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Querida Prima Y Estúpido Heredero... Está Señorita Se Vengara

Querida Prima Y Estúpido Heredero... Está Señorita Se Vengara

Status: Terminada
Genre:Venganza / Reencarnación / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Tras ser masacrada junto a su familia por orden de su ambiciosa prima Silvia y el frío magnate Patrick, Elena muere en la ruina. Habían arriesgado todo para rescatar a Silvia de la mafia, pero ella borró todo rastro de su deshonra asesinando a sus salvadores.
Milagrosamente, Elena despierta en el pasado, justo la noche del ataque. Con el odio ardiendo en sus venas y dispuesta a todo, simula un colapso para evitar que su hermano intervenga, dejando que Silvia sufra las desgarradoras consecuencias de su propia trampa.
Determinada a no repetir su trágico destino, Elena orquesta una fría y metódica venganza corporativa. Entre alianzas estratégicas, secretos oscuros y manipulación, destruirá paso a paso a Silvia y a Patrick, arrastrándolos al mismo infierno al que la condenaron. En esta vida, las lágrimas de Elena serán el veneno de sus enemigos.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE EL AGUA SE LLEVA

El muelle 57 olía a sal, a diesel y a decisiones irreversibles.

Patrick detuvo el coche frente a un almacén abandonado que llevaba décadas fuera de servicio. Las ventanas rotas parecían cuencas vacías. El viento del Hudson golpeaba los contenedores oxidados apilados como lápidas.

—No voy a dejar que te haga daño —dijo Patrick, tomando mi mano antes de que abriera la puerta—. Pase lo que pase.

—Lo sé.

Y lo sabía. Pero eso no quitaba el terror que me subía por la garganta como bilis. Porque Silvia no era Victoria. Victoria calculaba. Silvia, cuando se acorralaba, se volvía impredecible. Y lo impredecible, en este juego, era lo único que me daba miedo real.

Bajamos del coche. Patrick sacó su teléfono.

—Marcus tiene contactos en la policía portuaria. En tres minutos, tendremos refuerzos.

—Tres minutos es una eternidad, Patrick.

—Entonces entremos rápido.

Empujó la puerta del almacén. El chirrido del metal oxidado resonó en la oscuridad como un grito contenido.

---

Silvia estaba en el centro del almacén.

De pie junto a una silla de madera. Con Lucas atado a ella, la boca sellada con cinta adhesiva, un ojo hinchado, sangre seca en la comisura de los labios. Llevaba un vestido blanco. El mismo vestido que había usado en la gala del Met la noche en que la dejamos atrás. El mismo vestido que, en otra vida, había usado para firmar la orden de ejecución de mi familia.

En su mano derecha, un cuchillo de caza. Apoyado contra el cuello de mi hermano.

—Elena. —Su voz sonó sorprendentemente calmada—. Llegaste rápido.

—Suelta a Lucas.

—Todavía no. —Silvia sonrió. Una sonrisa que no tenía nada de humana—. Primero quiero que escuches.

—No tengo tiempo para tus juegos, Silvia.

—No son juegos. —El cuchillo presionó un poco más. Lucas cerró los ojos—. Son confesiones.

Patrick dio un paso adelante.

—Silvia, suelta el cuchillo. Esto no tiene que terminar así.

—Ah, Patrick. —Silvia giró la cabeza hacia él. Y en sus ojos vi algo que me heló la sangre. No era odio. Era *lástima*—. Pobrecito. Todavía no lo sabes, ¿verdad?

—¿Qué es lo que no sé?

Silvia soltó una risa corta. Amarga.

—Que el padre de mi bebé no es un ejecutivo de Goldman. No es un desconocido. No es un accidente.

El aire se escapó del almacén.

—¿De qué estás hablando? —pregunté, con la voz baja.

—Del padre, Elena. —Silvia me miró, y en sus ojos había triunfo—. Del hombre que me dejó embarazada hace cuatro meses. Del hombre que me pagó para callar. Del hombre que, cuando Victoria lo descubrió, decidió que era más fácil dejar que cayera la culpa sobre los ejecutivos de Goldman.

—Silvia, no...

—Sí, Elena. —El cuchillo se movió, trazando una línea roja en el cuello de Lucas—. El padre de mi bebé es Richard Sterling.

El mundo se detuvo.

Patrick palideció.

—¿Qué?

—El padre legal de Patrick —continuó Silvia, con esa calma de quien disfruta cada palabra—. Pero no el que murió hace quince años. Richard Sterling no murió. Richard Sterling está vivo. Y lleva cuatro años viviendo en Buenos Aires, bajo un nombre falso. Y yo —hizo una pausa, saboreando el momento—, yo fui su amante durante dos años.

