NovelToon NovelToon
El Precio De Tu Engaño

El Precio De Tu Engaño

Status: En proceso
Genre:Romance / Amante arrepentido / Embarazo no planeado
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Llona

Helena De la Vega está dispuesta a todo con tal de no presenciar el día más infeliz de su vida: la boda del hombre que ama con su propia hermana. Desesperada y sin medir las consecuencias, recurre a Leonardo de la Torre, su leal amigo de la infancia y el único hombre con el poder suficiente para desatar una tormenta de celos.
El trato es simple: fingir un romance apasionado frente a las cámaras de la alta sociedad.

NovelToon tiene autorización de Llona para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 21

El estruendo del mundo exterior se apagó de golpe en cuanto las pesadas puertas dobles de la suite imperial de Leonardo se cerraron tras ellos. Afuera, la prensa acosaba los accesos del hotel y las llamadas de la familia De la Vega colapsaban las líneas telefónicas, pero dentro, el silencio era denso, pesado y cargado de una electricidad sofocante.

Helena caminó hacia el ventanal que dominaba la ciudad, dejando que el ramo de flores —que aún sostenía por inercia— cayera al suelo con un golpe sordo. El raso champán de su vestido de dama de honor destellaba bajo la luz tenue de las lámparas de cristal. Estaba despeinada, con el pulso latiéndole con fuerza en la garganta y la adrenalina del escándalo aún corriendo por sus venas.

A sus espaldas, escuchó el sonido metálico de la corbata de Leonardo al ser desatada y el chasquido del primer botón de su camisa al abrirse.

—Tu madre ha intentado llamarte catorce veces —dijo él, rompiendo el silencio con esa voz grave y rasposa que le provocaba a Helena un temblor instantáneo en las piernas.

Él caminó despacio hacia ella, dejando su chaqueta de esmoquin sobre el respaldo de una silla. Se detuvo a escasos centímetros de su espalda. El calor que emanaba de su cuerpo la envolvió al instante, un escudo invisible contra el caos que acababa de desatarse en la basílica.

—No me importa —respondió Helena en un hilo de voz. Se giró lentamente para enfrentarlo.

Leonardo la observaba con una intensidad febril, victoriosa. Tenía la camisa desabrochada en el cuello, revelando la piel firme de su pecho, y los ojos grises tan oscuros como una tormenta a punto de estallar. No había en él ni un rastro de duda, ni una rendija de arrepentimiento por haber destruido la boda de su hermana y expuesto a su familia ante el país entero.

—¿No vas a gritarme? —preguntó él, inclinando la cabeza con una sonrisa perezosa y peligrosa—. Destruí la reputación de tu ex, dejé a tu hermana en el altar y arrastré el apellido De la Vega por el barro. Es el momento en que me dices lo mucho que me odias, dulce Helena.

Helena lo miró fijamente. Buscó dentro de sí misma la indignación que se suponía debía sentir. Buscó la nostalgia por la vida idílica que alguna vez planeó con Mateo, el deseo de regresar a la ingenuidad de sus veinte años o la furia por haber sido manipulada desde el principio.

Pero no encontró nada de eso.

En su lugar, solo había un fuego devorador, una fascinación oscura que la sobrecogía por completo. Se dio cuenta, con una claridad deslumbrante y aterradora, de que la versión de sí misma que lloraba por la aprobación de la alta sociedad y por el amor mediocre de un hombre débil había muerto. Leonardo la había destruido, sí, pero sobre sus cenizas había construido algo mucho más peligroso: una mujer hambrienta de su peligro.

—No te voy a gritar —susurró Helena, dando un paso voluntario hacia él, acortando la distancia hasta que la seda de su corsé rozó la tela de la camisa de Leonardo.

Él se congeló por una fracción de segundo, sus pupilas dilatándose ante la osadía del gesto.

