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El Castigo Del Heredero

El Castigo Del Heredero

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Venganza / Amor prohibido
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yinet Leonor

Ella lo obligó a casarse. Él hará que se arrepienta de haberlo conseguido.
Alexander Ríos tenía poder, fortuna y un solo amor: Andrés. Pero una conspiración lo llevó al altar con Ángela Casamayor, la mujer que más odiaba. Ella creyó haber conquistado al heredero. Sin embargo, Alexander tiene sus propias reglas para aquel matrimonio: convertir la vida de su esposa en una guerra donde el amor no tendrá cabida y la venganza será apenas el comienzo.
¿Qué sucede cuando la mujer que consiguió todo lo que quería descubre que su mayor victoria será también su peor castigo?

NovelToon tiene autorización de Yinet Leonor para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La verdad bajo la espuma

Desde el momento en que los ojos de Ángela vieron las cataratas del Niágara, entendió que ninguna fotografía les hacía justicia. Las cataratas no se contemplan, se sentían. Primero le llegó el rugido. Un trueno constante que hacía vibrar el suelo bajo sus pies mucho antes de que el agua se dejara ver. Luego fue el vapor ascendente, como si el río mismo estuviera respirando y entonces, ahí estaban. Tres cortinas colosales de agua esmeralda desplomándose desde el borde del mundo, para estallar abajo en una nube blanca que se eleva hacia el cielo. Se había quedado inmóvil, empapada y sin aliento, con una sensación rara de ser diminuta frente a algo infinito. No era solo su belleza. Era su fuerza pura, antigua, indiferente a cualquier prisa y en medio de aquel estruendo, por un instante, todo lo demás se había vuelto silencio. Se giró hacia Serguei.

-Cuéntame qué pasó hace siete años con Deyanira Blackwood.

-¿Qué quieres saber exactamente?

-Todo.

-¿Sabías que estaba embarazada cuando murió?

-Sí.

-El bebé no era de su prometido. -Ángela se volvió hacia él con tanta rapidez que el viento le arrojó algunos mechones de cabello sobre el rostro.

-¿Estás seguro?

-Completamente. Tengo la grabación de la noche en que ese bebé fue concebido. - Ángela no extendió la mano inmediatamente para tomar el dispositivo. Había aprendido que las peores verdades solían presentarse envueltas en pruebas irrefutables.

-Explícate. -Serguei observó a un grupo de turistas que se había detenido unos metros más allá para fotografiar el arcoíris. Una mujer reía mientras intentaba proteger su sombrero del viento. Un niño señalaba las aguas con la fascinación absoluta de quien todavía no sabía que el mundo podía ser un lugar cruel. Serguei esperó hasta que el grupo se alejó.

-Adrián Voss drogó a Deyanira. Aquella noche, ella fue la moneda de cambio de una deuda de juego. -el silencio de ella adquirió una cualidad distinta, más espesa. No era sorpresa. Algo frío descendía por sus venas con la lentitud de un veneno. Su madre también la había utilizado de esa manera infinidad de veces. Miró el pequeño dispositivo que Serguei puso entre ambos y por un instante, tuvo la impresión de que estaba contemplando un arma cargada.

-¿Ella lo supo alguna vez?

-Es posible. No puedo asegurarlo. Era muy joven. Demasiado inocente para el mundo en el que se había metido. Estaba enamorada. -Serguei suspiró. Después continuó. -Deyanira tenía ese tipo de amor que puede hacer que una persona encuentre explicaciones incluso para lo imperdonable.

Ella sintió que algo se contraía dentro de su pecho. Conocía aquella clase de ceguera. No porque la hubiera padecido de la misma manera, sino porque había visto a personas inteligentes, fuertes y perfectamente capaces de distinguir una mentira sacrificar su propio juicio para conservar la ilusión de que alguien las amaba. El amor podía convertir a una víctima en su propio abogado defensor y en ocasiones, en su propio verdugo.

