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Las Cartas Que Nunca Fueron Escritas...

Las Cartas Que Nunca Fueron Escritas...

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Romance / Aventura
Popularitas:234
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

La caja apareció el día del funeral de su abuela.

Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.

Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.

Pero cada carta tiene un precio.

Con cada viaje, un recuerdo desaparece.

Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:

Alguien está borrando historias.

Y ella podría ser la siguiente.

✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: La Primera Escritora

El silencio se extendió por toda la Biblioteca.

Luna permanecía inmóvil.

Frente a ella estaba el Escriba.

A su derecha, el Guardián.

Y detrás, el Hombre de Negro.

Los tres observaban la misma puerta.

He

La puerta de donde había surgido el Olvido.

Nadie hablaba.

Solo podía escucharse el sonido de miles de páginas moviéndose solas.

Como si la propia Biblioteca estuviera nerviosa.

Luna bajó lentamente la mirada hacia la pluma de cristal negro que sostenía entre sus manos.

Aún brillaba.

Y cada latido de su corazón hacía aparecer nuevas palabras sobre el Libro Prohibido.

Palabras que nadie escribía.

Palabras que parecían recordar por sí mismas.

—¿Qué está ocurriendo?

Preguntó Luna.

El Escriba respiró profundamente.

—La Biblioteca te ha reconocido.

—¿Por qué?

—Porque has vuelto a convertirte en su Autora.

Aquellas palabras pesaban demasiado.

Luna jamás había imaginado que una simple caja llena de cartas pudiera conducirla hasta aquel lugar.

Hasta aquella verdad.

El Hombre de Negro caminó lentamente hasta uno de los estantes más antiguos.

Tomó un pequeño libro cubierto de polvo.

Lo sostuvo con delicadeza.

Como si fuera el objeto más valioso del universo.

Después lo acercó a Luna.

—Ábrelo.

Ella obedeció.

Las páginas estaban completamente en blanco.

—No hay nada.

El Hombre sonrió.

—Todavía no.

En cuanto Luna apoyó los dedos sobre el papel...

Las hojas comenzaron a llenarse de tinta dorada.

No eran palabras.

Eran recuerdos.

Vio a una joven escribiendo bajo la luz de miles de velas.

La misma mesa.

La misma pluma.

La misma Biblioteca.

La joven levantó la cabeza.

Era Aurora.

O quizás...

Era Luna.

No existía diferencia entre ambas.

Aurora escribía sin descanso.

Día.

Noche.

Día otra vez.

Montañas de libros crecían a su alrededor.

Cada vez que terminaba uno...

Una nueva estrella aparecía en el cielo.

—¿Qué está haciendo?

Preguntó Luna.

El Escriba respondió con una voz llena de respeto.

—Está creando mundos.

Luna sintió que el aire desaparecía.

—¿Mundos?

—Cada historia escrita aquí...

Se convierte en una realidad.

Cada personaje nace.

Cada ciudad existe.

Cada lágrima es verdadera.

La joven retrocedió.

Todo aquello era demasiado grande.

Demasiado imposible.

—Entonces...

¿Las historias están vivas?

—Siempre lo estuvieron.

Las imágenes continuaron.

Aurora sonreía mientras escribía.

Los personajes parecían salir de las páginas para agradecerle.

Niños.

Ancianos.

Reyes.

Músicos.

Personas comunes.

Todos la llamaban de la misma forma.

"La Primera Escritora."

Luna sintió que una lágrima recorría su mejilla.

No era tristeza.

Era nostalgia.

Como si una parte olvidada de su alma recordara aquellos días felices.

Pero entonces...

Todo cambió.

La Biblioteca comenzó a oscurecerse.

Las velas se apagaron.

Los libros empezaron a perder sus palabras.

Aurora dejó de escribir.

Miró hacia la enorme puerta negra.

Y por primera vez...

Sintió miedo.

Una sombra apareció detrás de ella.

No tenía rostro.

No tenía nombre.

Solo una voz.

—Las historias deben terminar.

Aurora negó lentamente.

—Mientras alguien las recuerde...

Jamás desaparecerán.

La sombra soltó una risa profunda.

—Entonces borraré los recuerdos.

Luna dio un paso hacia la visión.

—¡No!

Intentó alcanzarla.

Pero era demasiado tarde.

La imagen desapareció.

La Biblioteca volvió a quedar en silencio.

El Hombre de Negro cerró lentamente el libro.

—Ese fue el primer encuentro con el Olvido.

Luna respiraba con dificultad.

—¿Y qué hizo Aurora?

El Guardián bajó la mirada.

—Lo enfrentó.

—¿Ganó?

Nadie respondió.

El silencio fue suficiente.

Porque la respuesta era mucho más dolorosa.

Luna caminó lentamente entre los estantes.

Cada libro parecía llamarla por su nombre.

Aurora.

Luna.

Aurora.

Luna.

Los dos nombres se mezclaban.

Hasta que dejaron de parecer diferentes.

Entonces encontró un enorme espejo.

Era antiguo.

Su marco estaba cubierto de letras.

Cuando se acercó...

No vio su reflejo.

Vio a Aurora.

La joven del espejo sonrió.

—Hola.

Luna sintió que el corazón se detenía.

—¿Eres... yo?

Aurora asintió lentamente.

—Siempre lo fui.

—¿Por qué olvidé todo?

Aurora apoyó una mano sobre el cristal.

—Porque te pedí que vivieras una vida donde fueras libre.

No una donde cargaras con el peso de todos los mundos.

Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Luna.

—¿Y funcionó?

Aurora sonrió con tristeza.

—Durante un tiempo.

El espejo comenzó a agrietarse.

La Biblioteca volvió a temblar.

Un ruido ensordecedor recorrió todos los pasillos.

Miles de libros cayeron al suelo.

El Escriba levantó la vista.

—Ya viene.

El Hombre de Negro tomó con fuerza su bastón.

El Guardián desenvainó nuevamente su espada.

Pero Luna seguía mirando el espejo.

—No quiero olvidarte otra vez.

Aurora apoyó su frente contra el cristal.

—Entonces recuerda la única regla que nunca debes romper.

—¿Cuál?

Aurora respondió con una serenidad que hizo temblar toda la Biblioteca.

—Una historia solo muere cuando alguien deja de contarla.

En ese instante...

El espejo estalló en mil fragmentos.

Una inmensa oscuridad atravesó el techo de la Biblioteca.

El Olvido había regresado.

Pero no estaba solo.

Detrás de él caminaban cientos de figuras envueltas en sombras.

Todas sostenían libros vacíos entre sus manos.

El Escriba empalideció.

—No...

Luna lo miró.

—¿Qué ocurre?

Él respondió con un hilo de voz.

—No son monstruos...

Son escritores que fueron olvidados.

Continuará...

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