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HIELO NEGRO

HIELO NEGRO

Status: Terminada
Genre:Villana / Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Yasmin Safi (19) no nació para ser invisible.

En Kabul no hay hielo, solo polvo. Pero ella creció obsesionada con ser campeona de patinaje sobre hielo. Cuando consigue una beca para irse a Toronto, Canadá, deja todo atrás.

Bonita, muy sensual, inteligente, astuta y peligrosa, Yasmin sabe que nadie le va a regalar nada. Si tiene que seducir, mentir o destruir para llegar al oro, lo hará.

En el Toronto Ice Club, entre princesas millonarias que la odian, dos hombres caerán por ella:
Daniel Leblanc (22), el príncipe bueno que puede darle un futuro.
Alexei Volkov (31), el coreógrafo ruso que le enseñará a usar su cuerpo y su maldad como arma en el hielo.

Ella no quiere ser querida. Quiere ser reina. Aunque tenga que patinar sobre hielo negro.

#patinaje #afgana #villana

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15 - Daniel y la decisión

Daniel me esperó el sábado afuera del club con el auto prendido aunque hacía menos diez.

Yo salí con el tobillo todavía vendado y con el bolso de los patines nuevos que ya no eran tan nuevos porque tenían dos rayones. Él bajó la ventana y me dijo súbete.

Me subí porque tenía frío y porque quería subirme.

Adentro olía a café del Tim Hortons y a su perfume. Tenía dos cafés en el portavasos.

"Uno para ti", me dijo. "Sin azúcar, como te gusta a ti y a Alexei. Ya me aprendí."

Le di las gracias y me tomé un sorbo. Estaba amargo y muy caliente. Me quemé un poco la lengua pero no dije nada.

Manejó sin decir a dónde íbamos. Yo pensé que íbamos a mi casa pero se fue por otra calle, hacia el lago.

"¿A dónde vamos?", le pregunté.

"A ningún lado donde nos vea la gente del club", me dijo.

Se estacionó en un mirador que da al lago Ontario. No había nadie porque hacía mucho frío. Solo se veía el agua gris y el viento moviendo la nieve.

Apagó el auto y se quedó mirando hacia adelante.

"Yasmin, estoy cansado de esconderme", me dijo. No sonó enojado. Sonó cansado de verdad.

"¿De qué?", le pregunté aunque sabía de qué hablaba.

"De esto. De ti. De nosotros. Llevamos dos meses viéndonos en cuartos de escobas, en estacionamientos, detrás del club. Cada vez que Chloe pasa, tengo que soltar tu mano. Cada vez que mi papá pregunta con quién hablo por teléfono, tengo que decir que con nadie."

Me quedé callada porque no sabía qué decirle. Tenía razón.

"Mi papá me preguntó ayer si yo tenía algo contigo", siguió. "Le dije que no porque tú me dijiste que no le dijera a nadie hasta nacionales. Pero no me gusta mentirle a mi papá en su propio club."

Yo apreté el café con las dos manos para calentarme.

"¿Qué quieres que haga?", le pregunté.

"Que no me escondas. Que si me quieres, me quieras en público. Que podamos ir a comer algo sin que mires si está Chloe en la mesa de al lado."

Lo miré. Tenía la barba un poco crecida y ojeras porque también entrena temprano.

"Daniel, si digo que estoy contigo ahora, Thompson me quita la beca", le dije. "Tu papá me la dio porque gané. Si le digo que estoy con su hijo, va a pensar que la gané porque estoy contigo. Va a pensar que me acuesto contigo para que me regale cosas. Ya lo pensaron una vez con la foto."

"Mi papá no piensa eso."

"Tu papá no, pero todos los demás sí. Las mamás del club, las niñas. Chloe. Su mamá. Van a decir que la afgana se consiguió novio con plata para patinar. Y yo no quiero eso."

"¿Y yo qué? ¿Tengo que esperar hasta que ganes nacionales para poder agarrarte de la mano?"

Me dolió como lo dijo. No porque gritara. Porque no gritó. Lo dijo bajito.

"Después de nacionales", le dije. "Faltan tres semanas. Solo tres semanas. Después hacemos lo que quieras. Vamos a comer, al cine, lo que quieras. Pero ahora no."

"¿Y si no quedas en podio en nacionales? ¿Vamos a esperar hasta el otro año?"

