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Los Protegeré

Los Protegeré

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Mundo mágico / Venganza
Popularitas:364
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

En un pequeño orfanato una niña no sabe que será una de los pocos sobrevivientes y quién era como su madre da la vida par aque ellos puedan escapar.
Decidida y con una promesa echa a la lus de luna, jura proteger a quienes sobrevivieron y a los que la necesiten.

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 16: La Trampa Parte 2

Era una bestia cuatro veces más grande que Elia. Tenía el cuerpo cubierto de placas oscuras y dos enormes colmillos curvados.

Barek dejó escapar un silbido.

—Eso no estaba en nuestra misión.

—Nuestra misión tampoco decía que había que morir.

Respondió Tavian.

—Entonces seguimos teniendo opciones.

La bestia rugió.

El felino de luz se lanzó contra ella.

La criatura lo golpeó con una pata.

La invocación salió despedida y desapareció entre los árboles.

Lena perdió la sonrisa.

—Eso no me gusta.

Soren levantó ambas manos.

—¡Viento, presión descendente!

Una enorme corriente cayó desde arriba.

Las hojas comenzaron a girar alrededor de la bestia.

Barek aprovechó el momento.

—¡Ahora!

Golpeó el suelo.

Varias columnas de tierra surgieron alrededor de las patas de la criatura.

Tavian corrió.

Saltó sobre una de las columnas y utilizó el impulso para llegar hasta el costado de la bestia.

Su espada brilló.

Golpeó una de las placas.

La criatura rugió y lo lanzó hacia atrás.

—¡Tavian!

Elia reaccionó.

Corrió hacia él.

Una barrera de agua apareció delante de ambos.

La pata de la bestia chocó contra ella.

El agua explotó hacia los lados.

Elia salió despedida.

Rodó por el suelo y se levantó inmediatamente.

Le dolía el brazo.

Pero podía moverse.

—Gracias.

Dijo Tavian.

—Ahora no es el momento.

Elia miró alrededor.

Había demasiados monstruos y todavía seguían llegando.

—No podemos quedarnos aquí.

Lena miró hacia el bosque.

—Estoy de acuerdo.

—¿Alguna idea?

Preguntó Barek.

Nadie respondió.

Elia miró al cielo.

Después miró hacia donde habían venido.

Luego observó a los monstruos.

Todos estaban siendo empujados hacia el mismo lugar.

Entonces recordó la criatura que había visto antes.

Los rastros, los árboles dañados, los animales huyendo, los grupos de monstruos apareciendo de manera extraña.

Todo parecía conectado y si eso era cierto, quizá el problema no era cuántos monstruos había.

Era quién los estaba moviendo.

Elia sintió un escalofrío.

—Tenemos que avisar al gremio.

Tavian miró a los demás.

—¿Podemos enviar un mensaje desde aquí?

—Yo no tengo magia para eso.

Dijo Lena.

—Yo tampoco.

Añadió Barek.

Soren negó con la cabeza.

—Mi magia no sirve para comunicación a larga distancia.

Elia bajó la mirada hacia sus manos.

Había estado estudiando invocaciones durante semanas.

Núcleos.

Flujos de mana.

Criaturas mágicas.

Quizá podía intentar algo.

—Puedo crear una invocación pequeña.

Los cuatro la miraron.

—¿Qué clase de invocación?

Preguntó Lena.

—No lo sé.

Elia cerró los ojos.

Respiró lentamente.

El ruido del combate parecía alejarse.

Concentró el mana en sus manos.

Una pequeña luz apareció.

Después tomó forma.

Primero surgieron las patas.

Luego el cuerpo, una cola, dos orejas y finalmente apareció una pequeña criatura parecida a un zorro, aunque su cuerpo estaba firmado por una mezcla de luz azulada y agua.

Abrió los ojos.

Elia sintió que el mana le salía lentamente de ella, no podía mantenerlo demasiado tiempo.

—Necesito que encuentres a Orven.

La pequeña criatura inclinó la cabeza.

Elia sacó rápidamente un trozo de papel de su bolsa y escribió:

“Estamos en el bosque, los monstruos se están moviendo en grandes grupos. Estamos rodeados y siguen llegando más. Necesitamos ayuda, estoy con varios aventureros.”

