El dolor fue el puente. En un segundo, el Capitán de la Unidad de Élite sentía el frío del asfalto tras un tiroteo mortal. Al siguiente, sentía el peso sofocante de un cuerpo sudoroso y el hedor a rancio de una habitación cerrada.
-¡Quédate quieto de una puta vez!- rugió una voz ronca sobre él.
El policía abrió los ojos. No estaba en la morgue ni en el hospital. El techo estaba manchado de humedad y la luz de una bombilla desnuda oscilaba sobre su cabeza. Un hombre de hombros anchos y rostro desencajado por la ira lo inmovilizaba sobre un colchón mugriento.
En ese instante, una descarga de recuerdos que no le pertenecían inundó su mente como torrente de agua helada. Se vio a sí mismo o mejor dicho, al dueño de ese cuerpo, como un ser roto. Un omega llamado Ren, cuya existencia se reducir a cuatro paredes, golpes, y el miedo constante a un esposo alfa que lo trataba como ganado. Ren acababa de morir... (ambientado con el estilo staempunk)
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El deseo y el plomo
El regreso a la mansión se tornó incómodo. Valerius seguí tenso desde que salieron del faro. Sus feromonas de alfa dominante inundó por completo el auto con el olor a madera quemada, abrumando al conductor que, tembloroso ni siquiera miraba por el retrovisor.
Ren, observaba la lluvia golpear el cristal, simulando desinterés e indiferencia, hasta que la gran mano enguantada del alfa, atrapó su muñeca con agresividad posesiva.
-Delante de mí... le tocaste la mano.- la voz de Valerius, era la de una bestia peligrosa. -Le permitiste entrar a tu espacio personal, Ren.-
Con indignación profesional Ren, giró la cabeza lentamente.
-Tú... invades mi espacio todo el tiempo. Además, fue un intercambio de información. Suéltame Volkov.- Sus ojos azules brillaron con una chispa qué no admitía réplicas.
Contrario a lo que Ren ordenó, el alfa tiró de él, hasta que quedó atrapado entre Valerius y el asiento del auto. Al sentir como el alfa lo envolvió con sus feromonas, la glándula de Ren activó una respuesta. El policía trató de aplastar esa reacción con pura voluntad.
-¿Información? No me interesa.- acercó su rostro al de Ren hasta mezclarse sus respiraciones -Cada vez que alguien te mira o te toca... siento el impulso de quemar la maldita ciudad hasta dejar solo cenizas. Tú me perteneces, pequeño fantasma. Grábate eso en la mente.-
Ren sintió la descarga eléctrica que le provocaba la situación. <
El policía se sentía indignado por la posesividad, pero, muy en el fondo, en un rincón oscuro y traicionero de su mente, sintió satisfacción. Se sentía protegido y valorado. Ren, el original jamás conoció esa sensación y, el Capitán de Élite, en su vida anterior, siempre tuvo que proveer para otros, pero nunca recibir.
-Valerios, tu posesión es un error.- con voz agitada respondió Ren -Úsala en el campo de batalla, conmigo.-
No se alejó, pero Soltó su muñeco. Con su mirada dorada, recorrió devorando al omega completamente, antes de sentarse de manera correcta. El deso del alfa estaba en su punto máximo: tenía la certeza de que tarde o temprano, Ren cedería por completo.
En la mesa de roble tallado, Ren descargó el contenido del sobre marrón que Vane le dio. Horarios y fotos borrosas. Boris y el resto de líderes de los escuadrones de Volkov escuchaban en absoluto silencio.
Ren, señaló en el mapa el "Sendero de Noche".
-Aquí- Sentenció -Esta entre consta de tres camiones, dos vehículos de escolta y fuertemente custodiados. Usaremos explosivos para colapsar la entrada y salida. No podrán escapar.-
-¿Qué pasará con los esclavos? Es posible que mueran a causa de las explicaciones.- Habló Boris.
Ren levantó la vista del mapa, clavando sus ojos azules en el veterano con una frialdad qué hizo que Boris carraspera incómodo.
-No habrá explosiones ciegas. No somos carniceros, Boris. El objetivo no es volar los camiones, sino bloquear el camino con los escombros.-
Ren se puso de pie, rodeando la mesa con la elegancia de un depredador.
-Habrá francotiradores apostados en estos puntos.- Ren señalaba el mapa -sus objetivos son las ruedas del primer y último vehículo. Usaremos gas lacrimógeno. Quiero a los guardias vivos solo el tiempo suficiente para que entreguen las llaves de los grilletes. La prioridad son los esclavos. Si uno de ellos recibe un solo rasguño por parte de ustedes, yo mismo me encargo del castigo.-
Valerius, que había estado observando en silencio, con una mezcla de orgullo y deseo contenido, se levantó.
-Ya lo han oído. -su voz retumbó como un trueno, respaldando la autoridad de Ren -Cualquiera que cuestione las órdenes del Fantasma, me cuestiona a mí.-
Boris asintió con respeto.
-Entendido ¿Cuándo empezamos con el entrenamiento, señor?-
-Ahora mismo.- Sentenció -Quiero a todos en el patio. Les demostraré que los alfas no son más rápidos qué una bala.-
Mientras los hombres salían, Valerius se acercó a la espalda de Ren. No lo tocó, pero su calor ya no podía ignorar.
