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No Renací... Desperté.

No Renací... Desperté.

Status: En proceso
Genre:Mujer poderosa / Traiciones y engaños / Juego de roles
Popularitas:4.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Crystal Suárez

Me habría encantado renacer, como les ocurre a las protagonistas de esas novelas románticas que tanto me gusta leer. Despertar años atrás, evitar mis errores y no entregar mi corazón al hombre que terminaría destruyéndolo.

Pero la vida real no concede segundas oportunidades de esa forma.

Yo tuve que abrir los ojos por mí misma, enfrentar la verdad y comprender que marcharme no era perder... era salvarme.

Lucan Rivas creyó que sin él no era nadie, se equivocó. Porque no necesité volver al pasado para cambiar mi destino; solo necesité el valor de dejar atrás a quien nunca supo valorarme. Y mientras él descubría todo lo que había perdido, yo aprendía que la mejor versión de mí jamás había dependido de un esposo, sino de la mujer que siempre fui.

NovelToon tiene autorización de Crystal Suárez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 20

Estaba revisando unos informes cuando escuché unos pasos acercándose por el pasillo. No levanté la cabeza inmediatamente; continué leyendo, intentando concentrarme en las cifras que tenía delante, hasta que una sombra se detuvo frente a la puerta de mi oficina. Alcé la mirada y me encontré con Eiden. No dijo nada al principio. Simplemente permaneció allí, con una carpeta bajo el brazo, observándome durante unos segundos con aquella expresión tranquila que últimamente había comenzado a resultarme demasiado familiar.

—¿Necesitas algo? —pregunté.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

—El director solicitó los informes de la última reunión.

—Podrías habérselos enviado directamente.

—Podría.

Lo miré con una ceja ligeramente levantada.

—Entonces, ¿por qué viniste?

Su sonrisa se hizo un poco más evidente.

—Porque estaba pasando por aquí.

Solté una pequeña risa.

—Tu oficina está a mano derecha y la oficina de él, está por el pasillo de la derecha.

—Precisamente. Estaba pasando por aquí.

Negué con la cabeza, intentando ocultar la sonrisa que comenzaba a aparecer en mi rostro.

—Eres terrible inventando excusas.

—Nunca dije que fueran buenas.

Tomó los documentos que descansaban sobre mi escritorio y se marchó con la misma tranquilidad con la que había aparecido. Lo seguí con la mirada hasta que desapareció por la puerta y, solo entonces, me di cuenta de algo que me sorprendió más de lo que debería: había sonreído. Sin pensarlo. Sin obligarme. Simplemente porque él había aparecido.

Bajé la mirada hacia los documentos que tenía delante, pero ya no conseguía leerlos con la misma concentración. Aquello estaba empezando a suceder demasiado seguido. Una mirada durante una reunión, una sonrisa cuando nos cruzábamos en el pasillo, su voz llamándome desde el otro lado de la oficina, mi padre mencionando su nombre durante la cena o una taza de café que aparecía junto a mi computadora porque, según él, "había preparado demasiado". Eran pequeños detalles, cosas que por separado no significaban absolutamente nada y que cualquier otra persona probablemente ni siquiera habría considerado importantes. Sin embargo, cada uno de ellos conseguía provocarme una sensación extraña en el pecho. No era dolor. Era algo mucho más cálido. Algo que me hacía sentir bien y que, precisamente por eso, comenzaba a darme miedo nombrar.

Aquella tarde regresé a casa antes de lo habitual. Encontré a papá en la sala conversando con Eiden. Ambos tenían varios documentos sobre la mesa y parecían estar discutiendo acerca de uno de los nuevos proyectos de la empresa. Papá levantó la mirada apenas me vio entrar y sonrió.

—Ahí está mi hija. Ven, necesito tu opinión.

Me acerqué a ellos mientras Eiden levantaba la vista. Nuestros ojos se encontraron durante unos segundos y sentí aquella pequeña corriente que últimamente aparecía cada vez que él me miraba de aquella manera. Aparté la mirada primero, fingiendo concentrarme en los documentos que mi padre había extendido sobre la mesa.

—¿Sobre qué?

Papá comenzó a explicarme los detalles del proyecto mientras yo intentaba prestarle atención. Lo intentaba, de verdad, pero podía sentir la presencia de Eiden al otro lado de la mesa. En algún momento levanté nuevamente la vista y descubrí que él ya me estaba mirando. Nuestros ojos volvieron a encontrarse y, esta vez, ninguno de los dos apartó la mirada inmediatamente. Sentí un cosquilleo recorrerme el estómago y tuve que ser yo quien rompiera aquel extraño momento.

—Creo que deberíamos cambiar esa parte del contrato.

Papá me observó.

—¿Qué parte?

