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La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Completas
Popularitas:71
Nilai: 5
nombre de autor: Afrodite 18

Andreia lo tenía todo: el amor de un futuro Rey Alfa, la promesa de un destino compartido y la certeza de que la luna los había elegido. Hasta la noche en que Máximo la rechazó frente a toda la manada para presentar a otra mujer como su Luna.

Humillada y con un secreto creciendo en su vientre, Andreia huyó. Lejos de las manadas, lejos de los tronos, construyó una vida en el silencio: una confitería pequeña, una casa rodeada de árboles y una hija llamada Kim que lo era todo para ella.

Pero Kim no es una niña común. A los cuatro años ya se transforma en loba, sus ojos brillan con un poder que no debería existir en alguien tan pequeña, y la luna parece responder cada vez que ella ríe o llora. Porque Kim es la verdadera heredera de una profecía que todos creyeron pertenecía a otra.

Cuando el pasado toca a la puerta y Máximo descubre lo que perdió, nada volverá a ser igual. Entre secretos de sangre, conspiraciones familiares y un poder ancestral que despierta con cada latido, Andreia deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para proteger a su hija.

Porque en el mundo de las manadas, el amor puede ser la fuerza más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Afrodite 18 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 17

El tiempo había sido cruel con Alister, pero nada dolía tanto como ciertos recuerdos que insistían en volver cuando la noche se quedaba demasiado silenciosa.

FLASHBACK ON

Andreia tenía diez años, tal vez un poco más —Alister no lo recordaba con exactitud—, pero ya no era la niña tímida que se escondía detrás de las columnas del castillo, aunque tampoco era todavía la joven que un día enfrentaría reyes y profecías.

Algo en ella había cambiado, y Alister lo percibió demasiado tarde. Caminaba por los pasillos con pasos firmes, la cabeza erguida.

Ya no corría hasta él cuando lo veía, ya no buscaba su aprobación con el mismo brillo en los ojos. Había una confianza nueva, casi desconcertante, como si hubiera descubierto un secreto demasiado grande para su edad.

Alister recordaba haberla observado a la distancia, escondido detrás de un tapiz antiguo.

"Está creciendo", pensó en aquel entonces, intentando convencerse de que solo era eso. Pero no lo era.

Aquella tarde, Andreia entrenaba sola en el patio interior. Selena había iniciado su entrenamiento; sus movimientos eran más precisos que nunca, la energía a su alrededor más densa, más viva.

La luna aún no había aparecido en el cielo, pero parecía reflejarse en ella, como si su presencia respondiera a algo invisible.

Alister sintió un escalofrío. Cuando Andreia levantó el rostro, sus ojos encontraron los de él.

Y en ese instante, lo supo. No fue rabia lo que vio, ni acusación. Fue peor.

Los ojos de su hija no pedían respuestas, no imploraban explicaciones; decían, en silencio: yo sé. Alister dio un paso al frente, el corazón desbocado.

ALISTER— Andreia… —la llamó, con la voz quebrada.

Ella se acercó despacio, respetuosa como siempre había sido. Inclinó la cabeza levemente, como una loba joven ante un alfa; no como una hija ante su padre.

ANDREIA— ¿El señor necesita algo? —preguntó.

Señor.

La palabra lo golpeó como una cuchilla. Antes, ella lo llamaba papá con naturalidad, con cariño, con orgullo infantil.

Ahora había distancia en cada sílaba, un enorme espacio que él ya no sabía cómo cruzar.

ALISTER— Estás… diferente —le dijo, intentando sonar casual—. No sé, algo en ti cambió.

Andreia le sostuvo la mirada. No la desvió, no tembló.

ANDREIA— Todos cambiamos —respondió—. Algunos solo tardan más en darse cuenta de que necesitan el cambio.

Ahí, Alister tuvo la certeza. Ella sabía sobre Selena. Sabía sobre la sangre que le corría por las venas, sobre su madre.

Sabía sobre las mentiras dichas en nombre de la protección. Y aun así, no dijo nada. No lo confrontó, no le exigió explicaciones. No lloró. Simplemente se quedó en silencio.

Un silencio que contenía demasiada madurez para una niña. Había pérdida, había duelo.

Él intentó tocarle el hombro, pero Andreia dio un pequeño paso atrás, casi imperceptible, pero definitivo.

ANDREIA— Si no necesita nada más, volveré a mi entrenamiento —dijo, y se alejó.

Alister se quedó allí, inmóvil, sintiendo que algo se rompía dentro de él. En ese momento comprendió: había perdido a su hija.

Había perdido algo precioso: el amor puro, incondicional, que solo una niña puede ofrecerle a un padre.

Andreia aún lo respetaba, aún le obedecía, pero ya no lo veía como refugio, como su protector.

Y mientras la observaba desaparecer por los pasillos, Alister supo que, a partir de aquel día, todo lo que quedaba entre ellos estaría hecho de silencios, arrepentimiento y espera.

Porque algunas verdades, una vez descubiertas, jamás devuelven la inocencia perdida.

A partir de entonces la vio florecer aún más: se iluminaba cada día con mayor fuerza. Fue ahí cuando decidió prohibirle entrenar dentro de los límites de su casa. Intentó inhibir sus poderes por temor a la segunda parte de la profecía, algo que realmente podría arrebatarle a su hija para siempre.

FLASHBACK OFF

CON ANDREIA

ANDREIA— Listo, mi amor —dijo mientras arropaba a la niña—. ¿Qué te pareció tu día?

KIM— Estuvo genial, mami. Jugué mucho con Máximo y Veónica me hizo un montón de cosas ricas.

ANDREIA— Me alegra que te haya gustado. Cuando quieras volver, solo dime, cariño.

KIM— Bueno.

ANDREIA— Ahora vamos a dormir, mi amor —susurró, cubriendo a la pequeña, que enseguida se quedó dormida.

Andreia volvió a la sala y se encontró con Elowen sentada a la mesa, leyendo el futuro en sus cartas.

ELOWEN— ¿Y bien?

ANDREIA— Fue mejor de lo que esperaba.

ELOWEN— Ya la revisé. No tiene ni un rasguño.

ANDREIA— Bien. Muy bien —respondió, sentándose.

ELOWEN— Sigo sin entender por qué dejaste que tu Kim fuera allá, después de todo lo que pasó.

ANDREIA— Yo sé lo que es no tener un padre que esté ahí para ti, solo para quererte. No voy a condenar a mi hija a eso. Si Máximo le falla, es una cosa, pero no va a ser por mi culpa que estén separados. Ese fue el consejo que me dio mi sabia madre.

ELOWEN— Servir a la Luna puede ser difícil, además de una carga enorme.

ANDREIA— Difícil sí, pero no lo veo como una carga. Mi madre me dio todo lo que tengo, sobre todo la verdad y el poder de elegir. Mi futuro todavía no está escrito, y siento que sabré qué hacer cuando llegue el momento —afirmó con seguridad ante su amiga. Muchas cosas aún podrían suceder.

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