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Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Status: Terminada
Genre:Romance / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:9.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis Corta
Valeria Sterling lo tenía todo bajo estricto control: una fortuna corporativa en ascenso, una independencia feroz tras romper con un prometido que le costó cinco años de desilusión, y la certeza de que el amor es una pésima inversión de tiempo. Para fundar su familia sin intermediarios sentimentales, viajó en secreto a una prestigiosa clínica en Suiza buscando un donante anónimo que jamás se cruzaría en su camino. Seis años después, Valeria es la reina de las finanzas y la exhausta generala de tres torbellinos idénticos: Lucas, Mateo y Emma.

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Capítulo 23: Descontrol en el Mediterráneo

Navegar a veinte nudos frente a los acantilados de Saint-Jean-Cap-Ferrat bajo el sol dorado del Mediterráneo debería haber sido una experiencia de relajación absoluta.

Para Valeria Sterling, era una prueba de resistencia cardiovascular.

Tras atrincherarse durante dos horas en el ala de estribor de la suite del armador —comprobando con alivio que la puerta del salón central tenía una cerradura de latón que funcionaba a la perfección—, Valeria había decidido que esconderse era una concesión inadmisible a la cobardía. Se cambió de ropa y bajó a la cubierta de popa con un caftán de lino blanco traslúcido sobre un bañador negro de una sola pieza: cuello halter, escote en uve pronunciado y la espalda completamente al descubierto. Gafas de sol oscuras de gran tamaño y el cabello sujeto en una trenza alta completaban su postura de retirada táctica.

El problema no era el barco. El problema era el dueño del barco.

Cuando Valeria pisó la teca tibia de la plataforma del club de playa, se detuvo en seco.

Bastian Thorne estaba de espaldas, apoyado contra la barandilla de acero inoxidable de la plataforma de baño, mirando la estela de espuma blanca que el yate dejaba sobre el mar azul cobalto.

No llevaba traje de tres piezas. No llevaba corbata de seda ni camisa abrochada hasta el cuello.

Llevaba únicamente unos bañadores cortos de secado rápido en color azul marino.

Valeria sintió que el aire se evaporaba instantáneamente de sus pulmones. La vista de su anatomía en el salón de su ático no la había preparado para esto. Bajo la luz descarnada del mediodía mediterráneo, la espalda de Bastian era un mapa de fuerza pura: hombros anchos y rotundos que se estrechaban en una cintura firme, dorsales esculpidos y músculos que se tensaban con cada respiración. Su piel, naturalmente bronceada por el sol europeo, brillaba con una fina película de agua salada. Una ligera cicatriz pálida cruzaba sus costillas derechas —recuerdo del viejo sabotaje en los astilleros—, dándole un aire peligroso, rudo y asquerosamente magnético.

—Si sigues mirándome con esa intensidad, Valeria, vas a perforar el acero del casco —dijo Bastian sin girarse.

Valeria se recompuso en una fracción de segundo, ajustándose las gafas oscuras sobre el puente de la nariz.

—Estaba evaluando si tus niveles de grasa corporal justifican el costo del combustible auxiliar, Thorne. Parece que el sedentarismo corporativo no te ha alcanzado todavía.

Bastian se dio media vuelta lentamente. Se pasó una mano grande por el cabello castaño oscuro, desordenado y empapado en rizos rebeldes por un chapuzón previo. Sus ojos grises, claros como el mercurio bajo el sol, la recorrieron con una lentitud descarada que hizo que la piel de Valeria se encendiera de arriba abajo bajo el lino blanco.

—El ejercicio en la cubierta mantiene los reflejos afilados —murmuró él, dando dos pasos hacia ella. El agua goteaba desde las puntas de sus dedos hacia la madera de teca—. Y tú... estás peligrosamente deslumbrante en ese traje negro, capitana.

—¡¡APÁRTENSE DEL PERÍMETRO DE IMPACTO!! —bramó un alarido de guerra desde la cubierta superior.

