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El Último Adiós De Cristian

El Último Adiós De Cristian

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

"El último adiós nunca fue el final… solo el comienzo de un nuevo destino."

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7 La decisión y la solución

A la mañana siguiente, Eluney bajó a desayunar con la invitación de la fiesta todavía en la mente.

Cuando sus padres se sentaron a la mesa, se lo contó con calma:

—Papá, mamá… anoche me invitaron a una fiesta.

Es para la hermana pequeña de Cristian, se llama Anahís y cumple años el sábado.

Me gustaría ir, si ustedes me dan permiso.

Sus padres se miraron con tranquilidad; ya conocían a la familia y sabían que era un lugar seguro.

—Claro que sí, hija —respondió su padre con una sonrisa—.

No hay ningún inconveniente.

Puedes ir sin problema.

—Gracias —dijo ella, feliz, pero en cuanto levantó la vista vio a Antonella, su hermana de seis años, parada en la puerta del comedor con una carita larga, los labios apretados y los ojos brillantes a punto de llorar.

Se acercó despacio, agachó la cabeza y dijo con voz temblorosa y muy triste:

—Ya no me quieres.

¿Verdad?

Por eso no me quieres llevar contigo…

Te vas a ir con ellos y me vas a dejar sola.

Al escucharla, a Eluney se le hizo un nudo fuerte en el pecho, como si le apretaran el corazón.

Se levantó rápido, se agachó para quedar a su altura y la abrazó con fuerza, sintiendo cómo se le llenaban los ojos de lágrimas también.

—No digas eso, chiquita, por favor —le dijo con voz suave pero apenada—.

Claro que te quiero, eres lo que más quiero en el mundo.

Y en ese momento tomó una decisión sin dudarlo:

—¿Sabes qué?

Entonces no voy a ir.

Me quedo aquí contigo todo el sábado, jugamos, leemos cuentos y hacemos lo que tú quieras.

No me voy a ninguna parte si te sientes mal.

Antonella la abrazó fuerte, aunque seguía con la carita triste, mientras sus padres las miraban con ternura, entendiendo perfectamente lo que pasaba.

Esa tarde, a la salida del colegio, el aire fresco de mayo corría entre los pasillos.

Recuerda que ambos iban en Primero Medio, pero en cursos distintos: Eluney en la sección A y Cristian en la C, por eso salían un poco en momentos diferentes, pero él siempre la esperaba en el mismo rincón cerca de la puerta.

En cuanto la vio llegar, se acercó con su sonrisa habitual:

—Hola.

¿Qué tal te fue hoy?

¿Te dijeron que sí para la fiesta?

Eluney bajó la mirada, con un poco de pena en la voz:

—Sí, mis papás me dieron permiso…

pero no voy a ir.

Cristian se detuvo, sorprendido:

—¿No?

¿Pasa algo malo?

¿Te sientes mal o tienes otro compromiso?

—No es eso —explicó ella, mientras caminaban despacio hacia la salida—.

Es que mi hermana Antonella se puso muy triste.

Dijo que ya no la quería porque no la iba a llevar conmigo, que me iba a ir sola y la dejaría.

No pude decirle que no, así que decidí quedarme con ella.

Cristian se quedó pensativo un segundo, y de inmediato se le iluminó la cara con una solución sencilla y perfecta.

—¡Eso tiene solución!

—le dijo con entusiasmo pero calma—.

Mira: yo te llamo ahora mismo, invito también a Antonella oficialmente.

Así van las dos juntas.

Nadie se queda sola, nadie se siente excluida.

Eluney levantó la vista, sorprendida y aliviada a la vez:

—¿De verdad se puede?

¿No será molestia?

—Para nada —respondió él con naturalidad—.

Es una fiesta de niños, mientras más haya más se divierten.

Anahís va a estar encantada de tener otra niña con quien jugar.

Además, así tu hermana no se siente sola y tú vas tranquila.

Eluney sintió cómo se le desataba ese nudo que tenía en el pecho.

Le pareció una idea maravillosa, y se dio cuenta una vez más de lo bien que pensaba Cristian y de lo fácil que hacía todo.

—Muchas gracias —le dijo con una sonrisa sincera y agradecida—.

Eres muy amable.

Seguro que a Antonella le va a encantar la noticia.

—Perfecto —agregó él—.

Mañana te confirmo el horario y todo.

Ahora ve a contárselo a tu hermana, seguro se le quita la tristeza en un segundo.

Siguieron caminando más tranquilos, sabiendo que al final todo saldría bien.

Y así, con esa solución sencilla, se confirmaba que en esa nueva amistad siempre había espacio para todos y para resolver las cosas con el corazón.

 

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