Candelaria Echeverría nunca imaginó que un embarazo que no logra explicar, una familia que le da la espalda y un hombre al que apenas comprende terminarían convirtiendo su vida en un escándalo.
León Salvatierra sabe lo que es estar en la cima y perderlo todo. Lo que no esperaba era terminar casado con una mujer que preferiría verlo arder antes que compartir su apellido.
Ella quiere el divorcio. Él asegura que nunca tuvo una verdadera oportunidad de ser su marido.
Pero el juez tiene otros planes: un año más de matrimonio bajo condiciones que no admiten escapatoria. Una sola habitación, una sola cama y una convivencia real antes de decidir su futuro.
Doce meses para descubrir si están condenados a odiarse o si su matrimonio esconde algo que ninguno se atreve a admitir.
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AMABILIDAD INEXPLICABLE
...CANDELARIA ECHEVERRÍA...
Valeria llegó tan pronto como pudo. Mi madre le abrió la puerta y no supe qué ocurrió entre ellas, pero sé que conversaron de una manera poco agradable.
Mi amiga me abrazó inmediatamente y, sin que tuviera que explicarle lo que me estaba pasando, me ayudó a empacar todo lo que necesitaba llevar conmigo.
--Escúchame, estaremos bien-- me dijo, totalmente convencida
Yo quería confiar en sus palabras, pero ¿cómo podía estar bien sin siquiera poder explicar todo lo que estaba pasando para entenderlo, al menos?
En silencio, había confiado en la posibilidad de que alguien me buscara por haber estado conmigo aquella noche, pero nadie lo hizo.
También había tenido la esperanza de que alguien tuviera un video, una fotografía o cualquier cosa que me relacionara íntimamente con alguien. ¿Cuántas chicas bailaban con alguien y acababan en una habitación? Yo no lo había hecho, pero tal vez esa noche sí y, por algún extraño motivo, lo había olvidado.
Valeria pidió dos taxis. En uno viajamos nosotras junto con varias bolsas de ropa. En el otro llevaron el resto de mis pertenencias y también mi material de estudio.
Ella pasó un brazo por detrás de mis hombros y me mantuvo abrazada durante todo el trayecto hasta su apartamento. Intentaba consolarme mientras yo no sabía qué hacer. No quería sentir que le estaba fallando a mi familia, pero, muy dentro de mí, sentía que lo hacía.
No conseguía explicarme aquel embarazo si solo tenía la certeza de haber perdido la virginidad a los dieciocho años. Nadie más me había tocado ni besado. Nada. Mi vida era demasiado complicada como para involucrar a alguien más a quien no podría dedicarle tiempo.
Cuando llegamos al apartamento, mi amiga me permitió bajar las cosas más livianas.
--Estoy feliz de tenerte aquí-- me dijo mientras me abrazaba, incluso antes de haber cerrado la puerta
Valeria comenzó a llevar mis cosas a la habitación libre sin dejar de sonreír, aunque sabía que lo hacía para no preocuparme.
Después preparó una comida sencilla para las dos y nos sentamos a la mesa. Ella colocó su silla junto a la mía.
--Estaremos bien. Lo digo en serio-- expresó con seguridad
--No quiero ser una carga, Vale-- le dije
Me miró con disgusto.
--¿De qué hablas? No lo eres y nunca lo serás. Estoy feliz de tenerte aquí conmigo y también más tranquila de que hayas salido de la casa de tus padres
Desvié la mirada. ¿Qué podía decirle? Había imaginado que, cuando terminara la carrera universitaria y estuviera trabajando, podría alquilar un pequeño lugar para mí y vivir tranquila. Esa era mi mayor ambición.
Pensaba que tendría una pareja después de establecerme en algún lugar y que, si algún día traía un hijo al mundo, sería dentro de una década como mínimo.
Dormir me costó mucho aquella noche. Incluso me sentí descompuesta por los nervios que había experimentado. La comida me había caído como un ladrillo en el estómago.
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Durante los días siguientes intenté adaptarme a vivir con Valeria, pero no pude dejar de pensar que, aunque ella tenía un corazón enorme y me había abierto las puertas de su casa, yo estaba invadiendo su espacio.