-Aseguras que fue asesinada. ¿Por qué?

-Adrián Voss lo confesó a uno de mis hombres en prisión. Tengo la grabación. Explica cómo lo hizo y por qué.

Le tendió otro dispositivo aparentemente insignificante. Qué curioso. Las cosas capaces de destruir una vida rara vez tenían un aspecto extraordinario. Un documento podía derribar un imperio. Una firma podía condenar a un inocente. Una conversación grabada podía convertir a un hombre poderoso en un criminal y aquella pequeña pieza de tecnología contenía una confesión que podía alterar el destino de los Blackwood. Ángela cerró los dedos alrededor del dispositivo.

-Gracias.

-No hay por qué.

-No me gusta deber favores.

-Lo sé. Por eso no te estoy haciendo uno. -Serguei se hizo el que tiraba fotos. Esperó a que otro grupo de turistas siguiera su camino. Después continuó. -Esto también me concierne. Los enemigos de los Blackwood son difíciles de manejar y cuando Leandros haga público que Dimitri es su único heredero, se va a desatar el infierno. -el nombre de Leandros Blackwood pareció modificar la temperatura de la conversación. Ángela conocía la clase de hombre que era el anciano griego. Ella lo había conocido personalmente. Un escalofrío le recorrió el cuerpo de solo recordarlo. Era el hombre más peligroso al que se había acercado voluntariamente en su vida y no pensaba repetir la experiencia.

Había personas que acumulaban dinero y otras que acumulaban poder. Leandros había tenido la inteligencia suficiente para comprender que ambas cosas eran herramientas, no objetivos y durante décadas, había aprendido a utilizar las dos con precisión mortal. Si decidía reconocer públicamente a Dimitri como su único heredero y lo haría, porque se lo había dicho. No solo estaría anunciando al mundo simplemente una sucesión familiar. Estaría alterando el equilibrio de fuerzas de un universo cerrado en el que los vínculos de sangre podían convertirse en sentencias de muerte.

-¿Por qué no fueron contra sus padres?

-Porque una sirvienta era descartable y un heredero enamorado que renunciaba voluntariamente a su Reino por amor y huía a otro continente cortando lazos no era una amenaza.

-Comprendo.

-No. No comprendes. Mientras el matrimonio estuvo vivo no hubo problemas. Eran monitoreados, pero eso era todo. Los necesitaban vivos.

-¿Por qué?

-Porque sus hijos no podían heredar si el heredero estaba vivo.

-¿Crees que irán contra Dimitri?

-Ya fueron contra su hermana. Lo hicieron aprovechando las circunstancias. Desviaron la atención de Dimitri a ti. Te colgaron una culpa que no es tuya.

-Me utilizaron.

-Sí y cuando Dimitri conozca la verdad el mundo va a arder y tú estás muy cerca. Creo que esa gente irá contra cualquiera que se interponga entre ellos y lo que quieren. Dimitri será el objetivo más evidente, pero tú y Owen pueden convertirse en un problema para personas que no toleran los problemas.

La expresión de Ángela no cambió. Sin embargo, algo en su interior se endureció. Owen. Bastaba con escuchar su nombre para que una parte de ella se volviera ferozmente protectora. Había pasado demasiado tiempo construyendo las condiciones necesarias para que su hermano permaneciera fuera del alcance de quienes podían utilizarlo. Owen era su secreto, su carta oculta, el eslabón que nadie había conseguido encontrar en una cadena de acontecimientos que todos creían comprender y seguiría siéndolo hasta que ella le entregara el imperio Casamayor. Ningún Blackwood lo bastante arrogante como para creerse dueño del destino ajeno tendría derecho a arrastrarlo a una guerra que él no había elegido.

-No tienen por qué enterarse de que Owen existe. -dijo.

