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ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

ANTES DEL PACTO ESPIRITUAL

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Elección equivocada / Traiciones y engaños
Popularitas:555
Nilai: 5
nombre de autor: Margaret Gimenez

Black fue uno de los asesinos cazarrecompensas más temidos del Clan Luna Negra, hasta que un desamor y el alcohol lo empujaron al Bosque Oscuro, donde debía morir.

Pero sobrevivió… pagando un precio.
Un collar sellado con un anillo lo convierte en el guardián espiritual de Daily, la nueva y más joven líder del clan Yshir, cuyo poder es más una maldición que una bendición. Ex cazadora de monstruos y demonios, Daily está convencida de que el amor es una estupidez innecesaria.

Atados por un sello divino que ninguno pidió, deberán convivir mientras fuerzas hambrientas de poder, monstruos, demonios y antiguos secretos se alzan. Fingir que no sienten nada será parte del trato… porque cuanto más intenten romper el vínculo, más cerca estarán de perderse a sí mismos.

NovelToon tiene autorización de Margaret Gimenez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ecos antes de la ruptura

El despacho del líder permanecía en silencio cuando Néstor habló sin levantar la vista de los documentos.

—Elva.

Ella se detuvo a medio paso. No esperaba ser llamada tan pronto.

—Sí, mi señor.

Néstor cerró el libro con calma medida. El sonido seco del cuero contra la madera resonó como una decisión ya tomada.

—Ve por él.

No hizo falta decir el nombre.

Tomó un documento sellado con cera oscura y lo extendió hacia ella.

—Lo encontrarás aquí —dijo señalando el mapa marcado en tinta—. Dile que necesito hablar con él.

Elva sostuvo el papel y la mirada apenas un segundo más de lo debido.

—¿Está seguro?

Néstor finalmente levantó los ojos.

—Mientras se encuentre fuera… solo provoca un peligro para ella.

No añadió más.

No necesitaba hacerlo.

Elva inclinó la cabeza y salió sin más palabras.

En el pasillo comprendió algo inquietante:

no se trataba solo de estrategia.

Era prevención.

En el patio de entrenamiento, los líderes ya estaban reunidos.

El cielo estaba cubierto por una neblina ligera que no pertenecía del todo al clima.

Abiel apoyaba una espada contra su hombro con evidente impaciencia.

Marcela estaba a su lado, postura recta, manos detrás de la espalda, mirada fija al frente.

Kirlian conversaba en voz baja con Elio, analizando el terreno, las distancias, los puntos de presión invisibles.

Daily llegó última.

Su expresión era la misma de siempre.

Imperturbable.

Pero sola.

Como siempre.

Un murmullo casi imperceptible recorrió el grupo cuando ella cruzó el patio sin detenerse ante nadie.

Subió al balcón superior para observar desde allí.

Distante. Elevada. Inalcanzable.

Abiel soltó una risa apenas audible.

—Ni siquiera baja al campo.

Marcela no respondió.

Néstor apareció en el borde superior del patio, justo frente al balcón donde Daily se encontraba.

—Entrenamiento cruzado —anunció—. Simulación de fractura de sello. Dos equipos. Evaluación de sincronización real.

Abiel sonrió apenas.

—¿Por fin algo útil?

—Controla tu entusiasmo —murmuró Marcela.

—No me controles —respondió él sin mirarla.

Elio dio un paso al frente.

—¿Objetivo?

—Contener la expansión sin destruir el núcleo —respondió Néstor—. Si rompen el sello por exceso de fuerza, fallan.

Eso hizo que Abiel frunciera el ceño.

Él no era conocido por la contención.

—Equipos —continuó Néstor—. Abiel con Marcela. Kirlian con Elio.

El silencio se tensó un segundo.

Nadie comentó.

Pero todos observaron.

Daily permaneció en el balcón.

La simulación comenzó con un sello proyectado en el centro del patio: un círculo de energía azul pálida que vibraba con inestabilidad calculada.

Los símbolos giraban lentamente.

Entonces apareció la grieta.

Fina al principio.

Pero viva.

Abiel reaccionó primero.

Se lanzó con velocidad impecable, espada envuelta en energía carmesí que desgarró el aire.

—Demasiado frontal —murmuró Kirlian.

Marcela lo siguió sin titubear, extendiendo su energía para estabilizar el impacto.

El choque contra la grieta hizo temblar el suelo.

El sello vibró violentamente.

Pero no colapsó.

—Contención lateral —indicó Marcela con firmeza.

—No necesito instrucciones —respondió Abiel, aumentando la presión.

La grieta se expandió dos centímetros más.

Marcela frunció apenas el ceño.

—Si fuerzas el núcleo lo romperás.

