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Vínculo En La Tormenta

Vínculo En La Tormenta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Omegaverse
Popularitas:2.4k
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

⚠️ Contenido exclusivo para mayores de 18 años | Omegaverse

Liam es un omega humilde que lucha día y noche para pagar los tratamientos médicos de su hermana enferma, sin tiempo ni energías para nada más. Hasta que la desesperación lo lleva a cruzarse con Dante Ferrero: el alfa dominante, frío y poderoso CEO que jamás creyó en los vínculos ni en el amor.

Un encuentro intenso y prohibido cambia sus vidas para siempre. Al descubrir que lleva su hijo, Liam huye sin decir nada para no ser una carga y proteger a los suyos, luchando solo contra la pobreza, el miedo y la soledad hasta que nace su bebé y su hermana logra recuperarse.

Cuando el destino los vuelva a reunir, Dante tendrá que enfrentar todo lo que dejó escapar, luchar por su lugar en esa familia y demostrar que su fuerza solo sirve para cuidar, proteger y amar.

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VÍNCULO EN LA TORMENTA CAPÍTULO 17: LA MIRADA DESDE LO ALTO

Esa luz blanca, fría e inmóvil en la cima más alta de la sierra siguió brillando sin parpadear ni una sola vez durante toda la noche larga y oscura. No se movió, no se apagó, no cambió de intensidad: permaneció clavada en el mismo punto exacto, como un ojo abierto y atento que no perdía detalle de nada ni nadie en todo el valle, en todos los caminos y entre todos los árboles. Nos quedamos los tres mirándola largo rato desde la pequeña ventana alta, sin hablar casi nada, sintiendo cómo el frío de esa luz lejana parecía atravesar la madera gruesa de las paredes y meterse despacio en los huesos. Dante no se apartó ni un paso de nuestro lado, tenía los brazos fuertes rodeándonos por los hombros, a mí por un lado y a Mia por el otro, apretándonos suavemente contra su cuerpo caliente y ancho, y en cada respiración que daba se notaba cómo su aroma natural de alfa, siempre cálido y amaderado, se volvía un poco más denso, un poco más intenso, cargado de esa mezcla de furia contenida, preocupación profunda y protección absoluta que solo aparecía cuando sentía que lo que amaba estaba al alcance de una amenaza.

Cuando por fin la luz grisácea y suave del alba empezó a tiñer de pálido el cielo por el este, el resplandor blanco de la cima se fue apagando poco a poco, perdido entre la claridad que llegaba, pero ninguno de los tres tuvo la menor duda de que al caer la noche siguiente volvería a encenderse en el mismo lugar, exactamente igual que antes. No era un accidente, no era un error ni algo puesto al azar: era una advertencia, una forma de decirnos sin pronunciar palabra que nos habían encontrado el rastro, que sabían que estábamos en algún punto de ese valle y que ya no se irían, solo esperarían, observarían y acecharían desde lo alto hasta que diéramos con nosotros mismos o cometiéramos el descuido más mínimo que les diera la ubicación exacta.

Dante se giró despacio hacia nosotros en cuanto la luz desapareció del todo. Tenía ojeras muy marcadas bajo los ojos negros, el cabello negro revuelto y una expresión seria y dura tallada en el rostro, pero en cuanto su mirada se posó primero en mí, con la mano puesta instintivamente sobre la curva grande y firme de mi vientre, y luego en Mia, pequeña, pálida y abrazada fuerte a su osito de peluche contra mi costado, toda la dureza se le suavizó al instante hasta volverse solo ternura infinita. Se arrodilló en el suelo de madera frente a nosotros, tomó una de mis manos entre las dos suyas grandes y calientes y con la otra acarició muy suavemente el cabello oscuro y lacio de mi hermana menor. Todavía faltaban cuatro meses exactos para la fecha en que el médico del pueblo había dicho que nacería el bebé, y cada día que pasaba se notaba más el peso, el volumen y la fuerza de la vida que crecía dentro de mí; él lo sabía mejor que nadie, y por eso mismo cada nuevo riesgo, cada señal de que se acercaban, le pesaba el doble en el alma.

