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Azúcar Amargo

Azúcar Amargo

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Reencuentro
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Sarita King

Samantha Torres solo quería salvar su pastelería y cuidar de su hermana menor; jamás imaginó que una bandeja de crema pastelera la llevaría directamente a los brazos del hombre más peligroso, arrogante y fascinante de la ciudad: Viktor D'Angelo.

NovelToon tiene autorización de Sarita King para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Dulce Venganza

Viktor D'Angelo

Nunca había sido un hombre paciente.

La gente asumía que sí porque rara vez levantaba la voz.

Porque rara vez mostraba emociones.

Porque rara vez perdía el control.

Pero paciencia y autocontrol no eran lo mismo.

Yo simplemente había aprendido que los errores más costosos se cometían cuando uno actuaba impulsivamente.

Por eso analizaba.

Calculaba.

Esperaba.

Y luego atacaba.

Era una estrategia que me había servido durante años.

En los negocios.

En las negociaciones.

En la vida.

Hasta que apareció Samantha Torres.

Porque discutir con ella era como intentar atrapar humo con las manos.

Frustrante.

Imposible.

Y absurdamente entretenido.

—Estás distraído.

Levanté la vista.

Ian estaba sentado frente a mí en la sala de juntas.

Otra vez.

Últimamente parecía disfrutar demasiado señalando cada uno de mis defectos.

—No estoy distraído.

—Acabas de firmar una página al revés.

Miré el documento.

Maldición.

Lo había hecho.

—Fue un accidente.

—Claro.

—Cállate.

—No.

Suspiré.

Porque aquella conversación ya comenzaba a convertirse en una rutina.

Y porque, muy a mi pesar, sabía exactamente cuál era la causa del problema.

—¿La viste hoy?

No respondí.

—Eso es un sí.

—Ian...

—¿Qué?

—Tengo trabajo.

—Y Samantha tiene una pastelería.

—No veo la relación.

—Todo el mundo la ve menos tú.

Tomé una carpeta.

Ian levantó las manos.

—Violencia laboral.

—Tentadora.

—Denunciaré esto.

—Nadie te creerá.

—Probablemente.

Desafortunadamente.

Mi teléfono vibró sobre la mesa.

Un mensaje.

Clara.

Su abuelo adelantó la cena familiar para esta noche.

Perfecto.

No existían dos palabras más peligrosas que "cena familiar".

Especialmente en mi familia.

Porque las cenas D'Angelo nunca eran realmente cenas.

Eran interrogatorios disfrazados de reuniones.

Batallas silenciosas.

Juegos de poder.

Y yo estaba cansado de todos ellos.

---

Tres horas después estaba entrando en la mansión familiar.

La enorme construcción de piedra parecía más un castillo que una casa.

Siempre me había parecido fría.

Demasiado grande.

Demasiado vacía.

Demasiado perfecta.

Como las personas que vivían allí.

Un empleado abrió la puerta.

—Señor Viktor.

Asentí.

Entré.

Y de inmediato sentí el peso familiar de aquel lugar.

Las expectativas.

Los secretos.

Los recuerdos.

Todo.

Mi abuelo presidía la mesa principal.

Como un rey observando su reino.

El resto de la familia ya estaba sentado.

Leonardo no estaba.

Nada extraño.

Mi primo desaparecía constantemente durante semanas enteras.

Nadie parecía preocupado.

Yo tampoco.

Leonardo siempre volvía.

Siempre.

—Llegas tarde.

Miré el reloj.

—Llegué puntual.

—Dos minutos tarde.

Por supuesto.

Siempre los mismos dos minutos.

Tomé asiento.

La cena comenzó.

Y exactamente siete minutos después ya quería marcharme.

—Escuché que estás frecuentando una cafetería.

Levanté la vista.

Mi tía Valeria.

Perfecto.

Otro interrogatorio.

—Es una pastelería.

—Qué diferencia tan importante.

—Lo es si te gusta el azúcar.

Algunos familiares sonrieron.

Mi abuelo no.

Nunca lo hacía.

—¿Quién es ella?

Tomé una copa de agua.

—Una empleada.

—¿Solo eso?

—Sí.

Mentira.

No porque hubiera algo entre Samantha y yo.

No lo había.

Pero tampoco era simplemente una empleada.

Porque si fuera solo eso, no estaría pensando en ella constantemente.

Y eso resultaba irritante.

Muy irritante.

—Te recomiendo prudencia.

La voz de mi abuelo cortó la conversación.

Todos guardaron silencio.

Como siempre.

—No entiendo.

—Claro que entiendes.

Lo observé.

Él me observó.

Y durante unos segundos ninguno apartó la mirada.

Un juego antiguo.

Uno que llevábamos jugando toda la vida.

—No permitiré que una desconocida se convierta en una debilidad.

Ahí estaba.

La verdadera razón.

