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La Joven Amante Del Lycano

La Joven Amante Del Lycano

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Hombre lobo / Mundo de fantasía
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

La Joven Amante del Lycano

Clara solo tenía dieciocho años cuando conoció al hombre que cambiaría su destino.

Sebastián era siete años mayor, atractivo, elegante y dueño de un encanto imposible de ignorar. Todo en él parecía perfecto: su sonrisa, sus atenciones y la forma en que la hacía sentir la única mujer del mundo.

Lo que Clara no sabía era que, desde el primer día, él le ocultaba el secreto más importante de su vida.

Mientras ella se enamora perdidamente, Sebastián observa, calcula y nunca deja nada al azar. Para él, perder a Clara no es una opción. Y cuando descubre cuál es la única cosa capaz de alejarla para siempre, decide adelantarse a su destino... aunque tenga que atarla a él de la forma más irreversible.

Pero Sebastián no es un hombre cualquiera.

Es un lycano.

Y cuando un lycano decide que alguien le pertenece, no acepta un "no" como respuesta.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El error administrativo

El edificio de residencias estudiantiles era un bloque de ladrillo rojo de seis pisos, con un patio interior donde una fuente seca acumulaba hojas del otoño anterior.

Clara bajó del coche viejo de su padre con dos maletas y una caja de cartón amarrada con cuerda, llena de sus materiales de dibujo. Su padre, con las manos todavía ásperas y manchadas de grasa de motor que no se quitaban con ningún jabón, cargó las maletas hasta la entrada. Su madre caminaba a su lado, alisándose la falda de su mejor vestido, el que guardaba para los domingos y para las ocasiones que valían la pena.

Esta era la ocasión más importante de sus vidas.

Mandar a su hija a la universidad. Romper el ciclo del pueblo. Que Clara no terminara cosiendo uniformes como su madre, ni arreglando transmisiones como su padre. Que Clara fuera artista.

—¿Segura que no quieres que subamos contigo a armar la cama? —preguntó su madre, con los ojos ya brillantes.

—Segura, mamá. Son solo dos pisos. Además, hay que hacer fila para el elevador y está lleno de padres.

La recepción era un caos de abrazos, maletas rodando sobre el mármol y llantos de despedida. Clara esperó su turno, con el corazón latiéndole fuerte. Cuando llegó al mostrador, la mujer de recepción le pidió su identificación y tecleó en la computadora.

Frunció el ceño.

Tecleó de nuevo.

—Un momento, señorita Light. No tengo tu nombre en la lista de asignación.

Clara parpadeó.

—¿Cómo que no? Pagué la matrícula. Envié los papeles.

—Lo sé, lo sé. Espera un segundo.

La mujer tomó el teléfono. Marcó una extensión. Clara escuchó su voz, tensa y molesta.

—¿Cómo es posible? Sí, está aquí en el mostrador. Soluciónenlo. A ver si hubo un error administrativo o de asignación. Sí. Espera.

Colgó el teléfono y suspiró.

—Espere aquí, por favor. Estamos solucionándolo.

Clara se giró hacia sus padres. Su padre tenía el ceño fruncido, las manos metidas en los bolsillos de su pantalón de trabajo.

—¿Qué pasó, mi pequeña?

—Dicen que hay un error administrativo, papá.

—Rayos —masculló él, mirando el reloj—. Teníamos que salir antes de las cuatro para agarrar la carretera con luz.

—Ay, ahora… —dijo su madre, retorciéndose las manos.

Cinco minutos después, la mujer de recepción regresó. Pero no venía sola. La acompañaba un hombre mayor, con un llavero enorme en el cinturón y cara de pocos amigos.

—Disculpe, señorita Light —dijo el hombre, con un tono burocrático y cansado—. Hubo un error en el sistema de asignación. A usted se le asignó la habitación 404.

—Sí, eso decía mi carta.

—El problema es que la 404 es una habitación de cuatro camas, pero el sistema la tenía contabilizada como de cinco. Ya hay cuatro chicas instaladas ahí. No hay lugar para usted.

Clara sintió que el estómago se le caía a los pies.

—¿Y ahora? ¿Dónde dormiré? ¿En el pasillo?

El hombre soltó una risa seca.

—No, señorita, no estamos en la calle. Tenemos una habitación disponible en el primer piso. Está al costado de las escaleras, prácticamente debajo del tramo principal. Antes era el cuarto de la encargada de monitorear a las estudiantes, pero ahora el sistema de seguridad es automatizado y tenemos guardias en la puerta. Ya no era necesario tener personal durmiendo aquí.

El hombre le tendió una llave.

—Es independiente. Tiene su propio baño. Si me acompaña, se la muestro.

Clara miró a sus padres. Su padre estaba preocupado. Su madre, al borde de las lágrimas. No podía tenerlos parados ahí, después de un viaje de cuatro horas, sin saber si su hija tendría dónde dormir.

—Bueno… —dijo Clara, tomando la llave—. Espero que puedan reasignarme a una habitación normal cuando venga alguien que no se presentó.

—Por supuesto, señorita. Para el siguiente semestre lo arreglamos.

