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SOY MADRE DEL FUTURO HEROE

SOY MADRE DEL FUTURO HEROE

Status: En proceso
Genre:Romance / Fantasía / Timetravel / Aventura
Popularitas:13.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Cintya Flores

Soy Adalyn en este mundo, cuando llegue me dijeron que estaba embarazada y resulta que va a ser el futuro héroe que acabará con el emperador y su tiranía. El padre es el duque y mano derecha del emperador pero yo protegere a mi hijo.

NovelToon tiene autorización de Cintya Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Repleto de papeles

La oficina de la Duquesa tenía, en opinión de Ren, la mejor ventana de toda la mansión.

No porque la vista fuera extraordinaria — daba a un lateral del jardín principal, con los mismos caminos de grava y las mismas fuentes de siempre. Sino porque la luz que entraba por ella a esta hora de la mañana caía exactamente sobre la mesa de trabajo en el ángulo correcto para leer sin forzar los ojos, lo cual era un lujo que Ren, después de años de cuartos universitarios con iluminación insuficiente, apreciaba con una gratitud que habría resultado desproporcionada de explicar en voz alta.

Entró a la oficina con Sophia un paso detrás y se detuvo.

Devan estaba de pie junto a la mesa.

Frente a él había tres pilas de documentos que llegaban aproximadamente a la altura de su pecho, más dos libros de registro abiertos en páginas diferentes, más un mapa del ducado extendido sobre la mitad de la superficie de la mesa con marcas en tinta roja que Ren no había visto antes.

Devan la miró cuando entró.

Su expresión era la de siempre — correcta, profesional, sin más temperatura visible de la estrictamente necesaria. Pero había algo debajo de esa expresión que Ren identificó de inmediato porque era la misma cosa que veía en el espejo a veces: el esfuerzo activo de mantener una cara mientras la mente trabaja a una velocidad diferente.

Algo lo había perturbado.

—Disculpe la demora —dijo Ren, caminando hacia la mesa.

—No tiene por qué disculparse. —Su voz era normal. Solo los ojos verdes, que miraban los documentos un instante antes de mirarla a ella, decían otra cosa—. Gracias por venir.

Sophia se dirigió hacia su posición habitual en el lateral de la oficina. Ren tomó asiento frente a los papeles.

—¿Qué encontraste?

Devan la miró.

Era la segunda o tercera vez que Ren usaba el tuteo con él, siempre en momentos de conversación directa, siempre sin hacer de ello un evento. Devan lo aceptaba cada vez con la misma calma levemente sorprendida de quien no está acostumbrado a que las personas en posiciones superiores lo traten como un igual y todavía no sabe del todo cómo responder a eso.

—Encontré una discrepancia —dijo.

—Muéstramela.

Devan tomó el libro de registro de la izquierda y lo giró hacia Ren. Señaló una columna con el dedo.

—Este es el registro de ingresos del ducado de los últimos seis meses. —Su dedo se movió a otra columna—. Y este es el registro de egresos del mismo período. —Una pausa—. La diferencia entre ambos es consistente. Cada mes los egresos superan a los ingresos en exactamente la misma cantidad.

Ren miró los números.

—¿Exactamente la misma cantidad cada mes?

—Exactamente. Lo cual no es normal. —Devan tomó el segundo libro—. En un ducado de este tamaño los gastos variables deberían producir diferencias mensuales. El hecho de que la cifra sea idéntica durante seis meses consecutivos significa que no es un gasto variable. Es un pago fijo que no está registrado en ninguna categoría oficial de egresos.

Ren miró los números sin tocarlos.

El mayordomo, pensó. Esto es el pago al mayordomo para que reporte al Emperador. O es algo distinto.

—¿Calculaste a cuánto equivale anualmente?

—Sí. —Devan señaló una cifra que había anotado al margen con su letra inclinada—. Es suficiente para mantener a una familia noble pequeña durante un año. O para pagar de forma sostenida los servicios de alguien con información de valor.

Sus ojos verdes la miraron directamente cuando dijo eso último.