-Ese es precisamente el motivo por el que quiero que siga así. -esta vez Serguei se giró a ella y la miró a los ojos. Había ternura en su mirada. -Escúchame bien Ángela. Cuando empiece todo esto, no intentes demostrar que eres más inteligente que tus enemigos. Sé que lo eres, pero ellos son letales y llevan más tiempo que tú jugando este juego. No intentes ganar todas las batallas aunque no soportes perder y por el amor de Dios, no confundas tu capacidad para sobrevivir con la obligación de enfrentarte a todo el mundo.

-¿Eso es una advertencia o un consejo paternal?

-Es una petición. -aquella respuesta la desarmó más que cualquier amenaza. Serguei Hale no era un hombre que acostumbrara a pedir cosas. Estaba habituado a ordenar, negociar o tomar por la fuerza aquello que consideraba necesario. Que utilizara aquella palabra revelaba la gravedad de lo que estaba diciendo. -Cuídate y cuida de Owen.

-Lo haré.

Él no se despidió con un abrazo, ni con una de esas frases solemnes que los hombres utilizan cuando temen no volver a ver a alguien. Simplemente dio un paso atrás, recuperó su cámara y se colocó de nuevo la correa alrededor del cuello. En cuestión de segundos, el hombre peligroso desapareció bajo la apariencia de un turista cualquiera. Levantó el dispositivo fotográfico hacia las cataratas, tomó una instantánea y se detuvo a contemplar la imagen en la pantalla. Luego comenzó a caminar lentamente por el sendero. Sin prisas. Sin mirar atrás. Como un viajero que había encontrado exactamente el paisaje que esperaba y que no tenía ninguna razón para abandonar su recorrido antes de tiempo.

Ángela lo observó alejarse. Serguei Hale había llegado con una verdad y se marchaba dejando muchas otras preguntas. Deyanira no se había suicidado. Su embarazo estaba rodeado de una mentira y alguien había sido capaz de utilizarla como moneda de cambio, de arrebatarle la voluntad y posiblemente, de condenarla a una muerte que después habían intentado disfrazar de decisión propia. Bajó los ojos hacia los dispositivos. Podía guardarlos y marcharse. Volver al hotel, sentarse ante un escritorio y escuchar las grabaciones rodeada de pantallas, documentos y teléfonos. Podía transformar aquella información en una estrategia, identificar a los implicados y comenzar a calcular el precio que cada uno tendría que pagar.

Era lo que hacía. Lo que siempre había hecho. Convertir el dolor en una herramienta. La rabia en combustible. La pérdida en una razón para seguir avanzando, pero no lo hizo. Todavía no. Porque las cataratas continuaban rugiendo delante de ella y sintió que no tenía fuerzas para convertir otra tragedia en una oportunidad. Se acercó unos pasos al mirador. No lo suficiente para poner en peligro su vida. El precipicio estaba protegido. El sendero permitía contemplar la caída desde una distancia segura. Aun así, la inmensidad de las aguas producía una sensación desconcertante, como si el suelo firme bajo sus pies fuera una ilusión que podía desaparecer en cualquier momento.

Observó la corriente. El agua llegaba desde lejos, arrastrando en su recorrido una infinidad de partículas invisibles. No podía detenerse. Ni retroceder. Su destino parecía escrito desde el instante en que abandonaba las zonas tranquilas del río para aproximarse al borde y cuando finalmente caía, lo hacía con una violencia que nadie habría imaginado al contemplar la serenidad de la superficie unos metros antes. Sintió un estremecimiento. Había algo de ella en aquellas aguas. Había pasado tanto tiempo avanzando que había olvidado preguntarse hacia dónde iba. Aceptó cada pérdida como una razón para volverse más fuerte, cada traición como una lección y cada herida como una prueba de que debía aprender a defenderse mejor.

