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Harina De Otro Costal Cómo No Matarse Con Un Rodillo

Harina De Otro Costal Cómo No Matarse Con Un Rodillo

Status: Terminada
Genre:Aventura / Romance / Completas
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Ramiro y Penélope comparten la misma calle, el mismo amor por la masa y un odio mutuo tan fermentado como el mejor pan. Él es un purista de la tradición; ella, una científica loca del azúcar. Cuando el "Gran Festival del Pastel de Oro" amenaza con arruinar a uno de los dos, se desata una guerra de espionaje industrial casero, sabotajes ridículos y encuentros a medianoche que terminarán demostrando que, en la cocina y en el amor, los opuestos no solo se atraen... se hornean juntos.

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Capítulo 16: El gran malentendido

La luz de las siete y cuarto de la mañana entraba de forma oblicua por los ventanales de "El Trigo de Oro", pero el ambiente en el obrador se sentía tan denso y asfixiante como una tormenta a punto de estallar. Penélope permanecía de pie junto a la encimera principal, con el cuerpo rígido y las manos aprisionando las tapas del cuaderno de cuero fucsia falsificado. La respiración se le escapaba en siseos entrecortados, rítmicos, mientras sentía una opresión insoportable en el pecho. Una lágrima solitaria, pesada y ardiente, se deslizó por su mejilla izquierda, arrastrando una línea limpia sobre el rastro de harina que le había quedado de la primera hornada de la mañana. Miraba las anotaciones manuscritas, las réplicas exactas de sus diagramas, sintiendo que cada una de esas letras era un clavo directo en su confianza.

En ese preciso instante, la puerta que conectaba el obrador con la zona de cocción se abrió de par en par.

Ramiro entró con paso ligero, casi flotando, tarareando entre dientes una melodía suave que contrastaba con la habitual sobriedad de sus mañanas. Sostenía entre las manos, protegidas por paños de cocina gruesos, una bandeja metálica reluciente cargada con una docena de cruasanes recién horneados, dorados, crujientes, que desprendían un aroma profundo a mantequilla tostada y felicidad. Tenía una sonrisa abierta y relajada, la misma que había nacido la noche anterior bajo los neones del puesto de hamburguesas. Su mirada buscó de inmediato a Penélope, ansioso por compartir con ella el primer resultado del día.

Sin embargo, al fijarse en la postura de la pastelera, la sonrisa se le borró del rostro como si un borrador invisible la hubiera arrancado de golpe. Sus cejas se juntaron en un gesto de inmediata confusión, y sus ojos se abrieron con preocupación al notar el brillo húmedo de sus mejillas.

—¿Penélope? ¿Qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó Ramiro, dando un paso apresurado hacia delante, bajando la bandeja hacia la mesa.

—No des un solo paso más, Ramiro —la voz de Penélope sonó extrañamente baja, pero con un filo cortante que detuvo al panadero en seco.

Ella levantó el cuaderno, mostrándoselo con los brazos tensos, temblando por la fuerza de la rabia y el desengaño. Sus labios se contrajeron en una mueca de profundo dolor, y sus ojos fijos en él destilaron una mezcla de desprecio y una profunda vulnerabilidad herida.

—¿Cómo pudiste? —le gritó, y el eco de su voz rebotó en los azulejos blancos del obrador—. ¡¿Cómo pudiste ser tan miserable?!

Antes de que Ramiro pudiera procesar las palabras, Penélope dio un paso firme y le arrojó el cuaderno directamente al pecho. Las hojas se agitaron en el aire antes de golpear el centro de su delantal y caer al suelo con un impacto sordo, abriéndose justo en la página que detallaba la fórmula secreta de sus glaseados.

Ramiro dio un paso atrás, bajando la mirada hacia el cuaderno tirado en el suelo. El color se le retiró del rostro, dejándolo pálido. Se agachó de forma mecánica, recogió el objeto con dedos torpes y observó las páginas escritas. El ceño se le frunció por completo al reconocer los bocetos de los dónuts de "LaGlase" combinados con anotaciones manuscritas. Levanto la cabeza, extendiendo las manos en un gesto desesperado de inocencia.

—Penélope, te juro por la memoria de mi abuelo que yo no sé qué es esto —dijo Ramiro, con la voz subiendo de tono por la frustración de no entender la situación. Sus ojos suplicaban un segundo de cordura—. No he tocado este cuaderno en mi vida. Alguien ha tenido que entrar aquí y dejarlo. Anoche estuvimos juntos hasta tarde, tú sabes que...

—¡No te atrevas a mencionar lo de anoche! —lo cortó ella, con un ademán violento de la mano. Se limpió las lágrimas de la cara con rabia, usando el puño de su chaqueta pastelera, pero el llanto seguía brotando, traicionando su intento de parecer fuerte—. Dios, qué estúpida fui. Todo fue una maldita estrategia, ¿verdad? La condena del juez, las risas con los abuelos en el jardín, la cena en el remolque... todo era para esto. Para hacerme bajar la guardia, entrar en mi cabeza y robarme el Festival del Pastel de Oro. Tenías miedo de que una pastelera "ruidosa" te quitara el trono del pueblo.

—¡Eso no es verdad! —Ramiro dio un paso hacia ella, con los puños cerrados a los lados del cuerpo, sintiendo que una punzada de dolor e impotencia le atravesaba el estómago al ver que ella era incapaz de creer en su palabra—. Me conoces, Penélope. Sabes cómo trabajo. Soy un purista, un cabezota, pero no soy un ladrón. Jamás jugaría sucio con el trabajo de nadie, y mucho menos con el tuyo. Tienes que creerme.

