A los 19 años, un joven conoce a una empresaria multimillonaria que quedó viuda hace muchos años. Ella ha dedicado todo su tiempo a criar a su hijo del y a dirigir su empresa, convencida de que el amor quedó atrás
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LA NOTICIA QUE CAMBIO TODO
El sol comenzaba a ocultarse cuando Alejandro estacionó su motocicleta frente a su pequeña casa.
Apenas bajó, una enorme sonrisa apareció en su rostro.
Aquella mañana había salido como cualquier otro día.
Pero regresaba con una oportunidad que jamás imaginó recibir.
Abrió la puerta.
—¡Ya llegué!
Su hermanita salió corriendo desde la sala.
—¡Hermanito!
Alejandro la cargó en brazos y le dio un beso en la mejilla.
—¿Cómo se portó mi princesa?
—¡Muy bien! La abuelita puede decirte.
Desde la cocina, la abuela sonrió.
—Es verdad. Hoy me ayudó a regar las plantas.
La pequeña levantó el pecho con orgullo.
—¡Soy una gran ayudante!
Los tres rieron.
Alejandro dejó a su hermanita en el suelo y caminó hasta la cocina.
La abuela notó algo diferente en su nieto.
—¿Qué pasó?
Él no pudo ocultar su emoción.
—Abuela... hoy ocurrió algo increíble.
La mujer dejó la taza que estaba secando.
—Cuéntame.
Alejandro respiró hondo.
—¿Recuerda a la señora que me dejó quedarme en su casa durante la tormenta?
—Claro que sí.
—Hoy volví a hacer una entrega en su Mansión.
La abuela escuchó con atención.
—Ella me preguntó qué quería estudiar.
—¿Y qué le respondiste?
—Derecho.
La mujer sonrió.
—Siempre has querido ser abogado.
Alejandro asintió.
—Entonces... me dijo que su fundación ofrece becas completas para jóvenes con buenas calificaciones...
La abuela comenzó a imaginar lo que seguía.
—Y...
Alejandro sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Me ofreció una.
Durante unos segundos reinó un profundo silencio.
La anciana abrió lentamente los ojos.
—¿Una... beca?
—Sí.
—¿Completa?
Alejandro asintió.
—Pagarán la universidad, los libros y todo el material que necesite.
Las manos de la abuela comenzaron a temblar.
Sin decir una sola palabra, caminó hasta él y lo abrazó con todas sus fuerzas.
Alejandro también la abrazó.
—Estoy muy orgullosa de ti, hijo.
Él cerró los ojos.
—Todo esto también es gracias a ti abuela.
—No...
La mujer negó con la cabeza mientras sonreía con los ojos llenos de lágrimas.
—Es gracias a tu esfuerzo.
Nunca te rendiste.
Nunca dejaste de estudiar.
Nunca abandonaste a tu hermanita.
Este es el resultado de todo lo que has luchado.
La pequeña observaba la escena sin entender del todo.
Tiró suavemente de la camisa de Alejandro.
—¿Qué es una beca?
Él se agachó hasta quedar a su altura.
—Es una ayuda para que pueda estudiar la universidad.
Ella sonrió de inmediato.
—¿Entonces vas a cumplir tu sueño?
Alejandro acarició su cabello.
—Sí.
La niña dio un pequeño salto de alegría.
—¡Mi hermanito será abogado!
Corrió por toda la sala repitiéndolo una y otra vez.
—¡Mi hermanito será abogado! ¡Mi hermanito será abogado!
Las risas llenaron la casa.
La abuela observó a sus dos nietos con el corazón rebosante de felicidad.
Hacía muchos años que no veía a Alejandro sonreír de aquella manera.
Más tarde, mientras cenaban, la mujer habló con serenidad.
—Quiero que aceptes esa oportunidad sin sentir culpa.
Alejandro levantó la mirada.
—Pero seguiré trabajando.
—Lo sé.
—No dejaré que usted cargue sola con los gastos de la casa.
La abuela sonrió con ternura.
—Nunca lo has hecho.
Has llevado demasiadas responsabilidades desde muy joven.
Quizá sea momento de que alguien también cuide un poco de ti.
Alejandro guardó silencio.
Las palabras de su abuela le recordaron a Andrea.
Ella también había confiado en él sin esperar nada a cambio.
Esa noche, antes de dormir, observó la fotografía de su madre.
Sonrió con los ojos brillantes.
—Mamá... voy a lograrlo.
No importa cuánto tarde.
Voy a convertirme en el abogado que siempre soñé ser.
Y, por primera vez en mucho tiempo, ese sueño ya no parecía imposible.