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PUDRETE PARÍS... AHORA AMARÉ A HÉCTOR

PUDRETE PARÍS... AHORA AMARÉ A HÉCTOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Helena ha vivido dos veces… y en ambas terminó muerta.

En su primera vida eligió a Menelao, creyendo que un rey podía ofrecerle amor y protección. Descubrió demasiado tarde que detrás de su corona había un hombre celoso, posesivo y cruel, capaz de convertir el matrimonio en una prisión.

En su segunda vida huyó de él y creyó en las promesas de París. Fue otro error. París solo quería presumir de su belleza, beber, divertirse y convertirla en un trofeo. Cuando Troya cayó, Helena volvió a morir.

Pero la tercera vez será diferente.

Cuando llega el momento de escoger esposo, Helena recuerda a un joven que una vez le ofreció un pañuelo mientras lloraba: Héctor, príncipe de Troya. Un hombre que todavía es soltero, noble y libre.

Sin dudarlo, Helena lo elige.

Ahora deberá conquistar su corazón… y desafiar una historia que sabe que terminará con Héctor muerto en batalla.

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Celos de reina

El sol caía tibio y dorado sobre los patios del palacio de Troya. El aire olía a flores silvestres y a la paz que reinaba en la ciudad, una paz que Helena apenas podía disfrutar, porque en su pecho ardía un fuego silencioso y constante que no la dejaba respirar tranquila. Caminó por el sendero de piedra, con el corazón latiéndole con fuerza, hasta que al doblar la esquina se detuvo de golpe.

Allí estaban. Bajo la sombra del gran olivo, Héctor y Andrómaca permanecían de pie, uno junto al otro, tan cerca que sus hombros casi se tocaban. Ella sostenía entre sus dedos una pequeña flor silvestre de pétalos azules y se la mostraba a él con una sonrisa dulce, hablándole en voz baja, con esa naturalidad que parecía decir que habían hecho eso mil veces antes. Y Héctor se inclinaba un poco hacia ella para ver mejor la flor, con una expresión de amabilidad suave, sin malicia, sin saber que cada movimiento suyo era como una aguja que se clavaba profundamente en el alma de la mujer que lo miraba desde la sombra del arco.

Helena apretó los labios con tanta fuerza que casi se hizo daño, cruzó los brazos sobre el pecho y sintió cómo el calor le subía por el cuello y le encendía las mejillas. No dijo nada. No hizo ruido. Pero su mirada, oscura y cargada de emoción contenida, era tan intensa que Héctor la sintió antes de siquiera verla. Giró la cabeza lentamente hacia el arco, donde ella estaba de pie, inmóvil, hermosa y furiosa, con el cabello suelto ondeando levemente con la brisa y los ojos brillantes, no de lágrimas, sino de algo mucho más profundo y antiguo.

Se separó suavemente de Andrómaca, le dijo unas palabras amables y se dirigió hacia su esposa, sin dejar de sonreír, una sonrisa que empezó de sorpresa y terminó de ternura pura. Cuando llegó hasta ella, se detuvo a un paso, la miró de arriba abajo y soltó una risa suave, baja, llena de cariño y asombro, una risa que hizo que el pecho de Helena se relajara aunque ella no quisiera admitirlo.

—¿Tú… celosa? —le dijo en voz baja—. ¿La bella Helena, la mujer cuya belleza dicen que viene directamente de los dioses, la princesa de Esparta que podría tener a cualquier hombre del mundo a sus pies… siente celos por mí?

Helena desvió la mirada hacia el jardín y sintió cómo el calor de sus mejillas se hacía más intenso. Quiso decir que no, que estaba loco, que solo le había parecido ver algo que no estaba ahí, pero las palabras se le quedaron atascadas en la garganta y lo que salió fue mucho más sincero de lo que había planeado.

—No estoy celosa —murmuró, aunque su tono era tan terco y tan evidente que cualquiera habría sabido que mentía—. Solo… los vi tan cerca. Tan cómodos el uno con el otro. Y ella te mira, Héctor. Te mira como si fueras lo más importante que hay en este mundo. Como si fueras todo.