Doblando el papel, lo colocó alrededor del cuello de la pequeña criatura.

—Lleva esto al gremio. Busca a Orven.

La invocación la observó unos segundos.

Después salió corriendo.

Elia la siguió con la mirada hasta que desapareció entre los árboles.

—¿Crees que llegará?

Preguntó Tavian.

Elia apretó la espada.

—Tiene que llegar.

Un rugido sacudió el bosque.

Los monstruos volvieron a avanzar.

Barek levantó su martillo, lena preparó otra flecha.

Soren hizo girar el viento alrededor de sus brazos, Tavian levantó su espada y Elia dio un paso hacia delante.

La pequeña criatura ya corría hacia Ardentia.

Y detrás de ella, el bosque entero parecía cerrarse poco a poco sobre los cinco.

El tiempo continuó avanzando.

Dentro del gremio de aventureros de Ardentia, la actividad habitual había empezado a cambiar.

Las conversaciones seguían, los encargados atendían a los aventureros que llegaban y salían, pero había una tensión difícil de ignorar.

El grupo enviado por Orven todavía no había regresado.

Tampoco había llegado ningún mensaje.

Elira Vael permanecía cerca de la entrada, observando la puerta mientras mantenía los brazos cruzados.

Su larga trenza descansaba sobre uno de sus hombros.

Hessa la observó desde el mostrador.

—Sigues mirando la puerta.

—Sí.

—Estás preocupada.

Elira giró ligeramente la cabeza.

—¿Tanto se nota?

—Llevas diez minutos mirando la misma puerta.

Elira soltó una pequeña risa.

—Entonces supongo que sí.

Volvió a mirar hacia la entrada.

—Ya pasó demasiado tiempo.

Hessa dejó los documentos que tenía en las manos.

—¿Esperamos a que Orven envíe noticias?

—No.

—¿No?

—Voy a movilizar a los aventureros.

Hessa levantó una ceja.

—¿Sin saber qué ocurre?

—Si supiéramos exactamente qué ocurre, probablemente ya sería tarde.

Hessa guardó silencio un momento.

—Eso sonó bastante a Orven.

—Trabajo demasiado tiempo con él.

Elira se apartó de la entrada y caminó hasta el centro del salón.

Varios aventureros la miraron.

—Necesito que mantengas el gremio funcionando mientras reúno un grupo.

—¿Y tú?

—Yo iré con ellos.

Hessa asintió.

—Entonces hazlo.

Elira respiró profundamente.

Su expresión cambió.

La tranquilidad habitual permaneció en su rostro, pero el ambiente alrededor de ella comenzó a llenarse de mana.

—Bien.

Levantó una mano.

Un círculo mágico apareció frente a ella.

Después apareció otro.

Y otro.

Los aventureros cercanos comenzaron a callarse.

El cuarto círculo se formó.

Luego el quinto.

Sexto.

Séptimo.

Octavo.

Finalmente, un enorme noveno círculo apareció detrás de los demás.

Los nueve círculos comenzaron a girar lentamente.

El mana que desprendían hizo vibrar ligeramente las ventanas del gremio.

Uno de los aventureros dejó de ajustar la correa de su espada.

—¿Nueve círculos...?

Otro respondió en voz baja.

—Eso no es una comunicación normal.

Elira cerró los ojos.

—Magia de nueve círculos: Comunicación.

Los nueve círculos brillaron al mismo tiempo.

Por un instante, el gremio quedó en silencio.

Después, decenas de pequeños puntos de luz aparecieron alrededor de Elira.

Cada uno representaba una conexión distinta.

No eran solamente dos o tres.

Eran muchos.

Demasiados para contarlos a simple vista.

La magia de nueve círculos no necesitaba establecer una comunicación individual cada vez.

Elira podía abrir todas las conexiones que necesitara mientras mantuviera el hechizo activo.

Y eso era precisamente lo que hizo.

—A todos los aventureros que reciban esta comunicación.

Dijo con voz firme.

—Regresen al gremio de Ardentia inmediatamente. Necesito un grupo preparado para una emergencia en el bosque.

Las palabras viajaron a través de las conexiones.

Una voz respondió.

