Todo comienza con una amistad entre un chico y una chica que son mejores amigos. Ella guarda un secreto: está profundamente enamorada de él, pero él tiene novia. Cada vez que habla de ella, la chica siente celos, aunque intenta disimularlos para no perder su amistad. Él asegura amar a su novia y jamás imagina lo que ocurre en el corazón de su mejor amiga. Sin embargo, pasan cuatro años y sus sentimientos comienzan a cambiar. Poco a poco, descubre que siente algo especial por ella. Cuando finalmente comprende que está enamorado de su mejor amiga, quizá sea demasiado tarde.
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Capítulo 5 La llamada que terminó en miedo
Después de haber hablado con Dailyn en el parque, regresé a mi casa pensando que al menos había logrado desahogarme un poquito. Ella me había escuchado con paciencia y me había dado un consejo que necesitaba.
Yo quería arreglar las cosas con Valeria.
Así que, después de un rato, decidí escribirle.
Yo:
¿Podemos hablar?
No alcanzaron a pasar ni cinco minutos cuando mi celular comenzó a sonar.
Era Valeria.
Respiré profundo y contesté.
—¿Aló?
—¿Dónde estabas? —preguntó de una.
—En mi casa.
—No te estoy preguntando dónde estás ahora, Steven. Te estoy preguntando dónde estabas hace un rato.
Me quedé callado.
—Con Dailyn.
—¡Exactamente! —respondió molesta—. ¿Por qué saliste con ella?
—Porque necesitaba hablar con alguien.
—¿Y por qué tenía que ser ella?
—Porque es mi mejor amiga.
—¡Siempre la misma respuesta!
—Porque es la verdad, Valeria.
—¿Y yo qué soy entonces?
—Mi novia.
—Pues hoy no parece.
—Ya te expliqué que estaba mal por nuestra pelea.
—¿Y por eso corriste donde Dailyn?
—No corrí donde nadie. Le pedí que saliéramos porque necesitaba un consejo.
—¿Un consejo sobre mí?
—Sí.
—¡Eso es lo que más me molesta!
—¿Por qué?
—Porque ahora resulta que otra mujer sabe todos nuestros problemas.
—Dailyn no es "otra mujer". Es mi mejor amiga.
—Para vos todo es Dailyn.
—No digás eso.
—¿Entonces qué querés que diga?
—Que entendás que no pasó nada.
—Yo no estoy diciendo que haya pasado algo.
—Entonces dejá de reclamarme.
—¡No me digás qué tengo que hacer!
Suspiré.
—Valeria, calmate.
—¿Que me calme? Hoy era nuestro aniversario y vos lo olvidaste.
—Ya te pedí perdón.
—Y después te fuiste con ella.
—Porque vos no querías hablar conmigo.
—¡Porque estaba dolida!
—¡Y yo también estaba dolido!
—¡Pero yo soy tu novia!
—¡Y Dailyn es mi mejor amiga!
Hubo unos segundos de silencio.
Los dos estábamos respirando fuerte.
—Siempre la vas a defender —dijo ella.
—Porque no está haciendo nada malo.
—¿Y yo sí?
—No estoy diciendo eso.
—Entonces decime qué estoy haciendo.
—Estás buscando una pelea donde no la hay.
—¡Porque no me entendés!
—¡Y vos tampoco me entendés a mí!
La conversación se volvió cada vez más fuerte.
Yo estaba sentado en mi cama, apretando el celular contra la oreja.
—Valeria, yo no hice nada malo al hablar con mi mejor amiga.
—Para mí sí estuvo mal.
—¿Entonces qué querías que hiciera?
—¡Que me buscaras!
—¡Te busqué!
—¡Después!
—¡Porque no sabía qué hacer!
—¡Pues podías esperarme!
—¡No puedo adivinar lo que querés!
—¡Y yo tampoco puedo adivinar lo que sentís!
Me quedé callado.
—¿Ves? —dijo ella—. Ese es el problema.
—¿Cuál?
—Que siento que ya no sé qué lugar tengo en tu vida.
—Vos sos importante para mí.
—No parece.
—Te estoy diciendo que sí.
—Pero tus acciones dicen otra cosa.
—Valeria…
—No.
—Escuchame.
—No quiero.
—Por favor.
—Siempre terminamos hablando de Dailyn.
—Porque vos sacás el tema.
—¡Porque ella está en medio de todo!
—¡Ella no está en medio de nada!
—¡Para vos!
—¡Porque es la verdad!
—¡Pues yo ya no sé qué pensar!
Me quedé en silencio unos segundos.
Estaba cansado de discutir.
—Mirá, Valeria, si no confiás en mí, no sé qué más puedo hacer.
—Yo sí confiaba en vos.
—¿Y ahora?
—Ahora no sé.
—Pues yo no puedo obligarte.
—Exactamente.
Respiré profundo.
—Entonces no sé qué decirte.
—Nada.
—¿Nada?
—Nada, Steven.
—Bueno.
—Bueno.
Pensé que ahí iba a terminar la llamada.
Pero justo cuando iba a despedirme, escuché algo extraño al otro lado.
Su respiración cambió.
—¿Valeria?
No respondió.
—¿Amor?
Escuché una respiración entrecortada.
—¿Princesa?
Nada.
Me incorporé inmediatamente de la cama.
—Valeria, ¿qué pasa?
Su respiración sonaba cada vez más agitada.
—Amor, hablame.
No contestaba.
—¡Valeria!
Sentí que el corazón se me aceleró.
Toda la rabia que tenía desapareció de golpe.
—Princesa, por favor, hablame.
Escuché otra respiración fuerte.
—Amor, ¿qué te pasa?
Me levanté de la cama.
—Valeria, no me asustés. Decime qué está pasando.
No sabía qué hacer.
Un segundo antes estábamos discutiendo.
Ahora lo único que quería era saber que ella estaba bien.
—Amor, por favor… respondeme.
Y por primera vez durante aquel día, ya no pensé en nuestra pelea, ni en el aniversario, ni siquiera en Dailyn.
Solo podía pensar en una cosa:
Valeria no estaba bien.
Y yo necesitaba saber qué le estaba pasando.