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Destinados Por Accidente

Destinados Por Accidente

Status: En proceso
Genre:Romance / Pareja destinada / Familias enemistadas
Popularitas:2.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yajaira MG

Dos haciendas. Dos familias. Una rivalidad que ha sobrevivido durante generaciones.

Lara Dávila nunca imaginó que el hombre que la observaba a escondidas junto al arroyo terminaría convirtiéndose en el hombre que cambiaría su vida. Mucho menos que, después de golpearlo con una piedra y huir, él juraría encontrarla y hacerla su esposa.

Izan Orellana ha regresado a la hacienda familiar para hacerse cargo del legado de sus padres. Lo último que esperaba era enamorarse a primera vista de la hija de sus eternos enemigos.

NovelToon tiene autorización de Yajaira MG para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 5

Lara llegó a la hacienda con el ceño fruncido y el ánimo por los suelos.

Había pasado todo el camino de regreso pensando en el descarado que había encontrado junto al arroyo. Todavía le parecía increíble que un desconocido hubiera tenido la osadía de quedarse mirándola mientras se bañaba. Y, aunque reconocía que lanzarle una piedra quizá había sido una reacción exagerada, no sentía el menor remordimiento.

¡Se lo merecía!

—Desvergonzado —murmuró mientras desmontaba de Canela.

La yegua movió la cabeza, como si estuviera de acuerdo con su dueña.

—Ni me mires así. Tú también habrías querido darle una patada.

Tomó las riendas y condujo al animal hasta los establos. Allí, uno de los trabajadores se acercó para ayudarla, pero Lara negó con la cabeza.

—Yo me encargo, gracias.

Retiró la montura, revisó los cascos de Canela y comprobó que tuviera agua fresca. Después le pasó un cepillo por el lomo, procurando tranquilizarla tras el galope del regreso.

Lara le acarició el hocico y sonrió por primera vez desde que había abandonado el arroyo.

—Al menos tú no me das dolores de cabeza.

—¿Estás hablando sola?

La voz de Selina la hizo girar.

Su hermana estaba apoyada en la entrada del establo, con los brazos cruzados y una expresión curiosa. Llevaba un vestido ligero y el cabello suelto, y parecía tener toda la energía que a Lara le faltaba.

—¿Qué te sucede? —preguntó Selina, acercándose—. Tienes una cara que asusta.

—No me sucede nada.

Selina miró a Canela, después a su hermana y finalmente otra vez a la yegua.

—Claro. ¿Qué pasó?

—Nada, Selina.

—Te conozco. Cuando tienes esa cara, hay dos posibilidades: o alguien ha hecho algo mal en la hacienda o alguien te ha hecho enfadar. Como los trabajadores siguen vivos y Mateo no ha salido corriendo, supongo que se trata de la segunda opción.

Lara suspiró.

No tenía ganas de hablar del asunto, pero conocía demasiado bien a su hermana. Si no le contaba lo sucedido, Selina inventaría diez historias diferentes hasta descubrir la verdad.

—Me encontré con un imbécil.

Los ojos de Selina brillaron de inmediato.

—¿Un imbécil? ¿Qué clase de imbécil? ¿Guapo, feo, viejo, joven? Necesito detalles.

Lara la miró con incredulidad.

—¿Es en serio?

—Por supuesto. No todos los días mi hermana conoce a un imbécil desconocido. Continúa.

—No conocí a nadie. Estaba en el arroyo, bañándome tranquilamente, cuando apareció un hombre a caballo y se quedó mirándome.

La sonrisa de Selina desapareció poco a poco.

—¿Cómo que se quedó mirándote?

—Como lo oyes. Estaba allí, observándome como si yo fuera parte de un espectáculo.

—¡Qué descarado!

—¡Exactamente! Cuando lo vi, salí del agua y me escondí detrás de un árbol para vestirme. Pero el muy sinvergüenza seguía ahí.

Selina abrió los ojos.

—No puede ser.

—Pues sí. Le grité que se marchara, pero empezó a decirme que podía explicarlo.

—¿Y qué hiciste?

Lara guardó silencio durante un segundo.

Su hermana entrecerró los ojos.

—Lara, ¿qué hiciste?

—Le lancé una piedra.

Selina se quedó inmóvil.

Parpadeó una vez.

Después otra.

—¿Le lanzaste una piedra?

—Sí.

Su hermana se llevó ambas manos a la boca, pero no consiguió contener la carcajada que le escapó segundos después.

—¡No te rías! —protestó Lara.

—¡Es que no puedo creerlo! ¡Le lanzaste una piedra!

—¡Me estaba mirando sin mi consentimiento!

—¡Ya lo sé! ¡Y tienes toda la razón en estar enfadada! Pero... ¡Lara, por Dios! ¿Qué pasó después?

—Le di en la frente. Empezó a gritar y yo me fui.

Selina tuvo que apoyarse en uno de los postes del establo para recuperar el aliento.

—Eres increíble.

—Gracias por tu apoyo.

—No, en serio. ¿Y si era el amor de tu vida?

Lara la miró como si acabara de perder la razón.

—¿Qué?

