Después de dejar atrás las mentiras, Alessandro Moretti y Valentina Visconti descubren que el amor no basta cuando el poder, la mafia y los secretos familiares reclaman su lugar. Viejos enemigos regresan, nuevas alianzas nacen y el apellido Moretti demostrará que la felicidad siempre tiene un precio. Porque algunas guerras no se eligen... pero sí obligan a decidir hasta dónde estás dispuesto a llegar por la persona que amas.
NovelToon tiene autorización de Liose Tess para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
16- el rey espera
La habitación permanecía en penumbra.
Las cortinas estaban completamente cerradas.
Solo una lámpara iluminaba el enorme escritorio donde descansaban varios documentos.
El hombre permanecía de pie frente a la ventana.
Su mano sostenía una copa mientras observaba las luces de la ciudad a lo lejos.
Detrás de él...
Su mano derecha esperaba en silencio.
El teléfono seguía sobre el escritorio.
Finalmente...
El hombre habló.
—Tu hijo es un incompetente.
Al otro lado de la línea...
Samuel permaneció en silencio.
—Has permitido que firme un tratado con los Moretti.
La voz continuó.
—Después de todo lo que ocurrió entre nuestras familias...
Y aun así... Tu querido hijo decidió estrechar la mano de Alessandro.
Samuel apretó la mandíbula.
—Marcus cree que puede cambiar las reglas.
—Y tú se lo permitiste.
Hubo un breve silencio.
—Quizá debiste reconsiderar a quién dejarle el legado.
Samuel frunció el ceño.
—¿De qué hablas?
—De tu otro hijo.
Samuel quedó inmóvil. Durante un instante...
Pensó en Elif. Su hijo. Su heredero.
El muchacho que había muerto a manos de los Moretti.
—Si Elif estuviera vivo...
La voz de Samuel se quebró apenas.
—Nada de esto estaría ocurriendo. Los Moretti me arrebataron a mi hijo.
El hombre permaneció en silencio durante unos segundos.
Después respondió con absoluta calma.
—No estoy hablando de Elif.
Samuel frunció el ceño.
—¿Entonces de quién?
—Del otro.
El silencio se volvió absoluto.
—Del bastardo que tuviste con Eleonor.
Samuel dejó de respirar durante un instante.
Sus dedos se cerraron alrededor del teléfono.
Aquello... No podía ser.
Nadie conocía aquella historia.
Nadie.
—Tú...
Samuel tragó saliva.
—¿Cómo sabes?
La voz soltó una pequeña risa.
—Sé muchas cosas, Samuel. Demasiadas
Samuel apretó la mandíbula.
—Con qué descaro vienes a hablarme de mis hijos. Tienes treinta años escondido en el maldito exilio. Y no he visto que hayas movido una sola piedra para derrotar a los Moretti.
La voz permaneció tranquila.
—Calma, mi leal socio.
Samuel guardó silencio.
—Cuando un rey quiere gobernar... Debe ser paciente. Debe esperar el momento oportuno.
La voz se volvió más fría.
—Y tú... Eres quien debe comenzar a preparar ese momento.
Samuel entrecerró los ojos.
—¿Qué quieres que haga?
—Empieza a pensar.
La llamada terminó.
Samuel permaneció mirando el teléfono.
Durante años había creído que aquel secreto estaba enterrado.
Eleonor.
Su hijo.
Todo aquello había desaparecido de su vida.
O eso había querido creer.
Pero alguien lo sabía.
Y ahora... Ese secreto podía convertirse en un arma.
...Flashback...
Años atrás...
La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de la residencia Greco.
Samuel se encontraba en su despacho cuando la puerta se abrió.
Eleonor entró sin anunciarse, Su rostro mostraba cansancio. Pero también determinación.
Samuel levantó la mirada.
—¿Qué haces aquí?
Eleonor cerró la puerta detrás de ella.
—Necesitamos hablar.
Samuel dejó lentamente el documento que tenía entre las manos.
—No tenemos nada de qué hablar.
—Sí tenemos.
Eleonor dio un paso hacia el escritorio.
—Sobre nuestro hijo.
Samuel permaneció inmóvil.
—No vuelvas a hablarme de eso.
—Es tu hijo.
Su voz tembló ligeramente.
—Y tiene derecho a saber quién es su padre.
Samuel se levantó.
—No voy a reconocerlo.
Eleonor lo miró incrédula.
—¿Qué?
—No voy a perder a mi familia por un error que pasó contigo.
El rostro de Eleonor cambió.
—Mi hijo no es un error, Samuel.
Dio otro paso hacia él.
—Es fruto de nuestro amor.
Samuel soltó una risa fría.
—Cállate.
—No puedes seguir escondiéndolo.
—Te dije que te calles.
—Algún día tendrás que responder por lo que hiciste.
Samuel apretó la mandíbula.
—Ese niño no forma parte de mi familia.
Eleonor sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.
—¿Cómo puedes decir eso?
—Porque es la verdad.
—No.
Eleonor negó lentamente con la cabeza.
—La verdad es que tienes miedo.
Samuel la miró con desprecio.
—¿Miedo?
—Miedo de que tu esposa descubra que me amaste.
Aquellas palabras hicieron que la expresión de Samuel cambiara.
Eleonor lo vio. Y comprendió que había tocado el punto exacto.
—Voy a decírselo.
Samuel permaneció en silencio.
—Si no reconoces a tu hijo...
Eleonor respiró profundamente.
—Le contaré todo.
Samuel bajó lentamente la mirada.
Durante unos segundos... No dijo nada.
Después habló con una frialdad absoluta.
—Te advertí que no hicieras esto.
Eleonor dio media vuelta.
—No puedes seguir escondiéndote.
Caminó hacia la puerta.
Entonces...