Penélope lo miró fija, gélida, con una frialdad que sustituyó por completo las lágrimas. La decepción la había cubierto con una coraza de cemento. La calidez que había empezado a florecer entre ellos se marchitó en un segundo, aplastada por el peso de la supuesta traición.

—Eres un tramposo, Ramiro —sentenció ella, con una voz desprovista de cualquier emoción, una línea recta que le congeló la sangre al panadero—. Y lo peor de todo es que casi me convences de que eras diferente. Pero al final, solo eres un competidor egoísta que no soporta la idea de perder.

Dio media vuelta con una rigidez militar. Sus zapatillas crujieron sobre los restos de harina del suelo mientras avanzaba hacia la salida. Ramiro se quedó inmóvil, con el cuaderno falsificado apretado en la mano, viendo cómo la silueta de la mujer por la que había empezado a sentir algo real se alejaba sin concederle el beneficio de la duda.

Penélope empujó la puerta delantera de "El Trigo de Oro" y saló a la calle principal, dándole un portazo tan violento que el cristal del escaparate vibró con un zumbido prolongado, un sonido que sonó a la ruptura definitiva de su tregua improvisada.

El paso de Penélope por el asfalto que separaba ambos comercios fue un vendaval de furia. Entró en "LaGlase", donde las luces de neón rosa y turquesa parpadeaban con una intensidad que ahora le resultaba insoportable. Con los movimientos rápidos y mecánicos de quien intenta tapar el dolor con la acción, agarró una cartulina negra de gran tamaño y un rotulador de tiza líquida blanca. Sus trazos fueron rápidos, angulosos, cargados de una rabia visceral que nacía directamente de su orgullo pisoteado.

Salió al escaparate y, usando dos tiras de cinta aislante, colgó el cartel de cara a la calle principal, justo a la altura de los ojos de cualquiera que mirara desde la acera de enfrente. El mensaje era una declaración de intenciones explícita, una bofetada digital en formato físico:

"MAÑANA EN EL FESTIVAL, LA TRADICIÓN MORDERÁ EL POLVO."

Al otro lado de la calle, Ramiro observaba el cartel negro a través del cristal de su propia tienda. El impacto del mensaje le dolió en lo más profundo, pero el dolor no tardó en transformarse en una indignación rígida. Sentía el pecho encendido por la rabia de verse juzgado y condenado sin pruebas por alguien a quien le había abierto las puertas de su espacio sagrado. El orgullo de artesano, el apellido de su abuelo y la dignidad de su oficio se rebelaron contra la humillación pública. Si ella había decidido creer antes en la apariencia de un cuaderno que en la sinceridad de sus ojos, él no iba a seguir suplicando clemencia.

Ramiro se limpió una lágrima solitaria de frustración que le rodaba por la mejilla, tensó la mandíbula y se dio la vuelta con una determinación feroz.

—¿Quieres guerra, Penélope? —murmuró entre dientes, sus ojos brillando con una frialdad metálica—. Pues vas a tener la mayor exhibición de técnica que este pueblo ha visto jamás.

Se encaminó al almacén del fondo y arrastró un saco de harina de centeno seleccionado y tres bloques de mantequilla de alta densidad. Se encerró en su obrador, echó el cerrojo por dentro y apagó el hilo musical. Necesitaba el silencio absoluto de las soleras para concentrarse. Su mente comenzó a diseñar la estructura de una pieza monumental, una escultura de pan trenzado de cinco pisos, con masas fermentadas a distintas temperaturas para lograr texturas contrapuestas, un desafío arquitectónico y culinario que rozaba lo imposible para un solo hombre en veinticuatro horas.

Sus manos empezaron a amasar con una fuerza salvaje, volcando en cada golpe contra el mármol la frustración, el desengaño y el dolor de una conexión rota antes de tiempo. Al mismo tiempo, en "LaGlase", Penélope encendía sus batidoras al máximo de revoluciones, rodeada de aromas intensos a frutas ácidas y chocolates oscuros, decidida a crear una obra vanguardista que borrara la panadería tradicional del mapa de Villa Delicia.

Los hornos de ambas aceras comenzaron a rugir a máxima potencia, compitiendo en una batalla silenciosa de humo y calor que flotaba sobre la avenida vacía. La tregua del lavavajillas y las risas del asilo habían quedado sepultadas bajo una montaña de desconfianza. La gran final del Festival del Pastel de Oro ya no era un concurso comercial para ganar clientes; se había convertido en una guerra personal a tumba abierta, impulsada por dos corazones rotos que utilizaban la harina como el único lenguaje capaz de ocultar cuánto se importaban.

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Cristina Miranda
que lindo va a ser.cuando se.descubra todo!!☺️🥰🤣
Cristina Miranda
Panza llena, corazon contento👏👏🤣🥰
Cristina Miranda
Se esta poniendo bueno, va a terminar como yo dije!!☺️☺️
Cristina Miranda
muy etretenida la historia, liviana, risueña, ya adivino el final, espero que sea como pienso!!😂
Fernanda
se viene una batalla feroz 🤭espero que descubran al verdadero enemigo
Celina Espinoza
🤭duro muy poco la carma
Fernanda
buenas tardes historia ❤️☺️🙏muy divertida
Warriorgame
El olor ok. Pero un sonido tan fuerte... 🤔
Warriorgame
Luces baratas, pero eficaces.
Warriorgame
¿Por qué? Es simplemente publicidad.
Warriorgame
Aunque lo impecable del primero suele atraer, la tecnología pesa mucho actualmente.
Celina Espinoza
felicidades por tu nueva historia🙏
celimar
felicidades autora por esta nueva historia
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