No era Samantha.

Nunca había sido Samantha.

Era el control.

Siempre el control.

—No es una debilidad.

—Entonces demuéstralo.

La conversación terminó ahí.

Al menos para ellos.

Para mí apenas comenzaba.

---

Salí de la mansión una hora después.

Con un dolor de cabeza monumental.

Y una necesidad urgente de olvidar aquella noche.

El conductor abrió la puerta del automóvil.

—¿A casa, señor?

Miré por la ventana.

Pensé en mi apartamento.

Vacío.

Silencioso.

Frío.

Luego pensé en otro lugar.

Un lugar que olía a café recién hecho.

Y vainilla.

—No.

—¿Señor?

—Haz una parada.

---

A la mañana siguiente llegué a Crema Chantilly.

Era temprano.

Demasiado temprano.

La pastelería acababa de abrir.

Y Samantha estaba sola.

Luchando contra una torre de cajas que parecía estar a punto de caer.

—No.

Ella me vio.

—Ni se te ocurra.

—Buenos días.

—No.

—Todavía no he dicho nada.

—Precisamente.

Sonreí.

—Qué amable bienvenida.

—¿Qué haces aquí?

—Quiero café.

—Mentiroso.

—Qué agresiva.

—Qué insistente.

Las cajas comenzaron a inclinarse.

Lo vi antes que ella.

—Torres.

—¿Qué?

—Las cajas.

—¿Qué pasa con las...

Demasiado tarde.

La torre empezó a caer.

Y Samantha intentó sujetarla.

Intentó.

Porque un segundo después estaba perdiendo el equilibrio.

Instintivamente avancé.

La sujeté por la cintura.

Y evitamos que terminara en el suelo.

Silencio.

Completo.

Absoluto.

Peligroso.

Porque durante unos segundos nos quedamos inmóviles.

Demasiado cerca.

Muchísimo demasiado cerca.

Pude notar el aroma a vainilla que siempre parecía acompañarla.

Pude ver pequeñas pecas cerca de su nariz.

Pude escuchar su respiración.

Y aquello fue un problema.

Un problema enorme.

Sus ojos marrones se encontraron con los míos.

Y por primera vez Samantha pareció quedarse sin palabras.

Lo cual resultaba sorprendentemente satisfactorio.

—¿Estás bien?

Su voz salió más suave de lo habitual.

—Sí.

—Bien.

—Gracias.

—De nada.

Ninguno se movió.

Ninguno.

Hasta que una voz apareció detrás de nosotros.

—¡Lo sabía!

Nos separamos inmediatamente.

Evelyn.

Por supuesto.

Porque el universo jamás perdía una oportunidad de burlarse de mí.

La niña nos observó con una sonrisa gigantesca.

—¿Qué sabes?

—Que les gusto el uno al otro.

—¡Evelyn!

—¿Qué?

—Nada de eso está pasando.

—Claro.

—Nada.

—Claro.

Aquella respuesta fue idéntica a las de Ian.

Definitivamente era una señal de que pasaba demasiado tiempo con personas problemáticas.

—Voy a la escuela.

—Excelente idea.

—Pero tengo razón.

—Adiós, Evelyn.

—Tengo razón.

—Adiós.

La niña salió riendo.

Y Samantha dejó caer la cabeza sobre el mostrador.

—Quiero mudarme de planeta.

No pude evitar reír.

Ella levantó la vista.

Y por un instante volvió a aparecer aquella expresión.

La que había visto el primer día.

La mezcla de orgullo.

Terquedad.

Y humor.

—¿Qué es tan gracioso?

—Tú.

—Qué grosero.

—Tú empezaste.

—Eso no es verdad.

—Me arrojaste crema.

—Fue un accidente.

—Claro.

—Fue un accidente.

—Claro.

Tomé un sorbo de café.

Y entonces tuve una idea.

Una idea absurda.

Infantil.

Completamente impropia de un empresario adulto.

Por eso me gustó inmediatamente.

—Voy a vengarme.

Ella entrecerró los ojos.

—¿Perdón?

—Dulce venganza.

—Eso suena preocupante.

—Debería.

—Viktor.

—Samantha.

—No me gusta esa sonrisa.

—Perfecto.

—¿Qué planeas?

—Lo descubrirás.

Porque por primera vez en mucho tiempo...

No estaba pensando en negocios.

Ni en guerras familiares.

Ni en responsabilidades.

Solo estaba pensando en una mujer capaz de discutir conmigo por cualquier cosa.

Y en una pequeña venganza que prometía ser mucho más divertida de lo que debería.

Sin saber que aquella decisión insignificante sería el comienzo de algo mucho más grande.

Mucho más peligroso.

Y mucho más dulce.

Fin del capitulo 6...☕

1
Dany 🇨🇱🥰
jajajaja 🤣🤣
Náyade
pobre Samantha 😅
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