Kristen Whittaker y Dante Macade se conocen desde que tenían seis años. Se han odiado desde entonces. Un odio a primera vista que, con los años, solo se ha vuelto más divertido… y mucho más peligroso.
Porque Dante sabe exactamente qué decir para hacerla enfurecer, y Kristen sabe perfectamente cómo devolverle el golpe. Han crecido peleando, provocándose y jurando que jamás sentirían nada diferente el uno por el otro.
Hasta que una noche, algo entre ellos cambia.
Algo que ninguno de los dos esperaba. Algo que ambos creyeron que podían olvidar.
Pero no todo se olvida tan fácilmente.
Ahora Kristen tendrá que decidir si confía en Dante lo suficiente para descubrir qué significa realmente lo ocurrido entre ellos.
Porque quizá aquella noche no cambió solo su relación.
Quizá cambió todo.
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PRIMER ENAMORAMIENTO
KRISTEN WHITAKER
El comienzo en el nuevo colegio no fue tan diferente de lo que había imaginado. Dante y yo seguíamos siendo exactamente los mismos, así que no tardamos demasiado en encontrar nuevas maneras de molestarnos.
A veces discutíamos por un lugar en el salón, otras veces por quién había llegado primero o por alguna tontería que ninguno de los dos estaba dispuesto a dejar pasar. También continuábamos con nuestras bromas y pequeñas venganzas, porque parecía que ninguno podía permitir que el otro tuviera la última palabra.
Los primeros dos meses, algunos compañeros seguían haciendo bromas sobre nosotros. Como nos conocíamos desde que éramos niños y además siempre terminábamos cerca el uno del otro, habían supuesto que éramos novios.
Sin embargo, después de vernos pelear tantas veces, comenzaron a cambiar de opinión. Era imposible que alguien pensara que entre Dante y yo había algo más que una rivalidad cuando nos pasábamos buena parte del tiempo discutiendo, compitiendo y buscando la manera de hacerle una mala jugada al otro.
Finalmente, nuestros compañeros llegaron a una conclusión que, para mí, era bastante evidente: Dante y yo realmente nos odiábamos.
¿Qué persona de nuestra edad no se enamoraba de alguien? A esa edad nadie estaba pensando en casarse ni en pasar el resto de su vida junto a otra persona. Lo que nos interesaba eran los primeros besos, las citas, salir con amigos y todas aquellas cosas que comenzaban a parecernos mucho más importantes cuando dejábamos atrás la infancia.
Yo no era diferente a las demás chicas y, por supuesto, había alguien que me interesaba.
Se llamaba Noah. Era un chico de cabello castaño claro, inteligente y con unos ojos azules hermosos. No podía explicar exactamente qué era lo que me gustaba de él, pero cada vez que lo veía me ponía un poco nerviosa y sentía esa emoción extraña que, supongo, aparecía cuando alguien comenzaba a gustarnos de verdad.
Por eso se lo conté a una compañera de clase. No tenía intención de que todo el colegio se enterara, pero tampoco pensé que fuera un secreto tan importante. Lo que no sabía era que Dante estaba demasiado cerca y que había escuchado perfectamente lo que estábamos hablando.
Me di cuenta cuando apareció junto a nosotras con esa sonrisa que conocía demasiado bien.
--¿Así que te gusta Noah?
Lo miré sorprendida y enseguida comprendí lo que había sucedido.
--¿Estabas escuchando?
--No. Solo escuché su nombre
--Eso significa que estabas escuchando
Dante se encogió de hombros, completamente tranquilo.
--¿Estás enamorada de él?
--¡No!
Mi compañera comenzó a reírse y yo sentí que la cara se me calentaba.
--Solo dije que me parece lindo-- Aclaré, tratando de restarle importancia
--Claro-- Respondió Dante, y por la forma en que lo dijo supe inmediatamente que aquello no iba a terminar ahí
Tenía razón.