Ren sostuvo la mirada.

Sabe lo que podría significar, registró. No lo dice directamente porque no tiene certeza. Pero lo sospecha.

—¿Le reportaste esto al Duque? —dijo Ren.

Una pausa breve.

—No todavía.

—¿Por qué?

Devan tardó un momento en responder. Y en ese momento Ren vio algo que no había visto antes en él — no la incertidumbre de quien no sabe qué hacer, sino la de quien sabe exactamente qué debería hacer y está evaluando si eso y lo que quiere hacer son la misma cosa.

—Porque encontré esto en los archivos de la Duquesa —dijo finalmente—. No en los del Duque. —Una pausa—. Lo cual significa que técnicamente está bajo su jurisdicción primero.

Ren lo miró.

Está eligiendo, pensó. Entre su lealtad al Duque y lo que considera correcto. Y está eligiendo lo correcto.

Eso tiene un costo para él que probablemente no está calculando del todo.

—Devan.

—¿Señora?

—Lo que encontraste es importante. —Hizo una pausa—. Y hiciste bien en traérmelo a mí primero.

Algo en la postura de Devan se asentó levemente. Solo un grado. Pero Ren lo notó.

—Hay algo más —dijo Devan. Tomó el mapa y lo giró hacia ella—. Las marcas en rojo son las propiedades del ducado. Las que tienen una cruz además del punto son las que han tenido actividad inusual en los últimos tres meses. —Señaló un patrón que Ren tardó un momento en ver y que cuando vio le produjo algo frío en el pecho—. ¿Lo nota?

Ren lo notaba.

Las propiedades con actividad inusual formaban un patrón. No aleatorio. Deliberado. Todas en el perímetro del ducado. Todas en puntos que, si alguien quisiera mover personas o materiales hacia adentro o hacia afuera sin pasar por las rutas principales, serían exactamente los puntos correctos para hacerlo.

—¿Cuándo comenzó esta actividad?

—Hace tres meses.

Tres meses. El mismo período que los pagos sin descripción.

—¿El Duque sabe de esto?

—El Duque firmó las autorizaciones de acceso a estas propiedades. —Devan lo dijo con cuidado—. Pero las autorizaciones fueron preparadas por el mayordomo y presentadas como rutina administrativa. Es posible que el Duque las firmara sin revisar el detalle.

O es posible que las firmara sabiendo exactamente de qué se trataban, pensó Ren.

No lo dijo en voz alta.

Todavía no sé de qué lado está Kael en esto. Y hasta que lo sepa, esa información se queda aquí.

—Guarda todo esto —dijo Ren—. Aquí, en esta oficina, bajo llave. No en los archivos generales. —Lo miró directamente—. ¿Puedes hacer eso sin que nadie lo sepa?

Devan la miró durante un momento.

—Sí —dijo.

—Bien.

Ren se puso de pie. Caminó hacia la ventana. Miró el jardín que ya empezaba a tener la luz dorada de la mañana avanzada.

—Devan. Tengo una pregunta que no tiene nada que ver con los documentos.

—Adelante.

—Tu hermano Ricart. —No se giró—. ¿Cuándo fue la última vez que hablaste con él?

El silencio que siguió fue de una calidad específica. El tipo que se produce cuando una pregunta toca algo que la persona lleva tiempo no tocando.

—Hace dos años —dijo Devan. Su voz era completamente neutral. Esa neutralidad perfecta que requiere más esfuerzo que la emoción.

Ren se giró.

Lo miró.

—¿Fue él quien dejó de hablar o fuiste tú?

Devan la sostuvo la mirada durante un momento. Y en sus ojos verdes, detrás de toda la eficiencia y la profesionalidad y los años de aprender a no mostrar lo que dolía, había algo que Ren reconoció porque lo había llevado ella misma durante mucho tiempo.

—Las dos cosas —dijo finalmente.

Ren asintió.

No preguntó más.

A veces la respuesta correcta es simplemente dejar que alguien sepa que fue escuchado.