Se convenció de que, si calculaba lo suficiente, si anticipaba cada movimiento, si eliminaba todas las variables que escapaban a su control, algún día alcanzaría un lugar donde nadie podría volver a hacerle daño, pero la vida tenía la desagradable costumbre de introducir una variable nueva justo cuando ella creía haber resuelto la ecuación. La muerte de su padre. La verdad sobre su origen. La situación de su madre. Los secretos de Deyanira. El ascenso inevitable de Dimitri Blackwood y Owen cuyo futuro dependía de que ella continuara manteniendo cerradas ciertas puertas. Demasiadas vidas y decisiones que no podían deshacerse. Había querido creer que el dolor era una cuestión de disciplina. Que bastaba con apretar los dientes, enderezar la espalda y continuar caminando para impedir que el sufrimiento se apoderara de ella. No era tan sencillo.

Las cataratas no se volvían menos violentas porque alguien deseara que lo fueran. El agua no dejaba de caer por el simple hecho de que la caída resultara insoportable y ella tampoco podía continuar fingiendo que nada la afectaba. Miró hacia el cielo. La luz atravesaba la bruma y dibujaba un arcoíris sobre la superficie turbulenta. Era hermoso, imposible y fugaz. Como tantas cosas que había perdido y otras que todavía no sabía si sería capaz de conservar. Pensó en su padre. No en el hombre del testamento, ni el multimillonario cuyo nombre había abierto puertas y provocado reverencias. Tampoco en el hombre que había dejado tras de sí un entramado de secretos capaz de sobrevivir a su muerte.

Pensó en Justin Casamayor como en un hombre que ya no podía responder a ninguna pregunta, ni dar explicaciones. Al que no podía exigirle que corrigiera sus errores mirándolo a los ojos para averiguar si alguna vez había sentido verdadero arrepentimiento de no haber notado lo que su madre hacía con ella. Había pasado tanto tiempo preparándose para enfrentarlo que no había considerado la posibilidad de quedarse sin adversario y ahora estaba muerto. No quedaban discusiones pendientes que pudieran resolverse, ni amenazas que pudieran devolverse, ni palabras capaces de alterar lo que había ocurrido. Solo cenizas y aquellas aguas inmensas que se las habían llevado.

Sintió que algo se quebraba dentro. No fue un proceso lento ni elegante. No hubo una lágrima solitaria deslizándose por su mejilla, ni un suspiro delicado que permitiera conservar la dignidad de una mujer acostumbrada a controlar hasta el más insignificante de sus gestos. Simplemente dejó de resistir. Primero se le contrajo la boca. Después, su respiración comenzó a fallar. Intentó inspirar profundamente, pero el aire pareció quedarse atrapado en algún lugar de su pecho. Bajó la cabeza y se llevó una mano a los labios, como si todavía pudiera impedir que el mundo descubriera lo que estaba sucediendo. Entonces llegó el primer sollozo. Profundo. Violento. Tan inesperado que la obligó a inclinarse hacia delante. Cerró los ojos y lloró. No un llanto fingido, ni educado, ni de esos que pueden interrumpirse cuando alguien llama por teléfono o cuando una puerta se abre en el momento equivocado. No.

Fue un llanto del alma que le sacudía los hombros, desgarrándole la garganta, robándole el aire entre espasmos dolorosos. No tenía nada de hermoso y no pretendía serlo. Lloró por su padre, aunque todavía no sabía si lloraba al hombre que había perdido o al padre que quizá nunca había tenido de la manera que necesitaba. Lloró por su madre, atrapada en una existencia que la obligaba a contemplar el mundo sin poder alcanzarlo y de que ella se alegraba por eso. Lloró por Deyanira, por la muchacha que había amado demasiado pagando un precio terrible por confiar en la persona equivocada. Lloró por Owen, porque había aprendido a protegerlo de un mundo que nunca le había concedido la oportunidad de ser simplemente un muchacho y lloró por sí misma.

Por la niña que alguna vez había sido. Por la mujer en la que se había convertido. Por todas las veces que había tenido miedo y había fingido desprecio. Por todas las ocasiones en que había necesitado ayuda y había preferido morder antes que extender una mano. Por cada noche en la que se había prometido que nunca volvería a sufrir de aquella manera, sin comprender que las promesas hechas desde el dolor suelen convertirse en las cadenas que nos mantienen prisioneros.

