NovelToon NovelToon
Mi ex necesita un urólogo

Mi ex necesita un urólogo

Status: En proceso
Genre:Amor tras matrimonio / Doctor / Juego de roles / Triángulo amoroso / Amante arrepentido / Divorcio
Popularitas:587
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Durante tres años, Valeria Rivas cuidó de su esposo mientras él permanecía en coma. Cuando Alejandro Montenegro despertó, ella creyó que por fin llegaría su oportunidad de ser amada. Pero el regreso de su primer amor convirtió esa esperanza en una humillación.
Para él, Valeria era una muchacha del campo que no estaba a su altura. Para sus amigos, la esposa que sobraba.
Hasta que ella le entregó los papeles del divorcio.
El motivo: «Mi esposo no cumple en la cama».
Alejandro fue a exigirle explicaciones. Esperaba encontrar a una mujer suplicando que no la dejara. En cambio, encontró a una Valeria que ya no pensaba bajar la cabeza… y que ocultaba mucho más de lo que él imaginaba.
Ella lo recibió con una sonrisa.
—Señor Montenegro, ¿viene a pedir cita con el urólogo?

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14. Solo fue un accidente

El pequeño rostro de Valeria volvió a la mente de Alejandro. Acababa de besarla. Sus labios habían sido suaves, llenos de fragancia.

Cuando Camila estuvo a punto de alcanzarlo, él giró la cabeza y la evitó.

—¿Por qué te apartas? —protestó ella, sin haber conseguido besarlo.

Alejandro tampoco lo sabía. Camila era la mujer que quería; que dos personas se gustaran y se besaran era normal. A Valeria no la quería. Pero acababa de besarla y todavía le quedaba aquella sensación de hormigueo. Con su obsesión por la limpieza, no podía pasar de una mujer a otra sin más.

Le producía un rechazo físico. Se sentía un poco sucio.

Llamaron a la puerta. La voz de Soto sonó desde afuera.

—Señor, llegó el antídoto.

¿Un antídoto? Camila se quedó perpleja. ¿Ella había tomado aquello y él había mandado a buscar un antídoto?

Alejandro le apartó las manos y se levantó. Furiosa, ella tomó una almohada y se la lanzó a la cara.

—¿Eres un hombre o no?

Se le había ofrecido por completo, incluso se había drogado para animarlo, y él no quería tocarla. La almohada cayó de su rostro a la alfombra. Alejandro la miró sin expresión.

—Descansa.

Y salió a grandes pasos, dejando a Camila consumida por la rabia.

En el despacho, Alejandro se quedó de pie junto al ventanal. Soto entró poco después.

—La señorita Camila ya tomó el antídoto.

—¿Enviaron el de Los Cedros? —preguntó Alejandro sin volverse.

—Mandé a un asistente, pero dice que, cuando entró en el dormitorio, no había nadie. La señora ya se había ido.

Él giró un poco y frunció el ceño.

—¿Adónde fue Valeria?

Ella no sabía que aquel hombre había sido enviado por Alejandro para llevarle el antídoto.

—Alguien pasó a buscarla —respondió Soto.

¿Habían ido a buscarla? Con lo fuerte que era lo que le habían dado, ¿quién se la había llevado? El ceño de Alejandro se acentuó.

—¿Un hombre o una mujer?

—Eso…

—Déjalo. No quiero saberlo.

¿Qué le importaba quién había sido? Valeria no le gustaba y estaban por divorciarse. Que hiciera lo que quisiera.

—Puedes irte.

—Sí, señor.

Soto se retiró. Alejandro quedó solo frente al cristal y se desabrochó unos botones de la camisa. En el reflejo vio su garganta y la pequeña marca de dientes que seguía allí.

Se la había dejado Valeria.

Recordó lo ocurrido poco antes en Los Cedros: ella lanzándose a morderle la nuez y luego acurrucándose contra él como una gatita para besarle la garganta, besarlo por todas partes. Cerró los ojos con fastidio. Desde aquel encuentro en el baño ya había pensado en ella varias veces.

Solo había sido un accidente. El deseo también.

Cuando abrió los ojos, su mirada había recuperado una claridad fría.