Héctor rió de nuevo, esta vez con más fuerza, una risa que venía del corazón, y levantó las manos para tomarle el rostro entre ellas, con tanta suavidad que ella no pudo apartarse. Le acarició las mejillas con los pulgares, mirándola a los ojos con una claridad que la hizo temblar, y negó levemente con la cabeza.

—Mi amor, mi reina… Tú eres la dueña de mi vida, de mi pensamiento, de cada latido que tengo. ¿Cómo podría mirar a otra cuando tú estás frente a mí? Andrómaca es una mujer buena, noble, agradecida… le debo hospitalidad y respeto, sí. Pero no es ella. Nadie es tú. No hay mujer en todo el reino que tenga la luz que tú tienes, la fuerza, la forma en que me miras y me haces sentir que soy más de lo que soy. Y si te soy sincero… me encanta saber que me quieres tanto como para sentir celos. Me hace sentir afortunado, porque significa que te importo. Significa que me quieres para ti, solo para ti, y que no quieres compartirme con nadie. Y eso, Helena, eso es lo más hermoso que podrías darme.

Ella lo miró, con el ceño aún fruncido, con la duda todavía ahí, pero con la resistencia empezando a derretirse bajo su mirada. Quería creerle. Quería creer que lo que temía en el fondo de su alma no tenía por qué repetirse aquí.

—Eres mío, Héctor —repitió ella, con voz más firme, acercándose un poco más hasta que casi sus cuerpos se tocaban—. Mío. No quiero que nadie te mire así. No quiero que nadie se acerque a ti como ella lo hace. Quiero que sepan que perteneces a alguien. Que eres mi esposo, mi compañero, mi todo.

—Soy tuyo —respondió él, con una promesa que no tenía vuelta atrás, y la besó suavemente en la frente—. Completamente tuyo, desde el momento en que te vi, desde antes de saber tu nombre. Y nadie me va a quitar ese lugar. Ni Andrómaca, ni ninguna otra mujer, ni el tiempo, ni el destino. Mi corazón solo tiene un nombre escrito en él, y es el tuyo, Helena. Siempre ha sido el tuyo.

Esa vez, ella sonrió de verdad, una sonrisa que le llegó a los ojos y los iluminó como el sol ilumina el mar. Rodeó su cintura con los brazos y se pegó a él, sintiendo su calor, su fuerza, y por un instante, el miedo se fue. No sabía él de las vidas pasadas, de las historias que ya se habían escrito. Pero no importaba ahora. Lo que importaba era esto: él la elegía a ella. Cada día, cada momento, la elegía a ella por encima de todo. Y eso era más fuerte que cualquier destino.

—Te quiero, Héctor —susurró contra su pecho—. Más de lo que las palabras pueden decir.

—Y yo a ti, mi bella celosa —respondió él, besándola suavemente en la coronilla—. Ahora vamos, que el sol empieza a bajar y quiero que caminemos juntos por la ciudad, para que todos vean a quién pertenezco. Para que todos sepan que mi esposa es la mujer más hermosa y más valiente de Troya, y que nadie, absolutamente nadie, podrá ocupar su lugar.

La tomó de la mano y entrelazó sus dedos con los de ella, y al caminar juntos de regreso hacia el palacio, Helena miró hacia atrás una sola vez, hacia el olivo donde Andrómaca seguía recogiendo flores, y sintió paz. No era rivalidad. Era miedo al pasado, y el pasado ya no tenía poder aquí. Porque esta vez, la historia era diferente. Esta vez, él era suyo. Y ella no lo soltaría por nada del mundo.

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Carolina💖
Mi hermana no nos dejaba dormir con su llanto. Fueron 7 meses eternos hasta que una noche increible durmió hasta la madrugada. Fue un regalo invaluable
EspirituCreativo: Jajaja
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Carolina💖
🎼Ta ta ta taaaannnn!!!🎶
EspirituCreativo: Cha cha chaaaa
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Elba Lucia Gomez
a ver casi Diosa y protegida por Apolo y es tonta agggg😝
Carolina💖
Ya en el primer capítulo di mi voto. Aguante Helena!! Elige tu propio destino
EspirituCreativo: Dale helena no nos defraudes
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Dora Guzman Pacherres
Ojalá no suceda nada, la envidia es mala consejera. Espero y puedan ser felices realmente.
EspirituCreativo: Continúa leyendo, jeje
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