No respiré.

—Mientes —dijo Patrick, con la voz quebrada.

—¿Seguro? —Silvia sacó su teléfono con la mano libre. Lo giró para que Patrick pudiera ver la pantalla—. Mira las fotografías. Mira los videos. Mira los correos. Richard Sterling está vivo, Patrick. Y tu madre, la gran Victoria, no sabía nada. Marcus Kane no sabía nada. Solo yo.

Patrick tomó el teléfono. Con manos temblorosas. Miró la pantalla.

Y yo vi, en su rostro, cómo el mundo se desmoronaba otra vez.

—Dios mío —susurró.

—¿Lo ves ahora? —Silvia sonrió—. ¿Ves por qué Victoria me necesitaba? ¿Por qué me tenía atada? Porque yo era la única persona en el mundo que sabía que su marido seguía vivo. Y yo usé ese secreto para mantenerme a salvo. Hasta que Elena empezó a husmear. Hasta que Elena empezó a destruir todo.

—Silvia —dije, con la voz más firme de lo que me sentía—, si Richard Sterling está vivo, ¿por qué no lo has dicho antes? ¿Por qué ahora?

—Porque ya no tengo nada que perder. —El cuchillo presionó más. Lucas gimió—. Victoria está en prisión. Marcus está en prisión. Mi familia está arruinada. Mi reputación, destruida. Así que pensé: si voy a caer, que caigan todos.

—¿Todos quiénes?

—Todos los Sterling. —Silvia me miró, y en sus ojos vi algo que no había visto antes. Locura. Pura. Destilada—. Porque Patrick no es el heredero de nada. Si Richard está vivo, Patrick no tiene derechos sobre la empresa. Las acciones vuelven al fideicomiso original. Y el fideicomiso original —hizo una pausa—, lo controlo yo.

—¿Qué?

—Richard me lo firmó. Hace seis meses. Antes de desaparecer otra vez. —Silvia sonrió—. Yo soy la dueña de Sterling Holdings, Elena. No Patrick. No Victoria. Yo.

---

Silencio.

Largo. Denso. Eléctrico.

Patrick se giró hacia mí. Y en sus ojos vi algo que no había visto nunca.

No era furia.

No era dolor.

Era *reconocimiento*.

—Elena —dijo, con la voz baja—, tú lo sabías.

No respondí.

—Tú lo sabías desde el principio. —Dio un paso hacia mí—. Por eso me mirabas así. Por eso me decías que no era lo que creía. Por eso...

—Patrick, no es el momento...

—¿Cuándo es el momento, Elena? —Su voz se quebró—. ¿Cuándo me vas a decir la verdad? ¿En otra vida?

La frase me golpeó como un puñetazo en el pecho.

Porque Patrick, de alguna forma imposible, lo había dicho.

*En otra vida.*

Él recordaba.

Él también recordaba.

—Patrick —susurré, con las lágrimas cayendo ahora libremente—, yo...

—¡Basta! —gritó Silvia, apretando el cuchillo—. ¡Basta con los dramas! ¡Tengo lo que quiero! ¡Tengo el control! ¡Tengo el poder!

—Silvia —dijo Lucas, con la voz ahogada por la cinta—, suéltame.

—Cállate.

—Silvia —continuó Lucas, con una calma que me heló la sangre—, hay algo que Elena no te ha dicho. Algo que ni ella sabe.

Silvia frunció el ceño.

—¿Qué?

Lucas me miró. Y en sus ojos vi algo que no había visto antes.

Piedad.

—Elena —dijo Lucas, con la voz baja—, no estás embarazada de Patrick.

El mundo se detuvo.

—¿Qué?

—Estás embarazada. —Lucas me miró, y en sus ojos había lágrimas—. De hace tres semanas. Lo descubrí ayer. Iba a decírtelo. Pero...

No terminé de escuchar.

Porque Silvia, en ese momento de distracción, soltó el cuchillo.

No para atacarnos.

Para clavárselo en su propio vientre.

1
EspirituCreativo
Dale Elena
Jesus Castro Montero
Elena eres muy inteligente apabullas a Silvia asi se hace destruye a aquel que destruyó lo tuyo
Jesus Castro Montero
Esta novela está buenísima que hará Silvia con todo lo que se le biene🤣🤭🥰😂☺️😭
Gloria Rodríguez
Mucho enredo se pierde el deseo de
Leee
EspirituCreativo
☺️ Me alegra querida lectora, gracias por tu apoyo 🥰
Mara
Me encantó!! 👏👏👏💐💐
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