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El renacer de la esposa humillada

El renacer de la esposa humillada

Status: Terminada
Genre:CEO / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Venganza de la Esposa / Completas
Popularitas:183
Nilai: 5
nombre de autor: Santi Suki

Astrid lo tenía todo: un matrimonio con el exitoso doctor Lucas Morgan, una hija pequeña llamada Ariana y una vida que parecía perfecta. Pero detrás de la fachada, Lucas la traiciona con otra mujer y su propia suegra, Marta, la humilla sin piedad, convencida de que Astrid nunca fue lo suficientemente buena para su hijo.

Cuando la verdad sale a la luz, Astrid pierde mucho más que un esposo. Pierde la dignidad, la seguridad económica y casi la voluntad de seguir adelante. Con Ariana apenas en brazos, se ve obligada a empezar de cero en un mundo que le dio la espalda.

Lo que nadie anticipó fue la transformación de Astrid. Con inteligencia, trabajo implacable y una determinación que nadie le conocía, reconstruye su vida paso a paso. En el camino se cruza con Mateo Romano, un empresario íntegro y reservado que no busca rescatarla sino caminar a su lado. Lo que comienza como respeto mutuo se convierte en un amor profundo que redefine lo que significa ser pareja.

Pero las sombras del pasado no se rinden fácilmente. Lucas enfrenta las consecuencias legales de sus actos y termina en prisión. Marta, consumida por el arrepentimiento, busca a Astrid en sus últimos días para pedirle perdón. La familia que Astrid construyó con Mateo —incluyendo a los pequeños Emiliano y Gael— se ve amenazada cuando Lucas sale libre y reaparece en sus vidas.

La historia da un giro inesperado cuando Ariana, ya adulta y estudiante de medicina, se enamora de Noel, un joven brillante cuyo hermano gemelo murió en una operación fallida realizada por Lucas años atrás. El amor entre Ariana y Noel queda atrapado entre la culpa heredada y un odio que ninguno de los dos eligió cargar.

NovelToon tiene autorización de Santi Suki para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16

Habían transcurrido casi dos meses desde que Astrid empezó a trabajar con Mateo. En ese tiempo, su vida había ido transformándose poco a poco.

Esa mañana, Astrid estaba frente al espejo del dormitorio, acomodándose el blazer color crema que había comprado hacía unas semanas. Frunció el ceño al jalar la parte de la cintura. La prenda le quedaba holgada. Cuando la compró, le había quedado justa.

Astrid volvió a observar su reflejo en el espejo. Las mejillas ya no eran tan redondas como antes; el rostro se veía más fresco. El cabello, que ahora siempre cuidaba, le caía arreglado sobre los hombros. Sin darse cuenta, esbozó una leve sonrisa. Luego caminó hacia la báscula digital que guardaba en un rincón de la habitación.

Segundos después, la cifra apareció en la pantalla: 85 kilogramos. Astrid se quedó inmóvil. Dos meses atrás pesaba 108. Exhaló lentamente.

"Bajé veintitrés kilos."

El camino para llegar ahí no había sido fácil. No fue gracias a dietas extremas ni a pastillas para adelgazar, sino porque su vida cambió. Empezó a reducir los carbohidratos y los dulces. Cada mañana caminaba o trotaba suavemente en el patio trasero. Al principio el cuerpo le dolía todo después de cada sesión. Varias veces estuvo a punto de rendirse por el agotamiento. Pero cada vez que quería parar, recordaba una cosa: todo esto lo hacía por ella misma. No por Lucas.

Durante el día trabajaba con Mateo. Por las noches solía quedarse terminando diseños mientras acompañaba a Ariana hasta que se dormía. Sumado a eso, la carga emocional que nunca terminaba de irse. Las heridas de la traición de Lucas no se veían, pero muchas veces desgastaban más que cualquier esfuerzo físico.

—¡Mamiii...!

La vocecita desde la puerta hizo que Astrid volteara. Ariana estaba ahí parada, abrazando a su conejo de peluche. Tenía la boca embadurnada de migajas de galleta.

La niña señaló de inmediato el blazer de su madre.

—Te queda gande.

Astrid se rio.

—¿Mamá es la grande o es la ropa la que queda grande?

Ariana lo pensó unos segundos. Luego volvió a señalar el blazer.

—La opa.

—¿Cómo lo sabes?

Ariana se acercó. Con su manita jaló la orilla del blazer de Astrid.

—Está floja.

Astrid soltó una carcajada.

—Ah, entonces la ropa le queda grande a mamá.

Ariana asintió con entusiasmo.

—Sí.

—¿Y qué debe hacer mamá?

La pequeña se puso a pensar. Su carita se veía muy seria.

—Comprar otra.

Astrid tuvo que taparse la boca para no reír más fuerte.

—Vaya, qué lista eres, Ariana.

—Sí.