Mi amiga había tenido algunas aventuras sexuales y también novios que le habían durado poco más que un suspiro, en el mejor de los casos, pero ¿cómo podría continuar con su vida privada e íntima teniéndome a mí aquí?
Continué trabajando y estudiando. En los ratos libres limpiaba el apartamento, ordenaba su habitación y preparaba la comida en un intento de sentirme útil.
Vale no me exigía nada. Su única preocupación parecía ser mi bienestar y que estuviera lo suficientemente cómoda viviendo con ella.
Sabía que se estaba esforzando. De verdad me daba cuenta. Incluso se convirtió en la guardiana de mis vitaminas prenatales, asegurándose de que no olvidara ni una sola dosis. Muchas veces, además, preparaba algo ligero para que no las tomara con el estómago vacío.
Ese era el tipo de cuidado que tal vez esperaba recibir en casa de mis padres, pero, desde que me obligaron a irme, ellos no habían enviado ni un mensaje para preguntarme si estaba bien. Y eso me dolía muchísimo.
Valeria no quiso decirme qué había hablado con mi madre y sé que tampoco me lo dirá. Se ha tomado demasiado en serio su deseo de protegerme, incluso emocionalmente.
No sé qué haría sin ella, mucho menos en esta situación.
Pero, claro, yo no tenía conocimiento de todo lo que estaba por ocurrir en mi vida, porque el embarazo solo había sido una pequeña parte de todo lo que se avecinaba.
Tengo claro que Valeria tampoco estaba enterada de nada, porque, de haberlo sabido, me lo habría dicho. Confío plenamente en ella.
En quien jamás confié fue en León, su hermano. No lo había tratado lo suficiente, pero lo poco que sabía de él me desagradaba. Además, su último escándalo me había dejado bien claro que no valía nada como ser humano. Por ese mismo motivo, debía de haber huido a Aurevia. Siempre preferí no hablar con Valeria sobre él porque no quería criticarlo delante de ella sabiendo que la haría sentir mal.
Si León hubiera estado con ella yo hubiese preferido ir a vivir a un albergue para personas sin hogar. No solamente por su forma de ser tan arrogante, sino porque su reputación era cuestionable... y eso sería ser generosa.
Yo no sabía que él planeaba hacer algo que me afectaría directamente. Habría apostado mi vida entera a que su hermana no participaba en un plan que podría salvarlo a él, pero condenarme a mí en el mismo instante.
Lo único que sé es que me desperté temprano por la mañana, me vestí con ropa holgada y fui a la universidad como cualquier otro jueves. Sin embargo, al llegar, sentí que muchas personas me miraban.
Caminé hacia mi clase, pero tres chicas me interceptaron justo antes de llegar para presentarse y felicitarme por mi embarazo.
--Si necesitas algo, puedes avisarnos. Almorzaremos juntas, ¿quieres unirte?-- La que creo que se llamaba Abby me tocó el vientre antes de alejarse
¿La ropa ya no logra disimularlo?, me pregunté mientras miraba hacia abajo, intentando encontrar una respuesta.
Afortunadamente, nadie fue hostil conmigo. Solamente mi familia lo había sido, y eso se sentía como si miles de agujas se me incrustaran en el pecho.
Al salir de la universidad, todavía confundida, fui al restaurante. Allí los cambios fueron más notorios. Una de mis compañeras cambió de lugar conmigo para que yo únicamente atendiera la caja registradora y no las mesas.
Las mujeres que pagaban sus consumiciones, en su mayoría, fueron totalmente amables y cariñosas conmigo al enterarse de mi embarazo. Una de ellas me regaló un dulce, eso fue todavía más extraño.
¿Por qué todos se habían enterado de lo que hasta ayer había sido un secreto? ¿Qué había pasado?
Lo que yo desconocía era que la respuesta a todas mis preguntas cambiaría mi vida para siempre, porque la amabilidad de cada persona fue la consecuencia de algo que ocurrió sin mi consentimiento.
ya sabe la verdad y sigue de necia
y todavía tiene el descaro de culpar a León
espero que ahora que sabe por lo menos una disculpa a un León ya dejó claro que entiende su actitud de ella