Samuel tomó el arma que guardaba en el cajón.
—Eleonor.
Ella se detuvo. Giró apenas el rostro.
Un disparo rompió el silencio.
Eleonor cayó al suelo. Samuel permaneció inmóvil detrás de ella.
La pistola continuaba en su mano.
Durante varios segundos...
Solo se escuchó la lluvia golpeando los ventanales.
Samuel observó el cuerpo de Eleonor.
No había arrepentimiento en su rostro.
Solo miedo. Miedo a perderlo todo.
Se acercó lentamente.
Miró hacia la puerta. Después hacia el pasillo.
Y finalmente volvió a mirar a Eleonor.
—Nadie sabrá de ti.
Guardó el arma. Y salió del despacho.
Aquel día...
Samuel no solo asesinó a Eleonor.
También condenó a su propio hijo a crecer sin saber quién era realmente.
Un niño que, años después...
Sería criado por la misma familia que Samuel había llegado a odiar.
La familia Moretti.
Fin del flashback.
...****************...
El hombre dejó lentamente el teléfono sobre el escritorio.
Su mano derecha seguía observándolo.
Finalmente... No pudo contenerse.
—No lo entiendo.
El hombre levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
—¿Por qué no atacamos?
Hizo una breve pausa.
—Tenemos recursos. Tenemos hombres.
Tenemos información.
Y ahora... Los Moretti y los Greco están unidos.
El hombre sonrió.
—Precisamente.
—No entiendo, señor, por qué lo permitió.
—El tratado debía hacerse.
Su mano derecha frunció el ceño.
—¿Debía?
—Sí.
Se acercó lentamente al escritorio.
—Ellos fueron astutos. Y pasaron mi prueba.
—¿Qué prueba?
El hombre tomó una carpeta.
—Quería saber si Alessandro y Marcus eran capaces de dejar atrás el odio suficiente para sentarse frente al otro.
Abrió el documento.
—Lo hicieron.
—Entonces...
—Entonces son más peligrosos de lo que pensaba.
Su mano derecha permaneció en silencio.
El hombre cerró la carpeta.
—Pero cometieron un error.
—¿Cuál?
—Creyeron que firmar un tratado significaba que la guerra había terminado.
Una sonrisa apareció lentamente en su rostro.
—No entendieron que el verdadero campo de batalla... Nunca fue el territorio.
Era la confianza.
Su subordinado comenzó a comprender.
—¿Quiere destruir la confianza entre ellos?
—Exactamente.
El hombre caminó hasta la ventana.
—En ambos bandos existen personas que no están de acuerdo con esa paz.
Se volvió lentamente.
—Dentro de los Moretti todavía hay hombres que no perdonan la traición contra Alexander y Sara.
Hizo una breve pausa.
—Y dentro de los Greco todavía existen hombres que apoyan a Samuel. Aunque no se atrevan a enfrentarse abiertamente a Marcus.
—Entonces tenemos dos familias unidas por un tratado...
—No.
Lo interrumpió.
—Tenemos dos familias unidas por una promesa.
Y las promesas... Son fáciles de romper cuando alguien empieza a sembrar dudas.
Su mano derecha guardó silencio.
—¿Y si descubren lo que estamos haciendo?
El hombre sonrió.
—Entonces habremos fallado.
—Pero no lo descubrirán.
Tomó nuevamente la copa.
—Porque nosotros no vamos a atacar a los Moretti. Ni a los Greco.
Vamos a dejar que ellos mismos comiencen a preguntarse quién los está atacando.
—Y cuando pierdan la confianza...
—Ellos mismos harán el resto.
El hombre permaneció frente a la ventana.
Las luces de la ciudad se reflejaban en el cristal.
—¿Cuánto tiempo cree que tomará?
Preguntó su mano derecha.
El hombre sonrió.
—El tiempo que sea necesario.
—¿Incluso años?
—Si hace falta.
Se giró lentamente.
—Treinta años de espera me enseñaron algo.
—¿Qué cosa, señor?
—La paciencia no es inacción. Es preparación.
Caminó nuevamente hacia el escritorio.
Sobre la mesa descansaban tres fotografías.
Alessandro Moretti.
Marcus Greco.
Y una tercera...
Cuya fotografía estaba parcialmente cubierta por una carpeta.
El hombre pasó los dedos sobre la primera.
Después sobre la segunda.
—Alessandro tiene algo que Marcus no posee.
—¿Qué?
—Algo que ama más que su propio poder.
Su mano se detuvo sobre la fotografía de Alessandro.
—Y Marcus tiene algo todavía más peligroso.
—¿Qué cosa?
—Una familia que proteger.
La sonrisa desapareció.
—Cuando un hombre tiene algo que perder...
Es mucho más fácil controlarlo.
Su mano derecha permaneció en silencio.
El hombre volvió a cubrir las fotografías.
—Ahora déjalos celebrar.
Deja que crean que encontraron la paz.
Deja que confíen unos en otros.
Y cuando llegue el momento...
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—Solo necesitaremos una chispa.
Mathias Greco otro resentido más que jugará a ser padre de Sophia veremos qué pasará con Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Ahora aparece Mathias el hermano gemelo de Samuel y "supuestamente padre de Sophia" que papel jugará en esta guerra.
Una pregunta si Mathias sobrevivió la madre de Marcus y Sophia que se llama Elena si murió 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Que decisión tomará Marcus Greco con su hermana y con Dante Moretti porque no los quiere juntos.
Puede ser Matteo 🤔🤔🤔❓❓❓
Puede ser Dante 🤔🤔🤔❓❓❓
Alessandro no creo su padre Alexander y su madre lo estaban criando para ser el futuro heredero Moretti igual no me asombraría si Liose cambia ese panorama sería feo enfrentar a dos medios hermanos.