—Esa luz —empezó a decir con voz muy baja, pausada y clara, eligiendo bien cada palabra para no asustar más de la cuenta a la niña— significa que no se fueron, como creímos al principio cuando se alejaron los coches. Solo retrocedieron lo suficiente para no ser vistos ni oídos, subieron al único lugar desde donde se domina todo este territorio y allí se instalaron. Desde esa cima pueden ver cualquier humo que salga, cualquier luz que encendamos después del anochecer, cualquier movimiento grande en los claros o cualquier huella que dejemos en caminos abiertos. No pueden bajarse de golpe y venir directo, porque ellos tampoco saben con exactitud en qué punto estamos entre tanta maleza y tantos árboles cerrados, y mi madre no comete errores: no avanza sin estar cien por cien segura. Pero tampoco se van. Van a esperar todo el tiempo que haga falta.

Mia levantó la carita huesuda y muy pálida, frunció un poco el ceño y apretó más fuerte el peluche contra su pecho, con esos grandes ojos oscuros idénticos a los míos muy abiertos. Preguntó muy quedita, con la voz temblorosa por el sueño y el miedo guardado, si eso significaba que ya no podríamos salir nunca más ni un paso afuera, ni siquiera para respirar el aire fresco o recoger las piñas que le gustaban tanto. Dante negó con la cabeza muy despacio, le pasó el dorso de los dedos por la mejilla fría y le prometió que sí podríamos, pero que de ahora en adelante todo lo hacíamos de otra forma, más despacio, más cubiertos, más cuidadosos, sin llamar la atención en absoluto, como si fuéramos nosotros también parte del bosque, de las sombras y de los árboles, sin dejar rastro que pudiera verse desde tan lejos.

Pasamos esa jornada entera adaptando todo lo que habíamos hecho hasta entonces a esta nueva realidad que la luz de la noche nos había revelado. Lo primero que hizo Dante, en cuanto el sol estuvo ya bien alto y no había riesgo de que el humo se distinguiera con claridad contra el cielo, fue modificar la salida de la chimenea por dentro: levantó unas piedras planas y ramas gruesas entrelazadas muy bien ajustadas de forma que todo el humo saliera muy despacio, muy frío y muy disperso, mezclado de inmediato con el aire y la brisa entre las copas, sin formar columna alguna que pudiera divisarse desde la montaña. Me explicó mientras trabajaba con calma y mucha precisión, que su madre era una mujer que había construido todo lo que tenía observando, calculando y esperando, que nada se le escapaba a la vista y que el error más pequeño, por insignificante que pareciera, era suficiente para que ella armara todo el rompecabezas y diera con nosotros al instante.

Mientras él se ocupaba de la chimenea, de reforzar las coberturas oscuras sobre todas las ventanas para que ni un solo rayo de luz de las velas o del fuego saliera al exterior después del ocaso y de revisar una por una todas las cuerdas de aviso que había colocado alrededor de la cabaña el día anterior, yo me quedé sentado en el banco ancho de madera frente al hogar casi apagado, con una almohada gruesa bien acomodada detrás de la espalda baja para calmar ese dolor sordo y pesado que ya vivía en mí día y noche, y fui separando y contando con mucha lentitud toda la comida, las medicinas de Mia, la ropa y todo lo que habíamos traído con nosotros, calculando cuánto tiempo podríamos estar sin necesidad de bajar al pueblo ni acercarnos a camino alguno por donde pasara gente. Varias veces, mientras movía las cosas con cuidado, sentí dentro de mí esos endurecimientos breves y suaves, sin dolor, que el médico me había dicho que eran totalmente normales a los cuatro meses, sobre todo cuando hay emociones fuertes, tensión o cansancio acumulado, y cada vez que ocurría dejaba todo lo que tenía en las manos, me quedaba quieta respiraba muy hondo y lento hasta que pasaba, y sentía la mano grande y tibia de Dante posarse al instante sobre mi vientre redondo, sin que él tuviera que verme para saber que lo necesitaba.

