Belleza Angelical, Inteligencia Peligrosa.
Desde niña, Haniel descubrió que una sonrisa podía abrir puertas y que una mirada podía hacer que los demás olvidaran sus propias intenciones. A los dieciséis años solo soñaba con vivir una vida extraordinaria junto a sus mejores amigas.
Pero crecer cambiaría las reglas.
Entre secretos, hombres, dinero, traiciones y poder, Haniel aprenderá que su mayor arma no es su belleza… Sino la facilidad con la que consigue que todos crean en su inocencia.
Porque hasta los ángeles pueden tener un lugar en el Averno.
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Cap16
Haniel no volvió a dormir.
La letra seguía apareciendo en su mente.
H.
Una sola inicial escondida en un documento de hacía siete años.
Podía significar cualquier cosa.
Cualquier persona.
Pero había algo que no conseguía apartar de su cabeza.
¿Por qué aquella inicial aparecía precisamente en un documento relacionado con Zayd, Gabriel y la familia de Zamira?
Y, sobre todo…
¿Por qué alguien estaba empeñado en que ella la descubriera?
A las ocho de la mañana, Haniel ya estaba vestida.
Olivia llegó poco después.
—Tienes cara de no haber dormido.
—No dormí.
—Perfecto. Entonces somos dos.
Haniel levantó la mirada.
—¿Tú tampoco?
—Después de todo lo que está pasando, ¿cómo quieres que duerma?
Haniel sonrió ligeramente.
Era extraño.
En medio de todo aquel caos, Olivia seguía siendo Olivia.
La misma amiga que podía convertir una tragedia en una conversación absurda cinco minutos después.
—Zamira está buscando más documentos —dijo Haniel.
—¿Y tú?
Haniel tomó la fotografía de Gabriel.
—Voy a buscarlo.
Olivia suspiró.
—Sabía que dirías eso.
—¿Vienes?
—Por supuesto.
Haniel la miró.
—Podrías decir que no.
—Y dejarte ir sola detrás de un hombre que aparentemente está relacionado con una mafia internacional.
Haniel arqueó una ceja.
—Cuando lo dices así, suena peligroso.
—Porque lo es.
---
La primera pista las llevó hasta una antigua empresa.
El nombre aparecía en uno de los documentos que Zamira había enviado.
Lekesis International.
Había dejado de operar años atrás.
Sin embargo, el edificio seguía existiendo.
Haniel y Olivia llegaron poco después del mediodía.
El lugar estaba casi abandonado.
Un guardia las detuvo en la entrada.
—¿A quién buscan?
Haniel mostró la fotografía.
—Gabriel.
El hombre observó la imagen.
Su expresión cambió.
—¿Dónde consiguieron eso?
—¿Lo conoce?
El guardia no respondió.
—Solo queremos hablar con él.
—No está aquí.
—¿Sabe dónde está?
El hombre miró alrededor.
—No deberían preguntar por ese nombre.
Olivia se cruzó de brazos.
—Últimamente todo el mundo nos dice lo mismo.
El guardia bajó la voz.
—Si quieren seguir con vida, váyanse.
Haniel sintió que algo se cerraba dentro de su pecho.
—¿Gabriel está vivo?
El hombre permaneció callado.
Y ese silencio fue suficiente.
---
Apenas salieron del edificio, el teléfono de Haniel vibró.
Era Zamira.
—Encontré la identidad de H.
Haniel se detuvo.
—¿Quién es?
—No quiero decirlo por teléfono.
Haniel miró a Olivia.
—Entonces dinos dónde encontrarte.
—No puedo volver todavía.
—¿Por qué?
Zamira respiró profundamente.
—Mi padre sabe que estoy investigando.
—¿Y?
—Me pidió que regresara a casa.
Haniel frunció el ceño.
—¿Vas a hacerlo?
—No.
Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Haniel.
—Esa es mi Zamira.
—Pero hay algo peor.
—¿Qué?
—Mi padre recibió una visita.
—¿De quién?
—De Zayd.
Haniel quedó completamente quieta.
—¿Cuándo?
—Esta mañana.
—¿Y qué quería?
—No lo sé. Pero después de que se fue, mi padre me dijo algo extraño.
—¿Qué?
Zamira guardó silencio durante unos segundos.
—Me dijo que si Haniel seguía investigando, alguien iba a morir.
Olivia palideció.
Haniel apretó el teléfono.
—¿Te dijo quién?
—No.
Entonces Zamira bajó la voz.
—Pero encontré la identidad de H.
—Dímela.
—Es alguien que conoces.
Haniel sintió un escalofrío.
—¿Quién?
La respuesta llegó apenas como un susurro.
—Irina.
Haniel dejó de respirar.
Su madre.
La mujer que llevaba toda la vida intentando protegerla.
La mujer que había reconocido la fotografía de Gabriel.
La mujer que había jurado no saber nada.
—No —murmuró.
—Haniel...
—No.
Colgó.
Olivia la miró.
—¿Qué pasó?
Haniel no respondió.
—Haniel, ¿qué te dijo?
Ella levantó lentamente los ojos.
—La persona identificada como H...
Tragó saliva.
—Es mi madre.
---
Aquella noche, Haniel regresó a casa.
Doña Irina estaba en la sala.
Como si la hubiera estado esperando.
Cuando la vio entrar, no preguntó dónde había estado.
Solo dijo:
—Ya lo sabes.
Haniel sintió que las piernas le temblaban.
—¿Qué sabes tú?
Su madre respiró profundamente.
—Que tarde o temprano llegarías hasta aquí.
—¿Eras tú?
—Sí.
—¿Qué hiciste?
Irina se levantó.
—Intenté protegerte.
—¿De quién?
—De todos ellos.
—¡No me mientas!
La voz de Haniel se quebró.
—¡Quiero la verdad!
Irina la miró con los ojos llenos de lágrimas.
—La verdad es que hace siete años cometí un error.
Haniel permaneció inmóvil.
—¿Qué error?
Su madre bajó la mirada.
—Confié en la persona equivocada.
—¿Gabriel?
Irina negó con la cabeza.
—No.
—¿Entonces quién?
Antes de que pudiera responder, alguien llamó a la puerta.
Tres golpes.
Toc.
Toc.
Toc.
Haniel y su madre se miraron.
Irina palideció.
—No abras.
Haniel caminó hacia la puerta.
—¿Quién es?
Nadie respondió.
Entonces su teléfono vibró.
Un mensaje.
«No le creas a tu madre.»
Haniel levantó la mirada hacia Irina.
Otro mensaje llegó inmediatamente.
«Ella no fue la persona que entregó la información.»
Haniel sintió un escalofrío.
Miró a su madre.
—Entonces...
La puerta volvió a recibir tres golpes.
Toc.
Toc.
Toc.
Y una voz masculina se escuchó desde el otro lado.
—Haniel.
Ella reconoció aquella voz.
Zayd.
—Tenemos que hablar.
Irina dio un paso hacia atrás.
Y por primera vez, Haniel comprendió que su madre no le tenía miedo a Zayd.
Le tenía miedo a lo que Zayd podía contarle sobre ella.