—¡Quizá era el amor de tu vida y acabas de espantarlo de una pedrada!

—Selina, te juro que, si no dejas de hablar, la próxima piedra será para ti.

Su hermana volvió a reírse.

—Piénsalo. Un hombre misterioso, un encuentro junto al arroyo, miradas, emociones intensas...

—¡Me estaba espiando!

—Y una piedra en la frente. Una historia de amor inolvidable.

—¡No fue una historia de amor! ¡Fue un intento de homicidio!

—Bueno, exageras un poco.

Lara se cruzó de brazos.

—¿Sabes qué? No pienso hablar más del tema.

—No diré nada más.

Selina hizo una pausa.

—Pero ¿era guapo?

Lara abrió la boca para responder, aunque se detuvo.

Recordó al desconocido sobre su caballo, su cabello oscuro, sus facciones marcadas y aquella mirada que había permanecido fija en ella. No había conseguido verle el rostro con claridad al principio, pero cuando él se acercó un poco, alcanzó a distinguir lo suficiente para saber que era atractivo.

Demasiado atractivo para su tranquilidad.

—No me fijé —mintió.

Selina sonrió lentamente.

—Ah, entonces era guapo.

—¡No he dicho eso!

—Tampoco has dicho que fuera feo.

—¡Selina!

—Está bien, hermana. Guardaré el secreto.

Lara negó con la cabeza, terminó de acomodar las cosas de Canela y salió del establo seguida por su hermana, que parecía haber encontrado el entretenimiento de la semana.

...****************...

Cuando llegaron a la casa, Lara se dirigió a la cocina para beber un vaso de agua. Todavía tenía que revisar unos documentos antes de la cena, pero, por primera vez en todo el día, no conseguía concentrarse en otra cosa que no fuera aquel encuentro.

Le molestaba que el desconocido hubiera invadido su privacidad.

Le molestaba aún más recordar que no había conseguido decirle todo lo que pensaba antes de marcharse.

Y, sobre todo, le molestaba que Selina pudiera encontrarle algún aspecto divertido a la situación.

—Oye, Lara —dijo su hermana, entrando en la cocina con una sonrisa sospechosa—. ¿Qué te parece si vamos al pueblo esta noche?

Lara dejó el vaso sobre la encimera.

—¿Al pueblo?

—Sí. Podemos cenar algo, caminar un rato y distraernos.

—No.

Selina parpadeó.

—Ni siquiera lo has pensado.

—No necesito pensarlo. Estoy cansada.

—Precisamente por eso tienes que salir.

—¿Desde cuándo salir a estas horas es la solución para el cansancio?

—Desde que tienes veinticuatro años y te comportas como si tuvieras cincuenta.

Lara la miró con indignación.

—Tengo trabajo.

—Tu trabajo estará ahí mañana.

—Hay cosas que debo terminar.

—Y puedes terminarlas después de descansar. Además, no quiero ir sola.

—Entonces invita a una amiga.

—Quiero ir contigo.

Lara suspiró y tomó nuevamente el vaso.

Selina era así. No podía permanecer demasiado tiempo encerrada en casa y siempre encontraba alguna excusa para salir, conocer lugares nuevos o convencer a su hermana de acompañarla en sus aventuras.

A Lara no le disgustaba divertirse, pero prefería hacerlo cuando había terminado con sus responsabilidades. Y aquel día había trabajado más de lo que esperaba.

—Estoy cansada, Selina.

Su hermana se acercó y la tomó del brazo.

—Anda, solo será un ratito. Te prometo que mañana te ayudo con el trabajo.

Lara se volvió lentamente hacia ella.

—¿Tú ayudarme?

—Sí, amada hermana.

—¿Con los registros de los caballos?

—Sí.

—¿Con los pedidos de alimento?

—También.

—¿Y con el inventario del almacén?

Selina guardó silencio.

Lara alzó una ceja.

—Eso pensaba.

—Está bien, quizá no con el inventario. Pero puedo ayudarte con los registros y los pedidos. ¡De verdad!

—La última vez que te pedí que organizaras unos documentos, terminaste mezclando las facturas de los proveedores con las fichas veterinarias.

—Fue un error de clasificación.

—Fue un desastre.

—Un pequeño desastre.

Lara intentó mantener la seriedad, pero la sonrisa que apareció en los labios de su hermana terminó contagiándola.

Selina aprovechó aquel instante de debilidad.

—Vamos, Lara. Necesitas despejarte. No puedes pasarte la vida trabajando. Además, después de lo que me contaste, necesitas salir y olvidarte de ese hombre.

—¿Ahora resulta que salir contigo me ayudará a olvidarlo?

—Por supuesto. Hay muchas cosas bonitas en el pueblo que merecen tu atención.

—¿Como qué?

—La comida, la música, las tiendas...

Selina hizo una pausa deliberada.

—Y los hombres.

Lara dejó escapar un suspiro de exasperación.

—Eres incorregible.

—Y tú me quieres así.

Desgraciadamente, tenía razón.

1
Maya
Que bueno otra historia con imagenes
Yadira Alvarez
vamos con esta también que locura 🤦
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