—Gracias por traerme esto, Devan —dijo—. Puedes retirarte cuando quieras.

......................

Devan se fue veinte minutos después, con los documentos bajo llave en el cajón izquierdo de la mesa y el mapa doblado con precisión en el interior del libro de registro.

Sophia esperó a que sus pasos se alejaran por el corredor antes de acercarse a la mesa.

—¿Qué significa todo eso? —dijo en voz baja.

—Significa que alguien está usando las propiedades del ducado para mover algo —dijo Ren—. Y que lleva tres meses haciéndolo. —Hizo una pausa—. Y que en diez días voy a un baile donde el hombre que probablemente está detrás de todo eso va a evaluarme frente a toda la nobleza del imperio.

Sophia procesó eso.

—¿El Duque está involucrado?

—No lo sé todavía.

—¿Pero lo sospecha?

Ren la miró.

—Sospecho de todo hasta que tenga razones para no sospechar.

Sophia asintió con esa seriedad que le era característica.

—¿Qué hacemos?

—Por ahora —dijo Ren— seguimos como si no supiéramos nada. —Se levantó—. Y esta tarde necesito que vayas a ver a Dracon. Dile que necesito la lista completa de los invitados confirmados al baile. Nombres, posiciones, alianzas conocidas. Todo lo que tenga.

—¿Voy sola?

—¿Puedes?

Sophia pensó un momento.

—Sí.

—Bien.

......................

Esa tarde Ren se quedó en la oficina más tiempo de lo habitual.

No porque tuviera más documentos que revisar — los había terminado hace una hora. Sino porque el silencio de la oficina con la luz de la tarde tenía una calidad que le resultaba útil para pensar, y había muchas cosas que necesitaban ser pensadas.

El mayordomo.

Las propiedades del perímetro.

El baile en diez días.

El mensaje del Emperador que ella no había visto pero que Dracon le había descrito y que la nota en el sobre confirmaba desde otro ángulo.

Kael.

¿De qué lado estás?

Era la pregunta que todo lo demás esperaba para poder ordenarse. Sin respuesta a esa pregunta las otras piezas podían acomodarse de formas completamente diferentes.

No tenía la respuesta.

Pero tenía algo que era el comienzo de una respuesta posible.

Kael había firmado las autorizaciones de acceso a las propiedades. El mayordomo las había preparado. ¿Las había firmado sabiendo? ¿O el mayordomo era suficientemente cuidadoso como para mezclarlas con documentos rutinarios?

Kael llevaba años siendo el instrumento del Emperador. Sabía exactamente cómo funcionaba ese sistema porque era parte de ese sistema. Lo cual significaba que era exactamente el tipo de persona que sabría reconocer cuando ese sistema se usaba en su contra.

Si no lo sabe, pensó Ren, es porque no quiere saber.

Y si no quiere saber, eso también me dice algo.

Tomó la pluma. Empezó a escribir en el cuaderno que guardaba bajo llave en el cajón derecho — el que no era el de los documentos de Devan sino el suyo, el que usaba para ordenar los pensamientos cuando se volvían demasiado.

Escribió: ¿Qué sabe Kael? ¿Qué le conviene que yo sepa? ¿Qué le conviene que yo no sepa?

Lo miró.

Luego escribió debajo: ¿Qué le haría perder más — que yo sepa demasiado o que yo muera en el baile?

Se quedó mirando esa última línea.

Era una pregunta fría. Lo sabía. Era el tipo de pregunta que en su vida anterior nunca habría tenido razón de hacerse.

Pero era la pregunta correcta.

Porque si la respuesta era perder más si muero, entonces Kael tenía razones propias para protegerla que no dependían de ningún sentimiento. Y eso, en este momento, era más valioso que cualquier sentimiento.

......................

La biblioteca estaba en el ala norte.

Ren no había tenido razón de ir ahí hasta esa noche, cuando buscando un texto específico sobre la historia de las casas nobles del imperio que Devan había mencionado de pasada, siguió las indicaciones que Sophia le había dado antes de retirarse.

