En una manada donde todos nacen marcados por la Luna, Lyra es la única que jamás recibió una marca. Creció siendo ignorada, despreciada y tratada como un error incluso por quienes debían protegerla. Para la manada, alguien sin marca no tiene lugar, poder… ni valor. Pero todo cambia cuando comienza a encontrarse en secreto con Rowan, el heredero de una manada vecina que nunca la miró con rechazo. Mientras él le enseña a confiar en sí misma, Kael —el futuro alfa que siempre la despreció— empieza a verla de una forma diferente tras descubrir que Lyra oculta algo imposible. Entre antiguas profecías, secretos de las manadas y un poder que podría cambiarlo todo, Lyra tendrá que decidir quién es realmente… antes de que otros decidan por ella.
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Energía
El regreso a casa fue silencioso.
Demasiado silencioso.
Lyra caminaba lentamente entre los árboles mientras sentía el cuerpo extraño.
Pesado.
Cada paso parecía costarle más energía que el anterior.
El dolor en la espalda había desaparecido, pero dejó algo peor:
un agotamiento profundo.
Como si algo dentro de ella hubiera despertado…
y consumido demasiado.
La luna seguía alta sobre el bosque cuando finalmente salió del sendero.
Respiraba agitado.
Le temblaban un poco las manos.
—¿Qué demonios fue eso…?
Rowan quiso acompañarla, pero Lyra insistió en que podía volver sola.
Aunque ahora empezaba a arrepentirse.
Porque sentía un vacío raro en el pecho.
Hambre.
No exactamente física.
Algo diferente.
Más profundo.
Lyra apoyó una mano contra un árbol intentando recuperar el aire.
Y entonces lo escuchó.
Una voz.
Suave.
Distante.
Dentro de su cabeza.
“Necesitas energía.”
Lyra abrió los ojos aterrada.
—No…
Miró rápidamente alrededor.
No había nadie.
El bosque seguía vacío.
“Tu cuerpo está despertando.”
La misma voz femenina del sueño.
La mujer de ojos rojos.
Lyra apretó los dientes.
—Déjame en paz.
Pero la voz continuó como un susurro deslizándose bajo su piel.
“Necesitas alimentarte.”
El vacío en su pecho aumentó de golpe.
Lyra jadeó doblándose apenas hacia adelante.
Algo dentro de ella exigía más.
Calor.
Contacto.
Vida.
Y entonces las palabras aparecieron claramente en su mente.
“Necesitas a alguien.”
Su respiración se volvió inestable.
“Alguien con quien acostarte.”
El corazón de Lyra se detuvo un segundo.
—¿Qué…?
Vergüenza y confusión la atravesaron inmediatamente.
“No.”
Eso era absurdo.
Ella dio otro paso intentando ignorarlo.
Pero el cansancio empeoró.
Sentía las piernas débiles.
La piel demasiado sensible.
El cuerpo desesperadamente vacío.
“Roba energía.”
La voz sonó más intensa esta vez.
“Es tu naturaleza.”
Lyra negó rápidamente con la cabeza.
—No sé qué eres… pero cállate.
Sin embargo…
una parte de ella sintió miedo porque el susurro parecía tener sentido.
Como si su cuerpo realmente estuviera buscando algo.
Calor.
Cercanía.
Energía ajena.
Sus ojos brillaron rojos nuevamente entre la oscuridad.
Y por un instante…
la idea de tocar a alguien,
de sentir un corazón latiendo contra el suyo,
hizo que ese vacío doliera un poco menos.
Lyra se quedó completamente quieta.
Asustada de sí misma.
Porque ya no sabía qué pensamientos eran realmente suyos.
Lyra apenas logró llegar al borde de la aldea.
El cuerpo le pesaba horriblemente.
Cada respiración parecía insuficiente y ese vacío dentro de ella seguía creciendo como un fuego imposible de apagar.
Necesitaba calor.
