El día de nuestra boda había llegado, ahora era la señora Lennox, a Travis Lennox no le importaba que su madre la gran señora Renata Lennox no me aceptara para ser la esposa de su único hijo, y el heredero del imperio INNÓVATE SOLUTIONS, heredado por su padre, pero para guardar toda apariencia quedó en acuerdo, la peor pesadilla que pude tener durante poco más de cinco años, después de que Travis tenía que irse al extranjero, ahí empezó mi verdadero calvario.
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Mentiras entre sombras
Los hombres la estaban alcanzando, tomó por un callejón sin rumbo, había basura y estaba solitario, pensó que los había perdido ya no escuchaba sus pasos así que se descuidó siendo atrapada por uno de ellos.
— Te tengo palomita. — la tomó del cuello haciéndole que cayera.
— Que quieren no llevo dinero conmigo.
Ambos se echaron a reír.
— Ya nos pagaron para desaparecerte, linda pajarita. Pero antes nos vamos a divertir contigo. - le dijo acercándose más de la cuenta.
La chica sacó su teléfono para tratar de pedir ayuda, pero se le arrebató por el que se acercó, estrellándolo en la pared haciéndose añicos.
Kenda retrocedió por instinto. No podía estar pasando, cuando otro le jaló la blusa rompiéndola de la parte frontal, pero Kenda alzó su pierna alcanzándole a pegar en los testículos. El hombre gritó de dolor con miles de injurios.
— Atrapen a esa perr4, recuerden que no debe salir viva. - gritó furioso sosteniéndose sus partes por de dolor.
Kenda al escuchar sus declaraciones quiso correr de nuevo, pero otro de ellos le hizo tropezar, en el suelo le patio en la cabeza, ella solo se cubría el vientre. Cuando ya no sentía fuerzas, pensó que todo terminaría ahí. Pero un disparo los hizo alertarse.
Un hombre que salía de un vehículo alcanzó a ver la escena y no dudó en ayudarla, de una patada inmovilizó a uno que se le quiso echar encima, alertando al segundo, que no dudó en enfrentarlo pero lo recibió a golpes. Cuando vieron que ese hombre les iba a causar problemas, huyeron corrieron.
Cuando el hombre los vio desaparecer, volvió su rostro hasta donde se encontraba la chica tirada en el suelo, corrió hasta ella.
La vio con algo de sangre en la cabeza, sacó su teléfono llamando a alguien.
— ¿Amor dónde estás?
Voy llegando al restaurante. - contestó extrañado.
— Deja eso y ven ayudarme. Es una emergencia. Estoy en la cuatro cerca de la clínica del centro médico en los viejos callejones.
— Nico que estás haciendo ahí. — se alertó
— Ven rápido. - le exigió, atacaron a una chica y creo que está desmayada.
— Voy para enseguida.
En menos de diez minutos un auto se paró a un costado del callejón, viendo a su novio sosteniendo a la joven.
— Rápido súbela al auto, me haré cargo en nuestra casa.
— ¿No sería mejor llevarla al hospital? - exclamó Nico
— Esto no fue casualidad. - asumió su novio, creo que alguien quería hacerle daño de verdad. - dijo levantando un papel doblado.
— Mira. - le extendió el papel, les habían pagado por… la querían muerta.
Sergio la tomó en brazos llevándola a su auto.
— Solo tiene un golpe en la cabeza, en casa la reviso, sígueme.
Cuándo Kenda despertó, se aterrorizó, no sabía dónde estaba. Estaba en una habitación, en una cama suave y limpia.
— Me alegro que hayas despertado. - sonrió con ternura, alcancé a llegar a tiempo, sólo recibiste un golpe en la cabeza que te desmayó. - suavizó la mirada. — ¿conocías a esos tipos?
Ella negó recordando lo que había pasado, se echó a llorar, tapando su rostro.
— No temas. - le dijo con ternura, aquí nadie te encontrará, bueno, si quieres quedarte. - soy Nicolás Maxwell. Mi novio es doctor ya te revisó.
— Hola Criatura me llamo Sergio, - no temas mañana te llevaré a la clínica donde trabajo. Me dí cuenta que te sacaron sangre.
Ella recordó, buscando su bolso.
— Ten, se la entregó Nico.
No se quienes eran, golpearon a mi chofer y después me persiguieron unos hombres. - volvió a secar sus ojos. Mientras metía la mano dentro de su bolso, sacando la ecografía que le acababa de entregar el ginecólogo hacía unas horas. Pero junto a la ecografía cayó un sobre entonces recordó la carta que le había dejado Ray.
Sergio la levantó del piso para entregársela.
— ¿Estás embarazada? - preguntó levantando ambas cejas.
Ella asintió con una mirada triste.
— Que es. — le preguntó Sergio, señalando la carta que sostenía entre sus manos.
Kenda levantó la cabeza. Ese hombre le daba confianza. Tuvo que revelarles lo que había sucedido días antes.
— ¿Entonces crees que esa mujer lunática es la verdadera culpable? - es una perr4.
Entonces abrió la carta en presencia de la pareja.
— Señora Lennox. No vuelva a la mansión, corre peligro, le harán daño. Trataré de ponerme en contacto con el señor le advertiré lo que sucede. Huya.
Era todo lo que decía. Le entró un escalofrío haciéndole abrazarse a ella misma.
— Qué mujer tan viciosa. - argumentó Sergio haciéndole cabal Nico con un asentamiento.
— Cuenta con nosotros. - expresó Sergio, pero debes prometernos algo.
Kenda sonrió con tristeza.
Cuando nazca tu bebé prométenos que será nuestro ahijado.
— ¡Oh ahijada! — añadió Nicolás emocionado.
— Claro que sí. — ustedes me salvaron. Les debo mi vida.
Una semana después. Kenda estaba restablecida, habían sanado los golpes solo le habían quedado unos pocos moretones que ya se estaban desvaneciendo.
— Nena vamos al centro comercial a cómprate algo de ropa. - soltó Nico de pronto.
— No no ya se han tomado demasiadas molestias conmigo. - contestó la joven con la cabeza baja.
— Nada de eso. Eres la mamá de nuestro ahijad@. Además no puedes seguir usando esa misma ropa, oh mis pantalones, te quedan grandes pero si a mí me lucieran igual sería genial. - dijo sonriendo.
— Bueno con una condición. Les pagaré cuando consiga un trabajo. - aceptó, pero también quiero ir necesito salir, no puedo estar encerrada siempre. Así nos damos cuenta si me vigilan.
Ellos aceptaron con un poco de desconfianza. Pero ellos la cuidarían.
Llegaron al centro comercial pasado de las cuatro de la tarde, había un poco de gente más de lo habitual, pero estaba tranquilo, aunque la pareja de hombres no dejaban de mirar a todos lados.
Compraron ropa a la medida, pero al pasar por una tienda de bebés los ojos de Kenda y la pareja se desviaron.
— Nuestro primer regalo para el bebé. - le entregó una bolsa con una chaquetita blanca, a Kenda le gustó un par de zapatillas blancas también. Salieron felices, por fin los hombres vieron sonreír a la chica.
Ella emocionada abrazó a Nico que estaba a su costado. A lo lejos un flash de una cámara se activó haciendo reír al hombre que tomó la fotografía en un ángulo preciso.
— Lo tengo señora Lennox, se la envio de inmediato.
Renata sonrió satisfecha al ver la imagen.
— Te tengo zorra.
Mientras tanto en Noruega, Travis se estaba volviendo loco, no podía comunicarse con nadie, ni siquiera a la mansión. No tenía idea que estaba pasando.
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