Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
*Todas las novelas son independientes*
**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Visita 2
La noticia de que lady Catarina Parisi había llegado para una reunión de negocios provocó cierta confusión entre los empleados de la residencia.
No porque su visita fuera inapropiada.
Los Parisi mantenían relaciones comerciales con numerosas familias nobles, y no había nada extraño en que una de sus integrantes quisiera discutir un posible acuerdo.
Lo extraño era que esa integrante fuera Catarina.
La joven era conocida por su belleza, su posición social y sus numerosas visitas familiares.
No por sus negocios.
De hecho, si alguien hubiera preguntado a los comerciantes de Vagur qué Parisi debía contactar para hablar sobre contratos, producción o seguridad, probablemente habría recibido una lista bastante extensa de nombres.
Pero Catarina no habría aparecido en ella.
Por eso, cuando el mayordomo anunció su llegada, uno de los asistentes del duque levantó la cabeza con evidente desconcierto.
—¿Lady Catarina Parisi?
—Sí, señor.
—¿La hija de los Parisi?
—La misma.
El hombre frunció el ceño.
—¿Y viene por asuntos comerciales?
—Asi es, señor.
Hubo un silencio.
—Comprendo.
No comprendía absolutamente nada.
Pero era un empleado de una casa noble, y una de las primeras habilidades que aprendían quienes trabajaban para la aristocracia era fingir que comprendían situaciones que no comprendían en absoluto.
El mayordomo condujo a Catarina hasta una sala de espera.
Ella se sentó con elegancia, colocó su carpeta sobre el regazo y sonrió a la criada que le ofreció té.
—Muchas gracias.
Cuando la mujer se marchó, Catarina dejó escapar el aire lentamente.
[¡Estoy aquí!].
Miró la puerta.
[¡En la residencia del duque Rossi!].
Apretó la carpeta contra su pecho.
[¡Voy a conocerlo!].
Se mordió el labio.
[¡Voy a conocer al hombre al que he decidido salvar!].
Sus ojos se iluminaron.
[¡Y quizá tenga una mandíbula extraordinaria!].
Catarina se dio una palmada mental.
[¡CONCENTRACIÓN!].
La puerta se abrió.
El mayordomo apareció con una expresión respetuosa.
—Lady Catarina, Su Excelencia la recibirá ahora.
La joven se puso de pie.
Se acomodó los guantes.
Levantó la barbilla.
Y sonrió como si no hubiera pasado los últimos cinco minutos imaginando distintas maneras de morir de vergüenza frente a un hombre atractivo.
—Muchas gracias.
Siguió al mayordomo por un corredor decorado con cuadros y tapices discretos.
Al final, se detuvieron frente a una puerta de madera oscura.
El hombre llamó suavemente.
—Su Excelencia, lady Catarina Parisi ha llegado.
Desde el interior se escuchó una voz masculina.
Grave.
Serena.
—Adelante.
Catarina sintió que su corazón se detenía durante una fracción de segundo.
[Oh, no].
El mayordomo abrió la puerta.
—Por aquí, milady.
Ella cruzó el umbral.
Y vio al duque.
Enzo Rossi se encontraba de pie junto a su escritorio, revisando unos documentos.
Al escuchar la puerta, levantó la cabeza.
Y Catarina comprendió de inmediato que sus visiones no le habían hecho justicia.
El hombre que tenía delante debía de superar los treinta años. Era alto, de hombros anchos y porte distinguido. Su cabello oscuro estaba cuidadosamente peinado, y una barba corta delineaba su mandíbula con una precisión que parecía diseñada para provocar pensamientos inapropiados en mujeres que habían jurado comportarse con dignidad.
Tenía facciones marcadas, una nariz recta y unos ojos de mirada intensa.
No sonreía.
No parecía particularmente interesado en las visitas inesperadas.
Y llevaba una camisa impecable bajo un chaleco oscuro, con las mangas ligeramente ajustadas a los antebrazos.
Catarina lo contempló.
Un segundo.
Dos segundos.
Tres segundos.
[Oh].
El duque dejó los documentos sobre el escritorio.
[Oh, no].
Se volvió completamente hacia ella.
[¡OH, NO!].
Catarina sintió que su cerebro, aquel órgano al que había prometido recurrir en lugar de la magia, acababa de abandonar sus funciones.
Porque el duque era atractivo.