Durante los días siguientes, Dante comenzó a mencionar a Noah cada vez que encontraba una oportunidad. Si lo veía pasar por el pasillo, me miraba con una sonrisa. Si yo hablaba con él, aparecía cerca y después hacía algún comentario. Incluso llegó a preguntarme delante de otros compañeros si ya me había invitado a salir.
Al principio intenté ignorarlo porque sabía que, si reaccionaba, solo conseguiría darle más motivos para continuar. El problema era que Dante parecía disfrutar demasiado de mi molestia y terminó mencionando el nombre de aquel pobre chico tantas veces que acabé por detestarlo.
Lo más absurdo era que Dante probablemente mencionaba a Noah mucho más que yo.
Cuando Noah finalmente me invitó a tomar un helado, pensé que aquello debería haberme hecho feliz. Después de todo, era justamente el tipo de cosa que una chica de mi edad esperaba cuando alguien le gustaba. Sin embargo, después de tantas semanas escuchando a Dante hablar de él, estaba completamente harta.
Así que rechacé la invitación y preferí ir al parque con mi amiga.
Fue entonces cuando decidí que Dante no podía salirse con la suya.
Si él había conseguido arruinarme aquel pequeño enamoramiento, yo también podía encontrar algo que utilizar en su contra. Tenía una misión y pensaba cumplirla: descubrir quién le gustaba a ese maldito vecino para poder vengarme.
El problema era que Dante no hablaba de sus gustos con nadie. No parecía interesado en contarme sus secretos y tampoco cometía los mismos errores que yo.
Durante varios días tuve que observarlo con atención, fijarme en las chicas con las que hablaba y descubrir hacia dónde dirigía la mirada cuando creía que nadie lo estaba observando.
Finalmente tuve suerte.
Descubrí que le gustaba Araceli, una chica de cabello negro.
No podía creer que finalmente hubiera encontrado algo que pudiera utilizar contra él. Después de todas las veces que Dante se había burlado de mí por el chico que me gustaba, estaba decidida a devolverle exactamente lo mismo.
Esperé hasta encontrar a Araceli cerca de nosotras y entonces me acerqué a mi amiga. Comencé a hablar con ella como si se tratara de una conversación cualquiera, pero elevé deliberadamente la voz para asegurarme de que la chica pudiera escucharnos.
--¿Sabes quién me parece lindo?-- Pregunté únicamente para atraer la atención
Mi amiga entendió enseguida lo que estaba haciendo.
--¿Quién?
--En realidad, creo que sé quién le gusta a Dante
--¿De verdad?
Miré disimuladamente hacia donde estaba la chica de cabello negro y sonreí.
--Sí. Le gusta Araceli
Eso era exactamente lo que quería que escuchara.
Esperaba que Dante se avergonzara, que intentara negarlo o que, por lo menos, se sintiera incómodo al descubrir que su secreto ya no era un secreto. Con un poco de suerte, aquello sería suficiente para que dejara de molestarme.
Pero me equivoqué.
--Sí-- Dijo Dante detrás de nosotras
Me giré y lo encontré mirándome con una tranquilidad que me hizo desconfiar inmediatamente.
--¿Qué?
--Que me gusta Araceli
Lo miré sin saber qué responder. Había esperado cualquier cosa menos aquello.
--¿En serio?
--Sí
Y, como si todavía no fuera suficiente, Dante miró hacia la chica de cabello negro y añadió con toda naturalidad:
--Además, es linda
No podía creerlo. Lo había admitido delante de todos y ni siquiera parecía avergonzado. No intentó negarlo, no se puso nervioso y tampoco pareció importarle que ella acabara de enterarse de que le gustaba.
Mi venganza había fracasado antes de empezar.
Lo miré completamente indignada. Después de tantos años, finalmente había descubierto algo en lo que Dante era todavía peor de lo que imaginaba.
No solamente era estúpido.
Tampoco conocía la vergüenza.
muy dramática yo