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EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Madre soltera
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Samanta Ruiz es la fría CEO de un imperio de papelería Kawaii. Conduce un Lamborghini y tiene todo bajo control, excepto su amor. Por su cumpleaños, sus amigas le regalan un viaje VIP al Caribe, pero un error de reserva la obliga a compartir apartamento con Samuel Vargas, un imponente y jovial magnate de la logística internacional. Tras quince días de piques y tensión, la última noche estalla en una pasión inolvidable. Se despiden en el aeropuerto como adultos realistas: la distancia hace imposible su amor.
Pero un virus estomacal anula la píldora de Samanta. El diagnóstico es brutal: embarazada de mellizos. Orgullosa, decide criarlos sola y en secreto.
Tres años después, Samuel irrumpe en su sala de juntas para negociar una alianza millonaria. Él no la ha olvidado, pero ignora que tiene una parejita de herederos. Con la ayuda de Carlos, su metódico hermano y abogado, Samanta intentará blindar su nido. Pero Samuel es un tiburón implacable que no parará hasta recuperar a su mujer.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 19. TARROS DE CRISTAL Y MUDANZAS

El domingo amaneció soleado y la nueva casa con jardín de Samanta era un hervidero de actividad. Embarazada ya de ocho meses, con una barriga imponente que le obligaba a caminar despacio, la CEO de Kawaii World dirigía las operaciones como si estuviera en la sala de juntas de su fábrica. No iba a dejar nada al azar. Su mente controladora exigía que todo el nido estuviera perfecto antes de ingresar en el hospital.

Para lograrlo, había convocado a todo su ejército de leales: sus padres, su hermano Carlos, su hermana Sofía, y sus amigas Rosa y Vanesa acompañadas por sus respectivos maridos, Víctor y Rafa.

Había sido un día duro de trabajo en equipo. Los hombres, coordinados por Carlos, se habían pasado horas montando los muebles y pintando detalles. La planificación de Samanta era impecable a largo plazo: habían dejado ya listas y decoradas las dos habitaciones individuales para cuando los mellizos crecieran (una con motivos de nubes y la otra de estrellitas). Sin embargo, mientras fueran bebés, dormirían juntos, por lo que la habitación principal de los niños albergaba dos cunas preciosas de madera clara a juego con cambiadores de estética cuqui. Las mujeres se encargaron de lavar, planchar y ordenar la ropita azul y rosa en los cajones por tamaños y semanas.

A última hora de la tarde, el Lamborghini Urus lila satinado descansaba en el garaje familiar y la casa estaba por fin impecable. Agotados pero satisfechos, todos se sentaron alrededor de la gran mesa del comedor para disfrutar de una merecida cena que el padre de Samanta había encargado.

—Bueno, hermana —dijo Carlos, frotándose los hombros cansados mientras devoraba un trozo de empanada—. Las cunas están firmes, los armarios montados y las habitaciones individuales listas para los próximos diez años. Creo que has superado tu propio récord de previsión.

—Falta lo más importante —intervino Sofía, apoyando los codos en la mesa con misterio—. La casa está preciosa, el coche familiar en el garaje, pero... esos niños van a nacer en cuatro semanas y todavía los llamas "el bollito azul" y "el bollito rosa". ¡Necesitan nombres reales, Samanta!

Samanta soltó una carcajada limpia y se recostó en su silla, acariciando su abultada tripa. Con un brillo cómplice en los ojos, sacó de una bolsa dos tarros de cristal vacíos de la cocina y un fajo de papeles cortados junto a varios bolígrafos de colores pastel. Colocó un tarro frente a Rosa y otro frente a Vanesa.

—Como bien sabéis, me cuesta mucho tomar decisiones que no estén basadas en un balance de pros y contras —admitió Samanta con una sonrisa—. Pero para esto, he decidido dejarle un poco de espacio al azar y a la gente que más quiero. He preparado estos dos tarros. El de la derecha tiene una pegatina azul y el de la izquierda una rosa. Quiero que cada uno de vosotros escriba su nombre favorito de niño y su nombre favorito de niña en los papeles. Los doblaremos, los meteremos en sus respectivos tarros y yo sacaré uno de cada uno. Los que salgan, serán los nombres definitivos de mis hijos.

—¡Me parece una idea genial! —exclamó Rosa, agarrando un bolígrafo azul al instante.

Durante los siguientes quince minutos, el comedor se llenó de risas, discusiones divertidas y trasiegos de papelitos. Víctor y Rafa intentaban convencer a sus esposas de poner nombres de futbolistas, mientras que Sofía y su madre buscaban opciones más poéticas y elegantes. Uno a uno, los papeles doblados fueron cayendo dentro de los botes de cristal.

Cuando terminaron, Samanta tomó los dos tarros y los agitó bien, haciendo que los papeles bailaran en su interior. El silencio de la expectación inundó la mesa.

—Empezamos por el niño —anunció Samanta, metiendo los dedos en el tarro de la pegatina azul. Removió el fondo, atrapó un papelito doblado en cuatro y lo extrajo despacio. Lo desdobló ante la mirada atenta de su familia y leyó en voz alta con una sonrisa radiante—: Samuel.

Un momento de tensión flotó en el aire para las amigas y los hermanos que conocían el secreto, pero la madre de Samanta aplaudió enseguida, rompiendo el hielo.

—¡Samuel! Qué nombre tan precioso, varonil y con fuerza —aprobó su madre, sin sospechar que pertenecía al CEO de las islas. Samanta sintió un vuelco en el corazón, pero le pareció un guiño del destino maravilloso. Su hijo llevaría el nombre de su padre.

—Ahora vamos con la niña —dijo Samanta, conteniendo el aliento mientras metía la mano en el tarro de la pegatina rosa. Sacó el papel, lo desdobló con cuidado y sus ojos brillaron de emoción—. Sofía.

—¡Siiiií! —chilló su hermana pequeña, saltando de la silla y corriendo a abrazar a Samanta por el cuello con lágrimas en los ojos—. ¡Ha salido el mío! ¡Se va a llamar como su tía favorita!

El comedor estalló en aplausos, risas y felicitaciones. La cena terminó entre abrazos, brindis con agua y bromas sobre los futuros Samuel y Sofía. Samanta se sentía feliz, arropada y completamente en paz. Todo estaba bajo control: la casa con jardín perfecta, el Lamborghini familiar listo, las cunas montadas y sus hijos ya tenían nombre. Formaban un equipo invencible. El secreto del embarazo estaba blindado a cientos de kilómetros de distancia por el silencio de las vacaciones y el escudo de su familia. Samuel Vargas continuaría con sus negocios en su ciudad, ajeno a que un pequeño Samuel estaba a punto de nacer en la otra punta del mapa. La CEO de Kawaii World se fue a dormir esa noche convencida de que su plan vital era perfecto, sin saber que el juego de los nombres era solo el primer paso de un destino que ya había empezado a recortar el tiempo de la distancia.

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Nayeli Lozano
me atrapó desde el primer capítulo, pero no me fijé que estaba empezando a escribirla.
te felicito autora, está hermosa,no tardes tanto en actualizar por fis👏
San Aguirre: Me pasó lo mismo, no me di cuenta que no estaba terminada 😒
total 1 replies
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