Mia estuvo todo el día sentada en el suelo sobre una manta doblada, con su caja de lápices de colores y hojas en blanco, y no dejó de dibujar ni un momento. Ahora en todos sus dibujos aparecía siempre la montaña alta y oscura en la parte de arriba, con un puntito blanco muy pequeño y brillante en la cima, y abajo, muy protegida entre cientos de árboles dibujados uno al lado del otro sin dejar huecos, la cabaña pequeña de madera, y dentro o al lado las cuatro figuras de la familia, siempre muy juntas, tomadas de las manos. De vez en cuando dejaba el lápiz sobre la tabla, se acercaba caminando muy despacio hasta donde yo estaba y apoyaba con muchísimo cuidado la oreja contra la tela de mi camisa, justo en el centro de la barriga, y se quedaba allí callada y quieta varios segundos, sonriendo para sí misma cada vez que el bebé se movía fuerte o daba una patada clara justo debajo de su oreja. Me dijo una vez muy bajito al oído, para que solo yo lo oyera, que aunque la luz de allá arriba daba mucho miedo, ella sabía que entre tantos árboles y con Dante vigilando todo el tiempo, nada ni nadie podría atravesar hasta llegar hasta nosotros.

Hacia la tarde, cuando el calor del sol empezó a bajar y la luz se volvió otra vez dorada y suave, él salió solo fuera unos veinte minutos y volvió con los brazos llenos de ramas de pino muy frondosas, de musgo verde espeso y de enredaderas largas y flexibles que crecían salvajes por todas partes. Sin decir mucho, se puso a trabajar en la parte de afuera de las paredes y sobre el techo inclinado de tejas, cubriendo poco a poco toda la madera visible con esa vegetación natural, hasta que la cabaña empezó a verse cada vez menos como una construcción hecha por manos humanas y cada vez más como un montículo natural cubierto de bosque, algo que siempre hubiera estado allí, que nadie habría levantado y que nadie tendría motivo para mirar dos veces ni para acercarse a inspeccionar. Cuando terminó, se asomó por la puerta con el rostro un poco sucio de tierra y sudor, el cabello negro lleno de hojitas secas y una sonrisa pequeña y satisfecha en los labios, y nos hizo señas con la mano para que nos acercáramos muy poquito al marco sin salir del todo. Desde allí, mirando hacia afuera, se entendía todo: si uno se alejaba solo unos pocos pasos, la forma de la casa se perdía por completo entre la sombra y la vegetación, era casi imposible distinguirla si no se sabía de antemano que estaba justo en ese punto.

—Ahora —murmuró Dante cerrando de nuevo la puerta con suavidad y corriendo el grueso travesaño de madera por dentro—, incluso si alguien pasara muy cerca, o si usaran anteojos largos o cualquier cosa desde la cima, solo verán árboles, tierra y maleza. Nada que delate que hay personas viviendo aquí.

Al caer la noche, tal como lo habíamos presentido y temido desde el amanecer, en cuanto el cielo se tiñó por completo de azul oscuro y salieron las primeras estrellas, allá muy arriba, en el mismo punto exacto de la noche anterior, volvió a encenderse de golpe aquella luz blanca, fría, fija e impasible, clavada sobre el valle como una sentencia. Esta vez ninguno de los tres dio un salto ni se quedó en silencio de golpe como la vez anterior. Dante solo apretó con más fuerza mi hombro con el brazo, me atrajo suavemente hacia sí para que yo apoyara todo el peso de mi cuerpo cansado y el de mi embarazo contra su pecho fuerte y seguro, y Mia, en lugar de esconderse como antes, se acercó por el otro lado, me tomó la mano libre y se quedó mirando también hacia la ventana alta, muy seria y valiente, sin apartar la mirada ni un instante de ese brillo lejano.

Estuvimos así un buen rato, los tres unidos en la penumbra iluminada solo por el rojo suave de las brasas sin llama, sintiendo el calor mutuo y escuchando el latido pausado y fuerte del corazón de alfa contra mi espalda. Sabíamos perfectamente que aquella luz no era solo una mirada vigilante: era también una prueba de resistencia, de paciencia, de quién aguantaba más tiempo sin ceder, sin equivocarse y sin romperse. Sabíamos que allá arriba, bajo esa luz, estaba la orden directa de Victoria Valente, que no descansaría, no se iría y no bajaría la guardia ni un minuto hasta lograr lo que se había propuesto: separarnos, llevárselo todo y destruir lo único que su hijo había amado de verdad en toda su vida.

—Van a estar allí días —dijo Dante por fin en voz muy baja, ronca y tranquila, sin quitar los ojos del resplandor en la cima—, semanas, quizás más. Tienen víveres, abrigo, tiempo y todo lo que el dinero puede comprar. Pero hay algo que mi madre nunca ha entendido en toda su existencia, y por eso mismo, por muy poderosa que sea, al final siempre le falta la mitad de todo.

