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La Culpa De Nuestros Deseos

La Culpa De Nuestros Deseos

Status: En proceso
Genre:Poder equitativo / Amor-odio / Romance de oficina / Secretos de la alta sociedad
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mila1204

Anastacia Thompson lo sacrificó todo por salvar a su padre, incluso al hombre que amaba. Ella hizo lo impensable.

Años después, conoce a Edmund Carter. Él le devuelve la ilusión, la hace creer nuevamente en el amor y termina convirtiéndose en su prometido. Con él, Anastacia cree haber encontrado el amor que tanto había temido volver a sentir.

Pero ningún amor está libre de errores.

Cuando los secretos, el deseo y las heridas comienzan a poner a prueba su relación, todo aquello que Anastacia creía tener bajo control empieza a desmoronarse.

Todo cambia cuando Adrian Blake, el hermano mayor de Edmund el hombre que nunca olvidó a Anastacia, vuelve a su vida. Entre ellos existe un pasado que jamás murió una atracción que ninguno de los dos puede ignorar.

Mientras Edmund lucha por conservar el amor de la mujer que ama, Anastacia comienza a quedar atrapada entre la seguridad de un amor que conoce y el deseo prohibido de un hombre que nunca debió volver a su vida.

NovelToon tiene autorización de mila1204 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Silvia

—Ana, Anita… ¡Soy yo, tu linda y sexy amiga Silvia!

Aquella voz insoportable se abrió paso entre mis sueños.

—Silvia, eres un maldito fastidio… —murmuré somnolienta, sin siquiera abrir los ojos.

—¡¿Cómo dices?!

Fruncí el ceño y me cubrí la cabeza con la almohada.

—Cinco minutos más…

—¡Anastacia Thompson, como no abras los ojos ahora mismo, te juro que voy a tirarte de la cama!

Abrí los ojos de golpe y me incorporé.

Allí estaba Silvia, de pie junto a mi cama, sonriendo como si no hubiera irrumpido en mi apartamento a una hora indecente.

—¡¿Pero qué carajos haces aquí?!

—¡Buenos días para ti también, futura señora Carter!

La miré, todavía intentando comprender lo que sucedía.

—Silvia, ¿cómo…? ¿Qué haces en mi habitación?

—He venido a felicitarte por tu compromiso y a darte una maravillosa noticia: me quedaré contigo hasta que pase la boda.

—¿Qué?

—¡Felicidades, amiga! —exclamó, tendiéndome un hermoso ramo de flores—. Te mereces ser feliz, y pienso asegurarme de que disfrutes cada segundo de esta nueva etapa.

Recibí las flores, aún desconcertada.

—Pero, Silvia, ¿cómo entraste?

—El portero me dejó pasar. Además, todavía tengo la llave de cuando vivíamos juntas. ¿Creías que iba a perderla?

Negué con la cabeza, incapaz de contener una sonrisa.

—Estás completamente loca.

—Y tú me adoras.

—Lamentablemente.

Silvia se sentó en el borde de la cama y me rodeó los hombros con un brazo.

—Admítelo, Anita. Me extrañabas.

—Un poquito.

—¡Lo sabía! —Se levantó de un salto—. Prepárate, porque han llegado tus días de felicidad y descontrol. Tu mejor amiga estará aquí para acompañarte, vigilar que no te arrepientas de casarte y organizar una despedida de soltera que jamás olvidarás.

Solté una carcajada.

—Estoy feliz de que estés aquí, Sil. De verdad.

—Y yo estoy feliz por ti. Aunque todavía no entiendo cómo conseguiste que un hombre como Edmund se enamorara de ti.

—¡Silvia!

—¿Qué? Es guapísimo, tiene dinero y encima te mira como si fueras el centro del universo. ¡Yo también quiero saber cómo lo hiciste!

Me reí mientras dejaba las flores sobre la mesita de noche. Por primera vez desde lo ocurrido en el hospital, sentía que podía respirar sin tener aquella conversación con Adrian rondándome la cabeza.

Quizá tener a Silvia cerca me vendría bien. Ella siempre había tenido la capacidad de llenar cualquier habitación con su energía y de hacerme olvidar mis problemas, aunque fuera por un rato.

Entonces recordé algo.

—Por cierto, ¿qué hora es?

—Hora de que te levantes, desayunes y me cuentes todos los detalles de la boda.

Mi teléfono comenzó a sonar sobre la mesita.

Lo tomé y miré la pantalla.

Edmund.

—¡Ay, carajo!.

Contesté de inmediato.

—Hola, mi amor.

—Buenos días, preciosa. ¿Te desperté?

Miré a Silvia, que me observaba con una sonrisa maliciosa.