A quince metros de altura, en la cima del tobogán inflable plateado que serpenteaba desde la tercera planta hasta la plataforma flotante, Mateo estaba de pie en calzoncillos de baño con estampado de tiburones, gafas de buceo con tubo fosforescente y los brazos abiertos como un paracaidista kamikaze.

—¡Mateo, no te tires de cabeza! —gritó Valeria, dando un paso adelante con el corazón en la garganta.

Demasiado tarde.

El niño se lanzó en plancha sobre la superficie resbaladiza del tobogán. Bajó a una velocidad vertiginosa entre risotadas y chillidos histéricos, salió disparado por la curva final y aterrizó en el mar con un chapoteo descomunal que levantó una columna de agua salada de tres metros, salpicando por completo a Valeria y empapando su caftán de lino.

Valeria ahogó un grito cuando la tela blanca se pegó a su piel como una segunda envoltura transparente, delineando la curva de su cintura y el contorno del bañador negro.

Bastian ni siquiera miró el agua. Sus ojos se clavaron en el cuerpo empapado de Valeria, oscureciéndose al instante con un hambre tan voraz que a ella se le cortó la respiración.

—¡¡OTRA VEZ, OTRA VEZ!! —Mateo emergió a la superficie tosiendo y riendo, chapoteando hacia la escalera con una energía inagotable.

A un lado de la plataforma, sentada bajo una sombrilla balinesa en una tumbona acolchada, Emma observaba la escena con las piernas cruzadas y una bata de seda corta con estampado floral. Llevaba unas gafas de sol redondas de montura blanca y sostenía un vaso alto de cristal con una bebida de maracuyá adornada con dos sombrillitas de papel y una cereza confitada.

—La plebe se conforma con tan poco —suspiró la niña con dramatismo regio, extendiendo una pierna pequeña hacia el mayordomo Henderson, que permanecía de pie a su lado con un frasco de protección solar—. Henderson, aplique el bloqueador en mis pantorrillas con movimientos circulares ascendentes. La brisa marina deshidrata la dermis y no pienso llegar a Saint-Tropez con descamación cutánea.

—Por supuesto, señorita Emma —respondió el flemático mayordomo británico, agachándose con resignación diplomática para esparcir la crema SPF 50.

Lucas, mientras tanto, estaba arrodillado en el borde de la plataforma flotante, equipado con dos flotadores inflables de color naranja fosforescente en los brazos y un anemómetro digital que giraba frenéticamente con la brisa.

—El coeficiente de fricción del tobogán se reduce en un sesenta por ciento cuando la superficie está saturada de agua jabonosa —informó Lucas, levantando la vista hacia Bastian con gravedad analítica—. Mateo alcanzó una velocidad terminal de veintidós kilómetros por hora en la curva parabólica. Mi masa corporal es un ocho por ciento menor, lo que alterará la trayectoria de entrada al agua. ¿Tienes calculado el margen de profundidad respecto a las hélices secundarias del propulsor de popa?

Bastian se acercó a Lucas, se acuclilló a su lado y le colocó una mano en el hombro con una sonrisa cálida que suavizó por completo sus facciones duras.

—Los motores están apagados y los propulsores desacoplados, socio. Hay catorce metros de agua cristalina debajo de nosotros. Y si la física falla... yo estoy en el agua esperándote.

Lucas miró las olas turquesas, luego miró a su padre y ajustó sus gafas con determinación.

—Acepto los parámetros de seguridad. Despliegue en T-menos diez segundos.

El pequeño auditor subió las escaleras de teca con paso metódico, se colocó en la rampa y descendió sentado con una postura impecablemente recta, aterrizando en el mar con un chapuzón ordenado. Bastian se zambulló de cabeza con un movimiento limpio y sin esfuerzo, emergiendo un segundo después para sostener a Lucas bajo los brazos y levantarlo sobre las olas mientras el niño soltaba una risotada triunfal.

