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Mi Corazón Es Tuyo

Mi Corazón Es Tuyo

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Amor prohibido / Reencarnación
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: liz Ramirez

ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación

un alfa y un omega

NovelToon tiene autorización de liz Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hay algo en el

El laboratorio 69 era un lugar del que nadie hablaba.

Bajo tierra, lejos de la ciudad, un grupo de científicos había creado al asesino perfecto. Desde pequeño, aquel chico había sido sometido a experimentos para convertirlo en un arma humana. Le habían arrebatado una vida normal y lo habían entrenado para obedecer una sola orden: matar.

Su nombre había dejado de importarles.

Para la pandilla 69, era simplemente el Alfa número 69.

Alto, de cabello negro y rostro atractivo, poseía una fuerza extraordinaria. Podía derrotar a varios hombres sin dificultad y completar sus misiones en cuestión de minutos.

Siempre llevaba una venda negra cubriéndole los ojos. Los científicos decían que era parte de su entrenamiento, aunque nunca le explicaron toda la verdad.

—Tenemos una nueva misión para ti —anunció el líder de la pandilla, dejando una fotografía sobre la mesa.

El Alfa permaneció inmóvil.

—¿Quién es?

—Un militar omega. Está interfiriendo en nuestros negocios y ayudando a los ciudadanos. Ha detenido a varios de nuestros hombres.

El líder sonrió con desprecio.

—Su nombre es Eiden. Quiero que lo elimines esta misma noche.

El Alfa tomó la fotografía entre sus dedos.

En ella aparecía un chico de cabello amarillo, vestido con uniforme militar. Tenía una expresión seria, pero sus ojos transmitían una calidez que el asesino no supo comprender.

—Entendido —respondió con voz fría.

Y desapareció en la oscuridad.

Eiden era conocido entre los ciudadanos por su valentía.

A diferencia de los miembros de las pandillas, él había elegido convertirse en militar para proteger a las personas que no podían defenderse por sí mismas.

Aquella tarde, sin embargo, no estaba persiguiendo criminales ni participando en una operación peligrosa.

Se encontraba en un pequeño parque de la ciudad, ayudando a varios niños a recoger sus juguetes.

—¡Eiden, mira! ¡Hice un castillo! —exclamó un pequeño, mostrándole una construcción de arena.

El omega se agachó a su lado y sonrió.

—¡Te quedó genial! Pero creo que necesita una torre más alta, ¿no crees?

Los niños comenzaron a reír.

Eiden se quitó la gorra militar y se sentó junto a ellos, disfrutando de aquel momento de tranquilidad. Su uniforme estaba un poco sucio por haber jugado con los pequeños, pero no parecía importarle.

Desde el edificio situado al otro lado de la calle, dos ojos ocultos tras una venda negra observaban la escena.

El Alfa había llegado.

Su objetivo estaba justo delante de él.

Sacó su arma y apuntó desde la distancia. Había realizado aquella tarea tantas veces que su cuerpo conocía cada movimiento. No necesitaba sentir odio. Tampoco necesitaba conocer a la persona que tenía enfrente.

Solo debía cumplir la orden.

Su dedo comenzó a presionar el gatillo.

Entonces, uno de los niños abrazó a Eiden por el cuello.

—¡Gracias por jugar con nosotros!

El omega soltó una carcajada y le revolvió el cabello.

—Cuando vuelva, jugaremos otra vez. Prometido.

El Alfa se quedó inmóvil.

Aquella sonrisa…

¿Por qué estaba sonriendo así?

¿Por qué no podía apartar la mirada?

Había visto a cientos de personas suplicar por sus vidas. Había escuchado gritos, amenazas y llantos sin experimentar absolutamente nada.

Pero aquel chico estaba rodeado de niños, sonriendo como si el mundo no fuera un lugar cruel.

Y, por primera vez, el Alfa sintió algo extraño dentro del pecho.

Su mano comenzó a temblar ligeramente.

—¿Qué demonios me pasa…? —murmuró.

Volvió a mirar la fotografía que llevaba consigo.

Era él. El mismo omega al que debía matar.

Eiden se levantó para ayudar a una pequeña que había tropezado. La sostuvo con cuidado y le limpió las lágrimas con el pulgar.

—Tranquila. No te pasó nada. Estoy aquí.

El Alfa bajó lentamente el arma.

No podía hacerlo.

No entendía por qué, pero no podía.

Por primera vez en su vida, había recibido una orden que no quería cumplir.

Y lo peor era que ni siquiera conocía el nombre de aquel sentimiento.

—¿Terminaste? —preguntó el líder de la pandilla por el comunicador—. ¿El militar está muerto?

El Alfa miró a Eiden una última vez.

—Tengo un problema con el objetivo.

—¿Qué problema?

El asesino apretó la mandíbula.

—Necesito más tiempo.

Cortó la comunicación sin esperar respuesta.

En el parque, Eiden levantó la cabeza de repente. Había sentido que alguien lo observaba.

Sus ojos amarillos recorrieron los edificios hasta detenerse en una silueta vestida de negro.

—¿Quién está ahí…?

El Alfa ya se había marchado.

Sin embargo, mientras caminaba por las calles oscuras, una pregunta comenzó a perseguirlo.

¿Por qué no pude matarlo?

Y, sin saberlo, acababa de cometer el primer error de su vida.

Porque la pandilla 69 jamás perdonaba una misión fallida.

Y cuando descubrieran que su mejor asesino había dudado por un omega militar, ambos se convertirían en objetivos.

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