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EN BUSCA DE LO OCULTO: "Tiempo Prestado".

EN BUSCA DE LO OCULTO: "Tiempo Prestado".

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Aventura / Traiciones y engaños
Popularitas:87
Nilai: 5
nombre de autor: Feng Liang

Cristani por fin tenía una vida normal. O eso creía. Hasta que se dio cuenta de que el poder en su cuerpo empezaba destruirla por dentro.
Al mismo tiempo que los problemas volvieron con sus amigos. Primero fue esa espada. La querían para mantener bajo control a Cristani.
Luego supieron del ser que entró a su mundo, un peligro para su plano. Debían eliminarlo.
Entonces llegó Carl Rowen. Decía conocerla y que podía ayudarla a contener esa energía ancestral.
Y la búsqueda comenzó.
Después, Cristani supo que todas las vidas que trataban de recordarle, no eran suyas. Sino de un fragmento más. Uno que vivía en otro plano.
Y un encuentro con una mujer le hizo darse cuenta que sin ese fragmento podría morir.
Pero eso implicaba que Carl pudiera encontrarse con quien deseaba.
La decisión era suya.
Elegir su vida o elegir la felicidad de Carl.
¿Vivir para verlo desaparecer o morir para verlo encontrarse con ella?
¿Ser el monstruo que tanto temía o ser la heroína que Carl necesitaba?

NovelToon tiene autorización de Feng Liang para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: El verdadero atacante y una discusión.

Contuve la respiración por esos largos segundos en los cuales me observó y yo tampoco aparté la mirada de la suya.

— Tiempo sin verte. Anthony James—exclamé en un tono casi frío, rompiendo la tensión del ambiente o quizás haciéndolo más pesado que antes.

— Así es —respondió caminando en mi dirección lentamente, sus ojos analizando cada gesto mío y antes de que pudiera llegar a mi silla.

Sophia se movió con rapidezsujetándolee el brazo en el proceso.

— ¿Qué sucede aquí? —Preguntó enfocándose primero en Anthony luego en mí, buscando respuestas.

— ¿Qué sucede de qué? Estamos reunidos todos y eso es lo que importa —interviene Melanie con esa actitud distraída suya sin saber sobre la hostilidad que había o tal vez intentando romperla.

— Melanie tiene razón —asentí finalmente, relajando mis músculos tensos, la mencionada sonrío y corrió hacia mí.

Me abrazó del brazo como siempre, mientras me levantaba de mi asiento.

— Bajemos a probar los bocadillos que preparó mi mamá.

— Necesito hablar con Cristani primero.

El brazo de Anthony corta nuestro andar.

La castaña me miró con una sonrisa antes de asentir.

— No tarden, los esperamos abajo —dijo Sophia después de una pequeña discusión con Anthony sobre la innecesidad de hablar en privado.

Volví sobre mis pasos y tomé asiento, cruzándome de piernas.

Los demás abandonaron la habitación sin antes cerrar la puerta para darnos más privacidad, Melanie rió detrás de la puerta como si supiera de que se trataba esa conversación.

Luego los pasos parecieron descender al primer piso.

Los segundos empezaron a pasar sin ninguno querer decir algo más, mis ojos desinteresados se enfocaron en la pared de la habitación esperando a que él empezará a explicarse.

— ¿No piensas hablar? —Pregunté después de esos tortuosos segundos.

— ¿No ibas a matarme? —Replicó recargándose contra la pared cerca de la ventana.

— ¿Por qué lo haría? No es como si hubieras hecho algo malo. Además ahora soy una persona de paz, no atacaré a nadie sin razón —respondí con un toque de sarcasmo escapando en mi voz.

Sus ojos nuevamente se enfocaron en mi persona ahora con más frialdad que antes, como si hubiera dicho algo que no debería.

— ¿De qué querías hablar conmigo? —Volví a cuestionarlo, esta vez devolviéndole la mirada.

— Nada serio —responde y en segundos, con la agilidad de una sombra ya estaba frente a mí apuntándome con la misma daga que intentó asesinarme en la mañana.

Los focos explotaron y la habitación se sumió en la oscuridad, la poca luz de la luna que entraba por la ventana abierta creaba sombras dentro.

— ¿Puedo saber que clase de entrenamiento es este? —Pregunté mirando el filo y la luz que la atravesaba dándole ese toque más amenazador.

— ¿No sabes quién fue la persona que te atacó hoy en la mañana? —Preguntó.

— ¿Debería? —Repliqué ingenuamente.

Y él soltó una leve risa nasal deslizando el frío metal a mi cuello donde lo dejó reposar.

— Te has vuelto más tonta últimamente, ¿Sabes?

— Esa no es la respuesta.

— Fui yo, yo intenté matarte —dijo mirándome a los ojos.

Sonreí, una sonrisa de lado.

Esperaba que lo negara pero olvidé que era demasiado directo con todo lo que hacía.

— Entonces, ¿Vas a hacerlo? —Lo miré de vuelta.

Apretó la daga y la piel de mi cuello comenzó a desgarrarse poco a poco, la sangre no tardó en aparecer, mis ojos escanearon su rostro buscando algún tipo de vacilación, pero no había nada ahí, más que una mirada distante como si nunca hubiéramos sido amigos alguna vez.