—Recibido.

Otra.

—Estoy a veinte minutos.

Una tercera.

—Voy en camino.

Otra voz llegó casi de inmediato.

—¿Qué rango de amenaza?

Elira respondió.

—Desconocido.

Hubo una pausa.

—Eso no me tranquiliza.

Elira sonrió ligeramente.

—A mí tampoco.

La conexión desapareció.

Pero otras continuaron activas.

—¿Necesitamos provisiones?

—Sí. Comida, agua, pociones y cristales de comunicación.

—¿Monturas?

—Prepárenlas.

—¿Podemos llevar armas pesadas?

—Si pueden transportarlas sin retrasar al grupo.

—Entendido.

Elira continuó hablando con diferentes aventureros al mismo tiempo.

Podía escuchar varias voces.

Podía responder a diferentes personas.

Incluso podía mantener algunas conexiones abiertas mientras establecía otras nuevas.

El hechizo era tan avanzado que el límite no estaba en la cantidad de personas.

El verdadero límite era la concentración necesaria para mantener una red de comunicación tan grande.

Pero Elira estaba acostumbrada.

Uno tras otro, los aventureros comenzaron a regresar.

El primero llegó por las puertas principales.

Era un hombre alto, de cabello oscuro y armadura ligera.

—Elira.

—Llegaste rápido.

—Tu mensaje decía emergencia.

—Todavía no sabemos qué tan grave es.

—Entonces supongo que hice bien en venir.

Dejó una mochila sobre una mesa y comenzó a revisar su equipo.

Poco después, una mujer entró con un arco a la espalda.

—¿Dónde está Elira?

—Aquí.

La mujer se acercó.

—¿Qué necesitas?

—Que estés preparada para cualquier cosa.

—Eso puedo hacerlo.

Se dirigió hacia una mesa para revisar sus flechas.

Después llegó un aventurero cargando un escudo enorme.

Entró, miró a su alrededor y soltó un suspiro.

—¿Cuántos somos?

Hessa respondió desde el mostrador:

—Los suficientes para llenar media sala.

El hombre miró alrededor.

—Eso no responde mi pregunta.

—Y yo tampoco sé cuántos serán.

Elira intervino.

—Los que recibieron mi comunicación siguen llegando.

Como si sus palabras fueran una señal, las puertas volvieron a abrirse.

Entraron dos aventureros.

Después otros tres.

Uno llegó corriendo desde la calle.

Otro apareció acompañado de su compañero de viaje.

Algunos venían solos.

Otros habían recibido la comunicación mientras estaban en una misión cercana y regresaron directamente.

Cada vez que alguien cruzaba las puertas, Elira lo dirigía hacia el grupo.

—Revisa tus pociones.

—Sí.

—Necesitaremos comunicación a larga distancia.

—Ya tengo mi cristal.

—Perfecto.

—¿Necesitamos un sanador?

—Ya hay dos en camino.

—Entonces iré a preparar las monturas.

—Hazlo.

La sala comenzó a llenarse.

Los aventureros no sabían exactamente qué había ocurrido, pero entendían que Elira no los habría convocado de esa manera sin una razón.

Algunos eran guerreros.

Otros utilizaban magia.

Había arqueros, lanceros y aventureros especializados en reconocimiento.

Todos comenzaron a preparar sus equipos.

Las monturas fueron ensilladas.

Las provisiones quedaron reunidas.

Las pociones fueron repartidas.

Los cristales de comunicación fueron comprobados.

Las armas fueron revisadas una última vez.

Finalmente, todos quedaron reunidos dentro del gremio.

Listos para partir.

Elira observó al grupo.

No necesitaban nada más.

Solo necesitaban saber hacia dónde ir.

—Ahora esperamos a Orven.

Dijo.

Uno de los aventureros miró hacia la puerta.

—¿Crees que enviará un mensaje pronto?

Elira respondió.

—Espero que sí.

Mientras tanto, Orven avanzaba por el bosque.

Había seguido durante varios minutos las huellas que encontraba entre los árboles.

Cada vez eran más extrañas.

Animales que normalmente jamás se acercaban a ciertas zonas habían cruzado por allí.

Había ramas rotas.

