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LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

LA LEYENDA DE LA ESPADA DE FUEGO

Status: En proceso
Genre:Magia / Mundo mágico / Acción / Espadas y magia / Mundo de fantasía / Fantasía épica
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Cristian David Leon

Leónidas, un mago de bajo rango intentará llegar a la cima como el número uno en su clase como novato recién llegado. La academia del reino de Grand Village esconde secretos tras sus muros, Leónidas junto a sus amigos intentarán llegar al fondo de ellos mientras se desarrolla como mago y se convierte en el más fuerte de todos.

NovelToon tiene autorización de Cristian David Leon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¿APARECE NUMERO DOS?

Tras el devastador ataque del soldado oscuro, la calma no regresó de inmediato; en su lugar, tres días de un entrenamiento implacable cayeron sobre los hombros de los estudiantes. Bajo el sol abrasador, Leónidas no podía ocultar su agotamiento mientras sus pies golpeaban el suelo una y otra vez.

​—No puedo creer que tengamos que correr cien vueltas... —jadeó, con el sudor corriéndole por la frente.

​A su lado, Blake apenas podía mantener el paso.

​—Esto es horrible —coincidió con voz entrecortada.

​Deila, sintiendo que sus pulmones ardían, añadió con desesperación:

​—Siento que me voy a morir....

​Sin embargo, la Profesora Jill no mostró rastro de clemencia. Desde un costado, observaba con ojos críticos la formación de los jóvenes.

​—Menos quejas y suban el ritmo —ordenó con severidad. —La clase uno-uno seguro ya nos lleva ventaja.

​Ante la mención de la clase rival, los alumnos de la uno-dos apretaron los dientes y forzaron a sus piernas a moverse con mayor rapidez.

​—Están bastante animados —comentó una voz profunda que sobresaltó a Jill.

​Al girarse, la profesora se encontró con el Director Bale.

​—Director... —balbuceó, sorprendida por su presencia. —Pensé que estaba en una reunión en el exterior.

​—Mandé a mi secretaria —respondió él con brevedad, observando el campo de entrenamiento.

​Intrigada por el cambio de planes, Jill se acercó un poco más.

​—¿Sobre qué es la reunión? —preguntó.

​—El torneo de novatos... —reveló Bale.

​Jill abrió los ojos de par en par.

​—¿Lo adelantaron?.

​—Es posible... —Bale suspiró, con la mirada fija en el horizonte.

​—¿Crees que ganaremos este año? —cuestionó la profesora, buscando una señal de confianza.

​—Ya lo veremos... —dijo Bale de forma enigmática. —Debemos seleccionar a cinco alumnos de primero. Confío en que de tu clase salga por lo menos uno seleccionado.

​Jill guardó silencio mientras el director se despedía con un gesto sobrio.

​—Debo retirarme, nos vemos —concluyó él.

​—Claro, señor... —respondió Jill.

​Mientras Bale se alejaba, Jill clavó su mirada en la silueta de Leónidas, que seguía corriendo incansable entre sus compañeros. "¿Uno de ellos?", pensó para sus adentros.

​Para disipar sus propios pensamientos y endurecer el carácter de sus pupilos, gritó de nuevo:

​—¡Vamos, cien vueltas más!.

​Un coro de lamentos y maldiciones llenó el aire, pero nadie se atrevió a detenerse.

​Al finalizar la jornada, el agotamiento era total. Mientras se secaban el sudor, Deila se acercó a Leónidas.

​—¿Qué harás ahora? —le preguntó.

​—Debo ir a visitar a mis padres —respondió el joven, buscando un momento de normalidad entre tanto caos.

​Leónidas caminó por los puestos de comercio hasta encontrar a sus progenitores. El encuentro fue cálido pero cargado de la tensión habitual de un padre preocupado.

​—Mira quién es... nuestro querido Leónidas —exclamó su padre, antes de lanzar la pregunta que lo hizo sonrojar—: ¿Ya tienes novia?

​Entre bromas familiares y una cena en la taberna del reino de Grand Village, la conversación se tornó más seria. Sus padres mencionaron a su jefe, un hombre serio pero amable, mientras Leónidas les contaba que había conocido a dos chicos nuevos.

​De repente, el sonido ensordecedor de la alarma del reino cortó el aire. Un ataque estaba en curso.

​En el cuartel de los magos, la Profesora Jill y un mago llamado Hitoka se preparaban para lo peor. Un hombre misterioso, acompañado por un soldado oscuro, se materializó ante ellos.

​—Nunca es tarde para cumplir el deseo de mi señor —sentenció el intruso.

​—¿Quién eres? —exigió saber Hitoka.

​—¿Dónde están mis modales? Soy Gull —respondió el hombre con una sonrisa gélida.

​El miedo recorrió la espalda de Jill. Sabía exactamente quién era ese sujeto: alguien cuyo poder, según los rumores, rivalizaba con el mismísimo "número uno". En un acto de desesperación, ordenó a Hitoka que fuera a buscar a "los números" mientras ella intentaba ganar tiempo.

​La batalla fue breve y violenta. Gull lanzó un hechizo de magia oscura que Jill logró bloquear, pero a costa de romperse el brazo. Antes de que pudiera recuperarse, el soldado oscuro la golpeó con magia de tierra, lanzándola por los aires hasta estrellarse contra una taberna.

​Leónidas, que se encontraba cerca, corrió hacia su profesora caída.

​—¡Profesora Jill! ¡Despierte! —gritó, pero ella ya estaba inconsciente.

​Una sombra alta y aterradora se proyectó sobre él. Gull estaba allí.

​—Muere... —sentenció el villano, preparando el golpe final.

​En ese instante, el padre de Leónidas se interpuso, protegiendo a su hijo con su propio cuerpo.

​—No nos hagas daño... por favor —suplicó el hombre, aunque luego susurró a su hijo—: Tranquilo, yo te protegeré.

​Gull rió con desprecio, preparándose para aniquilarlos a ambos, hasta que una voz desde las sombras lo detuvo:

​—¿Hasta cuándo vas a fingir, número dos?

​El padre de Leónidas guardó silencio, dejando una pregunta en el aire que cambiaría todo lo que su hijo creía saber sobre su familia.

1
Camila Surita
me encantaaa
Yolanda Leon
muy bueno, me encanta
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