— ¿Por qué? —Lo interrogué mientras bajaba la cabeza enfocando la mirada hacia el piso, la sangre se sintió tibia al contacto de la piel.

Mis instintos humanos se alertaron, mi cerebro envió la señal de gritar y pedir ayuda; sin embargo, solo guardé silencio sintiendo el inicio del dolor punzante que atravesaba mi cuerpo.

— Veo que ya te recuperaste de ese último ataque —mencioné levantando lentamente la cabeza hacia arriba después de no recibir respuesta.

Los segundos parecieron eternos, una lágrima solitaria resbaló por mi mejilla y luego mis ojos se llenaron de más que amenazaban en salir en cualquier momento.

Sus dedos por primera vez temblaron bajo el metal y esquivó la mirada.

Sonreí, una pequeña sonrisa apenas perceptible, al verlo ser forzado soltar esa daga.

Los ojos se llenaron de terror al mirarme nuevamente, al mismo tiempo que su cuerpo era lanzado contra la pared con un golpe sordo, el arma quedó suspendida en el aire.

— Me obligas a hacer muchas cosas, ¿Sabes?

Un suspiro escapó de mis labios mientras observaba mi sangre gotear de la daga y caer al piso con un "plinck" agudo, manchándolo del líquido.

Me toqué lentamente la herida que empezó a curarse en segundos, dejando solo el rastro seco de la sangre que una vez salió.

El cuerpo de Anthony quedó adherido a la pared sin poder separarse, aunque forzara.

— N-no confío en t-tí —murmuró apenas, apretando los dientes.

Solté una leve risa ante su sinceridad.

— Es decir, nunca lo hiciste.

Ahora él fue el que rio, una risa sin vida. Como si hubiera pasado años engañando a una tonta, fingiendo ser amigos, ser cercanos solo para después intentar destruirla.

— ¿Crees que mentí cuando dije que quería vivir una vida normal? —Pregunté mirándolo a los ojos.

Su cuerpo tembló cuando la pared se rompió y una parte le atravesó el estómago.

Me miró con furia pura mientras intentaba contener un grito.

— Sí, nunca creíste una sola palabra mía.

Las lágrimas se deslizaron por mis mejillas sin control, a pesar de que intentaba contenerlas, y antes de caer al suelo quedaron en el aire.

La sangre empezó a llenar el suéter que Anthony cargaba creando un círculo alrededor de la astilla sobresaliente de su estómago.

— Odio que las cosas terminen así, pero tampoco puedo permitir que interfieras en mi vida —evité mirar su cuerpo retorciéndose bajo mi poder.

Con el leve rozor de la brisa que entró por la ventana las gotas de lágrimas se petrificaron transformándose en pequeñas agujas brillantes ante la tenue luz de la luna.

— Me queda poco tiempo, ¿Sabes? Y no quiero vivir entre peleas mientras los días pasan y mi vida se acorta.

Las agujas volaron y se incrustaron a ambos brazos y piernas suyas sacándole un quejido de dolor.

— N-no puedes matarme... n-no te atreverías —intentó sonar seguro mientras su sonrisa crecía observándome, como si estuviera retándome a intentar asesinarlo.

— ¿Crees que no me atrevo? —Me levanté de la silla con lentitud, mis ojos apreciaron la daga aún en el aire—. Eres demasiado ingenuo, Anthony. Solo es un personaje más.

Empuñé el arma y la observé detenidamente mientras mis dedos se dezlizaban por la sangre ya seca sobre él.

— Un arma hecha para eliminar demonios, ¿Me tomaste por un simple demonio?

Una risa llena de sarcasmo se oyó, la daga volvió a elevarse entre mis dedos ahora con la sangre seca brillando como un sello mágico sobre el metal.

— No quiero escuchar tus últimas palabras, pero espero que te encuentres con tu familia en la otra vida —finalicé y la daga voló en dirección al pelinegro.

Y entonces...

La puerta se abrió de golpe.

Sophia entró colocándose frente a mí.

Me inmovilizó con un una cuerda con varios sellos que me impidieron romperla cuando intenté forzar.

William junto a Henry corrieron a socorrer al chico, desviando la daga con su propia energía espiritual.

— ¿Qué estabas pensando, Cristani? Estamos en la casa de Melanie, ¿cómo puedes hacer algo así? —Preguntó Sophia con un tono irritado y el ceño fruncido, claro ejemplo de su molestia.

— ¿Así que lo defiendes? —la miré con reproche.

— No se trata de eso, se trata de las personas bajo este techo y también... Anthony...—su voz bajó a casi un murmullo cuando mencionó ese nombre.

— Lo sabían, ¿Cierto? —La enfrenté aun sin poder moverme.

Los dos chicos que ayudaban a Anthony levantaron la cabeza para mirarme y luego a Sophia, la cual intentaba mantener la calma.

— ¿Esperaban que la que muriera fuera yo? —Cuestioné.

El silencio se adueñó de la habitación.

Las nubes se dispersaron y la luna iluminó la habitación dejando ver los cuatro rostros de los presentes frente a mí.

William y Henry contuvieron la respiración, Sophia en cambio llenó sus pulmones de aire como si se estuviera preparando para dar una declaración de vida o muerte.

Y eso bastó para darme cuenta de algo: no estaban ahí por Melanie, estaban ahí por mí ¿para eliminarme?

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