Era tarde. La mansión tenía ya el silencio de las horas en que el personal se había recogido y solo quedaban los guardias de turno en las posiciones habituales. Ren llevaba una vela pequeña en la mano y los cuchillos en su lugar habitual, por costumbre más que por necesidad real.

La biblioteca era enorme.

Más grande de lo que esperaba. Tres paredes de piso a techo cubiertas de libros, una escalera de madera que corría sobre un riel para alcanzar los estantes más altos, dos mesas largas en el centro con lámparas de aceite que no estaban encendidas a esta hora.

Ren encendió una de las lámparas.

Buscó durante un rato. El sistema de organización de la biblioteca no era obvio — no estaba ordenado por tema ni por autor sino por algún principio que quien lo había organizado conocía y que Ren todavía no había descifrado.

Estaba parada en la escalera, en el tercer peldaño, buscando en los estantes de la segunda pared, cuando escuchó la puerta.

Se quedó completamente inmóvil.

Pasos.

Los reconoció antes de girar.

Kael entró a la biblioteca con una vela en la mano y la expresión de quien viene a buscar algo específico y no espera encontrar a nadie. Se detuvo cuando la vio.

El silencio duró un momento.

Ren en la escalera, tres peldaños arriba. Kael de pie junto a la puerta. La distancia entre los dos era suficiente para que ninguno tuviera que ajustar su posición, pero la lámpara encendida sobre la mesa central iluminaba el espacio de una forma que hacía que esa distancia se sintiera diferente a la distancia del comedor o de la habitación de ella.

Aquí no había protocolo. No había mesa entre los dos ni sirvientes en los laterales ni el marco de una situación que cualquiera de los dos hubiera organizado.

Era solo una biblioteca de noche y dos personas que no se esperaban.

—No sabía que usabas la biblioteca —dijo Kael.

Era la primera vez que la tuteaba.

Ren no lo señaló. Lo archivó.

—Estoy buscando un texto sobre las casas nobles —dijo, con la misma naturalidad con que podría haber respondido cualquier otra cosa—. El sistema de organización no es intuitivo.

—Está ordenado por período histórico. —Kael caminó hacia la segunda pared sin apresurarse—. ¿Qué período necesitas?

Ren lo miró desde la escalera.

Esto es territorio de él, registró. Conoce esta biblioteca. Probablemente la usa con frecuencia.

—Las últimas tres generaciones —dijo.

Kael llegó a la primera estantería de la segunda pared. Sus manos se movieron con la precisión de quien conoce exactamente dónde está cada cosa, sin necesitar leer los lomos, sin dudar.

Sacó dos volúmenes.

Caminó hacia la mesa central y los depositó junto a la lámpara.

—Estos dos cubren lo que necesitas.

Ren bajó de la escalera.

Se acercó a la mesa.

Se detuvieron a menos de un metro de distancia con los dos libros entre los dos y la lámpara dando una luz que era más honesta que la del día porque no tenía la formalidad del día.

Kael la miró.

Ren lo miró.

Y durante ese momento, breve y sin protocolo y sin que ninguno de los dos lo hubiera planeado, el inventario que Ren hacía de todo y de todos llegó a Kael de una forma diferente a las anteriores. No el Duque del comedor. No el hombre del mensaje imperial. Solo una persona de pie en una biblioteca de noche con los ojos azules que en esta luz no eran la claridad antinatural de siempre sino algo más oscuro, más quieto.

Tiene ojeras, notó Ren. Lleva días sin dormir bien.

Y luego, con la incomodidad específica de registrar algo que no había pretendido registrar:

Se ve cansado de una forma que no tiene nada que ver con el trabajo.

—¿Encontraste lo que buscabas? —dijo Kael.

Había algo diferente en su voz. Ren tardó un momento en identificarlo.

No era la voz del Duque que da órdenes. No era la voz del hombre que entrega una crueldad envuelta en indiferencia. Era solo una voz. Sin herramienta. Sin cálculo visible detrás.

—Sí —dijo Ren—. Gracias.

