino.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico *
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Ryan y Agnes 2
La música había subido ligeramente de tono y las conversaciones fluían con más soltura cuando los recién casados comenzaron a recorrer las mesas.
Ryan llevaba la mano de Agnes con naturalidad, entrelazando los dedos como si aún no pudiera creer que ahora eran marido y mujer. Ella irradiaba una felicidad tranquila, firme, como si cada paso que daba confirmara que había elegido bien.
Cuando llegaron a la mesa de Leilani, Agnes sonrió de inmediato al verla.
—Me alegra que haya venido —dijo con sinceridad.
Ryan asintió.
—Y quería agradecerle otra vez por el carruaje. Es… impresionante.
Leilani sintió que su corazón se inflaba de orgullo.
—Me honra que les haya gustado.. Fue un placer hacerlo.
Agnes inclinó ligeramente la cabeza.
—Se nota que ama lo que hace.
Leilani sonrió, un poco tímida, pero feliz.
Entonces, casi al mismo tiempo, ambos notaron quién estaba sentado a su lado.
El duque Sterling.
Ryan adoptó una postura más formal.
Agnes hizo una reverencia respetuosa.
—Su excelencia.
Jack se puso de pie con elegancia inesperada.
Y para sorpresa de todos en la mesa… sonrió con genuina cordialidad.
—Lady Norhaven. Señor Dewish. Felicitaciones. Ha sido una ceremonia digna de ustedes.
Ryan pareció relajarse un poco ante el tono amable.
—Gracias señor.
Y entonces, con una calma casi peligrosa, el duque añadió..
—Espero que después nos acompañen a la nuestra.
El silencio fue inmediato.
Agnes parpadeó.
Ryan frunció levemente el ceño.
—¿La… suya, señor? —preguntó Ryan con cautela.
Agnes intercambió una mirada rápida con su esposo.
No sabían que el duque tuviera prometida.
Ni siquiera rumores.
Mientras esa confusión silenciosa se instalaba en sus rostros…
Jack apoyó con total naturalidad su mano sobre la pierna de Leilani, justo por encima de la rodilla, firme pero aparentemente casual.
El contacto fue eléctrico.
Leilani se quedó rígida.
—¿Cierto? —dijo él, mirando a los novios, aunque la presión leve de sus dedos dejaba claro que la pregunta iba dirigida a otra persona—. Estarán invitados.
Leilani lo miró.
Directamente.
Con los ojos encendidos.
Tomó su copa y bebió un poco para disimular la repentina ola de calor que subía por su cuello.
Esperando.
Rezando.
Que nadie hubiera notado el gesto.
El duque, en cambio, parecía absolutamente relajado.
Casi contento.
Como si acabara de hacer un comentario inocente.
Agnes, siempre perceptiva, notó algo en el ambiente… pero no dijo nada. Sonrió diplomáticamente.
—Será un honor cuando llegue el momento..
Ryan asintió, aún algo desconcertado.
—Les deseamos felicidad, señor.
—Gracias —respondió Jack con una serenidad que solo Leilani sabía que era peligrosa.
Cuando los recién casados continuaron hacia la siguiente mesa, Leilani no esperó ni un segundo.
Con rapidez contenida, retiró la mano del duque de su pierna.
Se inclinó apenas hacia él y susurró, con voz baja pero firme..
—No me toque aquí.
Jack giró el rostro lentamente hacia ella.
Sus labios se curvaron en una sonrisa ladina.
—¿Aquí?
Sus ojos descendieron apenas un segundo… y luego volvieron a los de ella.
Se inclinó un poco más, acortando la distancia entre sus rostros.
—Entonces podemos ir a otro lugar.
Leilani lo fulminó con la mirada.
Una mirada que habría hecho retroceder a la mayoría de los hombres.
Pero no a él.
Jack sostuvo su expresión con diversión apenas contenida.
No estaba ofendido.
No estaba avergonzado.
Estaba… encantado.
Leilani apretó los dientes.
—Es una boda..
—Lo sé.. Por eso me estoy comportando.
Ella lo miró incrédula.
—¿Eso es comportarse?
Él inclinó apenas la cabeza.
—Para mí… sí.
Y volvió a tomar su copa, como si la conversación hubiera sido completamente normal.
Pero sus ojos nunca dejaron de vigilar cada reacción de ella.
Como si cada chispa de enojo fuera, para él, una promesa.
Sin embargo, el rumor de la presencia del poco social duque corrió como fuego suave entre las mesas.
—El duque está aquí…
—¿Sterling?
—Sí, él mismo…
En cuestión de minutos, la atmósfera cambió.
Donde antes había risas relajadas, ahora había posturas más rectas, voces más medidas, miradas calculadas.
Uno por uno, comenzaron a acercarse.
Primero comerciantes importantes del pueblo.
Luego propietarios de tierras cercanas.
Después algunos nobles menores que habían viajado para la boda.
Todos querían saludar.
Inclinar la cabeza.
Ser vistos.
Ser recordados.
Jack Sterling se levantó con calma.
Y el cambio fue inmediato.
La sonrisa relajada desapareció.
Su expresión se volvió afilada.
Distante.
Fría.
Su postura más rígida.
Su mirada más alta que las de los demás.
Respondía lo justo.
Asentía apenas.
Con algunos, incluso, fue cortante.
—Sí.
—Entiendo.
—Hablen con mi capitán.
Cuando un hombre intentó acercarse demasiado, casi tocándolo del brazo mientras hablaba efusivamente, el duque retrocedió medio paso.
Su mirada se volvió tan glacial que el hombre tragó saliva y dio un paso atrás de inmediato.
No había sonrisa.
No había coqueteo.
No había calor.
Solo poder.
Autoridad.
Leilani lo observó unos segundos.
Era otra persona.
El hombre que la provocaba, que sonreía ladino, que la miraba como si fuera un reto delicioso… no estaba allí.
Ese era el duque.
El gobernante.
El noble.
Intocable.
Y entonces comprendió algo.
Ella había visto una versión privada.
Una versión que nadie más estaba viendo.
Ese pensamiento la incomodó más de lo que quería admitir.
Pero también… Le dio una oportunidad.
Mientras más personas se acumulaban alrededor de él, formando casi una pequeña fila, el espacio a su alrededor se volvió caótico.
Todos querían un momento.
Una palabra.
Una mirada.
[Perfecto.]
Leilani se levantó con calma.
Ajustó discretamente su vestido.
Esperó el momento en que un grupo particularmente insistente capturó la atención del duque.
Y entonces… Se deslizó.
Un paso atrás.
Luego otro.
Rodeó la mesa.
Se mezcló entre los invitados.
Sin correr.
Sin llamar la atención.
Solo moviéndose como si fuera parte natural del flujo de personas.
No miró atrás.
No quería comprobar si él notaba su ausencia.
Caminó hacia la salida del jardín, donde las luces eran más suaves y el murmullo más lejano.
El aire fresco de la noche tocó su rostro cuando cruzó el arco floral.
Respiró.
Lento.
Profundo.
Su corazón aún latía rápido.
Pero no de miedo.
Había sido un buen día.
Hermoso.
Había visto amor verdadero.
Había sido invitada.
Había sido parte de algo importante.
Incluso con la presencia perturbadora del duque…
Había sido un lindo día.
Sonrió suavemente mientras avanzaba hacia los carruajes.
Sin saber que, detrás de ella, en medio de la multitud…
Un par de ojos marrón intenso acababan de notar exactamente el momento en que su silla quedó vacía.