Marcas profundas en el suelo y señales de que varias criaturas habían huido apresuradamente.

Orven se detuvo.

Escuchó.

Nada.

Luego...

Un ruido.

Metal contra tierra.

Orven giró la cabeza.

—Por allí.

Aceleró.

Atravesó varios árboles y llegó a una zona abierta.

Entonces los vio.

Darven, Rian, Bel y Mara Veyra estaban juntos.

Los cuatro seguían en pie, aunque claramente agotados.

Darven levantó la mirada.

—Maestro Orven.

Orven se acercó.

—¿Están heridos?

—Nada grave.

Respondió Darven.

Rian se apoyó un momento sobre su espada.

—Nos hicieron correr bastante.

Bel soltó una risa cansada.

—Demasiado.

Mara Veyra acomodó el escudo sobre su brazo.

—No querían enfrentarnos directamente.

Orven frunció el ceño.

—Explíquenme.

Darven señaló el bosque.

—Los monstruos aparecían por diferentes lados.

—¿Atacaban?

—A veces.

—¿Y las otras veces?

Darven miró hacia el suelo.

—Nos empujaban.

Orven guardó silencio.

—¿Hacia dónde?

—No lo sabemos.

Bel intervino.

—Pero cada vez que intentábamos alejarnos, aparecían más.

Rian añadió.

—Era como si supieran exactamente dónde estábamos.

Orven observó las marcas.

Aquello no era comportamiento natural.

—¿Encontraron algo más?

Darven asintió.

—Sí.

Antes de poder explicar, una pequeña criatura apareció entre los árboles.

Parecía un zorro diminuto formado por magia.

Orven la reconoció.

—Elia...

El pequeño animal corrió hasta él.

Llevaba un papel sujeto al cuello.

Orven lo tomó.

Lo abrió.

Leyó.

Su expresión cambió inmediatamente.

Darven se acercó.

—¿Qué dice?

Orven respondió.

—Elia está en el bosque.

Los cuatro se pusieron serios.

—¿Sola?

Preguntó Mara.

—No. Está con varios aventureros.

Orven siguió leyendo.

“Estamos en el bosque, los monstruos se están moviendo en grandes grupos. Estamos rodeados y siguen llegando más. Necesitamos ayuda, estoy con varios aventureros.”

Orven cerró la mano alrededor del mensaje.

—Tenemos que movernos.

Darven asintió.

—¿Hacia dónde?

Orven miró al pequeño zorro mágico.

La criatura se volvió hacia una dirección.

—Por ahí.

Los cinco comenzaron a avanzar.

En el gremio, uno de los cristales de comunicación comenzó a brillar.

Elira levantó la cabeza.

Todos los aventureros guardaron silencio.

Ella tomó el cristal.

—Aquí Elira.

La voz de Orven llegó desde el otro lado.

—Elira.

—Te escucho.

—Encontré a Darven y a los demás.

Elira cerró los ojos durante un instante.

—¿Están vivos?

—Sí.

El alivio cruzó brevemente su rostro.

—¿Qué ocurrió?

—Los monstruos están actuando de manera coordinada.

Los aventureros reunidos comenzaron a intercambiar miradas.

Elira permaneció seria.

—¿Y Elia?

—Está en el bosque.

—¿La encontraste?

—Todavía no. Recibí un mensaje suyo.

Elira miró al grupo que tenía delante.

Todos estaban preparados.

—¿Está en peligro?

Orven tardó un instante en responder.

—Sí.

Elira tomó aire.

—Entonces salimos ahora.

—De acuerdo.

La comunicación terminó.

Elira guardó el cristal.

Los aventureros comenzaron a prepararse para salir.

Pero antes de cruzar la puerta, Elira miró hacia el mostrador.

—Hessa.

—¿Sí?

—Necesito dejarte una ayuda.

Hessa parpadeó.

—¿Una ayuda?

Elira extendió ambas manos.

El agua apareció entre sus dedos.

Comenzó a girar.

Una silueta se formó lentamente frente a ella.

Piernas.

Brazos.

Torso.

Rostro.

Cabello.

En pocos segundos, una segunda Elira estaba de pie en medio del gremio.

Abrió los ojos.

Hessa la miró.