Parpadeé.

—La... parte del contrato.

Mi padre soltó una carcajada.

—Eso ya lo entendí. ¿Cuál?

Miré rápidamente los documentos.

—La segunda cláusula.

Papá volvió a reír.

—¿Estás segura?

—Completamente.

Eiden bajó la cabeza para ocultar una sonrisa. Lo miré de reojo.

—¿Qué?

—Nada.

—Te estás riendo.

—No.

—Sí.

—Solo estoy de acuerdo contigo.

—Eso es diferente.

—Exactamente.

Papá nos observó durante unos segundos con una expresión demasiado divertida.

—Creo que estoy empezando a sobrar aquí.

—Papá...

—No dije nada.

Eiden soltó una pequeña risa y yo negué con la cabeza, aunque tampoco pude evitar sonreír. Mi padre podía ser insoportable cuando quería, pero conocía demasiado bien a su hija como para no darse cuenta de ciertas cosas.

Más tarde, cuando Karol llegó a casa, supe inmediatamente que no iba a poder esconderle nada. Ella me conocía demasiado bien. Estábamos sentadas en mi habitación, cada una con una taza de café entre las manos, cuando dejó la suya sobre la mesa y me miró fijamente con esa expresión que utilizaba cada vez que estaba a punto de hacer una pregunta incómoda.

—Ahora sí.

Fruncí el ceño.

—¿Ahora sí qué?

—Vas a contarme qué está pasando.

—No pasa nada.

Karol soltó una carcajada.

—Naelia, por favor.

—¿Qué?

—Llevo diez minutos escuchándote hablar de cualquier cosa excepto de lo que realmente quieres contarme.

Bajé la mirada hacia mi taza.

—No sé de qué hablas.

—Eiden.

Mi corazón dio un pequeño salto al escuchar su nombre. Karol sonrió inmediatamente, satisfecha consigo misma.

—Sabía que era eso.

Suspiré y dejé la taza sobre la mesita.

—No sé qué me está pasando.

Ella se acomodó mejor sobre la cama.

—Entonces cuéntamelo.

Y lo hice. Le conté sobre las miradas, sobre nuestras conversaciones, sobre aquellas noches en el columpio, sobre el beso y sobre lo diferente que se sentía estar junto a él. No omití nada. Le expliqué que no entendía en qué momento aquella amistad había comenzado a transformarse en algo que me hacía esperar con ilusión cada encuentro, ni cuándo había empezado a buscarlo con la mirada incluso cuando no tenía ninguna razón para hacerlo. Cuando terminé, Karol permaneció en silencio durante unos segundos, observándome con una mezcla de ternura y comprensión.

—¿Lo quieres?

La pregunta me dejó inmóvil.

—No lo sé.

—Eso no fue un no.

Sonreí ligeramente.

—Karol...

—Está bien, está bien. Continúa.

Respiré profundamente.

—Creo que estoy empezando a sentir algo.

—¿Algo?

—Sí, algo.

Ella levantó una ceja.

—Eso sigue sonando bastante sospechoso.

Solté una pequeña risa antes de negar con la cabeza.

—Creo que me gusta. Mucho. Me gusta estar con él, me gusta escucharlo hablar, me gusta cómo me mira y me gusta la forma en que me trata. Pero, sobre todo, me gusta cómo me siento cuando estoy a su lado. No tengo que fingir que estoy bien. No tengo que esconder lo que siento. Y cuando estamos juntos... no pienso en Lucan.

La sonrisa de Karol se volvió más suave.

—Eso es importante.

—Pero han pasado poco más de dos meses.

—¿Y?

—¿No es demasiado pronto?

Karol negó lentamente.

—Naelia, sanar no tiene calendario.—La miré en silencio y ella continuo hablando—No tienes que esperar seis meses, un año o cinco años para permitirte sentir algo por alguien. No existe una cantidad de tiempo correcta para eso. Cada persona sana de una manera diferente.

—Pero tengo miedo.

—Eso sí lo entiendo.

Karol tomó mi mano y entrelazó suavemente sus dedos con los míos.

—Tienes miedo de volver a equivocarte.

Asentí.

—Exactamente.

—Entonces no te apresures. Nadie te está diciendo que tengas que casarte mañana con Eiden. Solo permítete conocerlo. Permítete descubrir quién es cuando lo conozcas más allá de lo que ya sabes. Y, si con el tiempo sigues sintiendo lo mismo, permítete quererlo. No tienes que decidir ahora cómo terminará todo.

Bajé la mirada hacia nuestras manos.

—No quiero utilizarlo.

—No lo estás haciendo.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

—Porque si estuvieras intentando utilizarlo para olvidar a Lucan, seguirías hablando de Lucan cada vez que estuvieras con Eiden. Intentarías convertirlo en una distracción. Pero no haces eso.