—Mateo era una ilusión —continuó ella, alzando la vista para sostenerle la mirada—. Un cuento de hadas aburrido que intenté forzar porque era lo que se esperaba de mí. Pero vi cómo se desmoronaba hoy ante ti... y no sentí nada. Ni una sola lágrima, Leo.

Las manos de Leonardo, grandes y firmes, bajaron de inmediato a sus caderas, apretándola contra su cuerpo con una posesividad feroz.

—Dilo —exigió él en un murmullo imperioso, pegando su boca a la curva de la mandíbula de Helena, donde el pulso de ella latía desbocado—. Dilo en voz alta.

—Acepto el juego —articuló ella, echando la cabeza hacia atrás al sentir la calidez de los labios de él descendiendo por su cuello, mordisqueando suavemente la piel sensible hasta hacerla jadear—. Acepto que manipulaste mi vida entera. Acepto que arruinaste todo a mi alrededor... porque la idea de estar con un hombre que no seas tú me parece una condena insoportable.

Un gemido bajo se escapó de la garganta de Leonardo. La confesión de Helena actuó en él como un detonante, rompiendo la última barrera de su autocontrol.

Enredó las manos en el peinado elaborado de ella, soltando las horquillas para que su cabello oscuro cayera en cascada sobre sus hombros. La atrapó en un beso voraz, desordenado y cargado de una devoción salvaje que le robó el aliento. No era el beso de un conquistador a su presa; era el beso de un hombre que se entregaba al mismo veneno que había cultivado durante años.

Helena respondió al beso con la misma intensidad, rodeando el cuello de él con sus brazos y pegándose a su torso desnudo. El contacto de la piel de Leonardo contra las palmas de sus manos le provocó una descarga eléctrica que le recorrió el vientre. La tensión acumulada durante semanas de chantajes, huidas y miradas furtivas explotó entre los dos en una marea de deseo incontrolable.

—Eres una locura, Helena —murmuró él contra sus labios, alzándola ligeramente del suelo por las caderas para llevarla hacia la cama matrimonial—. Te busqué desde que era un niño. Destruí imperios para que solo me miraras a mí.

—Entonces no me dejes ir nunca —pidió ella, con los ojos empañados por la adicción que la consumía mientras sus dedos buscaban la hebilla del cinturón de él.

Leonardo la depositó sobre las sábanas de seda negra de la cama. El contraste del vestido champán contra la penumbra de la habitación era majestuoso. Él se colocó sobre ella, apoyando los antebrazos a ambos lados de su cabeza, mirándola con una mezcla de adoración y posesión absoluta.

—Nunca vas a salir de esta jaula, dulce Helena —prometió él, acariciándole el pómulo con el pulgar mientras su otra mano bajaba por la cremallera trasera de su vestido, liberando la seda de su cuerpo.

—Ya no quiero salir —confesó Helena, deslizando sus manos por la espalda musculosa de Leonardo, sintiendo cada línea de su cuerpo entregado a ella.

El juicio había terminado. El compromiso perfecto había muerto en el altar de la basílica, pero allí, en el refugio de Leonardo, Helena abrazó su nuevo destino. No había cadenas de fuerza que la sujetaran; sus propias manos eran las que se aferraban a él, rindiéndose a la sombra de un hombre que la amaba con una obsesión tan pura como peligrosa, lista para ser consumida por el fuego de su propio engaño.

1
Arcadia Med Caudillo
no me gustó el final😭
Arcadia Med Caudillo
no entiendo como es posible que terminarán su matrimonio por esconder su embarazo donde está el amor qué Leonardo decía tenerle 😭
oscarlys cuero sebastian
va muy linda e interesante está novela me está gustando 🥰
Kookie: gracias por tu comentario❤️
total 1 replies
Yudith flores
Chanfle las letras pequeñas 🫣🫣 ahora pe....
Kayra Villavicencio
Eso pasa por no leer las letras chicas
Kayra Villavicencio
😳🫣🤨
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play