—Si no lo fuerzo se expandirá.

—Confía en el ritmo.

Esa palabra.

Confía.

Abiel apretó la mandíbula.

Mientras tanto, en el otro flanco, Kirlian trabajaba con precisión matemática.

No atacaba. Calculaba.

Elio sostenía la estabilización con energía constante, respiración medida, postura firme.

—Mantén frecuencia —indicó Kirlian.

—La mantengo.

Su sincronización era silenciosa.

Eficiente.

La grieta vibró de nuevo.

Más profunda.

Más oscura.

El aire cambió.

La presión aumentó.

Desde el balcón, Daily sintió el cambio antes que los demás.

Algo en la vibración no era parte de la simulación.

Abiel giró la cabeza un segundo demasiado tarde.

La energía de Kirlian se extendió en líneas finas que rodearon el núcleo.

No atacó.

Aisló.

Elio colocó su mano a pocos centímetros de su espalda.

Sin tocarlo.

Su energía fluyó en paralelo.

Complementaria.

No dominante.

El sello dejó de expandirse.

Elio sostuvo la frecuencia.

Marcela retiró un poco la presión sobre Abiel.

—Observa.

Pero Abiel no estaba mirando el sello.

Miraba a Kirlian.

Y a Elio.

La grieta comenzó a cerrarse.

No por fuerza.

Por equilibrio.

Cuando el núcleo quedó estable, el silencio cayó pesado sobre el patio.

Néstor habló desde arriba.

—Evaluación parcial aprobada.

Abiel bajó la espada con un movimiento seco.

—Podría haberlo cerrado antes.

—Lo habrías roto —respondió Marcela.

Él giró hacia ella.

—No fallé.

—Pero tampoco escuchaste.

El comentario fue bajo.

Preciso.

Abiel apretó los dientes.

Marcela dio un paso más cerca.

—Si no aprendes a trabajar en conjunto, no sobrevivirás a una fractura real.

—Trabajo mejor solo.

—Eso crees.

Kirlian se aproximó con calma habitual.

—Tu energía desestabiliza cuando compites.

Abiel lo miró con irritación.

—No estoy compitiendo.

—Sí lo estás.

Silencio.

Elio rompió la tensión con voz suave.

—El sello reaccionó más fuerte ante Kirlian.

Todos lo sabían.

Pero escucharlo en voz alta cambió el peso del aire.

Néstor descendió los escalones lentamente.

Su presencia impuso silencio inmediato.

—La corrupción no distingue orgullo ni jerarquía. Si no aprenden a sincronizar, el equilibrio los quebrará.

Luego añadió algo que tensó aún más el ambiente:

—Han compartido vínculos, pero ninguno ha firmado el pacto espiritual como es debido. Solo cuando lo hagan trabajarán verdaderamente como equipos.

Los cuatro guardaron un silencio intenso e incómodo.

El pacto no era un trámite.

Era una unión energética irreversible.

Ninguno habló.

Desde el balcón, Daily observaba todo sin expresión.

Pero su brazalete comenzó a brillar suavemente.

Primero como un pulso leve.

Luego más insistente.

El metal se ajustó contra su piel.

Dolor sutil.

Advertencia.

Un presentimiento escalofriante recorrió su espalda.

No era la simulación.

No era el entrenamiento.

Era algo más.

Algo real.

Su mano se cerró sobre el brazalete.

Y entonces lo sintió.

El anillo.

El vínculo distante.

Inestable.

En peligro.

Su respiración se alteró apenas.

Nadie lo notó.

Pero ella sí.

Algo estaba interfiriendo.

Y no dentro del patio.

Fuera.

Muy cerca.

Sin decir una palabra, se giró y corrió.

Los pasos resonaron en la piedra del balcón.

Marcela fue la primera en alzar la vista.

—¿Qué ocurre?

Néstor también lo sintió un segundo después.

Su expresión cambió.

No sorpresa.

Confirmación.

—No estaba en la simulación —murmuró Kirlian.

Abiel apretó la empuñadura de su espada.

—¿Qué sucede ahora?

El brazalete de Daily brillaba con mayor intensidad mientras descendía las escaleras.

El anillo estaba respondiendo.

Y no era un llamado.

Era una amenaza.

El aire del clan se volvió más denso.

Más pesado.

Néstor habló con voz firme.

—Esto no es un ejercicio.

Y por primera vez desde que comenzó el entrenamiento, la tensión dejó de ser orgullo.

Se convirtió en peligro real.

Daily no se detuvo.

Sabía exactamente hacia dónde correr.

Y sabía algo más.

Si el anillo estaba en riesgo…

Entonces él también lo estaba.

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