Luego miró a la verdadera Elira.

—Esto va a ser raro.

La copia ladeó ligeramente la cabeza.

—Probablemente.

Elira sonrió.

—Ella se quedará aquí.

—¿Puede hablar?

—Sí.

—¿Puede recibir mensajes?

—Sí.

—¿Puede encargarse del gremio?

—Sí.

La copia se dirigió al mostrador y tomó uno de los documentos pendientes.

—Solicitud de escolta para mañana. Dos aventureros disponibles.

Hessa abrió los ojos.

—¿Ya estás trabajando?

La copia levantó la mirada.

—Hay mucho que hacer.

Elira soltó una pequeña risa.

—Como ves, no tendrás problemas.

Hessa negó con la cabeza.

—Ahora tenemos dos Eliras.

—Solo una va a salir de aquí.

El clon dejó el documento sobre el mostrador.

—Y la otra se queda trabajando.

Elira asintió.

—Exactamente.

La copia volvió a sus tareas.

No era un simple clon.

Pensaba.

Hablaba.

Podía tomar decisiones.

Podía recibir mensajes y mantener el funcionamiento del gremio.

Y si alguien intentaba atacar el edificio, podría utilizar su propia magia para defenderlo.

Elira se volvió hacia los aventureros.

—Ahora sí.

Las puertas principales se abrieron.

—Nos vamos.

Todos salieron juntos.

Las monturas esperaban afuera.

El grupo comenzó a avanzar hacia el bosque.

Mientras tanto, dentro del gremio, la copia de Elira continuó trabajando como si la verdadera nunca hubiera abandonado su puesto.

Muy lejos de allí, Orven avanzaba con Darven, Rian, Bel y Mara Veyra.

Y en algún punto del bosque, Elia y sus cuatro nuevos compañeros seguían luchando contra una cantidad cada vez mayor de monstruos.

Tres grupos.

Tres caminos.

Y todos se dirigían lentamente hacia el mismo lugar.

Orven avanzaba entre los árboles acompañado por Darven, Rian, Bel y Mara Veyra.

El pequeño zorro mágico creado por Elia corría unos metros por delante, guiándolos a través del bosque.

Darven observaba el terreno mientras caminaba.

—Si Elia está rodeada, deberíamos apresurarnos.

—Lo haremos.

Respondió Orven.

Rian caminaba detrás de ellos con una mano cerca de la empuñadura de su espada.

De pronto, frunció el ceño.

—Maestro Orven...

—¿Sí?

—¿También lo siente?

Bel levantó la mirada.

—¿Sentir qué?

Orven no respondió solo se detuvo.

El pequeño zorro mágico también se quedó quieto.

Durante unos segundos, solo se escuchó el viento entre las ramas.

Orven cerró los ojos.

Su mana comenzó a extenderse silenciosamente por los alrededores.

Entonces lo sintió.

Dos presencias.

Lejanas.

Ocultas.

Humanas.

Orven abrió los ojos.

—Nos están observando.

Mara Veyra sujetó con más fuerza su escudo.

—¿Monstruos?

—No.

Darven miró alrededor.

—¿Personas?

Orven asintió.

—Dos.

Bel dejó escapar una corriente de viento que recorrió los árboles.

Las hojas se agitaron.

Las ramas temblaron.

Pero no apareció nadie.

—No veo nada.

—Porque no quieren que los veas.

Respondió Orven.

Darven observó a su maestro.

—¿Son los responsables de todo esto?

Orven mantuvo la mirada fija hacia el bosque.

—No lo sé todavía.

Las dos figuras permanecían ocultas a varios cientos de metros.

Eran las mismas personas que habían observado los acontecimientos anteriores.

Una de ellas habló en voz baja.

—Nos ha sentido.

—Lo sé.

—Entonces debemos retirarnos.

—Todavía no.

—¿Por qué?

La segunda figura miró hacia el lugar donde se encontraba el grupo.

—Porque ya conseguimos que todos estén donde queríamos.

Darven volvió a hablar.

—¿Qué hacemos?

Orven apartó la mirada de los árboles.

—Ustedes continúen.

Darven frunció el ceño.

—¿Sin usted?

—El pequeño invocado de Elia los llevará hasta ella.

