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La Muda Del Serrallo

La Muda Del Serrallo

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Venganza / Mujer poderosa
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Ayla nació muda por un trauma, pero nunca fue débil. Aprendió a pelear y a sobrevivir por su familia… hasta que se la llevaron como una esclava más al harén del sultán. Nadie sabe que es la princesa. Cuando el sultán queda paralizado y los traidores se acercan, ella se convierte en su sombra más peligrosa. Intriga, venganza, pasión y un romance prohibido en las sombras del imperio.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

Ayla encontró el carbón en el mismo sitio.

El despensero lo dejaba junto a los sacos de harina, como si no tuviera valor. Ella tomó un trozo más largo esta vez y lo escondió igual. Cuando subió con la bandeja, Kael ya tenía el tablero listo. No saludó. Solo señaló el papel.

Escribieron menos que otros días. Él estaba peor. El dolor le cerraba la boca a ratos y le hacía apretar la mandíbula hasta que se le marcaban los músculos del cuello. Ayla esperaba en silencio. Cuando él podía, preguntaba. Cuando no, ella se limitaba a estar ahí.

A media mañana el eunuco de la puerta entró sin llamar.

—El príncipe Zahir solicita ver al sultán. Ahora.

Kael no miró al eunuco. Miró a Ayla.

—Sal. Pero no te vayas lejos.

Ella se levantó, recogió el papel escrito y lo escondió en la manga. Salió al pasillo. Se quedó de pie junto a la pared, lo bastante cerca para oír y lo bastante lejos para no parecer que espiaba.

Zahir habló con esa voz suave que usaba con su padre.

—Los comandantes de la frontera norte no van a esperar más. Hamid ya preparó el decreto. Solo falta tu marca.

—No voy a firmar nada que no haya leído entero.

—Entonces léelo. Te lo traje.

Hubo ruido de pergaminos. Después un silencio largo.

—Esto le da el control del ejército del este a Hamid —dijo Kael—. No a mí.

—Te estás poniendo peor. Alguien tiene que mandar.

—Yo mando.

—Desde la cama. Con las piernas muertas.

La voz de Zahir bajó todavía más.

—Y esa muda que tienes aquí todas las mañanas… ¿qué es exactamente? ¿Tu nueva confidente? ¿O solo te gusta que no pueda contestar?

Kael no respondió de inmediato. Cuando habló, la voz le salió fría.

—Es la única persona en este palacio que no quiere mi sello. Puedes irte.

La puerta se abrió. Zahir salió. Al pasar junto a Ayla se detuvo un segundo. La miró de arriba abajo, despacio, como si midiera cuánto pesaba.

—Silencio —dijo en voz baja, casi amable—. Qué nombre tan adecuado. Espero que sepas mantenerlo.

Siguió caminando. Ayla esperó a que doblara el pasillo antes de volver a entrar.

Kael tenía los documentos tirados en el suelo. El carbón estaba roto a la mitad.

—Él ya no pregunta —dijo sin mirarla—. Solo avisa. —Hizo una pausa—. ¿Me oíste todo?

Ayla asintió. Se arrodilló, recogió los papeles y se los dejó otra vez sobre el tablero. Después tomó el trozo de carbón que quedaba y escribió en el margen de uno de los pergaminos:

**No firmes.**

Kael leyó. Después la miró.

—¿Y si me matan por no firmar?

Ella escribió debajo:

**Todavía no.**

Él se quedó viendo esas dos palabras un buen rato. Después rompió el trozo de papel donde ella había escrito y lo guardó en su propia mano.

—Vuelve mañana. Más temprano.

Ayla inclinó la cabeza y salió.

En el patio de los naranjos se lavó las manos manchadas. El agua se llevó el negro del carbón, pero no la sensación de los ojos de Zahir encima de ella.

Ya no era invisible.

Y eso, por primera vez, le daba un poco de miedo.

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