No atractivo en un sentido moderado.
No atractivo de una manera que pudiera analizarse tranquilamente y dejarse de lado para continuar con una reunión comercial.
Era atractivo de una manera profundamente inconveniente.
La clase de hombre que aparecía en una novela, se quitaba los guantes lentamente y conseguía que la protagonista olvidara hasta su propio apellido.
Catarina tragó saliva.
[¡TAL CUAL ME RECOMENDÓ EL DOCTOR!].
El pensamiento apareció en su mente con tanta claridad que estuvo a punto de reírse.
[¡El doctor me recomendó evitar las emociones fuertes y aquí estoy, frente a un hombre que debería venir acompañado de una advertencia médica!].
El duque inclinó ligeramente la cabeza.
—Lady Catarina.
Ella reaccionó de inmediato.
Hizo una reverencia elegante.
—Su Excelencia. Es un honor conocerlo.
Su voz sonó perfectamente normal.
¡Perfectamente normal!
Catarina quiso aplaudirse a sí misma.
[¡Lo estoy haciendo! ¡Estoy hablando como una persona civilizada!].
Enzo señaló una silla frente a su escritorio.
—Por favor, tome asiento.
—Muchas gracias.
Catarina se sentó con cuidado, acomodó la falda y colocó la carpeta sobre sus rodillas.
No debía mirarlo demasiado.
Eso era importante.
Podía mirar su rostro de vez en cuando, por supuesto. Era una reunión de negocios. Evitar por completo la mirada de su interlocutor resultaría extraño.
Pero no debía contemplarlo como si estuviera evaluando la posibilidad de pedirle matrimonio antes del almuerzo.
Así que miró sus ojos.
Después la carpeta.
Luego sus ojos nuevamente.
Y finalmente la carpeta con un entusiasmo que habría hecho pensar a cualquiera que contenía los secretos de la alquimia.
Enzo tomó asiento frente a ella.
—Debo admitir que su visita me ha sorprendido.
Catarina levantó la mirada.
—¿Ah, sí?
—Cuando me informaron que tendría una reunión con un miembro de la familia Parisi, supuse que vendría alguno de sus primos. No esperaba encontrarme con usted.
No había desprecio en sus palabras.
Solo una sorpresa sincera.
Catarina sonrió.
—Lo comprendo, Su Excelencia. Mi familia tiene personas mucho más experimentadas que yo en asuntos comerciales.
—Eso es lo que tenía entendido.
[¡Qué manera tan elegante de decir que nadie esperaba que yo supiera sumar!].
Ella mantuvo la sonrisa.
—Precisamente por eso he procurado preparar una propuesta que pueda resultar beneficiosa para ambas familias.
Enzo pareció interesado.
—Eso espero. ¿Puedo preguntarle qué la ha llevado a interesarse en estos asuntos?
Era una pregunta razonable.
Y una que Catarina había anticipado.
—Mi familia ha prosperado gracias al trabajo de muchas personas. Tenemos viñedos, queserías y negocios comerciales que dependen de una organización adecuada. Creo que ha llegado el momento de estudiar nuevas maneras de proteger nuestras mercancías y mejorar algunos de nuestros procedimientos.
El duque la observó con atención.
—¿Y considera que mi familia podría ayudarla?
—Creo que los Rossi poseen una experiencia que podría resultar muy valiosa para nosotros.
Catarina abrió la carpeta.
—He revisado algunos aspectos de nuestras rutas comerciales y de la organización de las escoltas. No pretendo decir que nuestra forma de trabajar sea inadecuada, pero considero que hay oportunidades para mejorar la coordinación y evaluar nuevas medidas de protección.
Extendió uno de los documentos.
—Mi propuesta inicial consiste en estudiar esas necesidades y determinar si podemos establecer un acuerdo comercial relacionado con el equipamiento y la seguridad de nuestros envíos.
Enzo tomó el documento.
Y comenzó a leer.
Catarina guardó silencio.
Por primera vez desde que había entrado en la habitación, pudo observarlo sin sentir que su cerebro estaba siendo atacado por una colección de pensamientos indecentes.
Por otro lado Autora cuando nos vamos a enterar del chisme completo de Eric 😭😭😭 ya vamos 3 historias q se dan pedacitos pero yo lo quiero completo. Solo por curiosidad literaria 😉 😘