Necesitaba contacto.
La voz en su cabeza seguía susurrando cosas que apenas entendía.
“Busca.”
“Reclama.”
“Aliméntate.”
Lyra apretó los ojos intentando ignorarla.
Pero entonces percibió un olor familiar.
Pino.
Lluvia.
Humo.
Kael.
Levantó la cabeza rápidamente.
Él estaba cerca del campo de entrenamiento, caminando solo bajo la luna mientras revisaba algunas armas dejadas después de la práctica nocturna.
Lyra debería haberse alejado.
Especialmente de él.
Pero algo dentro de ella reaccionó inmediatamente al verlo.
El vacío ardió.
Y por primera vez…
no sintió odio.
Sintió necesidad.
Kael levantó la cabeza apenas percibió su presencia.
Frunció el ceño al verla acercarse tambaleándose.
—¿Lyra?
Ella respiraba agitada.
Sus ojos rojos brillaban tenuemente en la oscuridad.
Kael dio un paso hacia ella inmediatamente.
—¿Qué te pasó?
La preocupación en su voz sonó real.
Y eso solo confundió más a Lyra.
Porque su cuerpo reaccionó peligrosamente al tono grave de él.
Al calor de su presencia.
A sus ojos fijos completamente sobre ella.
—No te acerques… —murmuró ella.
Pero sonó débil.
Kael claramente no pensaba obedecer.
Se acercó más y apoyó una mano sobre su brazo.
El contacto fue un error.
El vacío dentro de Lyra reaccionó de golpe.
Un calor intenso atravesó todo su cuerpo mientras un pequeño jadeo escapaba de sus labios.
Kael tensó inmediatamente la mandíbula.
Porque el aura de ella cambió completamente.
Más salvaje.
Más intensa.
Y sus ojos…
lo estaban mirando de una forma que jamás había visto antes.
Como si quisiera lanzarse sobre él.
Lyra intentó apartarse.
—No… algo está mal conmigo…
Kael sostuvo su brazo con más firmeza antes de que cayera.
—Estás temblando.
Ella podía escuchar perfectamente su corazón latiendo.
Fuerte.
Caliente.
Y cada latido hacía que el vacío doliera más.
“Él.”
La voz susurró dentro de su cabeza.
“Hazlo tuyo.”
Lyra jadeó cerrando los ojos.
—Cállate…
Kael frunció el ceño.
—¿Qué dijiste?
Ella levantó la mirada lentamente.
Demasiado cerca ahora.
Podía sentir el calor de su cuerpo.
Su respiración.
Sus dedos sujetándola.
Y algo dentro de ella perdió el control.
Lyra tomó la camisa de Kael con fuerza y lo atrajo bruscamente hacia ella.
Kael quedó completamente inmóvil.
Sus respiraciones chocaron.
Los ojos dorados de él se abrieron apenas sorprendido.
—Lyra…
Pero ella lo besó antes de que pudiera seguir hablando.
Fue impulsivo.
Desesperado.
Como alguien muriendo de sed.
Kael tardó apenas un segundo en reaccionar antes de sujetarla por la cintura instintivamente.
El calor explotó dentro de Lyra inmediatamente.
Y el vacío…
comenzó a desaparecer.
Un pequeño sonido tembloroso escapó de sus labios contra los de él mientras sus dedos se aferraban a su ropa.
Kael podía sentir algo extraño ocurriendo.
La energía alrededor de ella vibraba intensamente.
Sus ojos rojos brillaban más fuertes.
Pero aun así…
no pudo apartarse.
Porque años enteros de tensión,
miradas,
enojo,
y algo más profundo que nunca quiso admitir…
acababan de romperse entre ellos.
Lyra apoyó la frente contra su pecho respirando agitadamente después del beso.
Y por primera vez en días…
el dolor dentro de ella se calmó un poco.
Solo un poco.
Pero suficiente para asustarla todavía más.