Valeria se quedó de pie en la plataforma, con las manos entrelazadas contra el pecho, observando la estampa.

Durante las siguientes dos horas, el multimillonario que hacía temblar a los ministros europeos se convirtió en el capitán de un parque acuático flotante.

Bastian nadó carreras contra Mateo, dejándose ganar en el último metro por una milésima de segundo; sostuvo a Emma en sus hombros mientras ella fingía ser la reina de la Atlántida bendiciendo las aguas; y ayudó a Lucas a recolectar muestras de agua salada en tres frascos de vidrio para medir la salinidad del golfo. No hubo ni una sola llamada telefónica, ni un solo gesto de impaciencia, ni una sola mirada al reloj de platino.

Había una devoción pura, instintiva y luminosa en la forma en que cuidaba de los tres. Una paciencia infinita que Valeria jamás imaginó en un hombre de su calibre.

Hacia las cuatro de la tarde, la tripulación llevó a los tres niños a la cubierta superior para tomar una merienda de gofres calientes con chocolate belga bajo la supervisión de la señora Miller y Henderson.

El silencio volvió a adueñarse de la plataforma de popa.

Valeria bajó los pies descalzos hacia los escalones de teca sumergidos en el agua, sintiendo el vaivén suave y tibio del Mediterráneo en los tobillos. Se quitó las gafas de sol, dejando al descubierto sus ojos castaños, pensativos y cargados de una vulnerabilidad que no podía disimular.

El agua se agitó frente a ella.

Bastian emergió de las profundidades a escasos centímetros de sus rodillas. Apoyó ambos antebrazos sobre el escalón de madera donde ella estaba sentada, aprisionando las piernas de Valeria entre sus brazos. El agua goteaba desde su mandíbula cuadrada hacia su pecho ancho, y sus ojos grises la miraron desde abajo con una intensidad que hizo que el pulso de ella diera un vuelco.

—Tienes esa mirada otra vez, Valeria —murmuró él, con la voz teñida de sal y una gravedad íntima.

—¿Qué mirada?

—La de estar calculando si saltar por la borda para escapar de mí o quedarte a ver qué pasa.

Valeria bajó la cabeza. Sus dedos rozaron involuntariamente el agua tibia junto al hombro de Bastian.

—Estuviste increíble con ellos hoy —admitió en un susurro honesto, incapaz de seguir fingiendo frialdad—. Nunca... nunca tuvieron eso, Bastian. Mis hermanos los quieren, pero son torpes. Quince minutos de juegos y se cansan. Tú... parecías haber nacido para esto.

La mandíbula de Bastian se tensó ligeramente. Extendió una mano mojada y cálida y la posó sobre la rodilla desnuda de Valeria, subiendo lentamente por la curva de su muslo. El contacto de su piel salada contra la de ella envió una llamarada de calor directo a su vientre.

—No nací para esto, Valeria —dijo él, mirándola con una franqueza desarmante que le partió el alma—. Nací para construir barcos y acumular poder en soledad. Pero cuando los vi en tu oficina... cuando te vi a ti defendiéndolos como una leona... todo lo demás perdió sentido. No estoy jugando a ser padre. No es una estrategia comercial. Son mi vida entera.

—Bastian...

—Y tú también lo eres, aunque te dé pavor admitirlo —interrumpió él en un susurro ronco.

Bastian se impulsó hacia arriba con la fuerza de sus brazos, saliendo del agua hasta quedar de rodillas sobre el escalón, a la misma altura que ella. Su cuerpo mojado y ardiente se pegó al caftán traslúcido de Valeria. La atrapó por la cintura con ambas manos, atrayéndola hacia su regazo mientras sus bocas quedaban a escasos milímetros de distancia.