Las lágrimas le mojaron el rostro. El viento se las llevó antes de que pudiera limpiarlas y las cataratas continuaron rugiendo. No intentaron consolarla. No se detuvieron para escucharla. No le ofrecieron ninguna respuesta, pero tampoco le exigieron que dejara de llorar. Ángela no tuvo que demostrar nada. No había nadie delante de quien fingir fortaleza. Ningún enemigo esperando descubrir una debilidad. Ningún aliado al que convencer de que todavía conservaba el control.

Estaba sola ante la inmensidad de la naturaleza, ante la ausencia de su padre y ante la dolorosa certeza de que no podía controlar todo cuanto amaba. Se permitió ser débil sin dejar de ser peligrosa. No porque sus enemigos hubieran ganado. Sino porque incluso las personas que aprenden a sobrevivir a cualquier infierno necesitan, de vez en cuando, dejar de luchar contra el fuego. El llanto continuó durante largos minutos. Cuando finalmente consiguió respirar sin que el pecho se le contrajera, permaneció inmóvil, con los ojos enrojecidos y el rostro húmedo. No intentó recuperar inmediatamente su expresión habitual en el espejo. Ni comprobó si alguien la había visto.

Se limitó a mirar el lugar donde las cenizas de su padre habían desaparecido. El agua seguía cayendo. Inagotable. Indiferente. Hermosa y ella seguía allí. Quizá aquella era la única certeza que podía permitirse conservar. Que a pesar de todo cuanto había perdido, todavía permanecía en pie. No intacta, ni invulnerable, pero viva. Introdujo los dispositivos en el bolsillo de su abrigo. Cerró los dedos alrededor. Dentro de aquellos pequeños objetos descansaba una verdad capaz de cambiarlo todo. Pronto tendría que escucharla y decidir qué hacer con ella. Volvería a ser Ángela Ríos, la mujer que no perdonaba las traiciones y que jamás dejaba una deuda sin cobrar, pero todavía necesitaba unos minutos en los que no fuera la heredera, estratega, hija, hermana ni enemiga de nadie. Solo una mujer despidiendo a su padre. Su alma endurecida estaba sangrando. Le costaba continuar avanzando. Lloraba por todo aquello que nunca podría recuperar.

Las cataratas del Niágara siguieron precipitándose hacia el vacío. El viento volvió a levantar la bruma y sobre las aguas, durante unos segundos, apareció un arcoíris. Ángela lo contempló a través de las lágrimas. No sonrió, pero tampoco apartó la mirada. Porque algunas cosas hermosas no necesitaban durar para merecer ser contempladas y algunas despedidas, por dolorosas que fueran, no significaban necesariamente el final de todo. A veces solo eran el instante en que aprendíamos a vivir con lo que quedaba.

