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La Esposa Que Cambió Las Reglas

La Esposa Que Cambió Las Reglas

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Amor prohibido / Romance
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Rosa Yosef Osca

Durante siete años, Amelia Ferrer creyó que estaba construyendo un matrimonio y un futuro junto a Esteban Llorente. Renunció a sus propios sueños para convertir la empresa familiar de su esposo en un imperio, convencida de que algún día ambos compartirían el éxito que habían levantado juntos.
Todo cambia cuando descubre que Esteban y su madre llevan meses preparando un divorcio cuidadosamente planificado. No solo pretenden separarse de ella: quieren borrar cualquier rastro de su trabajo, apropiarse de sus aportes y dejarla sin un solo derecho sobre la empresa que ayudó a crear.
Amelia firma el divorcio sin discutir. Lo que nadie imagina es que una antigua sociedad fundada por su padre conserva, sin que ella lo sepa, derechos sobre uno de los activos más valiosos del Grupo Llorente.
Ese descubrimiento llama la atención de Gael Santoro, heredero de uno de los conglomerados empresariales más poderosos del país.

NovelToon tiene autorización de Ana Rosa Yosef Osca para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22: La verdad detrás de la mentira

Amelia permaneció inmóvil frente a la mujer que durante años había llorado como muerta. No sabía qué sentir primero: alivio, rabia, miedo o incredulidad. Su mente rechazaba la imagen que tenía delante porque aceptar que Elena Ferrer estaba viva significaba destruir una verdad sobre la que había construido gran parte de su vida.

—Dime que esto no es otra mentira —susurró Amelia.

Elena dio un paso hacia ella, pero se detuvo al notar la tensión en el rostro de su hija.

—Ojalá pudiera decirte que todo lo que has vivido fue una mentira sencilla. Habría sido mucho más fácil.

—Entonces empieza por explicarme por qué te dejaron morir.

Elena bajó la mirada.

—Porque si sabían que estaba viva, te matarían a ti.

Amelia sintió un golpe en el pecho.

—¿Quiénes?

—Los mismos que intentaron quedarse con el Proyecto Legado.

Gael permanecía atento a cada palabra.

—¿Los Llorente?

Elena negó lentamente.

—Los Llorente fueron una pieza. No los responsables.

Gabriel cerró la puerta del laboratorio y comprobó el pasillo.

—Tenemos poco tiempo. Si alguien nos siguió, debemos salir.

Elena lo miró.

—No todavía.

—¿Por qué?

—Porque hay algo que Amelia debe saber antes de abandonar este lugar.

Elena se acercó al escritorio y abrió un compartimento oculto. Sacó una pequeña caja metálica y la colocó frente a Amelia.

—Esto pertenecía a tu padre.

Amelia no la tocó.

—¿Dónde está él?

Elena permaneció en silencio.

—Mamá.

—No lo sé.

La respuesta fue peor que cualquier explicación.

Amelia apretó los puños.

—Me dijiste que había muerto.

—Porque necesitaba que tú lo creyeras.

—¡Me hiciste llorar por él!

Su voz quebró el silencio del laboratorio.

—Lo sé.

—¡Crecí creyendo que mis padres estaban muertos!

Elena cerró los ojos.

—Y yo viví todos estos años sabiendo que algún día tendría que enfrentar tu odio.

Amelia se quedó sin palabras.

Gael se acercó discretamente, pero no intentó tocarla.

Elena abrió la caja.

Dentro había una llave, una fotografía antigua y un pequeño dispositivo.

—Leonardo descubrió que el Proyecto Legado podía utilizarse para algo mucho más grande de lo que imaginábamos. No era simplemente una tecnología rentable. Era una investigación capaz de cambiar la forma en que determinadas industrias producían y almacenaban energía.

Gael tomó la fotografía.

—¿Y quién más lo sabía?

—Muy pocas personas.

—Catalina.

Elena lo miró.

—Sí.

Gael endureció el rostro.

—¿Mi padre?

—También.

—¿Y ambos decidieron ocultárselo a sus hijos?

—Porque intentaban protegerlos.

Amelia soltó una risa amarga.

—Todos dicen lo mismo. Siempre es para protegernos.

Elena la miró con tristeza.

—A veces proteger a alguien significa condenarlo a vivir con una mentira.

Amelia tomó la llave.

—¿Qué abre?

—Una bóveda.

—¿Dónde?

Elena miró a Gael.

—Debajo de la antigua sede de Ferrer.

Gael frunció el ceño.

—Ese edificio fue demolido hace años.

—La parte visible, sí.

Gabriel intervino:

—Entonces todavía existe una estructura subterránea.

Elena asintió.

—Y allí está la prueba que puede destruir a los Llorente.

Amelia miró a su madre.

—¿Qué prueba?

—Los documentos originales del Proyecto Legado.

—¿Y por qué no los entregaste antes?

—Porque no podía acercarme a ti.

Elena respiró profundamente.

—Cuando Leonardo descubrió que alguien dentro de su propia organización estaba filtrando información, fingimos mi muerte. Después desapareció él.

Gael preguntó:

—¿Quién era el infiltrado?

Elena lo miró directamente.

—Mauro Vidal.

Gael cerró los ojos por un instante.

—Lo sabía.

—No —dijo Elena—. Sospechabas. Hay una diferencia.

Amelia se acercó.

—¿Qué hizo Vidal?

—Vendió información durante años. Pero no trabajaba solo.

Elena sacó un documento de la caja.

