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La Princesa de la Mafia

La Princesa de la Mafia

Status: Terminada
Genre:Romance / Mafia / Juego de roles / Completas
Popularitas:98
Nilai: 5
nombre de autor: Edina Gonçalves

Fernando García Sánchez lo tiene todo: un imperio tecnológico, un apellido que hace callar las conversaciones y el título de Don de la organización criminal más temida de España. Lo único que no puede comprar es la certeza de que alguien lo quiera por quien es y no por lo que tiene.

Así que, durante unas semanas, se quita el traje, se pone un delantal y se esconde detrás de la barra de su propio club con un nombre falso: Jorge, el bartender.

Una noche de lluvia, una chica brasileña cruza la calle para ayudar a un desconocido que no sabe abrir un paraguas. Carolina trabaja en una cafetería, estudia con beca y no le pregunta cuánto gana, dónde vive ni cómo se apellida. Solo le seca la cara con una toallita y le ofrece compartir su auto.

Fernando debería irse. En cambio, la sigue.

Lo que ninguno de los dos sabe es que la mentira que los une es pequeña comparada con los secretos que los esperan: un pasado que alguien se tomó el trabajo de borrar, una promesa que una madre le hizo a Carolina en sueños, enemigos que llevan años esperando un descuido y un mundo de poder, sangre y lealtades donde amar es la forma más peligrosa de debilidad.

Cuando la verdad por fin salga a la luz, Carolina tendrá que elegir entre la paz y el caos. Y Fernando tendrá que descubrir si el hombre que quiso ser para ella es capaz de cargar con todo lo que realmente es.

NovelToon tiene autorización de Edina Gonçalves para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Un encuentro bajo la lluvia

Carolina Gomes Santos tenía veinticuatro años y había aprendido pronto que algunas personas tienen que crecer antes de tiempo. Quizá por eso, a pesar de su aspecto delicado y de la dulzura con que trataba a quienes quería, había en ella una fuerza que poca gente notaba en el primer encuentro. Carolina era dulce, sensible y educada, pero también tenía una determinación casi imposible de quebrar. Cuando decidía seguir un camino, difícilmente dejaba que alguien la convenciera de abandonarlo.

Morena, de cabello rizado y abundante, labios carnosos y ojos almendrados, llamaba la atención incluso cuando no pretendía hacerlo. Sus amigos más cercanos le decían Carol, un apodo que Catarina seguía usando con la misma naturalidad de cuando las dos eran adolescentes.

Se conocían desde hacía más de diez años.

Catarina

Su primer encuentro había sido en un hospital, cuando todavía eran niñas y sus madres luchaban contra la enfermedad. Carolina tenía apenas catorce años cuando perdió a María Cecilia Gomes Santos, su madre y su única familia.

Nunca conoció a su padre.

Durante toda su infancia, la familia se había reducido a ellas dos. María Cecilia trabajaba, cuidaba de su hija e hizo todo lo que pudo para darle una vida digna, incluso cuando su propia salud empezó a empeorar. La enfermedad autoinmune avanzó rápido y, tras meses de tratamientos, consultas e internaciones, Carolina tuvo que enfrentar la pérdida que más temía.

Durante un tiempo, la casa le pareció demasiado grande para una sola persona.

Las cosas de María Cecilia seguían en los mismos lugares, la ropa permanecía guardada y algunas fotografías aún colgaban de las paredes, pero la presencia que convertía aquel sitio en un hogar había desaparecido. Carolina tuvo que aprender a vivir con la ausencia mientras todavía intentaba entender cómo seguir adelante sin su madre.

Dos meses después, Catarina también perdió a la suya.

Las dos niñas, que ya habían forjado una amistad durante los días en que sus madres estaban internadas, se volvieron inseparables tras las pérdidas. Antonio Figueiredo, el padre de Catarina, se negó a que cualquiera de las dos pasara por esa etapa sola. Se llevó a Carolina a su casa y, durante años, las crió como a dos hermanas.

Así fue como Carolina ganó una familia cuando creía haber perdido la suya.

Los años siguientes no fueron fáciles, pero trajeron nuevas responsabilidades, sueños y pequeños logros que las ayudaron a seguir. Sin embargo, cuando Carolina cumplió veinte años, otra pérdida volvió a cambiar el rumbo de sus vidas.

Antonio murió atropellado.

Fue la primera vez que Carolina y Catarina comprendieron que quedarse en el mismo lugar quizá significaba pasar el resto de la vida rodeadas de recuerdos de todo lo que habían perdido.

Vendieron las pocas cosas que tenían, juntaron los ahorros que lograron reunir y decidieron dejar Brasil.

Madrid surgió casi por impulso.

Ninguna de las dos conocía a fondo la ciudad, pero ambas habían estudiado español, buscado oportunidades y querían empezar una vida nueva. Consiguieron alquilar una casita en una zona sencilla y tranquila, lo bastante cerca del centro como para llegar fácil al trabajo y a la universidad.

También encontraron empleo en una cafetería a solo dos cuadras de casa.

Las dos eran estudiosas y, después de meses de enviar solicitudes, documentos y pedidos de beca, lograron entrar a Tecnologías de la Información con becas completas. La carrera era exigente, la rutina de trabajo les consumía buena parte del tiempo y el dinero seguía siendo contado, pero ninguna se quejaba.

A Carolina le gustaban los desafíos.

Tal vez por todo lo que había vivido, había aprendido a no esperar que la vida le allanara el camino. Prefería resolver sus propios problemas y seguir adelante, incluso cuando estaba demasiado cansada para hacerlo.

Aquel viernes, sin embargo, el cansancio le pesaba sobre los hombros.

Como las clases estaban suspendidas por las vacaciones, Carolina había aceptado doblar el turno en la cafetería para cubrir a una compañera enferma. Se había pasado prácticamente todo el día trabajando y, cuando por fin se quitó el delantal, sintió que el cuerpo le reclamaba cada hora que había pasado de pie.

Catarina le había mandado algunos mensajes durante el día para preguntarle cuándo volvería, pero Carolina solo le había respondido que estaba terminando el turno.

Al salir de la cafetería, notó que la lluvia había arreciado bastante.

—Perfecto —murmuró, mirando el cielo cargado.

Sacó el celular, pidió un auto por la app y se quedó en la acera mientras esperaba. Fue entonces cuando sus ojos se toparon con el hombre del otro lado de la calle.

Era alto.

Muy alto.

Carolina no habría sabido explicar qué había despertado su curiosidad. Quizá la forma en que estaba parado frente a la entrada lateral del club, quizá su postura seria, o simplemente que pareciera completamente perdido ante un objeto tan común como un paraguas.

El hombre sujetaba el mango con una mano mientras intentaba hacer funcionar el mecanismo con la otra, sin éxito.

Lo intentó de nuevo.

Carolina se mordió discretamente el labio para contener la risa.

La escena le trajo un recuerdo lejano. En la adolescencia ella también había sido bastante torpe. Tiraba cosas, se tropezaba con sus propios pies y lograba convertir tareas pequeñas en situaciones que acababan con Catarina riéndose durante varios minutos.

Antonio solía decirle que tenía que aprender a fijarse en lo que hacía.

Por eso había apuntado a Carolina y a Catarina a clases de artes marciales.

Según él, eso las ayudaría a desarrollar disciplina, concentración y reflejos.

¿Funcionó? Sí. Carolina todavía cometía uno que otro tropiezo, pero había aprendido a mantener la calma cuando algo no salía como lo había planeado.

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