Hizo una pausa, besó muy suavemente la parte de atrás de mi cabeza y luego depositó ambas palmas grandes y calientes una a cada lado de mi vientre abultado, justo en el momento en que el pequeño se movió con fuerza y claridad dentro de mí, como si quisiera responder también a sus palabras.

—Ellos solo tienen dinero, órdenes y frío —continuó muy quedito, solo para nosotros tres—. Nosotros tenemos esto. Tenemos lo que nada del mundo puede comprar ni arrancar. Cuatro meses más. Solo cuatro meses. Y por mucho que miren, por mucho que esperen y por mucho que vigilen desde allá arriba… nunca van a poder contra esto.

Justo en ese instante, mientras la luz blanca seguía brillando inmóvil y lejana en la oscuridad de la montaña, se oyó muy claro y muy cerca, desde uno de los puntos más altos del perímetro que él había marcado con las cuerdas de aviso, el sonido seco y nítido de una rama larga rompiéndose de golpe, seguido del crujir fuerte y continuo de muchas hojas secas moviéndose todas a la vez, como si algo grande y pesado hubiera caminado derecho atravesando la primera línea de seguridad. Todo el cuerpo de Dante se tensó al instante como una piedra, su aroma se volvió denso y alerta de golpe, y en silencio total, sin hacer el menor ruido, soltó despacio los brazos de encima de nosotros, tomó el hacha pequeña que siempre tenía apoyada cerca de la puerta y se acercó paso a paso, muy despacio y pegado a la pared, hasta la ventana más pequeña que daba hacia el lado norte, donde el sonido había sonado con más fuerza. Nos quedamos Mia y yo inmóviles, sin respirar casi, el corazón latiendo desordenado en el pecho, mirando su espalda ancha y rígida en la penumbra, entendiendo de golpe que la vigilancia de arriba ya no era lo único que debíamos temer, y que por primera vez desde que habíamos llegado a aquel refugio, algo o alguien había cruzado la primera línea y estaba ya mucho más cerca de lo que nunca hubiéramos querido imaginar.

FIN DEL CAPÍTULO 17

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Teresa Castillo
creo que ya son muchos capítulos de lo mismo no avanza el tiempo siempre dicen que faltan 4 meses completos y se supone que llevan varios días ahí ojalá y avance luego
nezhan: Hola Teresa! Gracias de verdad por tomarte el tiempo de escribir esto, me ayuda mucho a mejorar ❤️
Tienes completamente la razón: en esa parte de la historia el tiempo se siente estancado, porque necesitaba cerrar todos los cabos y subir la tensión antes de que estalle todo.
Pero te adelanto que ya viene el cambio GRANDE: en muy pocos capítulos pasan de "faltan 4 meses" a la batalla final, el nacimiento de los tres bebés y un salto de tiempo de un año entero.
Sigue un poquito más, que lo mejor está por llegar! 😊
total 1 replies
Teresa Castillo
maldita vieja no merece perdón 😡😡
Teresa Castillo
maldita bruja porque no deja ser feliz. a su hijo que se quede con todo su dinero que es lo que más le importa 😡
Teresa Castillo
que alguien los ayude no merecen ese sufrimiento
Teresa Castillo
maldita vieja porque no los deja tranquilos 😡😡
Teresa Castillo
que esa vieja los deje tranquilos no merecen sufrir siempre huyendo
Teresa Castillo
😡😡😡
Teresa Castillo
vieja desgraciada merece quedar sola por idiota
Teresa Castillo
nooo😡😡😡
Teresa Castillo
me encanta historia Dante es un amor con su Omega merecen toda la felicidad del mundo 🥰🥰🥰
Teresa Castillo
lloré de emoción Dante es tan tierno 🥰🥰
Teresa Castillo
espero todo sea felicidad de aquí en adelante 👏🥰
Teresa Castillo
ay me encanta Dante es tan tierno con el chico👏👏👏
Teresa Castillo
que hermoso 🥰🥰
Teresa Castillo
🥰🥰🥰
Teresa Castillo
por fin el reencuentro 🥰🥰
Teresa Castillo
que lo encuentren luego y su vida pueda ser feliz 🥰🥰
Teresa Castillo
me encanta la historia 👏👏
Teresa Castillo
comenzando está historia espero sea buena 🥰
Oly-chan
Me gusta 💖
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