A la mañana siguiente, Valeria leía sentada en un sillón de mimbre en el departamento. Dani no paraba de despotricar.

—¿A Alejandro lo pateó un burro en la cabeza? ¡Dejar a su esposa para ir a ocuparse de Camila! Y esa otra… Amantes hay por todas partes, pero drogarse a sí misma para salirse con la suya… ¡Qué miserable!

Estaba verdaderamente furiosa. Cuando había ido a recoger a Valeria la noche anterior, la encontró en el suelo, abrazada a sus rodillas. Al levantar la cabeza, tenía la cara llena de lágrimas. Parecía una gata que su dueño hubiera abandonado, sin un lugar al que volver.

Valeria terminó riéndose. Su amiga llevaba desde la noche anterior insultándolos a los dos. Tenía una energía asombrosa para aquello.

Ella, en realidad, ya había aprendido a recomponerse después de derrumbarse.

Desenvolvió un caramelo de leche y se lo llevó a la boca. La dulzura le suavizó la expresión.

—Descansa un poco, Dani. Si nos hicieron daño, se lo devolveremos.

Dani sabía que Valeria iba a darles una lección. Su amiga era capaz de mucho. Lo que le dolía era verla romperse y tener que reconstruirse cada vez. Cuánto debía de sufrir en ese proceso.

Unos gemidos ahogados llegaron del cuarto de trastos. Valeria dejó el libro y sonrió.

—Vamos. Empezaremos por el doctor Paredes.

El día anterior lo había dejado inconsciente con una sustancia y había pedido que lo llevaran al departamento. Entró con Dani en el cuarto. Paredes tenía las manos y los pies atados, y un trapo en la boca. Al verlas empezó a forcejear, agitado.

Dani le retiró la mordaza.

—¡Te atreviste a drogarme! —la insultó él con el rostro sombrío—. ¿Sabes quién soy? ¡Conozco a C! Hasta tu madre necesita mis favores. ¿Qué te crees, campesina? Deberías agradecer que me fijara en ti. Si supieras lo que te conviene, te acostarías debajo de mí y serías mi juguete.

Dani se arremangó, dispuesta a darle un par de bofetadas, pero Valeria la detuvo. Se colocó frente a él y lo miró desde arriba.

—¿Dices que conoces a C?

Paredes se llenó de orgullo.

—¿Hasta tú has oído hablar de C? Es una eminencia. Una campesina como tú jamás tendrá la oportunidad de conocer a C. Yo soy distinto: ¡yo sí conozco a C!

Valeria alzó una ceja y sonrió, divertida.

—¿Cómo lo pruebas?

—Tengo su número en el teléfono. Puedo marcarlo ahora mismo delante de ti.

—Adelante. Llámala.

Dani lo desató. Él se levantó y sacó el teléfono del bolsillo. El número sí lo tenía: el día en que la doctora había aceptado operar a Camila se había colado en el despacho de la dirección del hospital y lo había visto allí.

—Ahora vas a ver con quién te metiste —anunció con una sonrisa triunfal.

Marcó. La llamada dio tono y fue atendida con calma. Paredes se puso rojo de emoción. Habían contestado. Cambió al instante a una expresión servil.

—C, buenos días. Soy Óscar Paredes, del Hospital San Gabriel. Hace mucho que admiro su trabajo. ¿Me concedería una reunión en persona? Sería un honor.

Una voz agradable respondió:

—Date la vuelta.

¿Darse la vuelta? ¿Qué significaba aquello? Algo no encajaba. La voz parecía venir de detrás de él.

Paredes giró despacio, aferrado al teléfono.

Valeria estaba a su espalda, con el suyo en la mano. Parpadeó con picardía y le dedicó una sonrisa apenas insinuada.

—Felicidades, doctor Paredes. Ahora sí conoces a la doctora C.

Él se quedó inmóvil y aspiró de golpe, incapaz de creer lo que estaba viendo. Valeria llevaba un vestido largo, cuyo borde caía con elegancia sobre sus tobillos finos. Lo observaba con interés divertido, como a un payaso que no hubiera dejado de hacer el ridículo frente a ella.

Las piernas le fallaron. Cayó de rodillas a sus pies.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play