Los tres siguieron al encargado por el pasillo del primer piso. Estaba vacío, lejos del bullicio de los pisos superiores donde las chicas gritaban y se llamaban de cuarto en cuarto.

La puerta estaba, en efecto, encajonada bajo el descanso de la escalera principal.

Pero cuando el encargado giró la llave y abrió la puerta, Clara se quedó sin aliento.

No era un almacén. No era un cuartucho.

Entraba perfectamente una cama individual, un escritorio de madera robusta y un armario empotrado. Y al fondo, una puerta entreabierta dejaba ver un baño completo. Con ducha.

—Como ve, no es gigantesca —dijo el encargado, encendiendo la luz—. Pero es suya.

Clara miró el baño.

En las residencias, los baños eran comunales. Había que hacer fila. Había que caminar por el pasillo con la toalla y las chanclas. Había que esperar.

Ella tenía uno privado.

La independencia le dio un golpe de aire fresco en la cara. Estaría sola. Podría dormir a la hora que quisiera. Podría dibujar en silencio. Podría tener su espacio.

—Me la quedo —dijo Clara, con una sonrisa que le iluminó la cara.

El encargado suspiró, aliviado.

—Ay, me alegro. Nos ahorramos todo el trámite burocrático de mover a otra chica. Disculpe el tiempo que le hicimos perder, señorita.

Le entregó un juego extra de llaves y se retiró junto a la mujer de recepción, que le sonrió con complicidad.

—Sabía que eras de las juiciosas. Que no harías berrinche ni reclamos. A veces pasa así, no somos un sistema perfecto. Pero si podemos llegar a una solución donde las dos partes estén felices, es lo mejor, ¿no crees?

—Es verdad —asintió Clara—. Yo también lo creo.

---

Cuando la puerta se cerró, la habitación se llenó de la emoción contenida de sus padres.

Su madre sacó el teléfono y empezó a tomar fotos. Clara junto a la cama. Clara en el escritorio. Clara abrazando a su padre frente a la ventana que daba al patio interior. Rieron. Lloraron. Su madre le acariciaba la cara, diciéndole lo orgullosa que estaba, lo mucho que había costado, lo mucho que valía la pena.

—Bueno, mi pequeña —dijo su padre, mirando su reloj otra vez, con la voz espesa de emoción—. Te dejamos en la ciudad. Estaría más feliz si visitaras más seguido a tu tía, para que no te sientas tan sola en este lugar tan grande.

Clara le sonrió, con los ojos húmedos.

—No te preocupes, papá. Tu pequeña ha crecido.

*Y ya tiene pareja*, pensó, guardándose las palabras en la garganta. *Ya es mujer de alguien.*

Pero eso no se lo iba a decir. Sus padres no entenderían. Sus padres creían en noviazgos de iglesia, en anillos de compromiso, en presentar al novio a la familia después de un año. No entenderían a Sebastián. No entenderían París. No entenderían el lobo de plata.

Su padre la abrazó fuerte. Le besó la frente. Después metió la mano en su billetera de cuero gastado y sacó un billete de diez dólares, arrugado y suave de tanto uso.

—Toma. Para que comas algo sustancioso hoy. Con tu madre nos regresamos al pueblo. Estamos orgullosos de ti, mi pequeña.

Clara apretó el billete.

Los acompañó hasta la puerta. Los vio caminar hacia la salida, cargando sus propias preocupaciones y su propio orgullo.

Cuando la puerta principal del edificio se cerró tras ellos, Clara se quedó sola en el pasillo del primer piso.

Regresó a su habitación. Cerró la puerta.

Se sentó en el borde de la cama deshecha.

El silencio la envolvió. Un silencio distinto al de su cuarto en Riverside. Un silencio que olía a pintura fresca y a oportunidad.

De repente, vio la lucecita de su celular parpadeando sobre el escritorio.

Se acercó.

La pantalla se iluminó con un nombre.

*Sebastián.*

Clara sonrió.

Y el mundo exterior, el pueblo, sus padres, la universidad, desapareció por completo.

1
yolanni
👏
EspirituCreativo
> 😂😂 María, ¡espere, espere! ¡No la despierte todavía!
Clara lleva 57 capítulos intentando descubrir dónde diablos está, y ahora resulta que está enamorada del licántropo que la secuestró. 😭

Pero le prometo algo: Sebastián todavía no ha mostrado todo lo que esconde. 👀

Y después de este comentario… me parece que usted va a querer matarme cuando lleguemos a los próximos capítulos. 😂🐺

Gracias por leer y por preocuparse tanto por Clara ❤️.
maria orellana
por Dios, despierta niña, hulle lejos de ese hombrecito que no vale nada
maria orellana
pero creo que está casado o no,,, que pena con clara ojalá pronto se de de cuenta pobre chiquita ojalá el se enamoré y sufra
maria orellana
desgraciado
Guillermo Vasquez Areque
emfermooo
Guillermo Vasquez Areque
hay no que le den su merecido a ese sinverguenza
EspirituCreativo: 🤭 Te apoyo
total 1 replies
EspirituCreativo
Bueno por eso una no debe ser tan confiada... Lo malo tambien viene en empaque de lujo
Maricruz Felix
Esta interesante
Maricruz Felix
Que malo se va aprovechar de la pobre muchacha
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