—Había alguien por encima de él.

Amelia tomó la hoja.

No había un nombre.

Solo una inicial.

R.

—¿Quién es R?

Elena negó.

—Nunca descubrimos su identidad.

Gael observó el documento.

—Entonces ¿por qué dijiste que Victoria no está detrás de todo esto?

—Porque Victoria cree que está jugando su propia partida. En realidad, alguien la está utilizando para abrir las puertas que necesita.

Amelia recordó todas las maniobras de los últimos días.

La filtración.

La demanda de nulidad.

Los documentos.

Las reuniones.

Todo había parecido diseñado por Victoria.

Pero si alguien estaba moviéndola desde las sombras, entonces la verdadera guerra apenas comenzaba.

Un ruido metálico resonó en el pasillo.

Gabriel levantó una mano.

—Tenemos compañía.

Elena cerró la caja.

—Nos vamos.

—¿Por dónde? —preguntó Amelia.

—Por la salida trasera.

Avanzaron rápidamente por un corredor estrecho. Al llegar a una puerta, Elena se detuvo y miró a Amelia.

—Hay algo más que debes saber.

—¿Qué?

—Tu padre no desapareció por voluntad propia.

Amelia sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Qué quieres decir?

—Lo secuestraron.

Gael se volvió.

—¿Quién?

—No lo sé.

—¿Y tú cómo escapaste?

Elena apretó los labios.

—Porque Leonardo hizo un trato.

Amelia sintió que el mundo se detenía.

—¿Qué trato?

—Él entregó una parte del Proyecto Legado para salvarme.

—¿Y dónde está ahora?

Elena negó con lágrimas en los ojos.

—No lo sé.

Llegaron a la salida trasera y abandonaron el edificio.

Durante el trayecto de regreso a la Torre Santoro, Amelia permaneció en silencio. Había encontrado a su madre, pero había perdido la certeza de que alguna vez volvería a encontrar a su padre.

Cuando llegaron a la oficina, Catalina ya estaba allí.

Al ver a Elena, se quedó completamente inmóvil.

—Dios mío.

Elena sostuvo su mirada.

—Hola, Catalina.

Catalina dejó lentamente el bolso sobre la mesa.

—Pensé que estabas muerta.

—Era necesario que lo pensaras.

—¿Y Leonardo?

Elena no respondió.

Catalina entendió.

—Lo encontraron.

Elena negó.

—No.

—Entonces...

—Está vivo.

Catalina cerró los ojos.

Gael dio un paso adelante.

—¿Tú sabías que podía estar vivo?

Catalina lo miró.

—Tenía sospechas.

—¿Y no nos dijiste nada?

—Porque no tenía pruebas.

Amelia intervino:

—Ya no necesito explicaciones parciales.

Catalina la miró.

—¿Qué quieres saber?

—Quién es R.

Catalina palideció.

Por primera vez desde que Amelia la conocía, vio miedo verdadero en sus ojos.

—No vuelvas a pronunciar esa inicial —dijo Catalina.

Gael frunció el ceño.

—¿Por qué?

Catalina respondió en voz baja:

—Porque si esa persona sabe que Elena está viva, todos nosotros estamos en peligro.

Amelia dio un paso hacia ella.

—¿Quién es?

Catalina tardó unos segundos en responder.

—Alguien que estuvo en la vida de tu padre mucho antes de que existiera el Proyecto Legado.

—Dame un nombre.

Catalina la miró.

—No puedo.

—Entonces yo lo descubriré.

Amelia se volvió hacia Gael.

—Necesitamos encontrar la bóveda.

Gael asintió.

—Lo haremos.

Catalina intentó detenerlos.

—No entienden lo que están buscando.

Amelia la miró por encima del hombro.

—No. Pero ahora sabemos que todos ustedes nos ocultaron la verdad durante años.

Tomó la mano de Gael.

—Y estoy cansada de que otros decidan cuánto puedo saber.

Gael entrelazó sus dedos con los de ella.

Esta vez no fue por las cámaras.

Ni por el tribunal.

Ni por una estrategia empresarial.

Fue una decisión silenciosa.

Catalina los observó marcharse.

Cuando la puerta se cerró, Elena se acercó a ella.

—Ya no puedes protegerla.

Catalina bajó la mirada.

—Lo sé.

—Entonces tendrás que contarle todo.

Catalina negó lentamente.

—Todavía no.

—¿Por qué?

Catalina levantó los ojos.

—Porque hay una parte de la historia que Amelia no está preparada para conocer.

Elena se quedó inmóvil.

—¿Qué parte?

Catalina respiró profundamente.

—La verdadera identidad de R.

Mientras tanto, en el estacionamiento, Amelia y Gael entraban en el automóvil.

Ella abrió la mano.

La pequeña llave seguía allí.

—¿Sabes qué es lo más extraño?

—¿Qué?

—Que durante años pensé que mi familia había perdido todo.

Gael la miró.

—Y ahora descubriste que lo perdieron todo para proteger algo.

Amelia observó la llave.

—Y todavía no sabemos si ese algo vale más que nuestras vidas.

Gael encendió el motor.

—Entonces tendremos que descubrirlo antes que ellos.

El teléfono de Amelia vibró.

Número desconocido.

Abrió el mensaje.

Solo contenía una fotografía.

Era Leonardo Ferrer.

Vivo.

Sentado en una habitación desconocida.

Y debajo de la imagen había una frase:

«Deja de buscar la bóveda si quieres volver a ver a tu padre.»

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