—Pero...

Orven lo interrumpió con una mirada.

—Encuéntrenla. Está en peligro.

Darven asintió.

—Entendido.

El grupo continuó avanzando.

Orven permaneció atrás.

Esperó.

Un segundo.

Dos.

Tres.

Entonces desapareció.

Darven miró hacia atrás.

—¿Dónde está?

Bel negó con la cabeza.

—No lo sé.

Mara Veyra observó los árboles.

—¿Se fue?

Darven apretó los dientes.

—Probablemente.

El pequeño zorro mágico siguió corriendo.

Los cuatro decidieron confiar en las órdenes de Orven y continuaron tras él.

Las dos figuras de las sombras también comenzaron a retirarse.

—Ya no está.

—Lo sé.

—¿Regresó con los demás?

—Eso parece.

Una de las figuras avanzó entre los árboles.

—Entonces podemos continuar.

Un sonido llegó desde atrás.

Una rama quebrándose.

Ambos se detuvieron.

Se giraron.

Nada.

La segunda figura levantó la mirada.

—¿Escuchaste eso?

—Sí.

Silencio.

Entonces una voz habló detrás de ellos.

—Yo también.

Ambos se giraron rápidamente.

Orven estaba allí.

A pocos metros.

—¿Cómo...?

No terminó la pregunta.

Orven desapareció de su posición.

Un instante después apareció frente a una de las figuras.

Su ataque golpeó la barrera que esta levantó a toda prisa.

La defensa resistió apenas un instante antes de romperse.

La figura retrocedió.

La otra reaccionó lanzando una descarga de magia oscura.

Orven giró sobre sí mismo y la esquivó.

—Magia oscura...

Su expresión cambió.

—Así que finalmente decidieron intervenir.

—No sabes nada de nosotros.

Orven dio un paso adelante.

—Entonces tendrán tiempo para explicármelo.

Las dos figuras se separaron.

La oscuridad volvió a envolver los árboles.

El combate había comenzado.

Mientras tanto, en otra parte del bosque, Elia continuaba luchando junto a Lena, Barek, Soren y Tavian.

Los monstruos seguían llegando.

—¡Por la izquierda!

Gritó Soren.

Elia giró.

Una criatura saltó entre los árboles.

Levantó una mano.

—¡Agua!

Una barrera apareció frente a ella.

El monstruo chocó contra la defensa.

Tavian aprovechó el instante.

—¡Ahora!

Avanzó con su espada y obligó a la criatura a retroceder.

Lena disparó desde una rama.

Su flecha pasó entre dos árboles y alcanzó a otra criatura que intentaba acercarse por detrás.

—¡Barek!

—¡Ya voy!

El enorme aventurero levantó su martillo.

—¡Apártense!

Soren extendió una mano.

Una corriente de viento empujó al grupo hacia atrás.

Barek golpeó el suelo.

La tierra se levantó formando una barrera irregular que frenó a varios monstruos.

—Eso debería darnos unos segundos.

Tavian miró a su alrededor.

—Nos vendrían bien unos veinte.

—No puedo fabricar tiempo.

—Pensé que la magia de tierra podía hacer cualquier cosa.

Barek lo miró.

—Deja de hablar y corre.

Elia soltó una pequeña risa.

Pero rápidamente volvió a concentrarse.

Los monstruos seguían apareciendo y cada vez eran más.

Lena miró hacia una pendiente entre los árboles.

—Por ahí.

Soren observó la zona.

—¿Estás segura?

—No.

Tavian sonrió.

—Me gusta tu confianza.

—Pero es nuestra única salida.

Barek levantó el martillo.

—Entonces abriremos camino.

Elia dio un paso adelante.

—Yo puedo ayudar.

Lena la miró.

—Lo sé.

Después señaló al resto.

—Pero no tendrás que hacerlo sola.

Elia asintió.

Soren extendió ambas manos.

El viento comenzó a girar alrededor del grupo.

Lena llamó a su criatura felina hecha de luz.

Barek preparó su martillo.

Tavian ajustó su postura.

Elia concentró mana.

Varias flechas mágicas aparecieron a su alrededor.

—Ahora.

Todo ocurrió al mismo tiempo.

