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La Muda Del Serrallo

La Muda Del Serrallo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Venganza / Mujer poderosa
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Ayla nació muda por un trauma, pero nunca fue débil. Aprendió a pelear y a sobrevivir por su familia… hasta que se la llevaron como una esclava más al harén del sultán. Nadie sabe que es la princesa. Cuando el sultán queda paralizado y los traidores se acercan, ella se convierte en su sombra más peligrosa. Intriga, venganza, pasión y un romance prohibido en las sombras del imperio.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Al día siguiente Ayla llevó otro trozo de carbón.

Ya no lo escondía con tanto cuidado. Lo guardaba dentro del dobladillo, junto a la costura de la túnica, y nadie revisaba a las esclavas que subían con bandejas. Kael la esperaba con el tablero listo. El papel era siempre el mismo tipo: grueso, rugoso, fácil de romper después.

Escribían poco. Frases cortas. Él preguntaba. Ella contestaba. A veces él hablaba en voz alta y ella solo asentía o negaba. Otras veces el carbón era lo único que se movía entre los dos.

Esa mañana Kael fue directo.

**¿Qué oíste ayer en los pasillos?**

Ayla escribió despacio:

**Zahir. Visir. Sello. Pronto.**

Kael leyó. La mandíbula se le tensó.

—¿Cuándo?

Ella trazó:

**No sé. Pronto.**

Él dejó el carbón a un lado y se pasó las manos por la cara. Las piernas, debajo de la manta, no se movieron. Solo el temblor leve de los dedos.

—Si firmo lo que me traen, pierdo el control en dos semanas. Si no firmo, dicen que estoy loco de dolor y firman ellos. —Miró a Ayla—. Tú no firmas nada. Por eso sigues aquí.

Ayla no contestó. Solo esperó.

Kael tomó otra vez el carbón y escribió una pregunta que ella no esperaba:

**¿Quieres matarme?**

Ella miró el papel. Después escribió, sin dudar:

**Todavía no.**

Él soltó ese sonido otra vez, la risa corta y cansada.

—Sigue siendo la respuesta más honesta que he escuchado en meses.

Rompió el papel. Los trozos cayeron al suelo. Ayla los recogió y los guardó en el puño hasta salir de la habitación. En el patio de los naranjos los tiró al agua, igual que el día anterior.

Por la tarde Sahra la mandó al almacén de las telas otra vez. Nur estaba allí. La miró de reojo, pero no dijo nada. Desde que Ayla subía todos los días a la cámara del sultán, las otras esclavas la trataban distinto. No con respeto. Con cuidado. Como si llevara encima algo que podía quemar.

Lina la esperó en el lavadero.

—Dicen que el príncipe preguntó por ti —susurró—. Que quiere saber quién es la muda que entra todas las mañanas.

Ayla siguió retorciendo la sábana. El agua le corría entre los dedos. No necesitaba que Lina se lo dijera. Ya lo había notado en la forma en que los eunucos la miraban cuando subía.

Esa noche, cuando las cerraron en el dormitorio, Yasmin se acercó más de lo normal.

—Ten cuidado —dijo apenas moviendo los labios—. Cuando un hombre como Zahir empieza a preguntar nombres, no es por curiosidad.

Ayla asintió en la oscuridad.

Se acostó. Miró el techo bajo. El carbón ya se había gastado casi del todo. Mañana tendría que buscar más. O encontrar otra forma.

Por primera vez desde que había cruzado las murallas, el juramento que se había hecho la noche de la matanza se sentía distinto. Ya no era solo matar. Era algo más lento. Más cercano. Más peligroso.

El sultán la llamaba Silencio.

Ella seguía siendo Ayla.

Y las dos cosas empezaban a mezclarse de una forma que no había planeado.

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