Kael asintió.

Se giró para irse.

—Kael.

Se detuvo.

No se giró de inmediato. Y en ese instante, el instante entre que ella dijo su nombre y él respondió, Ren vio algo en sus hombros — un ajuste imperceptible, como quien toma aire antes de algo — que no había visto antes.

Se giró.

—¿Qué necesitas?

Ren lo miró durante un momento.

Había muchas cosas que podría haber dicho. El mayordomo. Las propiedades del perímetro. El mensaje del Emperador. ¿De qué lado estás?

Eligió la única que era verdad sin ser táctica.

—¿Vas a estar en el baile?

Kael la miró.

—Es mi obligación acompañarte.

—Eso no es lo que te pregunté.

Silencio.

Kael la estudió con esa mirada evaluadora de siempre. Pero esta vez, en esta luz, Ren vio algo que no había visto en las otras veces. No la evaluación política. Algo más parecido a la evaluación de alguien que está tratando de entender una pregunta que parece simple y que tiene la incomodidad de no ser simple en absoluto.

—Voy a estar ahí —dijo finalmente.

No agregó nada más.

Pero tampoco se fue de inmediato.

Se quedó un momento más de pie junto a la mesa, con los ojos en los libros que había sacado para ella, y luego dijo — con esa manera suya de decir las cosas importantes como si no lo fueran:

—Ten cuidado con el vino en el baile.

Ren parpadeó.

Kael ya caminaba hacia la puerta.

—¿Por qué? —dijo Ren.

—Porque el sommelier del palacio imperial lleva veinte años en su puesto —dijo Kael sin girarse— y esa clase de antigüedad en ese puesto específico no se consigue siendo bueno con el vino.

La puerta se cerró.

Ren se quedó mirándola durante un momento largo.

Luego miró los dos libros sobre la mesa.

Ten cuidado con el vino.

Era una advertencia. Sin contexto, sin explicación, sin ninguna forma de negarlo si alguien le preguntara qué había querido decir.

Pero era una advertencia.

¿De qué lado estás?

No tenía la respuesta todavía.

Pero tenía algo.

Tomó los libros. Apagó la lámpara.

Y salió de la biblioteca con algo que no era exactamente tranquilidad pero que se le parecía más que cualquier cosa que hubiera sentido en los últimos diez días.

1
Fabiruchisss
core p coreeeeeeee
AVE FÉNIX
espero no tarden en actualizar x k novelas como esta hay muchas y son excelentes pero es una lástima k jamás las vuelvan a actualizar y solo nos dejen con la intriga
Guillermo Mora
Excelente
Geraldine Diaz Torres
tu novela es excelente 👌, continualo vas a tener muchos seguidores /Drool//Drool//Drool//Drool/
Estrella Olguin Estrada
más capitulos para leer
Geraldine Diaz Torres
más capitulos
Sol Garcia
me encanta
buenisima historia
me encanta la protagonista..

más capítulos xfavor
Lourdes Chirinos Manrriques
lastima, tan buena novela y no la terminaron y la otra tambien uno se quedó picado con la lectura. felicidades escritora ojalá y las termines para disfrutar tus 2 historias
Marimar Ponce Ramos
Me fascina
Lesli Alonzo
más capítulos
Marimar Ponce Ramos
Me encanta espero que sigas está increíble
Yamilcadbr
Me da algo de risa Adalyn con la montaña de papeles a leer, me hace recordar a mi cuando estaba en la universidad.
Nely Andrade
más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏🙏 más capitulo porfavor
Yamilcadbr
súper enamorada de la novela 💗😍
Yamilcadbr
Me encanta Adalyn
Esther Rojas
para cuando hay otro capitulo?
Esther Rojas
me encanta, primera historia que encarna en una embarazada y e gusto es algo único hasta ahora
Nely Andrade
más capitulo porfavor 🙏🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏 más capitulo porfavor 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏
Monse Moreno
mas porfavor
Eymi
xfa más capa plis 🙏🙏🙏🙏
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