—No, ya estaba despierta.

—¿De verdad? Porque por tu voz parece que acabas de levantarte.

—Bueno, quizá un poquito.

Escuché su risa al otro lado de la línea.

—Te perdono. Quería contarte que mi madre salió del hospital durante la madrugada. El médico nos permitió llevarla a casa después de comprobar que estaba estable.

Me incorporé un poco más.

—¡Qué buena noticia! ¿Cómo se encuentra Margaret?

—Mucho mejor. Mi padre está con ella y vamos a procurar que descanse. Perdóname por no haberte avisado antes, amor. Todo ocurrió muy tarde y pensé que estarías durmiendo.

—No tienes que disculparte, Edmund. Lo importante es que tu madre esté bien. Me alegra muchísimo saber que ya está en casa.

—Gracias, cariño. Sabía que lo entenderías.

Cerré los ojos un instante, aliviada. Después de todo lo ocurrido, al menos Margaret estaba mejor.

—¿Y tú? ¿Has descansado algo?

—Lo suficiente. Aunque hay algo que necesito pedirte.

—Dime.

—¿Podrías venir por mí? No traje mi automóvil y necesito regresar a casa.

—Claro, mi amor. Iré por ti dentro de un rato.

—Te espero, preciosa.

—Nos vemos pronto.

Estaba a punto de despedirme cuando una voz estridente irrumpió a mi lado.

—¡Hola, futuro hermanito!

Me llevé una mano a la frente.

¡Silvia!

Al otro lado de la línea se hizo un silencio.

—¿Silvia? —preguntó Edmund, con evidente desconcertado

Ella se inclinó hacia el teléfono.

—¡La misma! Tu futura cuñada favorita.

—Ah… Hola, Silvia.

Su tono sonó tan resignado que tuve que morderme el labio para no reírme.

—¿Qué haces ahí? —preguntó.

—He venido a celebrar el compromiso de mi mejor amiga, por supuesto. Y, ya que estoy aquí, me quedaré con ella hasta que pase la boda.

—¿Hasta que pase la boda? —repitió Edmund.

—Y un poquito más —añadió Silvia, muy satisfecha—. No te preocupes, cuidaré de tu futura esposa.

Me reí.

—Silvia, déjalo respirar.

—¡Estoy siendo encantadora!

Edmund suspiró al otro lado de la línea.

—Ana, creo que tendré que robarte unos días antes de la boda.

—¿Ah, sí? —pregunté, divertida.

—Sí. Y si no funciona, tendré que mandar a secuestrar a Silvia.

—¡Oye! —protesté, riéndome—. ¡Ni se te ocurra!

Silvia soltó una carcajada.

—¡Eso, Edmund! ¡Ve practicando! Porque para casarte con Anastacia tendrás que aprender a convivir conmigo.

—Creo que acabo de descubrir cuál será el verdadero desafío de este matrimonio —respondió él.

—¡Te escuché!

Los tres terminamos riéndonos, Edmund se despidió, recordándome que esperaba verme pronto, y colgué con una sonrisa.

Silvia cruzó los brazos y me miró con expresión triunfal.

—¿Ves? Ya estoy aportando alegría a tu matrimonio.

—Llevas diez minutos aquí y ya estás amenazando a mi prometido.

—Detalles, Anita. Detalles.

Negué con la cabeza, riéndome.

—Te extrañé, tonta.

Su expresión se suavizó. Se acercó y me abrazó con fuerza.

—Yo también te extrañé, amiga. Y ahora que voy a estar aquí, no pienso dejar que te estreses con los preparativos. Vamos a disfrutar esta boda como se debe.

Le devolví el abrazo.

Por primera vez en toda la mañana, conseguí apartar de todo aquello que me turbaba.

—Anastacia, tenemos que hablar de algo sumamente importante.

Silvia estaba sentada en mi cama, con las piernas cruzadas y una expresión tan seria que dejé de revisar los mensajes de mi teléfono.

—¿Qué pasó ahora?

—Tu vestido de novia.

Parpadeé.

—¿Mi vestido?

—¡Sí, tu vestido! —exclamó, como si fuera evidente—. ¿Acaso crees que voy a permitir que te cases sin hablar de eso conmigo? Llevamos planeándolo desde que teníamos ocho años, Anita. ¡Ocho años!

No pude contener la risa.

—Silvia, han pasado muchísimos años desde entonces.

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Rossy Bta
OMG 🥺🥺
Rossy Bta
será Silvia?? sabe algo
Rossy Bta
🔥🔥 encantada con la historia ❤️
mila: muchas gracias ❤️❤️
total 1 replies
Ann
Exelente me encantó , pero que tencion
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