"No me digas eso."

"Te lo digo porque es verdad. Tú patinas para ganar y yo te apoyo. Pero no quiero ser el secreto que escondes para que no te quiten veinte dólares de beca."

Me quité el cinturón y me bajé del auto. No porque estuviera enojada, porque necesitaba aire frío.

Me paré afuera, con el viento que me pegaba en la cara. Daniel se bajó también.

"Yasmin, no te estoy pidiendo que dejes de patinar. Te estoy pidiendo que no me dejes afuera de tu vida."

"Es que si te meto en mi vida ahora, me sacan del hielo", le dije. "Y sin hielo no tengo nada. Tú tienes casa, tienes papá con club, tienes auto. Yo tengo patines nuevos que me vendió un señor por ochenta dólares y una beca que me pueden quitar si tu papá se enoja."

Se quedó callado. Nos quedamos los dos mirando el lago. Hacía mucho frío y yo solo tenía una chaqueta delgada.

"¿Tú me quieres?", me preguntó después de un rato.

"Sí."

"¿Segura?"

"Sí. Pero te quiero después de las cinco de la mañana, no durante. Durante las cinco de la mañana solo quiero patinar."

Se rió un poco. Por primera vez desde que llegamos al mirador.

"Esa es la cosa más egoísta y más honesta que me han dicho."

Me acerqué y lo abracé. Olía a café y a frío.

Nos quedamos abrazados un rato largo. No nos besamos. Solo abrazados.

"¿Entonces qué hacemos?", me preguntó con la cara metida en mi gorro.

"Esperamos tres semanas. Tú no le dices a tu papá que mientes, le dices que estamos hablando y que después de nacionales vas a invitarme a salir de verdad. Yo no escondo tu mano porque no te agarro la mano en el club. Te la agarro aquí, donde no nos ve nadie. ¿Trato?"

"¿Y si te da miedo que te vean conmigo después de nacionales también?"

"Después de nacionales ya voy a tener medalla de verdad y no me va a importar lo que digan. Si quedo última, tampoco me va a importar porque ya no voy a tener nada que perder."

Me miró y me dijo que sí con la cabeza.

Nos subimos al auto otra vez porque ya no sentía los dedos de los pies. Prendió la calefacción al máximo.

"¿Me llevas a mi casa ahora?", le pregunté.

"Sí."

En el camino no pusimos música. Solo se escuchaba la calefacción.

Cuando llegamos a mi calle, se estacionó dos casas antes para que no nos viera la gente del edificio.

"¿Puedo besarte aquí?", me preguntó.

"Sí."

Me besó. Fue un beso largo, con el café amargo todavía en la boca. Me puso la mano en la nuca, con cuidado del vendaje del tobillo que no tenía nada que ver con la nuca pero él siempre tenía cuidado conmigo.

"Después de nacionales", me dijo bajito, como recordándomelo a él mismo.

"Después de nacionales", le repetí yo.

Me bajé y caminé a mi casa con el café todavía en la mano.

Maya me estaba esperando con la puerta abierta porque había visto el auto desde la ventana.

"¿Pelearon?", me preguntó.

"Un poco."

"¿Terminaron?"

"No. Quedamos en esperar."

"¿Esperar qué?"

"Que yo termine de patinar para poder tener novio."

Maya se rió y me dijo que eso era lo más raro que había escuchado, que normalmente la gente deja de patinar para tener novio y yo dejaba de tener novio para patinar.

Me senté en la cama y me quité la venda del tobillo. Estaba menos hinchado.

Le escribí a Alexei: Daniel quiere hacer público lo nuestro. Le dije que después de nacionales.

Me contestó al minuto: Bien. Por primera vez haces algo inteligente con ese chico. Ahora duerme. Mañana a las cinco.

Apagué el celular y me quedé mirando la repisa donde tenía la medalla plateada, la caja de los patines nuevos y el protector con brillitos que me había dado Chloe.

Tenía diecinueve años, un novio que no podía agarrarme de la mano en público por tres semanas, un tobillo que todavía dolía y una beca que dependía de que no hiciera ruido.

Y por primera vez no sentí que tenía que elegir entre patinar y querer a alguien.

Sentí que podía hacer las dos cosas, pero no a la misma hora.

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Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
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