Entre cadenas y cicatrices
Antes de convertirse en asesinos, estrategas o mafiosos... fueron niños que solo querían ser amados.
Siete hombres marcados por el abandono, el dolor y los secretos del pasado terminan reuniéndose en la poderosa Mafia Portuaria. Allí descubrirán que las cadenas más difíciles de romper no son las del crimen, sino las que nacen del miedo, la obsesión y la necesidad de pertenecer.
Mientras intentan sobrevivir en un mundo donde un solo error significa la muerte, un misterioso enemigo comienza a mover las piezas desde las sombras. Su nombre es Kaiser Himura, un hombre dispuesto a destruir todo con tal de obtener aquello que desea.
Traiciones, alianzas, violencia, romance, lealtades enfermizas y cicatrices que jamás terminaron de sanar se entrelazan en una historia donde el amor puede convertirse en la peor prisión.
Porque algunos nacen para ser héroes...
Ellos solo intentan sobrevivir.
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Capitulo 4 — El peso de los años
Las personas suelen mirar la edad de alguien y pensar que conocen su historia.
Pero nadie sabe cuántas batallas tuvo que enfrentar una persona para llegar al lugar donde está.
Kento siempre había sido visto como alguien tranquilo. Alguien que sabía qué decir en los momentos difíciles y que parecía tener una respuesta para cada problema.
Para los demás, era la persona fuerte del grupo.
Pero nadie se preguntaba quién estaba ahí cuando él necesitaba que alguien lo apoyara.
Esa noche, mientras todos conversaban, Kento permanecía en silencio observando las luces de la ciudad a través de la ventana.
Había algo en su mirada que era diferente.
Algo que Yuki notó inmediatamente.
Era la misma mirada que él había visto en el espejo durante años.
La mirada de alguien que recordaba demasiado.
—Kento... ¿alguna vez tuviste miedo de empezar de nuevo? —preguntó Yuki con curiosidad.
Por unos segundos, nadie dijo nada.
La pregunta parecía sencilla, pero había tocado un lugar que Kento mantenía cerrado.
Después de tantos años, había aprendido a guardar sus recuerdos en lo más profundo de su corazón.
Pero quizás era momento de contar una pequeña parte de su historia.
—Sí —respondió finalmente—. Muchas veces.
Los demás lo miraron sorprendidos.
Porque Kento siempre parecía alguien imposible de derrumbar.
—Hace muchos años pensé que tenía mi vida completamente controlada —continuó—. Creía que mientras fuera fuerte, nada podría dañarme.
Hizo una pequeña pausa.
—Pero aprendí que incluso las personas más fuertes pueden perder cosas importantes.
Yuki escuchaba en silencio.
Kento no hablaba como alguien que quería recibir lástima.
Hablaba como alguien que había aceptado sus heridas.
—Hubo un momento en mi vida donde perdí personas que significaban mucho para mí. Personas que pensé que estarían conmigo para siempre.
Su voz seguía siendo tranquila, pero sus palabras tenían un peso diferente.
—Durante mucho tiempo pensé que debía cargar con todo solo. Que mostrar dolor era una debilidad.
Kento bajó la mirada.
—Pero estaba equivocado.
El grupo permaneció en silencio.
No porque no supieran qué decir.
Sino porque entendían esas palabras.
Todos, de alguna manera, habían pensado lo mismo alguna vez.
Que debían ocultar sus heridas.
Que debían fingir estar bien.
—Entonces, ¿cómo lograste seguir adelante? —preguntó Shuto.
Kento miró hacia ellos.
—Porque entendí que sobrevivir no significa olvidar lo que pasó. Significa aceptar que ocurrió y aun así decidir continuar.
Aquella frase quedó grabada en la mente de Yuki.
Por primera vez comprendió que Kento no era fuerte porque nunca hubiera sufrido.
Era fuerte porque había sufrido y aun así había elegido seguir caminando.
Esa noche todos descubrieron una pequeña parte del hombre que parecía conocer todas las respuestas.
Pero también entendieron algo más.
Incluso Kento tenía cicatrices.
Incluso Kento tenía recuerdos que dolían.
Y aunque todavía quedaban muchos secretos por descubrir, aquel momento cambió la forma en que todos lo veían.
Porque detrás de la persona que parecía más fuerte del grupo, existía alguien que también había necesitado aprender a levantarse.
Alguien que, al igual que ellos, solo intentaba encontrar una manera de seguir adelante.