—¿Quién lo dice?

—Ana.

Esta vez Astrid se rio de verdad. Ariana también se reía, aunque no sabía de qué.

La niña levantó los dos brazos.

—¡Upa!

Astrid se agachó.

—De paso nos bañamos. Para estar limpias, oler rico y vernos bonitas.

Ariana le abrazó el cuello con fuerza.

—Mami también bonita.

Esas palabras tan simples hicieron que la sonrisa de Astrid se fuera apagando lentamente. No de tristeza, sino de ternura.

Hacía muchísimo tiempo que nadie le decía eso. Nadie excepto Ariana.

Astrid besó las mejillas de su hija una y otra vez.

—Gracias, cariño.

—Mami bonita.

—¿En serio? ¿Mamá es bonita?

—Sí —la pequeña asintió con gran entusiasmo.

Astrid volvió a reír. El pecho le rebosaba de calidez. Por unos instantes se olvidó de todos los problemas. Porque en un mundo que se sentía cada vez más complicado, Ariana siempre era la razón más poderosa que la mantenía de pie.

Al otro lado de la ciudad, Lucas estaba sentado en su oficina. Un despacho amplio que llevaba casi dos meses siendo su dominio. El nuevo cargo le había dado más poder, y Lucas lo disfrutaba enormemente.

Alguien tocó la puerta.

—Adelante.

Un hombre trajeado entró cargando una caja elegante. Era el representante de una de las farmacéuticas que trabajaban con el hospital.

—Buenas tardes, doctor Lucas.

Lucas esbozó una sonrisa.

—Tome asiento.

El hombre colocó la caja sobre el escritorio.

—Un pequeño detalle de agradecimiento de nuestra empresa.

Lucas le echó un vistazo a la caja. Un reloj de lujo. Claramente costoso.

—No tenían que molestarse.

El hombre también sonrió.

—Solo esperamos que nuestra colaboración siga marchando bien.

Lucas se reclinó.

—Por supuesto.

—Nuestro producto más reciente está a punto de lanzarse —dijo el visitante.

Lucas asintió.

—Luego lo recomiendo al departamento de compras.

La sonrisa del hombre se ensanchó.

—Esa es una excelente noticia.

Unos minutos después, el visitante se retiró.

Lucas abrió el cajón de su escritorio. Adentro ya había varios obsequios similares: relojes, vouchers de viaje, tarjetas de compras y sobres cuyo contenido no era menor. Lucas cerró el cajón sin el más mínimo remordimiento.

Por la tarde, Lucas recibió otra visita. Esta vez de una compañía de equipos de salud.

—Doctor, la propuesta del nuevo equipo de resonancia magnética ya fue enviada.

Lucas hojeó algunas páginas.

—Se ve bien.

—Si el hospital aprueba esta compra, estamos listos para ofrecerle una gratificación especial.

Lucas sonrió levemente.

—¿Gratificación?

—Ya la tenemos preparada —el hombre también sonrió. Deslizó un sobre grueso sobre el escritorio.

Lucas no lo tocó de inmediato. Pero sus ojos lo rozaron fugazmente. La cantidad era considerable.

—Gracias.

El hombre asintió.

—Confiamos en que su decisión no nos defraudará.

Cuando el visitante se fue, Lucas metió el sobre en su portafolio. El movimiento fue tan natural como si fuera algo cotidiano. Porque, en efecto, ya lo era.

Esa noche, Lucas se encontraba en su apartamento de lujo. Stella estaba sentada en el sofá hojeando catálogos de bolsos de diseñador.

—¿Cuál te gusta? —preguntó Lucas.

Stella señaló una imagen.

—Este.

Lucas miró el precio: miles de dólares. Pero solo sonrió.

—Si te gusta, cómpralo.

Stella se le colgó del brazo.

—Eres el mejor.

Lucas se rio. Le rodeó la cintura con el brazo.

Sobre la mesa había varias bolsas de compras de boutiques exclusivas. El botín de ese día.

Mientras tanto, en la otra casa, Astrid probablemente seguía creyendo que el dinero de Lucas provenía de su salario y la clínica. La realidad era muy distinta.

Lucas tenía otra cuenta bancaria que nadie conocía. Una cuenta que durante años había recibido flujos de dinero de distintas fuentes: comisiones, sobornos, bonificaciones extraoficiales y toda clase de transacciones deliberadamente ocultas.

Tres días después. Astrid estaba en la oficina del proyecto cuando Julio apareció cargando un maletín de documentos. El rostro del exdetective lucía mucho más serio que de costumbre.

Mateo, que revisaba unos planos, levantó la cabeza de inmediato.

—¿Encontraste algo?

Julio dejó el maletín sobre la mesa.

—Mucho.

Astrid, que estaba dibujando, detuvo su trabajo al instante. El corazón le empezó a latir más rápido.

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