-Disfrutas esto...- Susurró el alfa cerca del oído de Ren -Tener a mis hombres comiendo de tu mano... siendo el cerebro de mi ejército.-
La espalda de Ren se tensó levemente.
-Disfruto la disciplina y la eficiencia, Volkov. Y disfruto saber que, esta vez no habrá fisuras-
-Eres un arma magnífica, omega.- Valerius, finalmente puso su mano en el hombro de Ren, apretándolo con suavidad -Pero recuerda que después de la batalla, el guerrero siempre vuelve a casa. Y tu casa... soy soy.-
Ren se Soltó con un movimiento rápido, pero antes de salir de la habitación, le dedicó una mirada fugaz sobre el hombro.
-Primero recupero a mi hermano. Después... veremos quién pertenece a quién.-
El entrenamiento esa noche fue un infierno para los hombres de Volkov. Les enseñó como moverse con sigilo, velocidad y lenguaje de señas táctico.
-La casta biológica no importa, importa quien dispara primero.- la voz de mando de Ren, era fuerte y clara.
El mafioso se encontraba en el balcón viendo el entrenamiento. Sonrió. Sabía que la frontera del Norte, no estaba preparada para lo que les venía encima. No iban a enfrentarse a un grupo de mafiosos de Puerto Gris. Iban a enfrentarse a la unidad de élite dirigida por el Fantasma.
El entrenamiento finalizó. Los hombres terminaron de ajustar detalles al plan de ataque en el salón.
Cuando el último hombre salió, Ren quedó solo frente al mapa, pero no necesitó girarse para saber que Volkov seguía ahí. El aire se volvió denso, cargado de bosque y tormenta qué parecía vibrar con la luz de las bombillas de filamento.
-Dijiste que la posesividad era un error, pequeño fantasma. -La voz de Valerius estaba peligrosamente cerca -Pero te vi ahí afuera. Disfrutas someter a mis hombres con tu mente tanto como yo disfruto someter con mi fuerza.-
Ren sintió una descarga eléctrica. Intentó dar un paso hacia delante, pero la mano de Valerius se apoyó firmemente sobre el mapa, bloqueando su salida. El alfa lo cercó, atrapándolo entre la mesa de roble y su cuerpo.
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-No me confundas contigo, Volkov. Yo busco justicia. Tú buscas control.-
El alfa se acercó, enterrando su rostro en el hueco entre el cuello y el hombro de Ren. Aspiró profundamente el aroma a jazmín y ozono qué el omega dominante estalló en el aire. Respuesta biológica que Ren no pudo controlar.
-Mentira...- Murmuró el mafioso, su voz era un gruñido que vibró contra la piel del omega. -Buscas un lugar donde puedas bajar la guardia.-
Con una parsimonia tortuosa, Valerius giró a Ren por los hombros, hasta quedar cara a cara. La diferencia de altura obligó al policía inclinar la cabeza hacia atrás. Los ojos dorados brillaron con una hambre primitiva, recorriendo los labios entreabiertos del omega.
Ren apretó los puños contra el pecho de la camisa del mafioso, pero no lo empujó, sus dedos se cerraron sobre la tela. De manera inconsciente tiró de él. De nuevo, la tensión sexual era un cable de alta tensión a punto de estallar.
-Si me marcas...-Ren tenía la voz quebrada y sus ojos azules chispeando con ese brillo eléctrico de su mutación -si te atreves a ponerme un colmillo encima sin mi permiso, te juro que... te mataré mientras duermes.-
El mafioso, sonríe de esa forma depredadora que tanto odia Ren, pero ahora hacía que sus rodillas flaquearan. El alfa bajó hasta la base de la espalda de Ren, apretándolo contra su cuerpo.
-Quiero tu rendición, Ren.- Valerius rozó sus labios con los del omega, un contacto tan leve que fue un tormento. -Y ambos sabemos que este cuerpo qué tanto defiendes... ya ha empleado a elegir su dueño.-
El omega soltó un jadeo ahogado cuando los dientes del alfa rozaron su labio inferior. Por un segundo, el Capitán de Élite estuvo a punto de rendirse al instinto, de dejar que el lobo devorara a el fantasma. Pero astutamente, Ren recuperó el control, apoyando las manos en los hombros de Valerius y separándose con voluntad sobrehumana.
-El cuerpo puede que mienta, Volkov. -dijo Ren, limpiándose la boca con el dorso del brazo, su mirada recuperando la frialdad del hielo. -Pero mi mente sigue al mando. Y mu mente dice que mañana tenemos guerra. No me busques en tu cama, búscame en el campo de batalla.-
Ren salió del salón sin mirar atrás, dejando a Valerius con el aroma del omega quemándole los pulmones. El mafioso se sirvió una copa, su mano temblaba por la adrenalina.
Había ganado una batalla táctica, pero la guerra por el alma de Ren acababa de volverse personal. Y ninguno de los dos estaba preparado para lo que sucedería cuando el deseo y el plomo se mezclaran en la frontera.