—Dime que no sientes cómo tiemblas cada vez que te toco —le exigió él contra los labios, rozando su boca con la suya en una caricia salvaje, cargada de sal y de una promesa ardiente—. Dime que no quieres que te lleve a esa suite ahora mismo y te haga olvidar hasta tu propio nombre.

Valeria cerró los ojos con un jadeo entrecortado. El perfume a mar, a sol y a deseo puro que desprendía Bastian la tenía completamente embriagada. Sus manos subieron por su pecho firme, sintiendo las gotas de agua evaporarse bajo la calidez de sus palmas.

—Eres insoportable, Thorne... —susurró ella, rindiéndose a la marea mientras inclinaba el rostro para buscar su boca.

El pitido estridente del teléfono satelital que descansaba en la mesa auxiliar de la cubierta rompió el instante.

Klaus Vane apareció en lo alto de la escalera de teca, con paso apresurado y el semblante ensombrecido por una tensión militar.

—Señor Thorne —dijo Klaus, deteniéndose a una distancia prudencial pero con un tono que no admitía demoras—. Acabamos de atracar en el muelle de honor de Saint-Tropez para el repostaje acordado.

Bastian no soltó la cintura de Valeria, pero giró la cabeza con irritación homicida.

—¿Qué ocurre, Klaus?

—Hay una recepción de la cámara de comercio en el club náutico privado —continuó el jefe de seguridad, bajando la mirada hacia una tableta—. Y el comité de bienvenida incluye a un inversionista estadounidense que insiste en presentarse ante la señorita Sterling. Dice ser un antiguo socio prioritario de la familia.

Valeria se congeló en los brazos de Bastian. Una corriente helada sustituyó al calor de su piel.

—¿Cómo se llama? —preguntó ella, con la voz repentinamente tensa y el pulso detenido.

Klaus leyó la pantalla con frialdad:

—Harrison Caldwell. Dice que vino desde Mónaco exclusivamente para ofrecerle un negocio conjunto... y que lamenta profundamente que una mujer tan brillante haya tenido que recurrir a la maternidad solitaria por falta de un hombre adecuado a su lado.

Bastian sintió cómo el cuerpo de Valeria se ponía rígido como el mármol bajo sus manos. Y en una fracción de segundo, la mirada gris del titán europeo dejó de ser cálida. Se transformó en un abismo de tormenta homicida tan oscuro que el aire alrededor de la cubierta pareció descender veinte grados bajo cero.

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Cliente anónimo
Muy hermosa y romántica esta historia 👏👏
Flor Perez
como me gustaría que ya viniera un bebito a bordo 🤭🤭🤭🤭
Flor Perez
simplemente maravillosa 🥰🥰🥰🥰
Keyla M Borrero
😂😂😂
Flor Perez
una enorme felicitación, por tan preciosa novela tan diferente a todas las que se leen y esperemos que sigan más novelas como esta 🥰🥰🥰🥰
Maria Laura Perez: Gracias 🥰
total 1 replies
Keyla M Borrero
🔥🔥
Cliente anónimo
Me encanta el trama🥰
Cliente anónimo
Que bien Valeria 💕
Cliente anónimo
Al fin Valeria estás cayendo en los brazos de Bastian
Cliente anónimo
Parece que Valeria va entrando en razón
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya Valeria con sus inseguridades se la embarró, ahora que no se queje
Cliente anónimo
🥰que hermoso capítulo lleno de pasión, ternura y amor 👏👏👏te sobraste escritora te felicito
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya casi está lista para aceptar que está enamorada 🥰
Flor Perez
me encanta como se va desarrollando la novela , deseo que siga asi
Cliente anónimo
La trama se vuelve más interesante en cada capítulo, felicitaciones 👏👏
Cliente anónimo
Excelente novela escritora 👏👏👏
Cliente anónimo
Al fin Valeria perdió el control🤣
Cliente anónimo
Esos trillizos se pasan, les hace falta disciplina
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