Levanté lentamente la mirada.

—Cuando estoy con él... siento que estoy empezando otra vez.

Karol sonrió.

—Entonces empieza.

Sus palabras quedaron flotando en mi cabeza.

Empezar.

Quizá eso era exactamente lo que estaba haciendo. Durante mucho tiempo había pensado que enamorarse significaba encontrar a una persona perfecta, alguien capaz de hacer que todo encajara y que jamás pudiera herirte. Después de mi matrimonio había dejado de creer en esa idea. Ahora comenzaba a comprender que quizá los sentimientos podían aparecer de formas mucho más simples. Podías comenzar a sentir algo por unos ojos que aprendías a buscar entre una multitud, por una sonrisa que conseguía cambiarte el ánimo, por una voz que terminabas reconociendo incluso entre muchas otras, por una mano que se extendía hacia ti cuando más lo necesitabas o, incluso, por la tranquilidad que alguien conseguía despertar en ti sin pedir absolutamente nada a cambio.

Pero querer a alguien era diferente.

Querer significaba elegir. Era conocer sus defectos, descubrir sus inseguridades, entender que no existía ninguna persona perfecta y, aun así, decidir que valía la pena quedarse. Era confiar poco a poco, sin entregar todo de golpe. Era construir algo sin dejar de ser tú misma.

Y quizá, solo quizá, una parte de mí estaba empezando a querer a Eiden.

—Tienes razón —dije finalmente.

Karol sonrió.

—¿En qué?

—Voy a darme una oportunidad.

—Eso quería escuchar.

—Pero quiero hacerlo despacio.

—Perfecto.

Sonreí.

—Y quiero dejar de mirar hacia atrás.

Karol apretó suavemente mi mano.

—Entonces hazlo.

Respiré profundamente. Por primera vez, decirlo no me produjo miedo.

—Quiero ser feliz, Karol.

Ella sonrió con ternura.

—Entonces empieza por permitirte serlo.

...----------------...

Aquella noche, cuando salí al jardín, encontré a Eiden sentado junto a mi padre en la terraza. Hablaban de negocios y sobre la mesa había varios documentos abiertos, pero en cuanto Eiden levantó la mirada y nuestros ojos se encontraron, algo dentro de mí volvió a estremecerse. Sonreí sin pensarlo y él hizo lo mismo. No hubo necesidad de decir nada. Aquella pequeña sonrisa compartida fue suficiente para hacerme recordar todo lo que había hablado con Karol aquella tarde.

Mientras caminaba hacia ellos, comprendí que quizá el pasado no necesitaba desaparecer para que yo pudiera avanzar. No tenía que borrar a Lucan de mis recuerdos ni fingir que aquellos cinco años nunca habían existido. Tampoco tenía que olvidar el dolor para demostrar que había sanado. Solo necesitaba dejar de sostenerlo entre mis manos, dejar de permitir que lo ocurrido definiera quién era y, finalmente, aceptar que mi vida todavía podía ser algo más que aquello que había terminado.

Y, por primera vez desde que Lucan se marchó de mi vida, sentí que estaba verdaderamente preparada para soltarlo, no para olvidar, no para fingir que nunca había dolido, simplemente para dejar de llevarlo conmigo.

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Isidra Marta Sánchez Ortiz
Que cruel
Estrella Reyes Reyes
👏👏👏Gran capitulo,me facino la actitud de ella,firmesa,dignidad,orgullo,ellos tenian que sentir verguenza,y esa cucaracha,tan orgullosa y era la amante👏👏👏
Flickr Mary Soly
Más capítulos
Myriam Hernandez
Excelente
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Espero este sea nuestro próximo ser amado y protagonista, me está encantando para ella!! 😍
Flickr Mary Soly
👏Estoy esperando más cañ. Muy bonito esta para leer
🌺🌵 Monny 🌵🌺
No te creo!! Si lo sintieras no la habrías lastimado 🤬
🌺🌵 Monny 🌵🌺
Ayyy la amoooo!!! Así deberían ser muchas mujeres, salir con muchísima dignidad, si duele muchísimo, pero ante todo mucho amor propio y dignidad 👏🏻👏🏻👏🏻
Flickr Mary Soly
Más capítulos por que escriben bonito y luego no lo terminan
Crystal Suárez: Apenas empecé a publicarla ayer 😅 por eso solo tiene 8 capitulos, no te preocupes, la voy a terminar
total 1 replies
💖 la niña de tus ojos💖
bastante cruda pero por desgracia asi es la realidad cuando la costumbre se aloja en tu hogar todo cambia así que hay que sacarla a escobazos
😅😅😅😅😅
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