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Serguei Hale

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Aurora
Y todo eso cuando paso, me faltan capítulos, como así que el primo orquestó la muerte de la hermana de Dimitri, si yo mal no recuerdo las investigaciones que Owen le dio a Ángela , sobre el suceso, decían que el novio lo que hacía era que la ofrecía como carne de cañón en sus negocios turbios, pero cuando se habló de un primo , me super perdí 😄😄😄😄
Yinet Leonor: No te faltan capítulos. Todo se aclarará.🤷
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Aurora
los enseminaremos y eso con que se come y cuando paso que yo no lo leí 😲
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣Se deja a su brillante imaginación. Es obvio que la discusión ya había concluido. Los personajes solo estaban reafirmando lo que debió suceder ante la negativa de Ángela y Dimitri de contraer matrimonio y menos de tener un hijo.☺️
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Elisa Patico
ya me puse al día 🫡 necesitaba unos días para que mis sentimientos y emociones respecto a Ángela se disiparan, al personaje le tengo un amor odio, entiendo lo que vivió, entiendo el ambiente en el que creció, me encanta su gran inteligencia y astucia, pero ha hecho tantas cosas cuestionables que me genera sentimientos muy contradictorios
Yinet Leonor: Y las va a seguir haciendo, porque ella es una auténtica villana, pero vas a odiarla y amarla indistintamente. Es el personaje más complejo que he creado hasta el momento. Hacer que el lector sienta esa ambivalencia es todo un reto.🫩
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Elisa Patico
Estos jóvenes 🤣 aún no han aprendido que el diablo sabe más por viejo que por diablo, cuando ellos ya están yendo, Leandros ya ha ido y vuelto como tres veces. No creo que puedan escapar... pero será interesante ver cómo lo intentan
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣Oh sí. Va a ser interesante no cabe dudas.🤷
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Elisa Patico
esa misma pregunta me la hacía yo jaja pero en la siguiente frase tiene sentido
Yinet Leonor: 🤣🤣🤣🤣El pobre las coge todas sin pedirlo.🤦
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Elisa Patico
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Yinet Leonor: Excelente relación tienen estos hermanos 🤣🤣🤣🤣🤣
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Elisa Patico
ichhhh que condición?? y no me digas que matrimonio 💀
Yinet Leonor: Ella cree que puede evitarlo. Ya veremos 🤷
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Elisa Patico
eso no fue una reunión 🤣 eso fue cachetada tras cachetada jajajaja
Yinet Leonor: Así mismo. Todo al estilo Ángela 🤣🤣🤣🤣🤣
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Elisa Patico
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 es que esa gente si da papaya, no se pueden quedar callados, escuchar y luego opinar
Yinet Leonor: Se sienten agraviados.
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Marita Peña
ESTA DESQUICIADA SE HARA PASAR POR MUERTA PARA NO CASARSE CON DIMITRY, POR ESO PUSO AL HERMANO AL FRENTE DE LA EMPRESA
Yinet Leonor: Quién sabe tal vez.
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Marita Peña
SE VA A CASAR CON DIMITRY 🤣🤣🤣ESTA BIEN LOCA
Yinet Leonor: No por elección 🤦
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Marita Peña
QUE QUEDRA HACER ESTA ANGELA PONIENDO AL HERMANO DE PRESIDENTE QUE TRAMARA
Yinet Leonor: Desea vivir una vida cómoda y simple. Sin intrigas, ni sobresaltos ☺️
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Warriorgame
Renunciar a la herencia.
Yinet Leonor: No va a hacer eso.
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Warriorgame
Pensaba lo mismo. Él no tiene ningún problema allí. Simplemente debe irse y seguir con su vida.
Yinet Leonor: Exactamente 🤷
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Warriorgame
Osea, se casa por el dinero de la herencia.
Yinet Leonor: No por capricho del señor Blackwood. Es su forma de castigar a Ángela por haber despedido a su hijo.🤦
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Aniramairos
No cabe duda que los hermanos son unos desquiciados y a estas alturas todo es un enredo 🤭.
Yinet Leonor: Pues sí, pero han dado con un hueso duro de roer. Leandros es despiadado.🤔
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Ana Ajpop
Alex porque tanto enfado
Yinet Leonor: En realidad Ángela lo ayudó a salir de la bancarrota.
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Warriorgame
Así que yo, tú hago. Creo que hay un error de coherencia allí.
Yinet Leonor: Voy enseguida a revisar. Gracias por decírmelo.☺️
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Warriorgame
Creo que le conviene vende su parte de la empresa e irse a vivir a otra parte.
Yinet Leonor: Pudiera ser. En realidad ni Ángela y mucho menos Owen han pensado en despojarlos de lo que tienen. 🤷Solo deben quedarse quietos como buenos personajes de apoyo.
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Warriorgame
Lo que de verdad olvidó es que no tiene el poder para sacarlo de esa silla.
Yinet Leonor: En efecto. Hasta la entiendo.
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