Las flechas de Elia salieron disparadas.

El viento de Soren las impulsó todavía más.

Lena disparó su arco.

Su criatura saltó entre los monstruos y creó pequeñas explosiones de luz.

Barek golpeó el suelo.

Tavian avanzó aprovechando los huecos.

Elia lanzó varias esferas de fuego y, entre ellas, pequeñas descargas de electricidad.

El camino comenzó a abrirse.

—¡Avancen!

Gritó Soren.

El grupo corrió.

Pero uno de los monstruos consiguió atravesar la defensa.

Se lanzó directamente hacia ellos.

Tavian se giró.

—¡Cuidado!

Intentó detenerlo.

El impacto lo hizo retroceder varios pasos y cayó al suelo.

—¡Tavian!

Gritó Lena.

Ella corrió hacia él.

Tavian intentó levantarse.

—Estoy bien.

Apoyó una mano en el suelo y volvió a intentarlo.

Su expresión cambió.

—Solo necesito...

—No.

Dijo Elia.

Se colocó delante de él.

—No te levantes.

Tavian la miró sorprendido.

—Pero puedo seguir luchando.

Elia levantó la mano.

Una barrera de agua apareció alrededor de él.

—No si estás herido.

Barek se colocó delante de ambos.

Su expresión había perdido por completo el humor.

—Nosotros abriremos el camino.

Soren se puso a su lado.

—Y nadie llegará hasta ellos.

Lena tensó el arco.

Elia miró hacia el frente.

La situación era cada vez peor, pero ahora tenía algo más que proteger.

—Entonces terminemos esto juntos.

Mientras tanto, en Ardentia, las puertas del gremio permanecían abiertas.

La gente que se encontraba en las calles comenzó a mirar hacia la entrada.

Primero salió una montura.

Después otra.

Luego otra más.

Los aventureros convocados por Elira Vael comenzaron a abandonar el gremio en grupo.

Los ciudadanos se apartaron para dejarles espacio.

—¿Quiénes son?

—Los conozco.

—Ese es uno de los aventureros más fuertes de la ciudad.

—Y aquella mujer también.

—¿Por qué están saliendo todos juntos?

Nadie tenía una respuesta.

Un comerciante dejó de descargar unas cajas y observó al grupo.

—¿Qué está pasando?

Un aventurero que se encontraba cerca negó con la cabeza.

—No lo sé.

Las personas continuaron observando cómo el grupo se alejaba en dirección al bosque.

No era común ver una movilización semejante.

Mucho menos una que reuniera a tantos aventureros experimentados al mismo tiempo.

Una mujer miró hacia el camino.

—Si todos ellos tuvieron que salir...

No terminó la frase.

El silencio de quienes la rodeaban fue suficiente.

La preocupación comenzó a extenderse por las calles.

Dentro del gremio, la copia de agua de Elira permanecía detrás del mostrador, ocupándose de las tareas mientras la verdadera Elira se encontraba ya en camino.

La ciudad había visto partir a algunos de sus aventureros más poderosos.

Y nadie sabía exactamente qué estaba ocurriendo en aquel bosque.

En algún punto entre los árboles, el combate de Orven contra las dos figuras continuaba.

Una de ellas lanzó otro hechizo oscuro.

Orven lo esquivó.

La segunda intentó atacar desde un ángulo diferente.

Orven bloqueó el golpe.

—Se mueven bien.

Las figuras se separaron.

Orven las observó.

—Pero cometieron un error.

—¿Cuál?

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Orven.

—Creyeron que yo estaba buscando a la niña.

Las figuras se quedaron inmóviles.

Orven dio un paso hacia ellas.

—En realidad, desde que sentí su presencia, estaba buscándolos a ustedes.

Las sombras retrocedieron.

El mana de Orven comenzó a aumentar.

Y, por primera vez, las dos figuras parecieron comprender que habían dejado de ser quienes controlaban la situación.

Muy lejos de allí, Elia continuaba protegiendo a Tavian mientras Lena, Barek y Soren mantenían la línea.

Y en Ardentia, las puertas se cerraron después de la partida de los aventureros.

El bosque había conseguido reunirlos.

Pero nadie sabía todavía qué esperaba al final del camino.

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