Holaaa regrese con una nueva hosyrtoa que espero que les encante
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16
Los primeros rayos del sol apenas iluminaban el interior de la cueva.
Asterion retiró el hechizo que sellaba la entrada.
Las enormes rocas volvieron lentamente a su posición original.
El bosque seguía allí.
Silencioso.
Como si durante la noche no hubiera estado lleno de lamentos.
Laira salió estirando los brazos.
—Nunca pensé que una piedra pudiera convertirse en una cama tan incómoda.
Asterion ya caminaba unos metros delante.
—Nos queda un día y medio.
Ella suspiró.
—¿Solo un día y medio?
—¿Eso te parece mucho o poco?
Laira sonrió con cansancio.
—Depende...
¿Hay desayuno?
El Archimago guardó silencio.
Ella ya conocía esa respuesta.
—No hay desayuno...
Él negó con la cabeza.
—No.
La joven llevó una mano a su estómago.
Este respondió con un sonoro gruñido.
Laira cerró los ojos.
—Creo que mi estómago acaba de rugir más fuerte que las criaturas del bosque.
Por primera vez, Asterion estuvo a punto de sonreír.
—Sobrevivirás.
—Eso espero...
Porque estoy muriendo de hambre.
Continuaron caminando.
Las horas pasaban lentamente.
Laira comenzó a buscar frutos entre los arbustos.
Ninguno era comestible.
Las raíces eran demasiado amargas.
Los hongos habían desaparecido.
Y no había rastro de animales.
—Este bosque está conspirando contra mí...
Murmuró.
Entonces...
Un rugido volvió a escucharse.
Mucho más cerca que el día anterior.
Los árboles temblaron.
Varias aves escaparon de las copas.
Asterion levantó inmediatamente una barrera mágica alrededor de ambos.
—Nos encontraron otra vez.
Laira soltó un largo suspiro.
Ya estaba cansada.
Cansada de caminar.
Cansada de esconderse.
Y, sobre todo...
Cansada de tener hambre.
Apoyó una mano sobre el tronco de un enorme árbol para recuperar el aliento.
Cerró los ojos.
Y murmuró casi para sí misma:
—De verdad...
Cómo desearía que esas cosas dejaran de perseguirnos.
Que el bosque las detuviera...
Solo por un momento.
No esperaba respuesta.
Solo estaba desahogándose.
Asterion sintió la magia antes de verla.
Una oleada inmensa atravesó el bosque.
Silenciosa.
Antigua.
Pura.
Sus ojos se abrieron.
Giró inmediatamente hacia Laira.
Ella seguía apoyada contra el árbol.
Respirando con normalidad.
Sin darse cuenta de nada.
Entonces ocurrió.
Las raíces comenzaron a moverse.
Al principio lentamente.
Después con una velocidad imposible.
Los árboles enteros parecían despertar.
Las ramas descendieron como brazos gigantes.
Las raíces rompieron la tierra.
Y se lanzaron hacia el interior del bosque.
Un rugido de sorpresa estremeció el lugar.
Luego otro.
Después varios más.
Las criaturas ocultas entre los árboles intentaban escapar.
Era inútil.
Las raíces las sujetaban por las patas.
Las ramas las envolvían.
Los troncos cerraban cualquier salida.
Todo el bosque parecía haber decidido luchar.
Laira abrió los ojos al escuchar el estruendo.
—¿Qué está pasando?
Asterion no respondió.
Solo la observaba.
"No lanzó ningún hechizo..."
"No hizo ningún sello..."
"Ni siquiera fue consciente..."
Su mirada pasó del árbol...
A la mano de Laira.
Después al bosque entero.
"El bosque obedeció..."
Aquella idea era demasiado absurda.
Y, sin embargo...
No encontraba otra explicación.
Un rugido aún más fuerte sacudió el valle.
Algunas raíces comenzaron a romperse.
Las criaturas eran demasiado poderosas para permanecer atrapadas mucho tiempo.
Asterion reaccionó al instante.
Sujetó la muñeca de Laira.
—¡Corre!
—¿Qué?
—¡Ahora!
La joven no preguntó nada más.
Ambos echaron a correr entre los árboles.
Detrás de ellos seguían escuchándose rugidos, troncos partiéndose y el estruendo de las raíces luchando por contener a aquellas criaturas.
Laira corría sin mirar atrás.
—¿Qué fue todo eso?
Asterion tampoco se detuvo.
—No lo sé...
Mintió.
Porque empezaba a sospecharlo.
Y esa sospecha era mucho más peligrosa que cualquier monstruo que pudiera perseguirlos.
Si el bosque respondía a la voluntad de Laira...
Entonces ella no era simplemente la heredera de un reino perdido.
Era algo mucho más antiguo.
Y alguien...
Había intentado ocultarlo durante toda su vida.